La batalla de Budapest, librada entre diciembre de 1944 y febrero de 1945, fue uno de los últimos grandes asedios urbanos de la SGM en Europa.

Contexto: Hungría entre dos fuegos
Hungría había sido aliada de Alemania desde 1941, pero para el otoño de 1944 el regente Miklós Horthy buscaba desesperadamente una salida de la guerra. En octubre de 1944, cuando Horthy intentó negociar un armisticio con la Unión Soviética, Hitler lanzó la Operación Panzerfaust —una operación de comando al estilo del rescate de Mussolini— que secuestró al hijo de Horthy y obligó al regente a abdicar en favor del líder fascista húngaro Ferenc Szálasi y su Partido de las Cruces Flechadas.
El nuevo régimen títere intensificó la persecución de los judíos húngaros —que hasta entonces habían sobrevivido relativamente intactos— y se comprometió a defender Budapest hasta el final. Para los alemanes, la capital húngara era un bastión estratégico que protegía el acceso a los últimos campos petrolíferos disponibles para el Reich, en la zona del lago Balatón .
El cerco soviético
El 2.º y 3.er Frentes Ucranianos, al mando de los mariscales Rodión Malinovski y Fiódor Tolbujin, convergieron sobre Budapest en noviembre de 1944. El avance fue más lento de lo esperado, ya que las fuerzas alemanas y húngaras ofrecieron una resistencia tenaz en las colinas y aldeas circundantes.
El 26 de diciembre de 1944, las pinzas soviéticas se cerraron al oeste de la ciudad, completando el cerco. Dentro quedaron atrapados unos 79.000 soldados alemanes y 25.000 húngaros, junto con cerca de 800.000 civiles. Hitler declaró Budapest fortaleza y prohibió cualquier intento de ruptura.
Las fuerzas enfrentadas
La guarnición sitiada comprendía una mezcla heterogénea de unidades: divisiones de las Waffen-SS, regimientos del ejército húngaro, policía militar y milicias de las Cruces Flechadas. El mando correspondía al general de las SS Karl Pfeffer-Wildenbruch. Las fuerzas contaban con blindados, artillería y abundantes suministros iniciales almacenados en la ciudad.
Los soviéticos desplegaron varios ejércitos con un total de más de 170.000 soldados de asalto, apoyados por miles de piezas de artillería y blindados. Sin embargo, la topografía de Budapest —dividida por el Danubio en las zonas de Buda (colinas) y Pest (llanura)— complicaba enormemente las operaciones.
El asedio: Pest y Buda
La lucha por Pest (enero de 1945)
Los soviéticos atacaron primero la parte oriental de la ciudad, Pest, que era más accesible por su terreno llano. La lucha fue implacable. Los defensores habían convertido cada edificio importante en un punto fuerte, y la anchura de los bulevares de Pest ofrecía campos de fuego mortíferos para las ametralladoras y los francotiradores.
El avance soviético progresó manzana a manzana, con combates que recordaban a Stalingrado en su intensidad. Los tanques resultaban vulnerables en las estrechas calles y eran blanco fácil para los Panzerfaust de los defensores. La artillería soviética bombardeó sin piedad los edificios, y barrios enteros quedaron reducidos a escombros.
El 18 de enero de 1945, Pest cayó. Los supervivientes de la guarnición se retiraron a través de los puentes del Danubio hacia Buda, destruyendo los puentes a su paso, incluido el célebre Puente de las Cadenas.
La batalla por Buda (enero-febrero de 1945)
Buda presentaba un desafío mucho mayor. El terreno montañoso, dominado por la colina del Castillo y la Ciudadela de Gellért, ofrecía posiciones defensivas naturales formidables. Los defensores se atrincheraron en los sótanos del Castillo Real, en cuevas naturales y en un laberinto de túneles medievales bajo la colina.
Los soviéticos avanzaron con enorme dificultad, peleando cuesta arriba contra un enemigo que defendía cada metro. Los combates subterráneos en los túneles de Buda fueron particularmente terroríficos, con soldados luchando en la oscuridad a distancias de metros.
Los intentos de socorro
Hitler ordenó tres operaciones de socorro —Konrad I, II y III— entre enero y febrero de 1945, empleando divisiones Panzer de las SS, incluyendo la élite Wiking y Totenkopf. El tercer intento, Konrad III, logró acercarse a apenas 20 kilómetros de la ciudad antes de ser detenido por las defensas soviéticas. El fracaso del socorro selló el destino de la guarnición.
La ruptura desesperada
El 11 de febrero de 1945, con la situación insostenible, Pfeffer-Wildenbruch ordenó una ruptura del cerco hacia el oeste sin autorización de Hitler. Unos 28.000 soldados intentaron escapar en una columna nocturna a través de las líneas soviéticas. Fue una masacre. Los soviéticos, alertados de la ruptura, tendieron emboscadas en las rutas de escape. Apenas 700 hombres lograron alcanzar las líneas alemanas. El propio Pfeffer-Wildenbruch fue capturado.
El horror civil
La población civil de Budapest sufrió atrozmente durante el asedio. Los bombardeos destruyeron gran parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad. El hambre se apoderó de la población atrapada, que sobrevivía comiendo caballos muertos y cualquier cosa comestible.
Pero el horror mayor vino de las milicias de las Cruces Flechadas, que aprovecharon el caos del asedio para asesinar a miles de judíos húngaros. Las ejecuciones masivas en las orillas del Danubio —donde las víctimas eran atadas en grupos y fusiladas para que cayeran al río— se convirtieron en uno de los crímenes más escalofriantes de los últimos meses de la guerra. Se estima que entre 10.000 y 15.000 judíos fueron asesinados durante el asedio, a pesar de los esfuerzos de diplomáticos como Raoul Wallenberg por salvar a cuantos pudiera.
Bajas y destrucción
Las cifras totales son devastadoras. Las fuerzas del Eje sufrieron unas 50.000 bajas mortales y más de 100.000 prisioneros. Los soviéticos perdieron alrededor de 80.000 muertos y más de 240.000 heridos durante toda la operación. Las bajas civiles se estiman en 38.000 muertos.
La ciudad quedó en ruinas. Todos los puentes sobre el Danubio fueron destruidos. El Castillo Real, la Ópera, innumerables iglesias y palacios barrocos quedaron devastados. La reconstrucción llevaría décadas.
Legado
La batalla de Budapest es a menudo llamada el "Stalingrado del Danubio" por la intensidad de los combates urbanos. Fue el asedio más sangriento del frente oriental después de Leningrado y Stalingrado, y una de las últimas grandes batallas urbanas de la guerra en Europa, precediendo por semanas a la batalla de Berlín .
Hoy, el memorial de los Zapatos en la Orilla del Danubio, sesenta pares de zapatos de hierro fundido en la ribera de Pest, recuerda a las víctimas de las Cruces Flechadas. Es uno de los monumentos más conmovedores de la SGM, un testimonio silencioso del horror que se apoderó de Budapest en aquel invierno de 1944-1945.