La batalla de Anzio fue una de las operaciones más frustrantes y sangrientas de la campaña aliada en Italia. El 22 de enero de 1944, el VI Cuerpo estadounidense desembarcó a apenas 50 kilómetros al sur de Roma con el objetivo de rodear las defensas alemanas de la Línea Gustav y forzar una rápida liberación de la capital italiana. En lugar de eso, los aliados se encontraron atrapados durante cuatro meses en una cabeza de playa minúscula, bombardeados sin cesar, contraatacados por divisiones alemanas que Hitler envió a toda prisa desde otros frentes. Lo que debía ser un golpe audaz se convirtió en un asedio que recordaba más a las trincheras de la Primera Guerra Mundial que a la guerra de movimiento moderna.

Patrulla del 2.º Royal Inniskilling Fusiliers avanzando por una trinchera en la cabeza de playa de Anzio, marzo de 1944
Una patrulla del 2.º Royal Inniskilling Fusiliers en la cabeza de playa de Anzio, marzo de 1944. Los soldados llevan equipo ligero y botas de patrulla con suela de crepé. Sgt. Loughlin, No. 2 Army Film & Photographic Unit / Imperial War Museum · Dominio público

El contexto: el estancamiento en la Línea Gustav

A finales de 1943, la campaña aliada en Italia se había estancado. Tras la conquista de Sicilia y los desembarcos en el sur de Italia, el avance aliado se había detenido frente a la Línea Gustav, una cadena de fortificaciones alemanas que atravesaba la península de costa a costa, anclada en el oeste en Monte Cassino . Los asaltos frontales contra la línea eran rechazados una y otra vez con pérdidas terribles.

Churchill , impaciente ante la falta de progresos, impulsó un plan para romper el punto muerto: un desembarco anfibio detrás de las líneas alemanas que cortaría las comunicaciones del enemigo y lo obligaría a retirarse o a combatir en dos frentes simultáneamente. El lugar elegido fue Anzio, una pequeña localidad costera al sur de Roma, lo suficientemente cerca de las líneas alemanas para amenazar su retaguardia pero lo bastante lejos para complicar una respuesta rápida.

El plan — la Operación Shingle — fue aprobado a pesar de las dudas de varios comandantes. El general Mark Clark, al mando del 5.º Ejército, estaba preocupado por la disponibilidad de lanchas de desembarco, que estaban siendo transferidas a Inglaterra para la preparación de la invasión de Normandía. El propio Eisenhower , antes de partir hacia Londres para asumir el mando del SHAEF, expresó reservas sobre el alcance limitado de la fuerza de desembarco.

El desembarco: 22 de enero de 1944

El desembarco en Anzio fue un éxito táctico casi perfecto. En la madrugada del 22 de enero, 36.000 soldados del VI Cuerpo — la 3.ª División de Infantería estadounidense, la 1.ª División británica y un batallón de Rangers — desembarcaron en las playas de Anzio y Nettuno prácticamente sin oposición. Los alemanes, sorprendidos, apenas tenían dos batallones en la zona. Al final del primer día, los aliados habían establecido una cabeza de playa de 12 kilómetros de frente y tres de profundidad con la pérdida de solo 13 muertos.

La sorpresa había sido total. Las carreteras hacia Roma estaban abiertas. Los Montes Albanos — las alturas que dominaban tanto la cabeza de playa como las líneas de comunicación alemanas con la Línea Gustav — estaban casi sin defender. Un avance rápido habría causado el colapso de toda la posición alemana en el centro de Italia.

Pero el avance no se produjo. El general John Lucas, comandante del VI Cuerpo, decidió consolidar la cabeza de playa antes de avanzar. Lucas era un oficial cauteloso que desconfiaba profundamente del plan. En su diario escribió: "Tengo la impresión de que me han enviado aquí como sacrificio". En lugar de lanzarse hacia el interior, ordenó desembarcar más tropas, suministros y equipamiento. Cuando finalmente se decidió a avanzar, era demasiado tarde.

