Con tu compra haces posible una web con más contenidos y libre de publicidad, ¡gracias!👍

La Batalla de Guadalcanal

Introducción

En el verano de 1942, el Imperio japonés abarcaba una enorme zona del Pacífico occidental. Tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, las fuerzas japonesas se desplegaron rápidamente para apoderarse de Hong Kong, Birmania, Malasia, Borneo, las islas Filipinas y Singapur.

En la primavera de 1942, las tropas japonesas desembarcaron en Nueva Guinea y el imperio nipón llegaba entonces hasta las Islas Salomón. A finales de mayo, el dominio japonés alcanzaba una isla selvática que daría su nombre a uno de los episodios más conocidos de la guerra del Pacífico: Guadalcanal.

Dominio público, Wikimedia Commons

La expansión japonesa parecía imparable, pero al llegar a Guadalcanal la situación empezó a volverse adversa al imperio. La batalla del Mar del Coral, En mayo de 1942, obligó a Japón a descartar la idea de atacar la capital de Nueva Guinea: Port Moresby.

A principios de junio, la sorprendente victoria estadounidense en la batalla de Midway convenció a los líderes japoneses de la necesidad de detener la expansión imperial en el Pacífico. La consolidación pasó entonces a convertirse en algo prioritario, pero el imperio nipón seguía siendo una fuerza de gran importancia.

A mediados de junio de 1942, la inteligencia aliada en las Islas Salomón informó de un suceso preocupante. Las fuerzas japonesas de ocupación en Guadalcanal estaban construyendo una base aérea en la costa norte de la isla. Habían talado miles de cocoteros y los informes sugerían que dicha pista aérea estaría lista en cuestión de semanas.

Esto suponía una grave noticia para los aliados, pues una presencia aérea japonesa en Guadalcanal amenaza a la importante línea de abastecimiento aliado entre Hawái y Australia. En Washington, los jefes del Estado Mayor estadounidense se reunieron para estudiar algún tipo de respuesta.

Una de las posibilidades era lanzar un ataque aéreo sobre Guadalcanal para dejar inutilizable la pista de aterrizaje. Pero al final se concibió una idea mucho más audaz en lugar de sólo atacar Guadalcanal, los estadounidenses decidieron capturar la isla.

El plan consistía en efectuar un desembarco anfibio de fuerzas de marines estadounidenses, deshacerse de la pequeña fuerza japonesa y establecer una base aérea aliada en la isla. El 25 de junio se tomó la decisión de seguir adelante con la operación. Su nombre en clave era Watchtower.

El preludio de la batalla

Cuando se tomó la decisión de apoderarse de Guadalcanal, los estrategas no sabían apenas nada del campo de batalla que les esperaba. La isla era prácticamente desconocida. Los pocos mapas que había no eran muy fieles y sólo se podían realizar reconocimientos aéreos limitados, y esos no eran los únicos problemas que afectaban a los preparativos estadounidenses. El éxito de la ofensiva de Guadalcanal dependía de las tropas de marines, cuya misión era desembarcar y tomar el control de la importante pista aérea.

Pero cuando el comandante de los marines, el general Alexander Vandegrift, recibió las órdenes en su cuartel general de Nueva Zelanda el 25 de junio, sabía que sus hombres no estaban preparados para luchar. Hacía un mes que los marines habían abandonado su base de Carolina del Norte y a finales de junio sólo un tercio de ellos había llegado a Nueva Zelanda.

Retrato del general Alexander Vandegrift, uno de los grandes protagonistas de la batalla de Guadalcanal
Dominio público, Wikimedia Commons

El general Vandegrift tenía órdenes de no participar en tareas activas hasta 1943. ¡Y de pronto, su división, sin apenas preparación, debía entrar en batalla al cabo de unas pocas semanas!

Por lo tanto, Vandegrift se vio obligado a iniciar preparativos urgentes en Nueva Zelanda a medida que sus hombres y sus suministros llegaban a la zona, a pesar de un brote de gripe entre las tropas y de los inconvenientes causados por una huelga entre los trabajadores del muelle del puerto de Wellington, hacia finales de julio, las tropas de marines se hallaban en posición en las islas Fiji, esperando un ensayo final para la misión que les aguardaba.

El general Vandegrift ya había conseguido posponer el día del ataque del 1 al 7 de agosto, pero sabía que el tiempo de preparación no había sido el ideal. Y en las islas Fiji, la inexperiencia de los marines estadounidenses se puso en evidencia.

La expedición de Guadalcanal sería una operación anfibia sin precedentes por su magnitud y el ejercicio en las islas Fiji reveló las dificultades logísticas que dicha operación entrañaba. No existió mucha coordinación entre los grupos de desembarco anfibio y sus apoyos naval y aéreo. El equipo no era fiable y todo el ejercicio pareció poco menos que una farsa.

Pero el ataque no se podía retrasar. El 7 de agosto sería la fecha en la que el plan estadounidense se pondría en marcha. La intención de los líderes estadounidenses para la ofensiva de Guadalcanal era relativamente clara.

Una armada de buques de transporte zarparía desde las islas Fiji hacia las Islas Salomón y entraría en un canal al norte de Guadalcanal. Allí, la principal fuerza anfibia subiría a las lanchas de desembarco y llegaría a la costa, mientras que las unidades de apoyo se apoderían de las pequeñas islas de Tulagui y Gavutu-Tanambogo.

