El cruce del Rin en marzo de 1945 fue el momento en que la SGM entró en su fase final en Europa. Durante siglos, el Rin había sido la gran barrera natural que protegía el corazón de Alemania, y los nazis confiaban en que su anchura y sus corrientes detendrían o al menos retrasarían el avance aliado. Pero entre el 7 y el 24 de marzo, los ejércitos aliados cruzaron el río en múltiples puntos — primero con la captura inesperada del puente de Remagen, después con asaltos anfibios masivos — y se lanzaron hacia el interior de un Reich que se derrumbaba. Una vez cruzado el Rin, nada podía detener la derrota alemana.

El Rin como línea defensiva
El Rin es el río más importante de Europa occidental. Con una anchura de entre 200 y 400 metros en su curso medio y una corriente poderosa, constituía un obstáculo militar formidable. Desde la Línea Sigfrido hasta el propio río, los alemanes habían dispuesto una defensa en profundidad que incluía campos de minas, posiciones fortificadas y órdenes estrictas de volar todos los puentes en cuanto los aliados se acercaran.
Hitler consideraba el Rin la última línea defensiva viable en el oeste. Su pérdida significaría el fin de cualquier esperanza de detener a los aliados antes de que alcanzaran los centros industriales del Ruhr y el corazón político de Berlín. Por ello, las órdenes eran tajantes: ningún puente debía caer intacto en manos enemigas. Los comandantes que no volaran los puentes a tiempo se enfrentaban a un consejo de guerra y la ejecución.
Para los aliados, cruzar el Rin era el objetivo estratégico más importante tras la batalla de las Ardenas . El general Eisenhower había planeado una ofensiva coordinada que empujaría a los alemanes más allá del río antes de lanzar el cruce principal. Pero la guerra tiene su propia lógica, y la oportunidad llegó antes de lo previsto.
La operación previa: del Roer al Rin
Antes de poder alcanzar el Rin, los aliados debían superar una serie de obstáculos. En el norte, el 21.º Grupo de Ejércitos del mariscal Montgomery lanzó la Operación Veritable en febrero de 1945, un avance brutal a través de los bosques de Reichswald contra una resistencia alemana encarnizada. En el centro, el Primer Ejército estadounidense tuvo que esperar dos semanas a que bajara el nivel del río Roer después de que los alemanes abrieran las compuertas de las presas — las mismas presas que habían sido el objetivo de la sangrienta batalla del bosque de Hürtgen .
A lo largo de febrero y principios de marzo, las fuerzas aliadas fueron empujando a los alemanes hacia el Rin en combates que, aunque menos conocidos que los del verano anterior, fueron igual de feroces. Las ciudades renanas — Colonia, Düsseldorf, Coblenza — cayeron una tras otra. Los alemanes volaban los puentes a medida que se retiraban, dejando a los aliados contemplando la orilla opuesta de un río que parecía infranqueable sin una operación de cruce mayor.
El milagro de Remagen: 7 de marzo de 1945
El 7 de marzo de 1945 se produjo uno de los golpes de suerte más extraordinarios de toda la guerra. Una patrulla de avanzada de la 9.ª División Blindada estadounidense, avanzando hacia el Rin cerca de la localidad de Remagen, descubrió con asombro que el puente Ludendorff — un puente ferroviario de acero que cruzaba el río — seguía en pie.
Los alemanes habían intentado volarlo. Las cargas explosivas estaban colocadas, pero algunas habían fallado y la detonación parcial solo dañó la estructura sin destruirla. El sargento Alexander Drabik y un grupo de infantería cruzaron corriendo el puente bajo el fuego de ametralladoras y rifles desde ambas orillas, convirtiéndose en los primeros soldados aliados en cruzar el Rin.
La captura del puente de Remagen provocó una reacción en cadena. El general Hodges ordenó inmediatamente que todas las tropas disponibles cruzaran el puente antes de que se derrumbara o los alemanes lo destruyeran. Durante los diez días siguientes, los ingenieros americanos trabajaron sin descanso para reforzar la estructura dañada mientras construían puentes de pontones adicionales a ambos lados. Miles de soldados y vehículos cruzaron hacia la orilla oriental del Rin.
La reacción alemana fue desesperada. La Luftwaffe lanzó ataques aéreos contra el puente, incluyendo los nuevos reactores Me 262. Buzos de combate intentaron colocar cargas explosivas en los pilares. La artillería bombardeó la zona sin cesar. Hitler, furioso, ordenó la ejecución de varios oficiales responsables de no haber destruido el puente a tiempo. Cinco fueron fusilados.
El 17 de marzo, el puente Ludendorff se derrumbó por fin bajo el peso de los daños acumulados, arrastrando a 28 ingenieros americanos que trabajaban en su reparación. Pero para entonces ya no importaba: los aliados tenían una cabeza de puente sólida en la orilla oriental y varios puentes de pontones operativos.
La Operación Plunder: 22-24 de marzo
Mientras la cabeza de puente de Remagen se consolidaba en el centro, el mariscal Montgomery preparaba el cruce principal del Rin en el norte. La Operación Plunder fue la mayor operación de cruce de río de la historia, un esfuerzo meticulosamente planificado que involucraba a más de un millón de soldados.
