La batalla de Guadalcanal fue la primera ofensiva terrestre de los Estados Unidos contra el Imperio japonés y uno de los combates más largos y brutales de la guerra del Pacífico. Entre agosto de 1942 y febrero de 1943, marines estadounidenses y tropas japonesas se enfrentaron durante seis meses en una isla selvática de las Islas Salomón, en condiciones de calor, enfermedades y escasez de suministros que pusieron a prueba los límites de la resistencia humana. Guadalcanal marcó el punto en que Japón pasó de la ofensiva a la defensiva y demostró que el avance nipón podía ser detenido.

Contexto estratégico
Tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, Japón había conquistado un vasto imperio en el Pacífico occidental en apenas seis meses: Filipinas, Malasia, las Indias Orientales Neerlandesas, Birmania y decenas de islas del Pacífico. Su perímetro defensivo se extendía desde las Aleutianas hasta Nueva Guinea, y sus fuerzas amenazaban directamente a Australia.
La batalla de Midway en junio de 1942 había infligido a la Armada Imperial japonesa una derrota devastadora, con la pérdida de cuatro portaaviones. Pero Midway fue una batalla naval; Japón aún controlaba sus conquistas territoriales. Los Aliados necesitaban pasar a la ofensiva terrestre, y las Islas Salomón ofrecían el escenario ideal.
Los servicios de inteligencia aliados descubrieron que los japoneses estaban construyendo un aeródromo en la isla de Guadalcanal. Desde esa base, los aviones nipones podrían cortar las líneas de suministro entre Estados Unidos y Australia. Tomar Guadalcanal antes de que el aeródromo estuviera operativo se convirtió en una prioridad estratégica urgente.
La Operación Watchtower: el desembarco
El 7 de agosto de 1942, la 1.ª División de Marines bajo el mando del general de división Alexander Vandegrift desembarcó en Guadalcanal y en las islas cercanas de Tulagi, Gavutu y Tanambogo. Los 11.000 marines que pisaron las playas de Guadalcanal encontraron una resistencia inicial escasa: la guarnición japonesa, compuesta principalmente por trabajadores de construcción y una pequeña fuerza de combate, se retiró a la selva.
En menos de veinticuatro horas, los marines capturaron el aeródromo en construcción y lo rebautizaron como Henderson Field, en honor a un piloto caído en Midway. Parecía un éxito rápido, pero los problemas comenzaron casi de inmediato. La Armada estadounidense, temerosa de los ataques aéreos japoneses, retiró sus buques de transporte antes de que todo el equipo y los suministros hubieran sido descargados. Los marines quedaron en tierra con raciones para solo cuatro días, munición limitada y sin apoyo naval.
La batalla naval de la isla de Savo
La noche del 8 al 9 de agosto, apenas un día después del desembarco, una escuadra japonesa al mando del vicealmirante Gunichi Mikawa sorprendió a la flota aliada en el estrecho entre Guadalcanal y la isla de Savo. En poco más de media hora, los japoneses hundieron cuatro cruceros pesados aliados —el HMAS Canberra australiano y los estadounidenses USS Astoria, USS Quincy y USS Vincennes— causando más de mil muertos. Fue una de las peores derrotas navales de la historia de la US Navy.
La victoria japonesa en Savo dejó a los marines aún más aislados. Sin cobertura naval, dependían únicamente de Henderson Field para su defensa aérea y de los escasos suministros que lograban llegar por aire o en arriesgadas travesías nocturnas.
La lucha por Henderson Field
El aeródromo se convirtió en el eje de toda la campaña. Quien controlara Henderson Field dominaba los cielos de Guadalcanal y, por tanto, las rutas de suministro. Los japoneses lanzaron ataque tras ataque para recuperarlo.
La batalla del río Tenaru
El 21 de agosto, el coronel Kiyonao Ichiki lideró un asalto frontal con 917 hombres contra las posiciones americanas junto al río Tenaru (en realidad el río Ilu). Ichiki subestimó gravemente las defensas de los marines y ordenó una carga nocturna a la bayoneta. El resultado fue una masacre: los marines, bien atrincherados y con superioridad de fuego, aniquilaron prácticamente toda la fuerza atacante. Ichiki se suicidó tras la derrota. Fue la primera señal de que los japoneses subestimaban sistemáticamente la capacidad de combate estadounidense.
La batalla de la Cresta de Edson
Entre el 12 y el 14 de septiembre, unos 3.000 soldados japoneses de la brigada del general Kawaguchi atacaron Henderson Field desde el sur a través de una cresta boscosa. El teniente coronel Merritt Edson y sus Raiders defendieron la posición en combates cuerpo a cuerpo durante dos noches consecutivas. La línea americana estuvo a punto de romperse en varias ocasiones, pero los marines aguantaron. La cresta fue rebautizada como Bloody Ridge —la Cresta Sangrienta—. Edson recibió la Medalla de Honor por su defensa.