Los buques de transporte no estarían solos, sino que formarían parte de una fuera de invasión mayor. Al norte y al nordeste, habría una significativa presencia naval de protección consistente en cinco cruceros y nueve destructores al mando del almirante Crutchley de la Marina Real Australiana.

También habría un destacado apoyo aéreo. A unos 200 kilómetros al sur. Una flota de portaaviones estadounidenses se situaba en posición. La importancia de los portaviones ya se había demostrado de forma dramática en la batalla del mar de Coral y en la batalla de Midway, por lo que los portaaviones Saratoga, Wasp y Enterprise estaban preparados para prestar apoyo a la ofensiva de Guadalcanal.

Junto a dichos portaviones había un acorazado, seis cruceros y unos 16 destructores. Estos notables recursos se habían desplegado para apoyar a la Primera División de Marines de Vandegrift, una fuerza de desembarco reforzada con unidades de élite de paracaidistas y marines. Pero no se podía ocultar que la Primera División de Marines había sido formada recientemente, ni que a la mayoría de sus hombres les faltaba experiencia de combate.

Los marines estadounidenses no estaban muy seguros de la cantidad de tropas niponas que les esperaban en Guadalcanal, pero sí conocían la fortaleza del espíritu de lucha japonés.

Los informes de inteligencia sugerían que existía una fuerza de unos 7000 soldados nipones en la isla y era probable que muchos de ellos tuvieran experiencia en la difícil lucha en la jungla. En cambio, pocos hombres entre los marines estadounidenses habían combatido en un entorno como el que se daba en Guadalcanal.

Los estadounidenses también sabían que la potencia militar japonesa no sólo se debía a las tropas estacionadas en Guadalcanal. En algún lugar del noroeste, cerca de Nueva Bretaña, se hallaba el grueso de la potencia naval japonesa: La Cuarta Flota Marina del Pacífico Sur. Esta era la realidad a la que se enfrentaban los comandantes estadounidenses los días anteriores a la batalla, a principios de agosto de 1942.

Los comandantes estadounidenses

Al mando general de la Operación Watchtower estaba el vicealmirante Robert L. Ghormley, de 57 años, que había sido oficial de enlace en Londres. Llegó a Nueva Zelanda en marzo de 1942 para hacerse con el mando de la fuerza de la zona del Pacífico Sur, recibiendo poco después la orden de llevar a cabo el ataque de Guadalcanal.

Retrato del vicealmirante Robert Ghormley
Dominio público, Wikimedia Commons

Pero Ghormley no seguiría en el Pacífico Sur cuando la lucha terminase, su retirada pudo ser el resultado de una de sus decisiones durante los primeros días de la ofensiva.

En agosto de 1942, sin embargo, el almirante Ghormley era el hombre que estaba al mando. Entre sus subordinados se encontraba el contralmirante Frank J. Fletcher, conocido por sus hombres como “Black Jack”, ex combatiente de las batallas del Mar del Coral y de Midway, Fletcher fue considerado como la elección perfecta para dirigir la fuerza naval especial, de la que dependería el éxito de la ofensiva de Guadalcanal.

Fotografía del contralmirante Frank Fletcher
Dominio público, Wikimedia Commons

Pero su reputación también se vería afectada por la decisión de su superior y el almirante Ghormley. Sin embargo, esa circunstancia no existía cuando se iniciaron las operaciones.

La fuerza especial del contralmirante Fletcher se dividía en dos grupos. Además, había una importante fuerza anfibia al mando del contralmirante Richmond J. Turner. Como Ghormley y Fletcher, Turner tenía casi 60 años, aunque nunca había participado en el servicio de combate activo. Sin embargo, se le consideraba una autoridad en la planificación de ataques anfibios y en Guadalcanal tendría la oportunidad de poner en práctica sus teorías.

Entre los subordinados directos del contralmirante Turner estaba el general de brigada Alexander Vandegrift, y sería dicho comandante de la Marina el que acabaría siendo relacionado con el resultado de Guadalcanal. Vandegrift, excombatiente de la llamada Guerra de las Bananas en el Caribe, era un experto en combates en la jungla.

Aunque se mostró asombrado al conocer el poco tiempo que tendría su primera división de marines para prepararse para la ofensiva, este impresionante militar hizo a un lado sus preocupaciones y se centró en liderar a las fuerzas en tierra. Y su división de Marines se reforzó con paracaidistas. Además, también contaba con el apoyo de la primera unidad de asalto de Marines al mando del teniente coronel Merritt Edson.

Retrato del teniente coronel Merritt Edson (aquí fotografiado como general de división)
Dominio público, Wikimedia Commons

Al igual que su comandante, Edson tenía una gran experiencia en combate y fue por este motivo por el que la unidad invasora tuvo una de las misiones más difíciles el primer día de batalla. Edson, conocido por sus hombres como “Red Mike”, era un maestro en las técnicas especiales y se convertiría en uno de los soldados más famosos de la Guerra del Pacífico, con Guadalcanal como primera prueba de sus capacidades como líder.

