La batalla de Gazala, librada entre el 26 de mayo y el 21 de junio de 1942 en el desierto libio, representa el momento culminante de la carrera militar de Erwin Rommel . En una campaña de maniobra magistral, el comandante del Afrika Korps deshizo las defensas británicas, capturó la fortaleza de Tobruk con más de 33.000 prisioneros y obligó al Octavo Ejército a retirarse hasta El Alamein. Para Winston Churchill, la caída de Tobruk fue «una de las peores desgracias» de la guerra. Para Rommel, el triunfo le valió el bastón de mariscal de campo a los cincuenta años.

Contexto: el frente norteafricano a principios de 1942
Tras los vaivenes de 1941, el frente en Libia se había estabilizado a lo largo de una línea que discurría desde Gazala, en la costa, hasta Bir Hakeim, unos sesenta kilómetros al sur en pleno desierto. El Octavo Ejército británico, mandado por el teniente general Neil Ritchie bajo la supervisión del general Claude Auchinleck, había establecido una serie de posiciones defensivas conocidas como la Línea de Gazala. Enfrente, el Panzerarmee Afrika de Rommel se preparaba para una ofensiva que le abriera el camino hacia Egipto y el canal de Suez.
Ambos bandos habían recibido refuerzos durante los meses previos. Los británicos contaban con superioridad numérica: cerca de 100.000 hombres, 849 tanques y una notable ventaja en suministros. Rommel disponía de unos 90.000 soldados entre alemanes e italianos, pero solo 560 tanques, muchos de ellos los obsoletos modelos italianos M13/40. Sin embargo, el general alemán confiaba en la calidad de sus Panzer III y IV con cañones de largo alcance, y sobre todo en la superioridad táctica de sus fuerzas combinadas.
La Línea de Gazala y las cajas defensivas
La estrategia defensiva británica se basaba en un concepto importado de la Primera Guerra Mundial adaptado al desierto: las llamadas «cajas» (boxes). Se trataba de posiciones fortificadas rodeadas de campos de minas, cada una guarnecida por una brigada de infantería con artillería propia. Las cajas principales se extendían de norte a sur: la 1.ª División Sudafricana en el sector costero, la 50.ª División británica en el centro y la 1.ª Brigada de la Francia Libre en el extremo sur, en Bir Hakeim.
Entre las cajas se habían tendido extensos campos de minas, pero las posiciones estaban separadas por distancias considerables. La idea era que la infantería frenara el avance enemigo mientras las divisiones blindadas —la 1.ª y la 7.ª— contraatacaban cualquier penetración. En la práctica, esta disposición adolecía de un defecto fatal: las reservas blindadas estaban dispersas y sus mandos carecían de un plan coordinado para concentrarlas.
El plan de Rommel: el gran flanqueo
Rommel concibió un plan audaz. Mientras las divisiones italianas de infantería realizaban un ataque de diversión frontal contra el centro y norte de la línea, él conduciría personalmente el grueso de sus fuerzas blindadas —el Afrika Korps con las 15.ª y 21.ª Divisiones Panzer, la 90.ª División Ligera y la División Ariete italiana— en un amplio movimiento envolvente por el sur, rodeando Bir Hakeim para luego girar al norte y caer sobre la retaguardia británica.
El ataque comenzó al anochecer del 26 de mayo de 1942. Mientras los italianos presionaban frontalmente, Rommel lanzó su columna blindada hacia el sur en una marcha nocturna de más de setenta kilómetros. Al amanecer del 27 de mayo, los panzer irrumpieron por detrás de las líneas británicas, destruyendo la 3.ª Brigada de Infantería India y el cuartel general de la 7.ª División Acorazada.
La defensa heroica de Bir Hakeim
Sin embargo, el plan no salió como Rommel esperaba. La guarnición francesa de Bir Hakeim, bajo el mando del general Marie-Pierre Koenig, se negó a rendirse. La 1.ª Brigada de la Francia Libre, compuesta por legionarios, fusileros marinos, tahitianos y combatientes del Chad, resistió durante dieciséis días los ataques de la División Ariete y posteriormente de unidades alemanas con apoyo de la Luftwaffe.
