La batalla de Königsberg, librada entre el 6 y el 9 de abril de 1945, fue el asalto soviético a la capital de Prusia Oriental

Ruinas humeantes del castillo de Königsberg tras el asalto soviético de 1945
Las ruinas del castillo de Königsberg tras la caída de la ciudad, abril de 1945 Bundesarchiv · CC BY-SA 3.0 DE
, una ciudad-fortaleza que los alemanes consideraban inexpugnable. En apenas cuatro días de combates feroces, el Ejército Rojo se abrió paso a través de un cinturón de fuertes decimonónicos, barricadas urbanas y una guarnición decidida a luchar hasta el final. La caída de Königsberg significó la destrucción definitiva de uno de los bastiones históricos del militarismo prusiano.

Prusia Oriental: la cuna de la Wehrmacht

Königsberg —hoy Kaliningrado, Rusia— era mucho más que una ciudad. Capital de Prusia Oriental desde el siglo XIII, cuna de la Orden Teutónica y de la tradición militar prusiana, su conquista tenía un significado simbólico que trascendía lo estratégico. Para los soviéticos, tomar Königsberg representaba la destrucción del corazón mismo del militarismo alemán que tantas veces había amenazado a Rusia.

Desde el punto de vista militar, la ciudad estaba rodeada por un anillo de quince fuertes construidos en el siglo XIX, con muros de ladrillo y hormigón de hasta dos metros de espesor, rodeados por fosos. A estas defensas se añadían tres líneas de trincheras, campos de minas, posiciones antitanque y miles de edificios de piedra convertidos en puntos fuertes. El mando alemán había declarado Königsberg "Festung" (fortaleza) y su guarnición tenía órdenes de resistir hasta la muerte.

El aislamiento de la fortaleza

La ofensiva soviética en Prusia Oriental había comenzado en enero de 1945 como parte de la gran ofensiva de invierno del Ejército Rojo. El 3.er Frente Bielorruso, al mando del mariscal Aleksandr Vasílevski tras la muerte del general Iván Chernijovski en combate, fue avanzando metódicamente por la provincia.

A finales de enero, las fuerzas soviéticas habían cortado las conexiones terrestres de Königsberg con el resto de Alemania. La ciudad quedó aislada, conectada únicamente por mar con el resto del Reich a través del puerto de Pillau. Los intentos alemanes de romper el cerco fracasaron, y la guarnición —unos 130.000 soldados bajo el mando del general Otto Lasch— se preparó para un asedio.

Las fuerzas enfrentadas

Los soviéticos reunieron una fuerza abrumadora para el asalto. Cuatro ejércitos del 3.er Frente Bielorruso, con más de 137.000 soldados de asalto, 5.000 piezas de artillería, 500 tanques y el apoyo de 2.400 aviones. La concentración artillera fue extraordinaria: en algunos sectores, los soviéticos desplegaron más de 200 cañones por kilómetro de frente.

La guarnición alemana disponía de 130.000 hombres, aunque muchos eran tropas de guarnición, Volkssturm (milicia popular) y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas . Sin embargo, las defensas fijas eran formidables y los defensores estaban motivados tanto por el fanatismo nazi como por el terror ante la perspectiva de la captura soviética.

El asalto (6-9 de abril de 1945)

La preparación artillera

El 6 de abril, los soviéticos desataron uno de los bombardeos más intensos de toda la guerra. Durante horas, miles de cañones, lanzacohetes Katyusha y bombarderos machacaron las posiciones alemanas. Los fuertes decimonónicos, diseñados para resistir la artillería del siglo XIX, soportaron razonablemente bien el bombardeo, pero las posiciones de campo y las comunicaciones alemanas quedaron destrozadas.

La penetración de los fuertes

Los grupos de asalto soviéticos, entrenados específicamente para el combate en fortificaciones, atacaron los fuertes individualmente. La táctica consistía en rodear cada fuerte, cegar sus troneras con fuego directo de cañones de asalto y lanzallamas, y luego asaltar las entradas con infantería y cargas explosivas. Fuerte tras fuerte fue cayendo, aunque algunos resistieron durante horas incluso después de ser rodeados.

La lucha urbana

Una vez rotas las defensas exteriores, la batalla se trasladó a las calles de Königsberg. Los edificios de piedra se convirtieron en fortalezas improvisadas, y cada manzana debía ser tomada casa por casa. Los soviéticos emplearon tanques pesados IS-2 como artillería directa, disparando a quemarropa contra los edificios fortificados. Los lanzallamas y la artillería autopropulsada acompañaban a la infantería en un avance metódico y sangriento.

La rendición

El 9 de abril, con las fuerzas soviéticas controlando la mayor parte de la ciudad y sin posibilidad de socorro ni evacuación, el general Lasch decidió rendirse. Hitler, furioso, condenó a muerte in absentia a Lasch por traición y ordenó represalias contra su familia. Pero la decisión de Lasch salvó miles de vidas en ambos bandos. Unos 92.000 alemanes se rindieron, incluyendo gran número de heridos y civiles.

Las bajas

Los soviéticos sufrieron unas 3.700 bajas mortales y más de 14.000 heridos durante los cuatro días de asalto, cifras notablemente bajas para una operación de esta envergadura, reflejo de la abrumadora superioridad en medios. Las bajas alemanas fueron mucho mayores: se estima que entre 40.000 y 50.000 soldados murieron durante el asedio y el asalto final.

La población civil sufrió enormemente. De los más de 300.000 habitantes que tenía la ciudad antes de la guerra, solo quedaban unos 20.000 civiles cuando se produjo la rendición, muchos de ellos hambrientos y heridos. La mayoría había huido hacia el oeste en los meses anteriores.

Consecuencias y legado

La caída de Königsberg eliminó el último gran bastión alemán en el Báltico oriental y liberó fuerzas soviéticas para la batalla final por Berlín . Para el Ejército Rojo, fue una demostración magistral de asalto a una ciudad fortificada, con lecciones que se aplicarían semanas después en la capital alemana.

Prusia Oriental dejó de existir como entidad política. La conferencia de Potsdam asignó la mitad norte de la provincia a la Unión Soviética y la mitad sur a Polonia. Königsberg fue rebautizada como Kaliningrado, la población alemana fue expulsada y reemplazada por colonos soviéticos. Siete siglos de historia alemana en la región se borraron en cuestión de meses, una de las muchas transformaciones territoriales radicales que trajo consigo el fin de la SGM.