Los comandantes japoneses

Los estadounidenses no poseían el monopolio del buen liderazgo en Guadalcanal. A cargo de las operaciones navales japonesas en el Pacífico Sur estaba el vicealmirante Gunichi Mikawa.

Retrato del vicealmirante Gunichi Mikawa.
Dominio público, Wikimedia Commons

Antes del ataque estadounidense, Mikawa había expresado en diferentes informes su preocupación acerca de la fragilidad del mando japonesa en el Pacífico. Pero cuando empezó la lucha, Mikawa dejaría a un lado dichas opiniones y desplegaría sus fuerzas navales de una forma impecable.

Para complementar la fuerza naval de Mikawa, la presencia regional japonesa en tierra contaba con el 17.º ejército del general de división Harukichi Hyakutake. El general Hyakutake tenía una fuerza formidable a su disposición.

Fotografía del del general de división Harukichi Hyakutake
Dominio público, Wikimedia Commons

Los 50.000 hombres que conformaban el 17.º ejército incluían la 35.ª brigada de infantería del general de brigada Kiyotake Kawaguchi, un comandante que demostró su afición por el combate en cuanto le destinaron a Guadalcanal.

El coronel Kiyonao Ichiki, excombatiente de la guerra en China y un apasionado defensor de la valentía de los soldados japoneses, también mostró grandes deseos de enfrentarse al enemigo.

Retrato del coronel Kiyonao Ichiki
Dominio público, Wikimedia Commons

Como comandante del segundo batallón, el 28.º regimiento de infantería, el coronel Ichiki, tendría la oportunidad de poner su fe a prueba en la primera operación terrestre en Guadalcanal. Sería un enfrentamiento en el que el coronel Ichiki revelaría el gran entusiasmo que un comandante puede infundir a sus hombres. También sería una acción que daría pie a uno de los mitos más duraderos sobre la ofensiva de Guadalcanal. Lo que es seguro es que el coronel Ichiki vivió muy de cerca la potencia de las armas que el enemigo tenía a su disposición.

Las armas estadounidenses

El triunfo estadounidense en la batalla de Midway demostró definitivamente la importancia de los poderosos portaaviones y asimismo de los bombarderos en picado, siendo el mejor de todos el Douglas SBD Dauntless.

A lo largo de la Guerra del Pacífico, este avión de dos plazas supuso una amenaza para los barcos japoneses. Con una bomba de 725 kilos montada en el fuselaje y dos más de 147 bajo las alas, este elegante avión demostró rápidamente su eficacia contra los objetivos en tierra durante la batalla en Guadalcanal.

En Guadalcanal, los comandantes estadounidenses también pudieran utilizar desde los portaviones un gran caza: el Grumman F4F Wildcat, un caza de una sola plaza de diseño particular con un motor de 1200 caballos que alcanzaba una velocidad máxima de 511 kilómetros por hora. En agosto de 1942, el Wildcat también había entrado en acción en las batallas de Midway y del Mar del Coral, y aunque quizás no era un avión tan completo como el Daunstless, su introducción fue muy importante para el esfuerzo estadounidense en la batalla de Guadalcanal.

Formación de Grumman F4F Wildcats de Henderson Field preparándose para atacar a la aviación japonesa a finales de agosto de 1942.
Dominio público, Wikimedia Commons

El Bell P-400 era una versión menos completa del Bell P-39 Airacobra ya que, entre otros problemas, no tenía capacidad para llevar bombonas de oxígeno, lo que hacía que sólo pudiese alcanzar unos 3600 metros de altitud. El P-400, inutilizable como interceptor debido a su impresionante armamento, consistente en un cañón de 37 milímetros en el morro, dos ametralladoras de calibre 0.50 y cuatro de calibre 0.30, además de dos bombas de 225 kilos, era especialmente adecuado para atacar objetivos terrestres.

A los pilotos no les gustaba mucho porque el tren de aterrizaje era de tres ruedas. El motor estaba situado detrás del piloto y el eje de transmisión quedaba entre las piernas del mismo. A pesar de todo este importante apoyo aéreo, Vandegrift y sus compañeros sabían que también necesitarían una cantidad importante de recursos terrestres para la guerra en la jungla que les esperaba.

Las tropas de marines eran un elemento clave. Para llevarlas desde los barcos de transporte hasta la costa, las fuerzas estadounidenses confiaban en las lanchas de desembarco como la LCP, la gran lancha de desembarco de infantería.

Marines estadounidenses desembarcando de sus lanchas LCP en Guadalcanal el 7 de agosto de 1942.
Dominio público, Wikimedia Commons

En funcionamiento, dichas barcazas de 50 metros de eslora podían llevar hasta 210 soldados hasta la playa a través de rampas. Las LCP también podían usarse para transportar 75 toneladas de material y en Guadalcanal el equipo estadounidense de tierra incluía tanques ligeros y móviles aptos para la guerra en la jungla. El más famoso era el M3, construido por primera vez en 1941. Sus seis cañones estaban acompañados por un arma principal de 37 milímetros. Con un blindaje de hasta 43 milímetros, el M3 protegía bien a su tripulación de cuatro hombres.

Por desgracia, uno de los problemas del desembarco en la cabeza de playa de Guadalcanal era que el general Vandegrift no podía contar con el número suficiente de esos vehículos, como había esperado en un principio. Pero la contribución de los M3 fue importantísima en algunos de los enfrentamientos más duros de la ofensiva.