La reacción alemana

El mariscal Albert Kesselring , comandante alemán en Italia, reaccionó con una velocidad asombrosa. En cuestión de días, trasladó divisiones desde Francia, los Balcanes y el norte de Italia para crear un anillo de acero alrededor de la cabeza de playa. Para el 28 de enero — apenas seis días después del desembarco —, los alemanes habían reunido más de 70.000 soldados con tanques, artillería y apoyo aéreo formando el 14.º Ejército bajo el mando del general Eberhard von Mackensen.

Hitler estaba furioso por el desembarco y decidido a destruirlo como demostración de que los aliados no podían repetir la jugada en Francia. Ordenó enviar a Anzio algunas de las mejores unidades disponibles, incluyendo elementos de la División Hermann Göring, la 26.ª Panzer y la 29.ª Panzergranaderos. La artillería pesada alemana — incluyendo un cañón ferroviario de 280 mm apodado "Anzio Annie" por los aliados — se emplazó en los Montes Albanos, desde donde podía bombardear cada metro cuadrado de la cabeza de playa.

La ventana de oportunidad se cerró. Los aliados, que habían desembarcado sin oposición, se encontraron sitiados.

La batalla de las fábricas: Cisterna y Campoleone

Los primeros intentos aliados de expandir la cabeza de playa terminaron en desastre. El 30 de enero, los Rangers del coronel William Darby lanzaron un ataque nocturno contra la localidad de Cisterna, un nudo de comunicaciones clave. Los Rangers avanzaron en columna por una acequia de riego que los alemanes habían dejado como trampa. Al amanecer, las dos columnas principales fueron rodeadas y aniquiladas por los Panzergranaderos alemanes. De los 767 Rangers que participaron en el ataque, solo seis regresaron. Los Rangers como unidad fueron prácticamente destruidos.

En el sector británico, los intentos de avanzar hacia Campoleone y la carretera de Albano corrieron una suerte similar. Los ataques se estrellaron contra defensas alemanas que se reforzaban más rápido de lo que los aliados podían desgastarlas. Cada avance de unos cientos de metros era seguido por un contraataque que lo anulaba.

Los contraataques alemanes: febrero de 1944

Hitler ordenó un contraataque masivo para destruir la cabeza de playa y arrojar a los aliados al mar. El 16 de febrero, cuatro divisiones alemanas lanzaron la Operación Fischfang (Pesca) contra el sector central del perímetro, a lo largo de la carretera de Albano.

Los alemanes avanzaron tres kilómetros, penetrando las líneas aliadas y alcanzando las últimas posiciones de reserva. Durante 48 horas, la situación fue crítica. Los alemanes estaban a menos de dos kilómetros de la playa. Un avance más y la cabeza de playa se partiría en dos.

Los aliados respondieron con todo lo que tenían. La artillería naval — destructores y cruceros fondeados frente a la costa — bombardeó las columnas de ataque alemanas. La aviación aliada lanzó miles de salidas contra las tropas que avanzaban. La artillería de campaña disparó concentraciones de fuego masivas que destrozaron a las formaciones de asalto alemanas. Los soldados de infantería — americanos, británicos y fuerzas especiales — combatieron a corta distancia en los barrancos y las fábricas que salpicaban la llanura de Anzio.

El contraataque alemán fue detenido el 20 de febrero. Un segundo intento, lanzado el 29 de febrero contra el sector oriental, también fracasó ante la potencia de fuego aliada. Kesselring reconoció que carecía de fuerza para destruir la cabeza de playa y ordenó pasar a la defensiva.

El asedio: marzo-mayo de 1944

Los meses de marzo, abril y mayo de 1944 transformaron Anzio en una pesadilla de trincheras, bombardeos y desgaste que recordaba a Verdún más que a una batalla de la SGM. La cabeza de playa tenía apenas 25 kilómetros de ancho y 15 de profundidad — tan pequeña que no había retaguardia segura. Cada punto estaba al alcance de la artillería alemana.

