En septiembre de 1944, la guerra en Europa parecía encaminarse hacia un final rápido. Los aliados habían liberado París, barrido Francia y Bélgica, y el ejército alemán se retiraba en aparente desorden. Fue en ese contexto de optimismo donde el mariscal Bernard Montgomery concibió la Operación Market Garden , un audaz plan para cruzar el Rin y acabar con la guerra antes de Navidad. El objetivo más lejano y ambicioso de toda la operación era el puente de carretera sobre el Neder Rijn en Arnhem, en los Países Bajos. Lo que siguió fue una de las derrotas más dolorosas de los aliados occidentales en toda la SGM, un desastre que el teniente general Frederick Browning presagió con una frase ya célebre: «Creo que podemos estar yendo un puente demasiado lejos».

El plan: Market Garden y el papel de Arnhem
La Operación Market Garden, lanzada el 17 de septiembre de 1944, era la mayor operación aerotransportada de la historia. El componente aéreo («Market») consistía en lanzar tres divisiones aerotransportadas para capturar una serie de puentes sobre los ríos y canales holandeses, creando un corredor de 100 kilómetros. Mientras tanto, el componente terrestre («Garden») —el XXX Cuerpo de Ejército del teniente general Brian Horrocks— debía avanzar por carretera desde la frontera belga-holandesa, cruzar esos puentes y penetrar en la llanura del norte de Alemania.
La 101.ª División Aerotransportada estadounidense tenía asignados los puentes del sur, cerca de Eindhoven. La 82.ª División Aerotransportada estadounidense debía tomar los puentes de Nimega, incluido el vital cruce sobre el río Waal. El objetivo más lejano y peligroso recaía sobre la 1.ª División Aerotransportada británica, al mando del general de división Robert Urquhart: capturar el puente de carretera de Arnhem intacto y mantenerlo hasta la llegada del XXX Cuerpo.
El plan tenía defectos estructurales desde el principio. Todo dependía de que el XXX Cuerpo avanzara 100 kilómetros por una sola carretera elevada, flanqueada por terreno pantanoso que impedía el despliegue, en un plazo de solo 48 horas. Cualquier retraso en cualquier punto del corredor comprometería la operación entera.
Zonas de salto demasiado lejos
Uno de los errores más graves fue la selección de las zonas de aterrizaje. El terreno inmediato al puente de Arnhem fue descartado por el comandante de la RAF como inadecuado para planeadores, a pesar de que los alemanes habían lanzado paracaidistas allí en 1940. Las zonas elegidas se situaban entre seis y trece kilómetros al oeste del puente, en los campos abiertos de Wolfheze y Renkum.
Esto significaba que los paracaidistas tendrían que marchar durante horas a pie para alcanzar su objetivo, perdiendo el factor sorpresa. Peor aún, la insuficiencia de aviones de transporte obligó a dividir los lanzamientos en tres oleadas a lo largo de tres días. En la primera oleada, solo la mitad de la división aterrizó, y buena parte de esas tropas tuvo que quedarse protegiendo las zonas de aterrizaje para las oleadas siguientes en lugar de marchar hacia el puente. En la práctica, de los casi 10.000 hombres de la división, solo unos 740 del 2.º Batallón de Paracaidistas, al mando del teniente coronel John Frost, lograron alcanzar el extremo norte del puente de Arnhem.
Frost en el puente: resistencia heroica
La marcha de Frost hacia el puente se realizó por la ruta más meridional, a lo largo de la orilla del río, la única que no estaba bloqueada por las fuerzas alemanas. Al caer la noche del 17 de septiembre, su batallón se atrincheró en los edificios que rodeaban la rampa norte del puente. Un intento de cruzar al lado sur fracasó bajo fuego intenso.
Durante casi cuatro días, los hombres de Frost resistieron un asedio brutal. Sin suministros adecuados, con munición menguante y rodeados por fuerzas cada vez más numerosas, rechazaron ataque tras ataque. Los edificios donde se refugiaban fueron demolidos sistemáticamente por cañones autopropulsados y lanzallamas. Los heridos se amontonaban en los sótanos sin atención médica suficiente.