El conflicto de Guadalcanal fue testigo de la utilización en una situación de combate del vehículo de oruga de desembarco estadounidense llamado Alligator o Caimán, desarrollado a partir de las naves de rescate que se usaban en las zonas pantanosas del sur de Estados Unidos durante los años 30.

Contaba con dos motores Cadillac V8 y la propulsión por el agua se conseguía mediante palas unidas a las cintas, que también ayudaban a aumentar su movilidad por las playas arenosas y suaves. Se construyeron más de 18.000 vehículos de este tipo, incluidos varios modelos con diferentes armamentos ofensivos, desde las torretas de tanques en la superficie superiores hasta la incorporación de howitzers de 75 milímetros.

Pero la principal ventaja del Alligator era su capacidad para moverse directamente desde el agua hasta una posición protegida antes de descargar, convirtiéndose en un objetivo mucho más difícil de alcanzar que las lanchas, los hombres y los suministros que quedaban inmovilizados en una playa abierta.

Otra arma estadounidense que se puso a prueba no sólo en Guadalcanal, sino también en las siguientes batallas en la jungla, fue el howitzer de 75 milímetros: el M1A1. Ligero y maniobrable, el howitzer era un arma con mucha historia en el arsenal estadounidense, ideal para ser lanzado en paracaídas. El M1A1 poseía un alcance máximo de unos 8800 metros y los japoneses conocerían la fuerza de sus proyectiles de 6 kilos en los combates de 1942.

Por su parte, el cañón de 37 milímetros era un arma ligera y versátil, y cuando se utilizaba como arma antitanque disparaba un proyectil sólido y redondo que podía penetrar un blindaje de 25 milímetros a 900 metros,y un proyectil antiblindaje que podía penetrar uno de 58 milímetros.

Ambos tipos de proyectiles fueron muy adecuados para detener a los tanques de blindaje ligero utilizados por los japoneses en la batalla de Guadalcanal. Pero cuando se utilizó contra la tropa fue cuando el cañón de 37 milímetros demostró su eficacia por sus efectos devastadores.

Con el uso de metralla, se convirtió en una especie de escopeta de 37 milímetros. Aunque eso no suponía una amenaza para los tanques, sí podía diezmar los ataques de infantería frontales a los que tan aficionados eran los japoneses. Con 413 kilos de peso, el cañón era muy ligero y podía desmontarse y transportarse fácilmente por la jungla. Se produjeron más de 18.000 unidades y el cañón fue muy utilizado durante la batalla del Pacífico.

El arma común de los hombres de infantería de la Segunda Guerra Mundial era el fusil. El ejército estadounidense que utilizaba el fusil M1 Garand, que era un fusil semiautomático o accionado por gas con un cargador de 8 balas que fue diseñado en 1936 y cuyo uso se había generalizado en 1940. El M1 Garand era un poco más pesado que el fusil tradicional, pero era particularmente fiable y suponía una ventaja significativa en las húmedas condiciones de la lucha en la jungla de Guadalcanal.

Pero a pesar de la gran calidad del equipamiento estadounidense, las condiciones en Guadalcanal hacían que no pudiera desembarcar suficiente material en la isla. Actualmente se sigue debatiendo el hecho de que los comandantes de tierra estadounidenses no pudieran tener a su disposición todo el equipo. Lo cierto es que cuando los transportes estadounidenses se retiraron, la mitad de su material seguía a bordo y los marines que se quedaron en la isla sabían que el enemigo también poseía buenas armas.

Las armas japonesas

El éxito de la lucha en la jungla a menudo dependía de uno de los aspectos más antiguos del combate. La capacidad y los recursos individuales de los soldados. Para los hombres de la infantería japonesa, gran parte de su fuerza estaba relacionada con la calidad de su fusil. Normalmente, el tipo 99. Introducido originalmente como tipo 38 durante los primeros años del siglo XX, en los años 30 modificaron el calibre original de esta arma de 4 kilos para contener nuevos cartuchos de 7,7 milímetros.

Muy usado en la batalla contra China, el tipo 99 era un arma ideal para los francotiradores de la jungla y las tropas japonesas también eran aficionadas a utilizar la bayoneta, como los marines estadounidenses descubrirían en uno de los enfrentamientos más sangrientos de la batalla de Guadalcanal.

Los soldados japoneses también se sentían confiados gracias a sus armas de apoyo. El cañón de batallón tipo 92 era una de las armas con más extraño aspecto de la Segunda Guerra Mundial, pero también fue una de las más usadas.

Su alcance relativamente corto hacía que a menudo se utilizara para ataques con fuego directo en contacto con el enemigo, una tarea para la que era adecuado gracias a su relativa ligereza. Eso permitía que los tiradores japoneses dispararan, se retiraran y luego atacaran otra vez desde una dirección completamente diferente, táctica que tenía un impacto perturbador sobre las tropas que se enfrentaban con algún tipo 92.

Los japoneses, al igual que los estadounidenses, reconocían el valor de los aviones de guerra lanzados desde portaaviones y en 1942 tenían uno de los más potentes: el legendario Mitsubishi A6M, el caza Zero.