La noche del 22 al 23 de marzo, tras un bombardeo artillero masivo con más de 3.500 cañones y ataques aéreos que machacaron las defensas alemanas en la orilla oriental, las primeras oleadas cruzaron el Rin en lanchas de asalto y botes de goma. Las tropas británicas, canadienses y estadounidenses del 21.º Grupo de Ejércitos se lanzaron al agua en un frente de más de 30 kilómetros.
La mañana del 24 de marzo, la Operación Varsity complementó el cruce con el mayor lanzamiento aerotransportado en un solo día de toda la guerra. Más de 16.000 paracaidistas y tropas de planeadores de las divisiones aerotransportadas 6.ª británica y 17.ª estadounidense saltaron sobre la orilla oriental para asegurar los puentes y dominar las alturas que controlaban las zonas de cruce. A diferencia de la Operación Overlord , donde los paracaidistas habían saltado horas antes del asalto anfibio, en Varsity se lanzaron después del cruce inicial para evitar que los alemanes los destruyeran antes de que la infantería llegara.
Las pérdidas aerotransportadas fueron severas — especialmente entre los planeadores, vulnerables al fuego antiaéreo durante el descenso — pero la operación cumplió sus objetivos. Al caer la noche del 24 de marzo, los aliados habían establecido cabezas de puente sólidas en todo el sector norte del Rin.
Patton cruza primero
El general Patton , siempre competitivo, estaba decidido a cruzar el Rin antes que Montgomery. La noche del 22 de marzo — doce horas antes del inicio de Plunder — el Tercer Ejército de Patton cruzó el Rin en Oppenheim, al sur de Maguncia, casi sin oposición. Patton no había pedido autorización previa ni había esperado al elaborado plan de Montgomery con sus miles de cañones y sus divisiones aerotransportadas. Simplemente envió a sus hombres en botes de asalto y cruzaron.
La mañana siguiente, Patton telefoneó a su superior, el general Omar Bradley , con una frase que se hizo célebre: "Brad, no le digas a nadie, pero estoy al otro lado del Rin. Lo crucé anoche. Por el amor de Dios, dile al mundo que el Tercer Ejército cruzó antes que Monty". La rivalidad entre Patton y Montgomery — y entre el estilo americano audaz y el británico metódico — encontró en el cruce del Rin su episodio más emblemático.
Churchill visitó el frente el 25 de marzo y cruzó el Rin junto a Montgomery y Eisenhower, dejándose fotografiar orinando en el río — un gesto deliberado de desprecio hacia la última barrera natural de Alemania.
La cabeza de puente se expande
Una vez cruzado el Rin en múltiples puntos, el avance aliado se aceleró de forma vertiginosa. Los ingenieros levantaron puentes de pontones y puentes Bailey a una velocidad asombrosa. El mayor de ellos, cerca de Wesel, medía más de 500 metros y fue construido en menos de 24 horas. En dos semanas, más de 30 puentes cruzaban el Rin a lo largo del frente aliado, permitiendo el paso de cientos de miles de vehículos y toneladas de suministros.
La resistencia alemana al oeste del Rin se desmoronó. Más de 300.000 soldados del Grupo de Ejércitos B fueron cercados en la bolsa del Ruhr — el mayor cerco de la historia en el frente occidental — y se rindieron en masa en abril. Las divisiones que defendían la orilla oriental fueron arrolladas o rodeadas. Ciudades y pueblos se rendían izando banderas blancas ante la llegada de los blindados aliados.
El cruce del Rin abrió las puertas de Alemania de par en par. El Primer Ejército avanzó hacia el Elba. El Tercer Ejército de Patton se lanzó hacia Baviera y la frontera checa. Los británicos se dirigieron hacia Hamburgo y el Báltico. En el este, el Ejército Rojo se preparaba para el asalto final a Berlín . La carrera por el corazón de Alemania había comenzado.
Balance y significado
El cruce del Rin costó a los aliados unas 10.000 bajas entre todas las operaciones — Remagen, Plunder, Varsity y los cruces menores. Las pérdidas alemanas fueron mucho mayores: decenas de miles de soldados muertos o capturados, y la destrucción de las últimas reservas organizadas en el oeste.
Militarmente, el cruce del Rin demostró la capacidad logística aliada en su máximo esplendor. Coordinar cruces de río simultáneos en un frente de cientos de kilómetros, con operaciones aéreas, anfibias y terrestres sincronizadas, fue una hazaña de planificación e ingeniería que la Wehrmacht de 1940 no habría podido igualar. Los mismos ejércitos que cuatro años antes habían sido expulsados del continente en Dunkerque ahora cruzaban la última gran barrera de Alemania con una potencia irresistible.
Estratégicamente, una vez perdido el Rin, Alemania no tenía ninguna línea defensiva natural donde reorganizarse. El Tercer Reich se desintegraba entre dos frentes que se cerraban como una tenaza. Hitler, encerrado en su búnker de Berlín, ordenaba contraataques con ejércitos que ya no existían. El cruce del Rin no fue el final de la guerra, pero fue el momento en que el final se volvió inevitable e inminente. Seis semanas después, Alemania se rendiría incondicionalmente.