La batalla de Dunkerque fue uno de los episodios más dramáticos de la SGM. Entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, más de 400.000 soldados aliados quedaron atrapados en una estrecha franja costera del norte de Francia, con el mar a sus espaldas y las divisiones alemanas cerrando el cerco. Lo que parecía una catástrofe inevitable se convirtió en una evacuación épica: la Operación Dinamo logró rescatar a 338.226 hombres a través del canal de la Mancha. Pero la evacuación solo fue posible gracias a la feroz resistencia de las tropas que defendieron el perímetro de Dunkerque, una batalla que rara vez recibe la atención que merece.

El cerco: cómo los aliados quedaron atrapados
La trampa que condujo a Dunkerque fue consecuencia directa del éxito alemán en la batalla de Francia . Cuando las divisiones Panzer rompieron el frente francés en Sedán el 13 de mayo de 1940 y se lanzaron hacia el canal de la Mancha, cortaron en dos al ejército aliado. El grueso de las fuerzas franco-británicas — que había avanzado hacia Bélgica para detener lo que creían era el ataque principal — quedó aislado al norte de la brecha.
El 20 de mayo, los blindados del general Guderian alcanzaron Abbeville, en la costa del canal, completando el cerco. Más de un millón de soldados aliados — la BEF al completo, el Primer Ejército francés y los restos del ejército belga — quedaron encerrados en una bolsa que se estrechaba día a día. Al sur, los Panzer cortaban la retirada. Al este, el Grupo de Ejércitos B presionaba desde Bélgica. Solo quedaba una salida: el mar.
El general Lord Gort, comandante de la BEF, comprendió antes que muchos que la situación era irrecuperable. El 25 de mayo, en una de las decisiones más valientes y controvertidas de la guerra, abandonó un contraataque planificado hacia el sur y ordenó la retirada hacia la costa. Su destino: Dunkerque, el último puerto importante que permanecía en manos aliadas.
La orden de alto de Hitler
El 24 de mayo se produjo uno de los acontecimientos más debatidos de toda la SGM. Hitler ordenó a sus divisiones Panzer detenerse en la línea del canal Aa, a apenas 20 kilómetros del perímetro de Dunkerque. Durante dos días cruciales, los blindados alemanes permanecieron inmóviles mientras los aliados organizaban sus defensas.
Las razones de esta orden siguen generando controversia entre historiadores. El general Gerd von Rundstedt, comandante del Grupo de Ejércitos A, había recomendado una pausa para que la infantería alcanzara a los Panzer, cuyas unidades estaban desgastadas tras dos semanas de avance continuo y habían perdido casi el 50 % de sus blindados. Hermann Göring aseguró a Hitler que la Luftwaffe podía destruir a los aliados atrapados sin necesidad de arriesgar más tanques. También se ha especulado con que Hitler no deseaba humillar completamente al Reino Unido, esperando una negociación de paz.
Fuera cual fuera la motivación, la Haltbefehl (orden de alto) dio a los aliados un tiempo precioso. Cuando los Panzer reanudaron su avance el 26 de mayo, el perímetro defensivo de Dunkerque estaba ya organizado y la evacuación había comenzado.
El perímetro defensivo
La defensa del perímetro de Dunkerque fue un esfuerzo desesperado y heroico que permitió que la evacuación se desarrollara durante nueve días. El perímetro tenía forma de semicírculo con un radio de unos 12 kilómetros, apoyado en una red de canales, acequias y terreno inundable que dificultaba el avance de los blindados.
Los defensores del perímetro se organizaron en tres sectores. En el flanco oriental, unidades francesas — especialmente la 12.ª División de Infantería Motorizada y tropas coloniales norteafricanas — resistieron con una tenacidad que sorprendió a los propios alemanes. En el centro y el flanco occidental, unidades británicas mantuvieron sus posiciones bajo un fuego constante. La guarnición de Calais, a 35 kilómetros al suroeste, fue sacrificada deliberadamente: la 30.ª Brigada británica recibió órdenes de resistir hasta el final para fijar a las divisiones alemanas y evitar que se sumaran al asalto contra Dunkerque. Calais cayó el 27 de mayo tras una defensa feroz en la que la mayoría de sus defensores fueron muertos o capturados.
