La bolsa de Falaise, cerrada entre el 12 y el 21 de agosto de 1944, fue la batalla decisiva de la campaña de Normandía.

El contexto: el estancamiento en Normandía
Tras el desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944, las fuerzas aliadas habían quedado atrapadas durante semanas en el denso bocage normando. Los setos y campos cercados favorecían a los defensores alemanes, que frenaban cada avance con un coste tremendo. La situación empezó a cambiar a finales de julio.
El 25 de julio, la Operación Cobra —un bombardeo masivo seguido de un ataque concentrado de blindados— rompió las líneas alemanas al sur de Saint-Lô. El 3.er Ejército de Patton , recién activado, se lanzó por la brecha hacia Bretaña y luego giró hacia el este, avanzando a una velocidad que recordaba a la Blitzkrieg pero en sentido contrario.
La contraofensiva de Hitler: Operación Lüttich
En lugar de retirarse ordenadamente, Hitler ordenó una contraofensiva hacia el oeste. La Operación Lüttich, lanzada el 7 de agosto desde Mortain, pretendía cortar el estrecho corredor por el que se abastecían las fuerzas de Patton y alcanzar la costa en Avranches, partiendo en dos al ejército aliado.
La ofensiva fue un desastre desde el primer momento. Los aliados, informados de antemano gracias a la interceptación de comunicaciones Ultra, estaban preparados. Los cazabombarderos Typhoon de la RAF y los P-47 Thunderbolt destruyeron columnas enteras de blindados alemanes. El contraataque se detuvo en menos de 48 horas, habiendo avanzado apenas unos kilómetros.
Pero la consecuencia más grave fue que, al lanzarse hacia el oeste, los alemanes se adentraron aún más en una bolsa que los aliados estaban cerrando desde el norte y el sur. Lo que Hitler pretendía como una maniobra ofensiva se convirtió en una trampa.
El cierre de la bolsa
La pinza norte: los canadienses y los polacos
Desde el norte, el 2.º Ejército canadiense del general Guy Simonds lanzó la Operación Totalize el 8 de agosto, seguida de la Operación Tractable el 14 de agosto. Los canadienses avanzaron hacia el sur en dirección a Falaise, enfrentándose a una defensa desesperada de unidades SS que incluían las veteranas divisiones Hitlerjugend y Das Reich.
El avance fue más lento de lo esperado. Los canadienses y polacos sufrieron bombardeos fraticidas de la aviación aliada y una resistencia feroz en cada aldea. Aun así, el 17 de agosto las fuerzas canadienses tomaron Falaise, reduciendo la boca de la bolsa a apenas 20 kilómetros.
La pinza sur: Patton y los franceses
Desde el sur, el 3.er Ejército de Patton había girado hacia el norte tras su vertiginoso avance por Bretaña. El XV Cuerpo, incluyendo la 2.ª División Blindada francesa del general Leclerc, avanzó hacia Argentan. El mando aliado le ordenó detenerse en esa línea para evitar fuego amigo con las fuerzas canadienses que venían del norte, una decisión que generó una de las controversias más duraderas de la campaña.
Patton estaba furioso. "Permítanme seguir hasta Falaise y les empacaré al enemigo completo", protestó. Pero el general Bradley , preocupado por la posibilidad de un choque fratricida entre fuerzas convergentes, mantuvo la orden de detención. El debate sobre si este retraso permitió escapar a miles de alemanes ha durado décadas.
El cierre: Chambois y Mont-Ormel
El 19 de agosto, unidades polacas de la 1.ª División Blindada alcanzaron la colina de Mont-Ormel (la "Maczuga" o maza, como la llamaron los polacos) y establecieron contacto con tropas americanas cerca de Chambois. La bolsa estaba oficialmente cerrada, aunque de forma precaria.
Los polacos en Mont-Ormel soportaron dos días de ataques desesperados de tropas alemanas que intentaban romper el cerco desde dentro y desde fuera. Sin suministros, con las municiones agotándose y los heridos acumulándose, los polacos aguantaron en lo que algunos han descrito como una de las acciones defensivas más heroicas de toda la guerra.
El infierno de la bolsa
Lo que las fuerzas aliadas encontraron dentro de la bolsa cerrada fue una escena apocalíptica. Miles de vehículos, cañones, carros y caballos se apretaban en carreteras y caminos intentando escapar por las estrechas brechas. Los cazabombarderos aliados atacaban sin cesar, y la artillería barría las columnas atrapadas.
El general Eisenhower visitó la zona de la bolsa después de la batalla y la describió como "una de las mayores escenas de matanza que he presenciado en la guerra". Cadáveres de soldados y caballos cubrían los campos, vehículos calcinados bloqueaban todas las carreteras y el hedor era insoportable a kilómetros de distancia. Un oficial aliado recordó que "era posible caminar cientos de metros pisando únicamente cuerpos muertos".
Bajas y material capturado
Las fuerzas alemanas atrapadas en la bolsa sufrieron pérdidas devastadoras: unos 10.000 muertos, 50.000 prisioneros y una cantidad ingente de material destruido o abandonado. Se perdieron unos 500 tanques y cañones de asalto, 700 piezas de artillería y miles de vehículos.
Sin embargo, entre 20.000 y 40.000 soldados alemanes lograron escapar a través de las brechas antes de que la bolsa se cerrara completamente. Muchos lo hicieron abandonando todo su equipo pesado, cruzando a pie por los bosques y arroyos. Estos supervivientes formaron el núcleo de las fuerzas que intentarían defender la frontera alemana en los meses siguientes.
Las bajas aliadas fueron menores pero significativas: unos 5.000 canadienses, 2.500 polacos y un número similar de estadounidenses cayeron durante las operaciones de cerco.
Consecuencias
La destrucción de las fuerzas alemanas en la bolsa de Falaise significó el fin efectivo de la resistencia organizada en Francia. En las semanas siguientes, los aliados avanzaron a una velocidad vertiginosa. París fue liberada el 25 de agosto. Para septiembre, las fuerzas aliadas habían llegado a la frontera alemana y Bélgica.
Falaise fue la batalla que convirtió la victoria en Normandía en la liberación de Francia. Sin ella, la campaña del otoño de 1944 habría sido muy diferente, pues los alemanes habrían podido retirarse ordenadamente y establecer líneas defensivas mucho más sólidas. La bolsa destruyó esa posibilidad y aceleró el final de la guerra en Europa occidental.