La batalla de Berlín fue el último gran enfrentamiento de la SGM en Europa. Entre el 16 de abril y el 2 de mayo de 1945, más de dos millones y medio de soldados soviéticos lanzaron un asalto masivo contra la capital del Tercer Reich, defendida por una guarnición desesperada compuesta por tropas regulares, miembros de las SS, ancianos del Volkssturm y adolescentes de las Juventudes Hitlerianas. El resultado fue la destrucción de Berlín, el suicidio de Adolf Hitler y Joseph Goebbels , y la rendición incondicional de Alemania. La guerra en Europa había terminado.

Contexto: el avance imparable del Ejército Rojo
Para abril de 1945, la situación militar de Alemania era catastrófica. En el este, el Ejército Rojo había liberado Polonia, conquistado Prusia Oriental y establecido cabezas de puente sobre el río Óder, a apenas 60 kilómetros de Berlín. En el oeste, las fuerzas anglo-estadounidenses habían cruzado el Rin y avanzaban hacia el Elba. El Reich estaba siendo aplastado entre dos frentes que se cerraban como una tenaza.
Desde Stalingrado en 1943, pasando por Kursk y las ofensivas de 1944, el Ejército Rojo había recorrido más de 2.000 kilómetros empujando a la Wehrmacht hacia el oeste. Stalin estaba decidido a que fueran las tropas soviéticas, y no los Aliados occidentales, quienes tomaran Berlín. Era una cuestión de prestigio, de venganza y de posición geopolítica para la posguerra.
Las fuerzas enfrentadas
El ataque soviético
Stalin encomendó la operación a tres frentes de ejército comandados por sus mejores generales. Gueorgui Zhúkov , al mando del 1.er Frente Bielorruso, atacaría frontalmente desde el Óder hacia el centro de Berlín. Iván Kónev, con el 1.er Frente Ucraniano, avanzaría desde el sur para envolver la ciudad. Konstantín Rokossovski, con el 2.º Frente Bielorruso, cubriría el flanco norte.
Las cifras soviéticas eran abrumadoras: 2,5 millones de soldados, 6.250 tanques, 7.500 aviones y más de 41.000 piezas de artillería. Era la mayor concentración de fuerzas jamás reunida para una sola operación en la historia militar.
La defensa alemana
Frente a esta avalancha, los defensores de Berlín contaban con recursos desesperadamente limitados. El general Gotthard Heinrici, al mando del Grupo de Ejércitos Vístula, disponía de unas 800.000 tropas en total, muchas de ellas unidades desgastadas o formaciones improvisadas. La guarnición de la propia Berlín incluía restos de divisiones regulares, batallones de las SS, miembros del Volkssturm (la milicia popular de ancianos y adolescentes) y jóvenes de las Juventudes Hitlerianas armados con Panzerfaust (lanzacohetes antitanque de un solo uso).
Hitler, recluido en su búnker bajo la Cancillería, se negaba a aceptar la realidad. Movía en sus mapas ejércitos que habían dejado de existir y ordenaba contraataques con divisiones fantasma. El 22 de abril, en una reunión de estado mayor, sufrió un colapso emocional y admitió por primera vez que la guerra estaba perdida. Pero se negó a abandonar Berlín.
La ofensiva: del Óder al Reichstag
Las alturas de Seelow (16-19 de abril)
El asalto comenzó el 16 de abril de 1945 a las 5:00 de la mañana con el mayor bombardeo de artillería de la guerra: más de 40.000 cañones y lanzacohetes Katyusha abrieron fuego simultáneamente sobre las posiciones alemanas en las alturas de Seelow, al este de Berlín. El efecto fue devastador, pero no definitivo.
Zhúkov intentó cegar a los defensores iluminando sus posiciones con 143 reflectores antiaéreos, pero la táctica resultó contraproducente: el polvo y el humo de los bombardeos reflejaron la luz de vuelta hacia los atacantes. Los alemanes, atrincherados en posiciones elevadas y bien preparadas, resistieron con una ferocidad nacida de la desesperación. El primer día, el avance soviético fue mínimo.
Las alturas de Seelow fueron la última gran batalla defensiva de la Wehrmacht. Durante tres días, las tropas alemanas infligieron pérdidas enormes a los soviéticos antes de ser desbordadas por la superioridad numérica. La batalla costó a los soviéticos unas 30.000 bajas, pero abrió el camino hacia Berlín.