La retaguardia fue sostenida en gran parte por tropas francesas. Mientras las unidades británicas embarcaban, divisiones francesas mantuvieron posiciones cada vez más reducidas, combatiendo a menudo con munición racionada y sin expectativa de evacuación inmediata. La defensa de Lille, donde el Primer Ejército francés resistió del 28 al 31 de mayo contra siete divisiones alemanas — incluyendo tres Panzer —, fijó a decenas de miles de soldados enemigos que de otro modo habrían presionado directamente sobre Dunkerque.
La batalla aérea sobre las playas
Mientras la infantería combatía en el perímetro, una batalla aérea feroz se libraba sobre las playas y el puerto de Dunkerque. Para los soldados que esperaban su turno de embarque bajo el cielo abierto, los ataques de la Luftwaffe eran la peor pesadilla.
Los Stukas bombardearon sistemáticamente el puerto, las playas y los barcos de evacuación. El casco urbano de Dunkerque fue reducido a escombros. Enormes columnas de humo negro se alzaban desde los depósitos de petróleo en llamas, un humo que paradójicamente proporcionó cierta cobertura a las tropas en la playa. Los bombarderos de nivel Heinkel He 111 y Dornier Do 17 atacaban las concentraciones de tropas y los barcos durante las horas de luz.
La RAF desplegó sus cazas desde bases en el sureste de Inglaterra, pero la distancia limitaba el tiempo que los Spitfires y Hurricanes podían permanecer sobre Dunkerque. Cada patrulla de caza disponía de apenas 40 minutos sobre la zona de combate antes de tener que regresar a repostar. Esto significaba que durante gran parte del día no había cobertura aérea aliada, y los soldados en las playas — que solo veían aviones alemanes — acusaron amargamente a la RAF de abandonarlos.
Sin embargo, las cifras cuentan una historia diferente. La RAF perdió 145 aviones durante los nueve días de la evacuación, pero derribó unos 156 aparatos de la Luftwaffe. Los cazas británicos impidieron que la aviación alemana operara con total libertad y evitaron que los bombarderos destruyeran la evacuación por completo. Los pilotos volaban hasta cuatro misiones diarias, regresando exhaustos para repostar, rearmar y despegar de nuevo. Fue sobre Dunkerque donde el Messerschmitt Bf 109 y el Spitfire se enfrentaron por primera vez a gran escala, un preludio de la batalla de Inglaterra que vendría meses después.
Las playas y el embarque
El paisaje de la evacuación era apocalíptico. Kilómetros de playas de arena flanqueadas por dunas, con miles y miles de soldados formando largas colas que se adentraban en el agua hasta la cintura o el pecho, esperando que alguna embarcación se acercara lo suficiente para recogerlos. El puerto de Dunkerque estaba destrozado, pero el espigón este — un rompeolas de hormigón y madera de casi un kilómetro de longitud — se convirtió en el principal punto de embarque, pese a no estar diseñado para ese fin.
Los soldados soportaban horas de espera bajo los bombardeos. Algunos cavaban trincheras en la arena para protegerse de la metralla. Otros se refugiaban entre los restos de vehículos abandonados. La disciplina se mantuvo en general, aunque hubo episodios de pánico cuando los Stukas se lanzaban en picado con sus sirenas aullantes — las llamadas trompetas de Jericó — sobre las columnas de hombres indefensos.
El embarque se realizaba tanto desde el espigón como directamente desde las playas. Destructores y barcos de transporte se acercaban al espigón para embarcar a cientos de soldados por viaje. En las playas, donde los buques grandes no podían llegar por el escaso calado, cientos de embarcaciones pequeñas — pesqueros, yates, botes salvavidas, lanchas motoras — hacían de lanzadera entre la orilla y los barcos mayores fondeados mar adentro. Estas little ships se convirtieron en uno de los símbolos más potentes de la evacuación.
Las pérdidas navales fueron severas. La Royal Navy perdió seis destructores hundidos y otros diecinueve dañados. Decenas de barcos de transporte y embarcaciones menores fueron hundidos por las bombas o las minas. El canal de la Mancha se convirtió en un cementerio de barcos, pero cada viaje salvaba cientos de vidas.
La capitulación de Bélgica y sus consecuencias
El 28 de mayo, el rey Leopoldo III de Bélgica ordenó la rendición incondicional del ejército belga. La capitulación fue recibida con indignación por los aliados, especialmente por los franceses, que acusaron a Bélgica de traición. En realidad, el ejército belga llevaba dieciocho días combatiendo sin pausa, había perdido gran parte de su territorio y sus líneas estaban a punto de desmoronarse.