El Zero era un avión de una sola plaza creado en 1939. Sus características llamaron la atención de los estadounidenses cuando se utilizó durante el ataque a Pearl Harbor. Tenía un excelente alcance, una velocidad igualmente impresionante y una enorme maniobrabilidad. El armamento del Zero también era algo a tener muy en cuenta: dos ametralladoras en el morro y dos cañones de 20 milímetros montados sobre las alas.

El Mitsubishi G4M, que se había desarrollado para sustituir al GM3 que se producía desde 1936, entró en servicio en la primavera de 1941. El G4M o “Betty Bomber”, como lo conocían los estadounidenses, era el bombardero terrestre de primera línea de la Marina.

Estaba armado con un cañón y cuatro ametralladoras y también era capaz de transportar toda su carga en bombas o un torpedo, algo muy adecuado en el conflicto del Pacífico. Durante las primeras etapas de la guerra, el G4M demostró ser un digno oponente debido a las limitaciones de los cazas estadounidenses.

Pero cuando empezaron a entrar en guerra mejores aviones aliados, la situación cambió. Igual que el Mitsubishi Zero, el Mitsubishi G4M estaba diseñado sin depósitos autosellados para aumentar su rendimiento y su alcance. Y eso hizo que entre sus pilotos se le conociera como si fuera una bomba incendiaria.

El Chi-Ha tipo 97, construido a partir del tanque tipo 89, que entró en servicio en 1929 y que se usó masivamente durante la guerra contra China, estaba totalmente anticuado para enfrentarse incluso a los tanques estadounidenses más pequeños.

El cañón principal del primer tipo 89 no podía cargarse con proyectiles antiblindaje, lo que le relegó a vehículo de apoyo de la infantería. El armamento del tipo 97 era mejor con un cañón de 47 milímetros y dos ametralladoras, pero no mejoraba su eficacia en combate con un blindaje menor de 30 milímetros (la mitad que su homólogo estadounidense, el Sherman).

El Ejército japonés utilizó mucho el tipo 97 durante todo el conflicto en el Pacífico. El howitzer de 70 milímetros o cañón de montaña tipo 92 resultó ser totalmente inadecuado contra el blindaje estadounidense y quedó relegado a mera arma de apoyo de la infantería.

La ventaja de esta bestia de la artillería durante el conflicto fue que su equipo de cinco personas podía desmontarlo y transportarlo, con alguna dificultad, a través de la densa jungla y del terreno montañoso de Guadalcanal. Era un cañón ligero que pesaba unos 212 kilos, más o menos la mitad de los cañones similares estadounidenses y disparaba proyectiles altamente explosivos de 3,8 kilos hasta una distancia de 2700 metros.

Aunque los japoneses no creyeron que la subametralladora fuese un arma viable para la infantería, utilizaron la ametralladora ligera como apoyo para la infantería.

La ametralladora ligera Nambu tipo 99 de 7,7 milímetros se basaba en el fusil Bren británico, que se usó mucho durante la campaña de Guadalcanal. La Nambu era un arma extremadamente precisa, con una gran capacidad de tiro, a la que podía unirse una bayoneta o una mira telescópica.

Para los oficiales japoneses, la espada samurái era un símbolo reverenciado del espíritu del antiguo Japón, la personificación del código del samurái, la expresión de su disciplina de hierro y su inquebrantable devoción hacia el deber.

Las espadas que se les entregaban a los oficiales japoneses generalmente eran copias de menor calidad, pero como armas de combate y símbolo de autoridad militar, la espada era esencial para los oficiales japoneses.

Incluso durante la Segunda Guerra Mundial, tras el desarrollo de armas mucho más efectivas y destructivas, la espada que llevaba un oficial japonés en la batalla era un vínculo vital con el antiguo código de honor samurái: el “bushido”.

Mientras la fuerza de invasión estadounidense se situaba en posición en las Islas Salomón el 7 de agosto de 1942, la guerra del Pacífico tenía mucho camino que recorrer. Pero el siguiente capítulo estaba a punto de empezar en Guadalcanal.

Los desembarcos

Para sorpresa de las tropas estadounidenses, el desembarco en Guadalcanal se llevó a cabo sin llamar la atención del enemigo. Fue una suerte, ya que el desembarco fue tan descoordinado como los ensayos habían sugerido que podía llegar a ser. Poco después, la llamada Playa Roja estaba llena de suministros, hombres y material, y nadie parecía saber quién era responsable de qué. Pero al menos no había japoneses por ningún lado y, al caer la tarde, los marines ya se dirigían hacia la base aérea japonesa.

Sin embargo, en el resto de la isla había grandes cantidades de fuerzas del Imperio nipón. En Tulagui, los marines de asalto del coronel Edson se encontraron con una fuerte resistencia, especialmente la noche siguiente al desembarco. En la oscuridad de la jungla se repelieron al menos cuatro ataques japoneses y hasta el final del segundo día el coronel Edson no pudo informar de la victoria sobre las tropas japonesas.

También hubo duras batallas en las islas de Gavutu y Tanambogo. Esta última solo cayó tras la intervención del apoyo naval, gracias a los grandes cañones del destructor Buchanan, pero los estadounidenses esperaban que capturar las islas pequeñas iba a ser una tarea dura. En la isla de Guadalcanal, sin embargo, el éxito fue relativamente fácil, al menos al principio.