El propio Frost resultó herido en las piernas por metralla el 19 de septiembre. El mando pasó al mayor Freddie Gough y luego al capitán Tony Frank. El 21 de septiembre, tras agotar toda la munición y con los edificios reducidos a escombros ardientes, los últimos defensores fueron capturados. Los 740 hombres de Frost habían mantenido su posición 88 horas, muy por encima de las 48 previstas, pero el XXX Cuerpo aún estaba lejos.
La inteligencia ignorada: las Panzer en Arnhem
Quizá el fallo más imperdonable fue la presencia de dos divisiones Panzer de las SS en las inmediaciones de Arnhem, algo que la inteligencia aliada conocía pero decidió ignorar. El mayor Brian Urquhart (sin parentesco con el general), oficial de inteligencia del I Cuerpo Aerotransportado, había obtenido fotografías de reconocimiento aéreo que mostraban vehículos blindados cerca de Arnhem. Cuando presentó estas pruebas a sus superiores, fue retirado del servicio por «agotamiento nervioso».
La 9.ª División Panzer SS Hohenstaufen y la 10.ª División Panzer SS Frundsberg, bajo el mando del Obergruppenführer Wilhelm Bittrich, se encontraban en la zona de Arnhem reequipándose tras los combates en Normandía. Aunque diezmadas, conservaban cuadros experimentados, vehículos blindados y artillería. Su presencia transformó lo que debía ser una operación contra guarniciones de segunda línea en un combate contra tropas SS veteranas con blindados.
Para colmo, el Generalfeldmarschall Walter Model, comandante del Grupo de Ejércitos B, tenía su cuartel general en el hotel Tafelberg de Oosterbeek, a escasos kilómetros de las zonas de aterrizaje. Cuando los paracaidistas empezaron a caer del cielo, Model reaccionó con rapidez, organizando la defensa antes de trasladarse al cuartel general de Bittrich. La respuesta alemana fue extraordinariamente veloz y eficaz.
Bittrich y Model: la respuesta alemana
Bittrich comprendió de inmediato que el puente de Arnhem era el objetivo principal. Ordenó al Kampfgruppe de la 9.ª SS Panzer, bajo el SS-Sturmbannführer Ludwig Spindler, bloquear el avance británico hacia el puente desde las zonas de aterrizaje. Simultáneamente, envió al Kampfgruppe Knaust y otros elementos a destruir a Frost en el puente.
La 10.ª SS Panzer Frundsberg recibió la orden de cruzar el puente hacia Nimega para reforzar la defensa del cruce sobre el Waal, anticipando correctamente que el corredor aliado podía ser cortado allí. Esta decisión demostró la visión operacional de Bittrich, que entendió la operación aliada en su conjunto.
Model, por su parte, coordinó la respuesta a nivel de grupo de ejércitos. Ordenó contraataques contra el corredor del XXX Cuerpo desde ambos flancos, convirtiendo la carretera única en lo que los soldados pronto llamarían «la carretera del infierno». Las fuerzas alemanas cortaron el corredor en varios puntos, retrasando una y otra vez el avance de Horrocks.
El XXX Cuerpo: demasiado lento, demasiado tarde
El avance del XXX Cuerpo fue un calvario. Partiendo de la frontera belga la tarde del 17 de septiembre, el cuerpo blindado se topó de inmediato con una emboscada alemana que destruyó los vehículos de cabeza. La columna solo podía avanzar por una sola carretera elevada de dos carriles —los campos a ambos lados estaban inundados o eran demasiado blandos para los tanques—. Cualquier vehículo destruido bloqueaba toda la columna.
Eindhoven fue alcanzada el 18 de septiembre, un día tarde. Nimega no cayó hasta la noche del 20 de septiembre, tras un espectacular asalto en botes sobre el río Waal por la 82.ª Aerotransportada. Pero para entonces, Frost ya había caído en el puente de Arnhem. Cuando elementos avanzados del XXX Cuerpo llegaron finalmente a la orilla sur del Neder Rijn el 22 de septiembre, se encontraron con que el puente estaba firmemente en manos alemanas.