Esta resistencia fue crucial: mientras Bir Hakeim aguantara, el flanco sur de Rommel permanecía amenazado y sus líneas de suministro, que debían pasar por los campos de minas, quedaban expuestas. La defensa de Koenig se convirtió en un símbolo del renacer militar francés y forzó a Rommel a desviar fuerzas que necesitaba en otros puntos. Finalmente, en la noche del 10 al 11 de junio, Koenig recibió la orden de evacuar. Unos 2.700 de los 3.600 defensores lograron escapar a través de las líneas enemigas en una retirada nocturna memorable.
El Caldero: la trampa mortal
Mientras Bir Hakeim resistía, Rommel se encontró en una situación peligrosa. Su avance hacia el norte había sido frenado por una resistencia británica más dura de lo previsto, y sus fuerzas quedaron atrapadas en una zona entre los campos de minas y las posiciones defensivas enemigas. Esta bolsa recibió el nombre de «el Caldero» (the Cauldron).
A finales de mayo, el Afrika Korps estaba casi sin combustible ni munición, rodeado de minas por tres lados. Parecía que la situación favorecía a los británicos, que tenían la oportunidad de destruir las fuerzas de Rommel con un ataque concentrado. Pero aquí se manifestó la gran debilidad del mando británico: la falta de coordinación.
Los contraataques británicos llegaron de forma dispersa y descoordinada. El 5 de junio, la operación Aberdeen intentó aplastar el Caldero, pero las brigadas blindadas atacaron por separado, en momentos distintos y sin apoyo mutuo. Rommel, que había logrado abrir un corredor a través de los campos de minas para reabastecerse, utilizó su artillería antitanque —los temibles cañones Flak de 88 mm en papel antitanque— para destruir los blindados británicos que avanzaban en oleadas inconexas. La operación Aberdeen fue un desastre que costó a los británicos más de 100 tanques.
La destrucción de la armada británica
El error fundamental del mando británico fue emplear su blindaje «en paquetes pequeños» (penny packets), lanzando brigadas acorazadas de forma individual contra un enemigo que concentraba sus fuerzas. Rommel, por el contrario, mantenía sus divisiones panzer unidas y las combinaba magistralmente con pantallas antitanque y apoyo de artillería.
Entre finales de mayo y mediados de junio, las brigadas acorazadas británicas fueron destruidas una por una. El combate en torno al cruce de Knightsbridge, el 12 y 13 de junio, resultó especialmente devastador. La 22.ª Brigada Acorazada y la 2.ª y 4.ª Brigadas Acorazadas sufrieron pérdidas catastróficas al enfrentarse sucesivamente al Afrika Korps sin lograr coordinar un esfuerzo conjunto. Al caer la noche del 13 de junio, el Octavo Ejército había perdido la batalla blindada de forma irremediable: de los 849 tanques iniciales, apenas quedaban un centenar operativos.
La caída de Tobruk
Con la armadura británica destrozada, Ritchie ordenó una retirada general hacia la frontera egipcia el 14 de junio. Pero Tobruk, la fortaleza portuaria que había resistido un asedio de ocho meses en 1941, quedó atrás con una guarnición de la 2.ª División Sudafricana y otras unidades, unos 35.000 hombres en total.
Rommel no repitió el error de 1941. En lugar de un largo asedio, lanzó un asalto combinado el 20 de junio. La Luftwaffe machacó las defensas con bombardeos concentrados, los zapadores abrieron brechas en los campos de minas y los panzer penetraron por el sureste. La guarnición, desmoralizada y sin apoyo aéreo ni blindado, se rindió al día siguiente. Unos 33.000 soldados del Commonwealth cayeron prisioneros, junto con enormes cantidades de combustible, vehículos, alimentos y munición que Rommel necesitaba desesperadamente.
La noticia llegó a Churchill mientras se encontraba en Washington con Roosevelt. El primer ministro describió la caída de Tobruk como «una desgracia de primer orden» y la consideró uno de los momentos más amargos de toda la guerra. La derrota provocó una moción de censura contra su gobierno en la Cámara de los Comunes, que sobrevivió por amplio margen pero dejó cicatrices políticas profundas.