La tarde del segundo día de operaciones, los marines estadounidenses se habían dirigido al oeste de la Playa Roja para hacerse con la base aérea japonesa prácticamente terminada. Ese lugar, pronto recibió el nombre de Henderson Field en honor de un héroe de la batalla de Midway.

Las fuerzas japonesas simplemente huyeron hacia las montañas. Al caer la noche del 8 de agosto de 1942, el primer objetivo de la operación se había conseguido. Y aunque las pérdidas en las islas del Norte habían sido graves, el general Vandegrift había realizado su trabajo con eficacia, pero cualquier optimismo sería prematuro.

La guerra en la jungla

En cuanto los estadounidenses realizaron el primer movimiento, el Almirante Mikawa, de la Cuarta Flota Marina del Pacífico Sur, ordenó que un grupo de combate zarpase hacia Guadalcanal a través del canal de las Islas Salomón, conocido como la Ranura.

Pero antes de que pudieran llegar, Mikawa envió también una fuerza de bombarderos con una escolta de cazas contra las fuerzas estadounidenses. Alertado, el almirante Fletcher envió 60 cazas Wildcat para recibirles en el cielo de Guadalcanal en una terrible lucha aérea. Los japoneses perdieron 16 aviones por 11 de los estadounidenses.

El almirante Turner decidió situar a su propia flota en posiciones defensivas al norte y al sur de la isla de Savo, con los destructores Blue y Ralph Talbot en posiciones avanzadas.

Fueron dichas posiciones avanzadas las que primero divisaron los grupos de combate japoneses a la una de la mañana del 9 de agosto. Minutos después, la flota de cruceros del almirante Mikawa pasó por allí sin que nadie se apercibiera de ello. Entonces ordenó que los aviones de los cruceros despegaran y, a las dos menos cuarto, sus pilotos empezaron a lanzar bengalas que revelaron la presencia de buques aliados. Mikawa dio la orden de lanzar torpedos y de disparar los cañones.

Había empezado la batalla de la isla de Savo. Los japoneses habían cogido al enemigo por sorpresa y sacaron partido de dicha ventaja. Se perdieron los cruceros aliados Vincennes, Quincy, Canberra y Astoria. Otros quedaron muy dañados mientras el grupo de combate japonés rodeaba la isla de Savo y volvía por el canal hacia el noroeste.

La Marina imperial japonesa había triunfado en la primera de las cuatro batallas marítimas importantes que tendrían lugar en aguas cercanas a Guadalcanal. Para el comandante de los marines, Alexander Archer Vandegrift, esta pérdida de fuego de apoyo resultó un desastre, por lo que la batalla de la isla de Savo concluyó con una victoria total de los japoneses.

Pero los estadounidenses podían sentir algún alivio, ya que la flota de Mikawa no había destruido los barcos de transporte. Sin embargo, los marines habían recibido malas noticias. Durante las horas previas al ataque japonés, el general  Vandegrift fue informado de una decisión del almirante Fletcher. Ésta consistió en retirar su fuerza de portaviones del sur, tras hablar con su superior, el almirante Ghromley, y constatar que los recursos de combustible y aviones eran insuficientes para mantener una presencia segura en la zona.

Como consecuencia de esa controvertida decisión, el almirante Turner anunció que él también tendría que retirar su fuerza especial anfibia. Al caer la noche del 9 de agosto, tras apenas dos días de operación, los buques del almirante Turner se retiraron de las aguas de Guadalcanal, llevándose la mitad de los suministros y del material de los marines. No hubo tiempo de descargar más en Guadalcanal y en las pequeñas islas del norte, la primera división de marines debía contar con sus propios recursos.

Era un giro de los acontecimientos potencialmente desastroso para los estadounidenses. Vandegrift no podía hacer nada más que proteger su perímetro defensivo lo mejor posible y ordenar a sus hombres que terminaran de acondicionar la pista de Henderson Field.

Si se podía poner en funcionamiento en poco tiempo, sería un buen recurso para los aislados marines. El trabajo estuvo obstaculizado por la falta de materiales y por la presencia constante de aviones japoneses en el cielo. Poco después, el enemigo estaría incluso más cerca.

En la calurosa y húmeda jungla, los inexpertos hombres del general Vandegrift aprendían rápidamente la desesperada realidad de la guerra. El 17.º ejército japonés del general de división Hyakutake recibió la orden de retomar Guadalcanal y seleccionó a la Brigada de Infantería 35 del general de brigada Kawaguchi para llevarla a cabo.

Fue entonces cuando al contralmirante Tanaka se le ocurrió la brillante idea de trasladar sus soldados desde Nueva Bretaña a Guadalcanal utilizando convoyes nocturnos de cruceros y destructores conocidos como el “Tokyo Express”, por su rapidez y eficacia en el transporte de tropas.

El 18 de agosto, con la base aérea Henderson todavía en construcción, el primero de esos convoyes nocturnos consiguió desembarcar dos fuerzas al oeste. Una unidad de desembarco especial llegó a la costa de Kokumbona.

