En abril de 1945, cuando la guerra en Europa se acercaba a su fin, los ejércitos aliados lograron la mayor operación de cerco contra fuerzas alemanas en el frente occidental. La Bolsa del Ruhr, como se conoció al envolvimiento del Grupo de Ejércitos B bajo el mando del mariscal de campo Walter Model, supuso la captura de aproximadamente 325.000 soldados alemanes en apenas dieciocho días. Este colosal desastre militar superó en cifras a cualquier otra rendición masiva en el teatro europeo occidental y aceleró de forma decisiva el colapso final del Tercer Reich.

El contexto estratégico: la cuenca del Ruhr
La región del Ruhr constituía el corazón industrial de Alemania. Sus fábricas de acero, minas de carbón y complejos de armamento habían alimentado la maquinaria bélica del Reich durante toda la guerra. Para la primavera de 1945, aunque dañada por los bombardeos estratégicos aliados, la cuenca del Ruhr seguía siendo un objetivo de primer orden. Controlarla significaba privar al ejército alemán de su última base productiva significativa y abrir el camino hacia el interior de Alemania.
Tras el exitoso cruce del Rin y la Operación Plunder , las fuerzas aliadas se encontraban en posición de ejecutar una maniobra envolvente de grandes proporciones. El general Dwight D. Eisenhower, comandante supremo aliado, ordenó un doble movimiento de pinza que atraparía a las fuerzas alemanas desplegadas en la cuenca industrial.
Las fuerzas enfrentadas
El Grupo de Ejércitos B alemán, bajo el mando del mariscal de campo Walter Model, defendía la región del Ruhr con un conglomerado heterogéneo de unidades. Aunque sobre el papel disponía de varios cuerpos de ejército, la realidad era bien distinta. Las divisiones estaban muy mermadas tras meses de combates continuos, las reservas de combustible eran prácticamente inexistentes y la moral se encontraba por los suelos. A pesar de estas carencias, Model contaba aún con aproximadamente 325.000 hombres, incluyendo restos del 5.º Ejército Panzer, el 15.º Ejército y numerosas unidades de la Luftwaffe y las Waffen-SS reconvertidas en infantería.
Por el lado aliado, la operación involucró a dos grandes formaciones del 12.º Grupo de Ejércitos del general Omar Bradley. Desde el norte, el 9.º Ejército estadounidense del teniente general William H. Simpson avanzó hacia el sur y el este. Desde el sur, el 1.er Ejército estadounidense del teniente general Courtney Hodges empujó hacia el norte y el este. La superioridad aliada en hombres, blindados, artillería y, sobre todo, en dominio aéreo era aplastante.
El cerco se cierra: Lippstadt, 1 de abril de 1945
La maniobra de envolvimiento comenzó a finales de marzo de 1945, inmediatamente después de asegurar las cabezas de puente sobre el Rin. El 9.º Ejército avanzó con rapidez desde el norte del Ruhr, mientras el 1.er Ejército lo hizo desde Remagen, al sur. Ambas formaciones convergieron hacia el este, buscando encontrarse a espaldas de las fuerzas alemanas.
El 1 de abril de 1945, elementos de la 2.ª División Acorazada del 9.º Ejército y la 3.ª División Acorazada del 1.er Ejército se encontraron cerca de Lippstadt, en Westfalia. El cerco se había completado. El Grupo de Ejércitos B, con sus 325.000 hombres, quedó atrapado en una bolsa de aproximadamente 120 kilómetros de largo por 80 de ancho, abarcando toda la cuenca industrial del Ruhr.
La noticia del cierre del cerco tuvo un impacto enorme en ambos bandos. Para los aliados, representaba un triunfo estratégico sin precedentes en el frente occidental. Para los alemanes atrapados, significaba que toda resistencia prolongada era fútil, aunque muchos continuarían luchando durante más de dos semanas.
La reducción de la bolsa: dieciocho días de combates
Una vez cerrado el cerco, los aliados procedieron a reducir la bolsa metódicamente. La estrategia consistió en dividir la bolsa en sectores cada vez más pequeños, atacando desde múltiples direcciones simultáneamente. La superioridad aérea aliada resultó decisiva: los cazabombarderos acosaban sin descanso cualquier movimiento de tropas o vehículos alemanes, mientras la artillería machacaba las posiciones defensivas.
La resistencia alemana fue desigual. En algunos sectores, unidades de las SS y jóvenes fanáticos de las Juventudes Hitlerianas combatieron con ferocidad, causando bajas significativas a los atacantes. En otros, divisiones enteras se rindieron con escasa resistencia, agotadas y desmoralizadas. A medida que avanzaban los días, las rendiciones masivas se multiplicaron. Los soldados alemanes, muchos de ellos ancianos del Volkssturm o adolescentes reclutados a última hora, comprendieron que seguir luchando solo significaba morir sin propósito.
El 14 de abril, la bolsa fue dividida en dos mitades. La sección oriental se rindió primero, el 16 de abril, bajo el mando del teniente general Fritz Bayerlein, comandante del LIII Cuerpo Panzer, quien entregó sus fuerzas a la 7.ª División Acorazada del 1.er Ejército estadounidense. La sección occidental resistió algunos días más antes de colapsar definitivamente el 18 de abril de 1945.
Model: el mariscal que rehusó rendirse
La figura más trágica de la Bolsa del Ruhr fue sin duda Walter Model, uno de los generales más capaces de la Wehrmacht en la fase defensiva de la guerra. Apodado el "bombero del Führer" por su habilidad para estabilizar frentes en crisis, Model se negó categóricamente a rendirse. Consideraba que un mariscal de campo alemán no debía caer prisionero y que la rendición sería una deshonra imperdonable.