La ofensiva de octubre
En octubre, los japoneses reunieron una fuerza mayor bajo el teniente general Harukichi Hyakutake. Más de 20.000 soldados nipones lanzaron un ataque coordinado contra el perímetro americano entre el 23 y el 26 de octubre. Los combates en la jungla fueron feroces: cargas banzái nocturnas contra posiciones de ametralladoras, combates a corta distancia entre la vegetación tropical y un barro constante que convertía cada movimiento en una tortura. Una vez más, los marines resistieron, infligiendo más de 3.000 bajas japonesas frente a unas 300 propias.
La guerra naval alrededor de Guadalcanal
Mientras los marines combatían en tierra, la Armada estadounidense y la Armada Imperial libraban una serie de batallas navales brutales en las aguas circundantes. El estrecho entre Guadalcanal y las Islas Florida se ganó el sobrenombre de Ironbottom Sound —el Estrecho del Fondo de Hierro— por la cantidad de buques hundidos en sus aguas.
Las batallas navales del Cabo Esperanza (octubre), Santa Cruz (octubre) y las dos batallas navales de Guadalcanal (noviembre) fueron enfrentamientos encarnizados, muchos de ellos nocturnos. Los japoneses demostraron una superioridad táctica notable en los combates nocturnos, pero los estadounidenses aprendieron rápido y contaban con una ventaja decisiva: la capacidad industrial para reemplazar los buques perdidos. Japón no podía permitirse ese desgaste.
Los japoneses intentaron reabastecer a sus tropas mediante el llamado Tokyo Express, carreras nocturnas de destructores que arrojaban bidones de suministros cerca de la costa. Pero el sistema era ineficiente: gran parte de los suministros se perdía y las tropas japonesas en tierra padecían hambre crónica.
El infierno en la selva
Las condiciones en Guadalcanal eran infernales para ambos bandos, pero especialmente devastadoras para los japoneses. La malaria, el dengue y la disentería causaron más bajas que las balas. Los marines disponían de quinina y un mínimo de apoyo logístico; los soldados japoneses, aislados y sin suministros, morían de inanición por centenares.
La selva tropical era un enemigo en sí misma: calor sofocante, lluvias torrenciales, insectos, serpientes y una vegetación tan densa que la visibilidad se reducía a pocos metros. Los combates se libraban a distancias cortísimas, a menudo entre patrullas que se topaban por sorpresa. El estrés psicológico era enorme: los marines desarrollaron lo que entonces se llamaba fatiga de combate a un ritmo alarmante.
Para los japoneses, Guadalcanal se convirtió en lo que ellos mismos llamaron la Isla de la Muerte. De los aproximadamente 36.000 soldados japoneses que combatieron en la isla, más de 20.000 murieron, y de ellos unos 9.000 perecieron por enfermedades y hambre, no por heridas de combate.
La retirada japonesa
A finales de 1942, el Alto Mando japonés comprendió que Guadalcanal era una batalla de desgaste que no podía ganar. Los refuerzos y suministros no llegaban en cantidad suficiente, y cada intento de retomar Henderson Field fracasaba con pérdidas catastróficas. El 31 de diciembre, el emperador Hirohito autorizó la evacuación.
Entre el 1 y el 7 de febrero de 1943, los japoneses ejecutaron la Operación Ke, una evacuación nocturna brillantemente planificada que logró rescatar a unos 10.600 supervivientes de la isla. Los estadounidenses no detectaron la operación a tiempo y, cuando las patrullas avanzaron hacia las posiciones japonesas, las encontraron vacías. El 9 de febrero de 1943, Guadalcanal fue declarada oficialmente asegurada.
Balance y consecuencias
El coste de Guadalcanal fue enorme para ambos bandos. Los estadounidenses sufrieron unas 7.100 bajas entre muertos y heridos en tierra, además de la pérdida de veinticuatro buques de guerra y numerosas aeronaves. Japón perdió más de 20.000 soldados, veinticuatro buques y cientos de aviones, además de pilotos experimentados que eran irreemplazables.
Pero las consecuencias estratégicas fueron abrumadoramente favorables a los Aliados. Guadalcanal demostró que los japoneses podían ser derrotados en combate terrestre, rompiendo el mito de invencibilidad que habían cultivado desde Pearl Harbor. La isla se convirtió en una base avanzada para las operaciones aliadas en las Islas Salomón y Nueva Guinea, iniciando la estrategia de salto de isla que llevaría hasta Iwo Jima y Okinawa .
Para Japón, Guadalcanal fue el principio del fin. La pérdida de pilotos navales veteranos, de buques que no podía reemplazar y de la iniciativa estratégica marcó el comienzo de una larga retirada defensiva que solo terminaría con la rendición en septiembre de 1945. El almirante Tanaka, uno de los comandantes japoneses en la campaña, lo resumió con una frase que se hizo célebre: "Guadalcanal no fue la tumba del ejército japonés, sino la de todo el imperio".