Vista aérea de la base Henderson, vital para la victoria aliada en la batalla de Guadalcanal
Dominio público, Wikimedia Commons

Al este, a Punta Taivu, llegó el 2.º batallón del 28.º regimiento de infantería al mando del coronel Ichiki. Fue un movimiento arriesgado, quizá demasiado arriesgado. El general Hyakutake decidió no esperar a que su desperdigada 35.ª brigada de infantería se formase. Actuó inmediatamente y los hombres de Ichicki avanzaron rápidamente desde su cabeza de playa.

La noche del 20 de agosto habían llegado al límite de la posición estadounidense al este de Alligator Creek. Esa misma noche, el coronel Ichiki lanzó su ataque. Fue un enfrentamiento terrible.

Los japoneses se lanzaron contra los estadounidenses realizando una carga con bayonetas. Mostraron un valor increíble al encontrarse con una línea de artillería, ametralladoras y fuego de infantería estadounidense. Cuando fueron obligados a retroceder, el imaginativo Ichiki ordenó a los supervivientes que se reagruparon y volvieran a atacar las posiciones estadounidenses.

Pero la valentía de los hombres de Ichiki no sería suficiente. Al llegar la tarde del día siguiente, el asalto japonés había fracasado y los últimos hombres de Ichiki se encontraron rodeados de una fuerza estadounidense reforzada con blindados ligeros.

En algún momento de la batalla había muerto el propio coronel Ichiki, aunque un mito popular insiste en que se hizo el “harakiri” cuando se dio cuenta de que había perdido la batalla. La victoria estadounidense en esta ofensiva fue total y el campo de batalla fue testigo de una auténtica matanza.

Murieron 800 de los 900 hombres de Ichiki. En gran parte, la aniquilación de las tropas japonesas se debió a la ayuda de las fuerzas estadounidenses del aire. La base Henderson había entrado en servicio y el 20 de agosto 19 cazas Wildcat y 12 bombarderos en picado Dauntless aterrizaron en Guadalcanal. La ocupación estadounidense ya no era provisional.

Pero la batalla por la isla estaba lejos de haberse terminado. A finales de agosto y principios de septiembre, los buques del “Tokyo Express” llevaron nuevas tropas al este y al oeste del perímetro de Vandegrift.

Tropas japonesas subiendo a un destructor para un viaje del “Tokyo Express” a Guadalcanal.
Dominio público, Wikimedia Commons

A principios de septiembre, el comandante estadounidense destinó nuevas tropas de asalto y paracaidistas a la isla de Guadalcanal y el 7 de septiembre les envió hacia el este, a Tasimboko, un pueblo donde se creía que había un gran campamento japonés.

Los espías de Vandegrift estaban en lo cierto. Las tropas japonesas tenían su base en Tasimboko, donde se produjo un breve enfrentamiento antes de que las tropas de asalto lograran conquistar el pueblo. Pero el contingente japonés era pequeño y el coronel Edson pronto descubrió por qué.

La batalla de la cresta Edson o Bloody Ridge

En Tasimboko hubo una fuerza bastante mayor, pero se había retirado poco antes. Era la 35.ª brigada del general Kawaguchi y había partido hacia el sur, hacia la jungla, seguramente con la intención de dirigirse hacia el oeste antes de atacar al norte la base aérea Henderson.

Rápidamente, el general Vandegrift organizó a sus hombres y les situó en posición para el probable ataque. Creía que su homólogo japonés les atacaría por las colinas que había al sur de la pista aérea. Si lo hacía, encontraría a las tropas de asalto y a los paracaidistas estadounidenses esperándole.

La suposición de Vandegrift fue correcta. La noche del 12 de septiembre, los barcos de guerra japoneses lanzaron una descarga de proyectiles no contra la base aérea, sino contra las colinas que le darían su nombre a la terrible batalla que se libraría allí: “Bloody Ridge”, es decir, colina sangrienta. No fue una exageración. Cuando cesó el bombardeo japonés, los hombres de Kawaguchi llevaron a cabo un primer asalto que hizo retroceder a los defensores estadounidenses.

Pero el verdadero ataque llegó la noche siguiente, el 13 de septiembre. Esa noche, la isla de Guadalcanal quedaría envuelta en el fragor de la guerra. La brigada de Kawaguchi se lanzó en un heroico ataque contra las posiciones estadounidenses, siendo recibida con disparos de mortero y artillería.

Dibujo de un oficial de la Marina americana presente en la campaña de Guadalcanal representando a los marines defendiendo la colina 123 de la cresta Edson.
Dominio público, Wikimedia Commons

Pero los japoneses también mostraron su poder artillero mediante un grupo de siete destructores en las aguas costeras del norte. Los pilotos de los Wildcats estadounidenses hicieron valer la potencia de sus armas. Aún así, la infantería japonesa seguía avanzando.

Fue una noche de lucha desesperada. En más de 12 ocasiones, las tropas japonesas cargaron directamente contra los estadounidenses. En algunos casos, la línea de defensa parecía que estaba a punto de romperse, pero las tropas de asalto y los paracaidistas consiguieron aguantar toda la noche.

La mañana del 14 de septiembre, ya habían ganado la batalla y lo que quedaba de la fuerza de Kawaguchi se retiraba hacia el este. La colina, cubierta de cuerpos sin vida, seguía en manos estadounidenses y la base Henderson estaba a salvo.