En lugar de capitular, Model tomó una decisión inusual: el 15 de abril disolvió formalmente el Grupo de Ejércitos B, liberando a sus soldados de su juramento de obediencia y permitiéndoles rendirse individualmente o intentar escapar. De esta manera, evitó la responsabilidad de una rendición formal sin condenar a sus hombres a una resistencia suicida.
Seis días después, el 21 de abril de 1945, Model se internó en un bosque cerca de Duisburgo y se suicidó con su pistola de servicio. Tenía 54 años. Además de su sentido del honor militar, pesaba sobre él la sombra de posibles acusaciones por crímenes de guerra cometidos en el frente oriental, donde su grupo de ejércitos había estado implicado en atrocidades contra civiles y prisioneros soviéticos.
Comparación con Stalingrado
La Bolsa del Ruhr ha sido frecuentemente comparada con la Batalla de Stalingrado, el gran cerco alemán en el frente oriental. Ambas operaciones compartieron elementos esenciales: un ejército entero atrapado en un cerco, la negativa del mando a autorizar la retirada a tiempo y un desenlace catastrófico para las fuerzas cercadas. Sin embargo, las diferencias son también significativas.
En Stalingrado, el 6.º Ejército alemán resistió durante más de dos meses en condiciones extremas de frío y hambre, con alrededor de 91.000 supervivientes marchando al cautiverio soviético. En la Bolsa del Ruhr, la resistencia duró apenas dieciocho días y las condiciones de rendición fueron incomparablemente mejores. Los 325.000 prisioneros alemanes capturados en el Ruhr fueron tratados conforme a las convenciones internacionales, aunque las instalaciones improvisadas para procesar tal cantidad de prisioneros resultaron a menudo inadecuadas.
En términos numéricos, la Bolsa del Ruhr fue con diferencia la mayor rendición masiva del frente occidental y superó ampliamente en cifras de prisioneros al cerco de Stalingrado. Sin embargo, Stalingrado tuvo un impacto estratégico y psicológico mucho mayor, al marcar el punto de inflexión de la guerra en el este. La Bolsa del Ruhr, en cambio, ocurrió cuando la derrota alemana era ya inevitable y solo aceleró un final que todos sabían próximo.
El procesamiento de los prisioneros
La captura de 325.000 soldados alemanes en pocas semanas planteó un desafío logístico colosal para los aliados. Los campos de prisioneros improvisados a lo largo del Rin, conocidos como Rheinwiesenlager, se llenaron rápidamente. Miles de prisioneros fueron confinados en recintos al aire libre, con suministros limitados de comida y agua. Aunque no existía una política deliberada de maltrato, las condiciones durante las primeras semanas distaron de ser las ideales debido al volumen abrumador de cautivos.
Los prisioneros fueron clasificados según su grado de implicación con el régimen nazi. Los miembros de las SS y del partido fueron separados para interrogatorios más exhaustivos, mientras que la tropa ordinaria fue procesada y, en muchos casos, liberada relativamente pronto, especialmente los más jóvenes y los mayores del Volkssturm.
Impacto estratégico: el camino hacia Berlín
La eliminación de la Bolsa del Ruhr tuvo consecuencias estratégicas de primer orden. Con la destrucción del Grupo de Ejércitos B, Alemania perdió su última concentración significativa de fuerzas en el oeste. El frente alemán, ya de por sí fragmentario, dejó de existir como línea defensiva coherente. Las fuerzas aliadas pudieron avanzar prácticamente sin oposición organizada hacia el Elba, donde se encontrarían con el Ejército Rojo soviético a finales de abril.
La pérdida de la cuenca del Ruhr privó además al Reich de su última fuente importante de producción industrial. Sin acero ni carbón, las fábricas alemanas que aún funcionaban se paralizaron definitivamente. La capacidad de Alemania para continuar la guerra, ya agónica, quedó reducida a cero desde el punto de vista material.
Desde la perspectiva de la carrera por Berlín, la destrucción de la Bolsa del Ruhr liberó a numerosas divisiones aliadas que pudieron avanzar hacia el este. Sin embargo, Eisenhower ya había decidido que los ejércitos occidentales no competirían con los soviéticos por la conquista de la capital alemana, optando en su lugar por asegurar el centro y sur de Alemania para evitar la formación de un supuesto reducto alpino nazi.
Legado de la Bolsa del Ruhr
La Bolsa del Ruhr representa el mayor cerco exitoso de tropas en el frente occidental de la SGM. Con 325.000 prisioneros, superó con creces cualquier otra operación de envolvimiento en dicho teatro. Fue la demostración definitiva de que la Wehrmacht había dejado de existir como fuerza combatiente efectiva en el oeste.
El destino de Model ilustra la agonía del alto mando alemán en las últimas semanas de la guerra. Atrapado entre la lealtad al régimen, la realidad militar aplastante y la sombra de los crímenes cometidos, optó por una salida que consideró honorable. Su decisión de disolver el grupo de ejércitos en lugar de rendirlo formalmente fue un gesto ambiguo: salvó vidas al liberar a sus soldados de seguir combatiendo, pero le permitió evitar la humillación personal de la capitulación.
La Bolsa del Ruhr confirmó que la guerra en Europa estaba decidida. Tres semanas después de su colapso, Adolf Hitler se suicidaba en su búnker de Berlín y Alemania firmaba la rendición incondicional. El mayor cerco del frente occidental fue, en esencia, el último acto significativo de la guerra en el oeste antes de que el telón cayera definitivamente sobre el Tercer Reich.