Sosabowski y la Brigada Polaca
El general de brigada Stanisław Sosabowski comandaba la 1.ª Brigada Paracaidista Independiente Polaca, que debía aterrizar al sur del puente de Arnhem el segundo día de la operación. Sin embargo, el mal tiempo retrasó su lanzamiento hasta el 21 de septiembre, cuando la situación ya era desesperada.
Los polacos aterrizaron en Driel, al sur del río, bajo fuego intenso. Sosabowski intentó cruzar el Neder Rijn con botes improvisados para reforzar el perímetro de Oosterbeek, pero solo un puñado de hombres logró llegar a la orilla norte. La brigada polaca sufrió graves bajas sin poder cambiar el curso de la batalla. Sosabowski, que había advertido repetidamente sobre los fallos del plan, fue injustamente convertido en chivo expiatorio por los mandos británicos tras la batalla.
El perímetro de Oosterbeek y la agonía
Mientras Frost resistía en el puente, el resto de la 1.ª División Aerotransportada quedó atrapada en un perímetro cada vez más reducido alrededor de Oosterbeek, al oeste de Arnhem. Los batallones que intentaron abrirse paso hacia el puente fueron destruidos uno tras otro en los combates urbanos de Arnhem, especialmente en la zona del puente ferroviario y las calles adyacentes.
El general Urquhart, que había quedado aislado durante las primeras horas críticas escondido en un desván para evitar la captura, logró regresar a su cuartel general y organizar una defensa perimetral. Los paracaidistas, reforzados por los planeadores que consiguieron aterrizar en los días siguientes y por algunos polacos que cruzaron el río, mantuvieron un bolsón de apenas dos kilómetros cuadrados durante cinco días más.
Las condiciones eran terribles. Los suministros lanzados por aire caían sistemáticamente en las líneas alemanas porque las frecuencias de radio para guiar a los aviones no funcionaban. Los heridos se hacinaban en el hotel Hartenstein, convertido en hospital improvisado. La artillería y los morteros alemanes machacaban el perímetro sin descanso.
Operación Berlin: la evacuación
El 25 de septiembre, ante la imposibilidad de reforzar o abastecer la posición, Montgomery autorizó la evacuación. La Operación Berlin se ejecutó esa noche bajo la lluvia y la oscuridad. Los supervivientes cruzaron el Neder Rijn en botes de asalto proporcionados por ingenieros canadienses y británicos, guiados por líneas tendidas entre ambas orillas.
De los aproximadamente 10.000 hombres de la 1.ª División Aerotransportada que habían aterrizado en Arnhem, solo 2.163 fueron evacuados. Unos 1.485 habían muerto y más de 6.000 fueron capturados, muchos de ellos heridos. La 1.ª División Aerotransportada dejó de existir como fuerza combatiente.
Las bajas totales aliadas en Market Garden superaron los 17.000 hombres entre muertos, heridos y prisioneros, más que las sufridas el Día D en Normandía . Los civiles holandeses también pagaron un precio terrible: la represalia alemana incluyó la deportación de la población de Arnhem y el «invierno del hambre» de 1944-1945 en los Países Bajos ocupados, que causó más de 20.000 muertes.
Legado de la Batalla de Arnhem
Arnhem se convirtió en sinónimo de ambición excesiva y fallos de planificación. El título del libro de Cornelius Ryan, Un puente demasiado lejos (1974), capturó la esencia del desastre y se incorporó al vocabulario militar como expresión de los límites de la audacia cuando no va acompañada de una planificación rigurosa.
Los debates sobre las causas del fracaso han perdurado durante décadas. Las zonas de aterrizaje demasiado alejadas, la inteligencia ignorada sobre las Panzer SS, la dependencia de una sola carretera para el XXX Cuerpo, la insuficiencia de aviones de transporte, los fallos de comunicación por radio y el optimismo injustificado del mando aliado se combinaron para crear un desastre evitable.
Sin embargo, el valor de los paracaidistas de Arnhem nunca ha sido cuestionado. Frost y sus hombres en el puente, los defensores de Oosterbeek y los paracaidistas polacos de Sosabowski lucharon con una determinación extraordinaria contra fuerzas abrumadoramente superiores. La Batalla de Arnhem es un recordatorio de que el heroísmo individual no puede compensar los errores estratégicos, y de que la guerra rara vez perdona la arrogancia de quienes la planifican.