El general Vandegrift había llegado a Guadalcanal el 7 de agosto de 1942 con un cuerpo de hombres inexpertos. Seis semanas después se habían convertido en una fuerza endurecida por la batalla, pero no había tiempo para la autocomplacencia.

Los marines seguían enfrentándose a muchas dificultades en Guadalcanal. Los casos de enfermedades tropicales, como la disentería, proliferaban entre las tropas estadounidenses. Una revisión reveló que uno de cada cinco hombres estaba enfermo y los ataques del enemigo eran constantes. Los bombardeos aéreos y marítimos japoneses no daban un momento de descanso a los hombres de Vandegrift.

A mediados de octubre, la presencia terrestre japonesa en Guadalcanal también se había reforzado. El comandante del 17.º ejército trasladó su cuartel general a la isla y el general Hyakutake podía contar con una fuerza de 20.000 hombres para un nuevo asalto contra los 23.000 soldados estadounidenses.

Este sería el tercer ataque japonés de importancia, pero también el último en términos generales. El plan del general Hyakutake era realizar un ataque simultáneo en dos frentes desde el oeste.

El general de brigada Tadashi Sumiyoshi dirigiría una fuerza de asalto con apoyo blindado contra el perímetro estadounidense. Tenía a su disposición unos 5600 hombres. Mientras tanto, al sur, el general de brigada Kawaguchi atacaría con siete mil hombres y piezas de artillería.

La noche del 22 de octubre empezó la batalla por la base Henderson. Al oeste, una descarga de artillería anunció las intenciones japonesas. Cuando los cañones callaron, los batallones de Sumiyoshi se lanzaron contra la línea de defensa estadounidense con el apoyo de los tanques.

Era el turno de la intervención de los cañones estadounidenses. Las piezas de artillería y las armas antitanque lanzaron sus proyectiles sobre los hombres y los blindados japoneses. El fuego de la infantería también fue feroz y, a pesar del afán de lucha que solían mostrar los soldados japoneses, el asalto por el oeste fue totalmente repelido en cuestión de horas.

Las posiciones estadounidenses debían haber recibido un ataque simultáneo desde el sur, pero sin embargo nada de eso ocurrió. El general Maruyama había encontrado dificultades para cruzar la jungla de Guadalcanal.

En el momento en que debía comenzar el ataque, sus hombres seguían intentando abrirse camino a través de la densa vegetación. Maruyama tuvo que abandonar sus morteros y sus piezas de artillería por el camino. Tampoco tenía manera de comunicarse con sus compañeros del oeste, así que no pudo avisar a Sumiyoshi de su retraso. El 24 de octubre, las debilidades fuerzas japonesas del sector sur llevaron a cabo su ataque y el resultado fue el previsible: más lucha feroz y una victoria para los marines estadounidenses, que dejó otro campo de batalla anegado en sangre.

El hundimiento del USS Hornet

El optimismo estadounidense a estas alturas de la batalla de Guadalcanal era comprensible. Los marines habían repelido tres importantes intentos japoneses de expulsarles de Guadalcanal, pero la celebración estuvo empañada por la pérdida del portaaviones estadounidense USS Hornet durante un enfrentamiento naval al norte de Guadalcanal.

Ataque japonés contra el USS Hornet durante la batalla de las Islas Santa Cruz dentro de la campaña de Guadalcanal
Dominio público, Wikimedia Commons

Fue en la batalla de las Islas Santa Cruz, la última de las cuatro grandes batallas navales que tuvieron lugar mientras los marines luchaban por conservar sus posiciones en tierra. En general, la potencia marítima japonesa en Guadalcanal fue mucho más eficaz que sus operaciones en la propia isla.

Desenlace

Tanto la Marina japonesa como la estadounidense perdieron unos 25 buques cada una durante sus enfrentamientos en la zona, pero Guadalcanal se sigue recordando como una operación de los marines. Cuando los extenuados hombres de Vandegrift fueron finalmente reemplazados a principios de diciembre, habían aguantado cuatro meses en un terreno aislado y difícil, sin que el enemigo les diera un solo momento de descanso. Habían muerto 1600 marines y 4700 habían resultado heridos, pero habían ganado la batalla de Guadalcanal. Y los japoneses lo sabían.

La lista de bajas nipona cuadruplicaba a la estadounidense. El 31 de diciembre, el mando imperial nipón tomó la decisión de retirar las restantes fuerzas japonesas de Guadalcanal. El 8 de febrero, ya habían partido de allí y los 14.º cuerpos estadounidenses se hicieron con el control total de la isla.

Durante los meses siguientes, la base aérea Henderson se convirtió en una instalación militar de gran importancia. Las líneas de abastecimiento hacia Australia y Nueva Zelanda estaban bien protegidas y el avance japonés había sido detenido por primera vez.

Los estadounidenses podían mirar hacia el futuro con mayor confianza y Guadalcanal sería el primer paso del largo camino que les esperaba. Esa isla cubierta de jungla, antes apenas conocida, ha sido desde entonces famosa por haberse convertido en la primera de las muchas islas que los estadounidenses tuvieron que conquistar para lograr la victoria final en el Pacífico.


Podría interesarte: Repasamos aquí los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial 📖🔍

Podría interesarte: Repasamos aquí los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial 📖🔍