La rendición belga abrió un enorme hueco en el flanco oriental del perímetro de Dunkerque. Las divisiones británicas tuvieron que extender sus líneas de manera peligrosa para cubrir el vacío dejado por los belgas, debilitando el conjunto de la defensa. Solo la rápida redistribución de fuerzas y la tenacidad de las unidades francesas que cubrían los accesos orientales impidieron que los alemanes aprovecharan la brecha para romper el perímetro.
Los últimos días: del 1 al 4 de junio
A medida que avanzaba la evacuación, el perímetro se fue contrayendo como un puño que se cierra. Las unidades que defendían las posiciones más avanzadas se replegaban escalonadamente hacia la costa, destruyendo su equipamiento pesado para que no cayera en manos alemanas. Cañones, camiones, tanques y munición se inutilizaban o se hundían en los canales. Los soldados marchaban hacia las playas cargando solo su fusil y lo que podían llevar encima.
El 1 de junio, la Luftwaffe intensificó sus ataques y hundió cuatro destructores y varios transportes. El Almirantazgo retiró los destructores modernos de la operación para preservarlos ante la amenaza de una invasión alemana. La evacuación continuó con destructores veteranos y las embarcaciones menores.
Churchill ordenó que la evacuación incluyera a las tropas francesas en pie de igualdad con las británicas. En los últimos días, la proporción de soldados franceses evacuados aumentó considerablemente. El 3 de junio, las últimas unidades británicas embarcaron, y los franceses quedaron solos defendiendo un perímetro que apenas abarcaba ya el casco urbano de Dunkerque.
La noche del 3 al 4 de junio se evacuaron los últimos 26.175 soldados, casi todos franceses. Al amanecer del 4 de junio, los alemanes entraron en un Dunkerque devastado y capturaron a unos 40.000 soldados franceses que habían formado la retaguardia y no pudieron embarcar a tiempo.
Balance y consecuencias
La batalla de Dunkerque terminó con cifras que reflejan tanto la magnitud de la derrota como el alcance del rescate. Se evacuaron 338.226 soldados — 198.229 británicos y 139.997 franceses, belgas y de otras nacionalidades. Pero se dejaron atrás casi 2.500 cañones, 65.000 vehículos, 76.000 toneladas de munición y 416.000 toneladas de suministros. El ejército británico se salvó, pero perdió prácticamente todo su equipamiento.
Las bajas aliadas en la campaña fueron elevadas. Unos 68.000 soldados de la BEF fueron muertos, heridos o capturados. Las pérdidas francesas y belgas en el sector de Dunkerque se cuentan por decenas de miles. La Luftwaffe perdió 156 aviones y la RAF 145, unas cifras que revelaron que la aviación alemana no era invulnerable.
Churchill pronunció su célebre discurso del 4 de junio ante la Cámara de los Comunes: "Lucharemos en las playas, lucharemos en los terrenos de desembarco, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas; nunca nos rendiremos". Las palabras encapsulaban la transformación de una derrota militar en un acto de desafío nacional. Pero Churchill también advirtió con lucidez: "Las guerras no se ganan con evacuaciones".
Dunkerque tuvo consecuencias estratégicas profundas. La salvación de la BEF permitió que el Reino Unido siguiera combatiendo como base para la contraofensiva aliada que llegaría cuatro años después. Si esos 200.000 soldados hubieran sido capturados, la presión política para negociar una paz con Hitler habría sido enorme. La batalla de Dunkerque no fue una victoria, pero evitó la derrota definitiva del bando aliado en 1940. Y las tropas rescatadas de aquellas playas serían el núcleo del ejército que, reforzado y reequipado, desembarcaría en las costas de Normandía el 6 de junio de 1944.
Para Alemania, Dunkerque fue una victoria incompleta. Hitler había destruido al ejército francés y expulsado a los británicos del continente, pero no los había eliminado. La Operación León Marino , el plan para invadir Gran Bretaña, se estrellaría contra la resistencia de la RAF y la Royal Navy. El error — si fue un error — de detener los Panzer ante Dunkerque se convertiría en uno de los grandes "y si..." de la SGM.