Rommel, mariscal de campo
Hitler, exultante, ascendió a Rommel al rango de mariscal de campo (Generalfeldmarschall) el 22 de junio de 1942. A sus cincuenta años, se convertía en el mariscal más joven del ejército alemán. Se cuenta que Rommel recibió la noticia con sentimientos encontrados, comentando que habría preferido otra división panzer.
El ascenso reflejaba la importancia propagandística que el régimen nazi otorgaba a las victorias en África. Rommel se había convertido en un héroe popular tanto en Alemania como, paradójicamente, entre sus propios enemigos, que lo admiraban como un adversario caballeroso y brillante.
La persecución hasta El Alamein
Embriagado por la victoria y abastecido con el botín capturado en Tobruk, Rommel persuadió a Hitler para que le permitiera continuar la ofensiva hacia Egipto en lugar de atacar Malta, como estaba previsto en los planes del Eje. Esta decisión, aplaudida en el momento, resultaría fatal a largo plazo: sin neutralizar Malta, los convoyes de suministro del Eje seguirían siendo interceptados por la Royal Navy y la RAF.
El Panzerarmee Afrika avanzó más de 400 kilómetros en apenas diez días, cruzando la frontera egipcia y llegando a la pequeña estación de ferrocarril de El Alamein, a solo 100 kilómetros de Alejandría. En El Cairo cundió el pánico: los cuarteles generales quemaron documentos en lo que se conoció como el «miércoles de las cenizas». Pero en la línea de El Alamein, donde el desierto se estrechaba entre el mar y la depresión de Qattara, Auchinleck logró finalmente frenar a Rommel en la primera batalla de El Alamein a principios de julio.
Análisis táctico: las claves de la derrota británica
La batalla de Gazala es un caso de estudio sobre cómo una fuerza numéricamente inferior puede derrotar a otra superior mediante la maniobra, la concentración de fuerzas y la iniciativa. Los factores principales de la derrota británica fueron los siguientes:
Dispersión del blindaje. El error más grave fue emplear las brigadas acorazadas de forma fragmentaria. Mientras Rommel concentraba sus panzer como un puño, los británicos los repartían en pequeñas unidades que eran destruidas por separado. Esta doctrina de los penny packets procedía de una concepción errónea del tanque como arma de apoyo a la infantería en lugar de como fuerza de choque independiente.
Falta de armas combinadas. Los alemanes integraban tanques, infantería, artillería y antitanques en equipos de combate flexibles. Los británicos tendían a separar estas armas y emplearlas de forma aislada, lo que facilitaba que Rommel las batiera por partes.
Mando deficiente. El general Ritchie, impuesto por Auchinleck pese a su relativa inexperiencia, carecía de la autoridad y la visión necesarias para coordinar un ejército de esa envergadura. Las órdenes llegaban tarde, se contradecían y dejaban demasiada iniciativa a subordinados que no siempre la ejercían con acierto.
Subestimación de los 88 mm. Los cañones antiaéreos Flak de 88 mm empleados en papel antitanque resultaron devastadores contra los blindados británicos, que avanzaban frontalmente contra posiciones preparadas sin reconocimiento previo adecuado.
Legado de la batalla
Gazala marcó el punto más alto de la estrella de Rommel y del Afrika Korps, pero también sembró las semillas de su derrota posterior. La decisión de perseguir hacia Egipto en lugar de consolidar posiciones y neutralizar Malta alargó unas líneas de suministro ya precarias. En pocos meses, la correlación de fuerzas se invertiría drásticamente con la llegada de Montgomery y los preparativos para la segunda batalla de El Alamein.
Para los británicos, la humillación de Gazala y Tobruk sirvió como catalizador de reformas profundas en doctrina, mando y organización. Las lecciones aprendidas —concentración del blindaje, armas combinadas, mando unificado— se aplicarían con éxito creciente a partir del otoño de 1942. La derrota, por dolorosa que fuera, resultó ser un maestro implacable.