El cerco de la ciudad (20-25 de abril)
Una vez rotas las defensas del Óder, el avance soviético se aceleró. El 20 de abril, la artillería soviética bombardeó el centro de Berlín por primera vez. Era el cumpleaños de Hitler. El 25 de abril, las fuerzas de Zhúkov y Kónev completaron el cerco de la ciudad, atrapando en su interior a los restos de la guarnición y a cientos de miles de civiles.
Ese mismo día, patrullas soviéticas y estadounidenses se encontraron en Torgau, sobre el río Elba, partiendo Alemania en dos. El Reich había dejado de existir como entidad territorial coherente.
Combate urbano (26 de abril - 2 de mayo)
La batalla por el interior de Berlín fue un infierno de combate casa por casa. Los soviéticos avanzaban manzana a manzana, utilizando una táctica brutalmente eficaz: la artillería demolía los edificios, la infantería limpiaba los escombros y los tanques cubrían los cruces. Los defensores, conocedores del terreno, utilizaban el metro, las alcantarillas y los sótanos para emboscar a los atacantes y cambiar de posición.
Los civiles quedaron atrapados en medio del fuego cruzado. Decenas de miles se refugiaron en sótanos y estaciones de metro mientras la ciudad se desmoronaba sobre ellos. Las violaciones masivas cometidas por soldados soviéticos contra la población civil femenina de Berlín constituyen uno de los episodios más oscuros de la batalla, con estimaciones que oscilan entre las 100.000 y las 200.000 víctimas.
Los combates más encarnizados se libraron en torno al barrio gubernamental, el Tiergarten y el Reichstag. La toma del Reichstag, el antiguo parlamento alemán, se convirtió en un objetivo simbólico para Stalin, que quería izar la bandera soviética sobre el edificio antes del 1 de mayo. La lucha por el interior del Reichstag duró más de 24 horas, con combates cuerpo a cuerpo en escaleras, pasillos y azoteas, hasta que los soldados Meliton Kantaria y Mijaíl Yegórov plantaron la bandera roja en la cúpula en la madrugada del 1 de mayo.
El búnker: los últimos días de Hitler
Mientras Berlín se desmoronaba, Hitler vivía sus últimas horas en el búnker de la Cancillería. El 28 de abril se casó con Eva Braun en una ceremonia improvisada y dictó su testamento político, en el que culpaba a los judíos de la guerra y nombraba al almirante Karl Dönitz como su sucesor.
El 30 de abril de 1945, con las tropas soviéticas a menos de 500 metros del búnker, Hitler se suicidó disparándose en la sien mientras Eva Braun ingería cianuro. Sus cuerpos fueron incinerados en el jardín de la Cancillería según sus instrucciones. Al día siguiente, Goebbels envenenó a sus seis hijos y se suicidó junto con su esposa.
La rendición
El 2 de mayo de 1945, el general Helmuth Weidling, comandante de la defensa de Berlín, ordenó el cese de la resistencia. Ese día, los últimos focos de resistencia en la ciudad fueron sofocados. La rendición incondicional de todas las fuerzas armadas alemanas fue firmada el 8 de mayo en Berlín-Karlshorst, marcando el fin de la guerra en Europa .
Balance y consecuencias
La batalla de Berlín fue una de las más costosas de la guerra. Las bajas soviéticas superaron las 80.000 muertos y más de 270.000 heridos. Las pérdidas alemanas, tanto militares como civiles, son más difíciles de cuantificar: se estiman en unos 100.000 militares muertos y entre 20.000 y 50.000 civiles. Más de 125.000 soldados alemanes fueron capturados.
Berlín quedó destruida en un 75%. Las infraestructuras básicas —agua, electricidad, transporte— dejaron de funcionar. La población superviviente, mayoritariamente mujeres, ancianos y niños, se enfrentó a semanas de hambre, sed y violencia antes de que se restableciera un mínimo orden.
La caída de Berlín selló el destino de la Alemania nazi y dio paso a la Conferencia de Potsdam , pero también marcó el inicio de la Guerra Fría. La división de la ciudad en cuatro sectores de ocupación, y su posterior partición en Berlín Occidental y Berlín Oriental, convertiría a la antigua capital del Reich en el símbolo más visible de la confrontación entre los dos bloques durante las siguientes cuatro décadas.