"Anzio Annie" y su gemelo "Anzio Express" — cañones ferroviarios K5 de 280 mm montados en túneles de los Montes Albanos — lanzaban proyectiles de 250 kilos sobre el puerto, las playas y las concentraciones de tropas. Los alemanes los sacaban de sus túneles, disparaban y volvían a guardarlos antes de que la aviación aliada pudiera localizarlos. Los soldados aliados vivían con el temor constante de que en cualquier momento un proyectil cayera sobre sus posiciones.

Las trincheras se inundaban con las lluvias de primavera. Los soldados convivían con el barro, las ratas y los cadáveres. La fatiga de combate alcanzó niveles alarmantes. Las evacuaciones psiquiátricas fueron tan numerosas que se convirtieron en un problema operativo. Los hospitales de campaña, situados dentro del perímetro y al alcance de la artillería, eran bombardeados regularmente, matando a heridos y personal sanitario.

El general Lucas fue relevado en febrero y sustituido por el general Lucian Truscott, un comandante más agresivo que reorganizó las defensas y preparó la fuerza para la ruptura. Churchill, frustrado por el estancamiento, pronunció su frase más célebre sobre Anzio: "Esperaba lanzar un gato montés a la costa, y lo que tenemos es una ballena varada".

La ruptura: mayo de 1944

La liberación de Anzio llegó finalmente el 23 de mayo de 1944, cuando el VI Cuerpo lanzó la Operación Búfalo como parte de una ofensiva coordinada con la rotura de la Línea Gustav en Monte Cassino. Mientras las tropas aliadas del frente sur rompían las defensas alemanas y avanzaban hacia el norte, las fuerzas de Anzio atacaron hacia el este para cortar la retirada del 10.º Ejército alemán.

Truscott dirigió un asalto furioso que rompió las líneas alemanas en Cisterna — la misma localidad que había devorado a los Rangers cuatro meses antes — y avanzó hacia Valmontone, donde la carretera 6 constituía la principal vía de escape del ejército alemán.

Pero en este momento crucial, el general Clark tomó una de las decisiones más controvertidas de la campaña de Italia. En lugar de permitir que Truscott continuara hacia Valmontone para cercar al ejército alemán en retirada, Clark le ordenó girar hacia el noroeste y dirigirse directamente a Roma. Clark estaba obsesionado con ser el primer comandante aliado en entrar en la capital italiana — el desembarco de Normandía estaba programado para pocos días después, y sabía que Roma desaparecería de los titulares en cuanto las tropas pisaran las playas de Francia.

El cambio de dirección permitió que el grueso del ejército alemán escapara hacia el norte. Roma fue liberada el 4 de junio de 1944 — dos días antes del Día D —, pero el precio de la vanidad de Clark fue que las mismas divisiones alemanas que podrían haber sido destruidas en Valmontone combatirían durante otro año en la Línea Gótica y en el norte de Italia.

Balance y legado

La batalla de Anzio costó a los aliados unas 43.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos — 7.000 muertos — a lo largo de cuatro meses de combate. Las pérdidas alemanas fueron de unas 40.000 bajas, incluyendo 5.000 muertos y 4.500 prisioneros.

Anzio fue una operación que pudo haber acortado la guerra en Italia en meses si se hubiera ejecutado con más audacia en las primeras horas. La cautela de Lucas, la falta de lanchas de desembarco para enviar una fuerza mayor y la velocidad de la reacción de Kesselring transformaron un golpe potencialmente decisivo en un asedio agotador. La decisión final de Clark de girar hacia Roma en lugar de cercar al enemigo fue el último error de una campaña marcada por las oportunidades perdidas.

Para los soldados que combatieron allí, Anzio fue un infierno particular: un espacio diminuto donde no había escapatoria del fuego enemigo, donde la rutina diaria era sobrevivir a los bombardeos y donde la guerra se reducía a su forma más primitiva. Los cementerios militares de Anzio y Nettuno — con más de 7.800 tumbas americanas y 2.300 británicas — son el testimonio silencioso de una batalla que demostró que la audacia sin determinación es solo la mitad del plan.