La batalla de Aquisgrán, librada entre el 2 y el 21 de octubre de 1944, fue la primera batalla urbana en suelo alemán de la SGM.

Soldados estadounidenses combaten con una ametralladora en las calles de Aquisgrán
Una posición de ametralladora estadounidense en las calles de Aquisgrán, octubre de 1944 Ellett / U.S. Army · Dominio público
La conquista de esta antigua capital del Sacro Imperio Romano Germánico, donde Carlomagno había sido coronado más de mil años antes, tuvo un significado simbólico enorme para ambos bandos. Para los aliados, representaba la violación del territorio del Reich; para los alemanes, una humillación que exigía resistencia a toda costa.

El avance aliado hacia Alemania

Tras la destrucción de las fuerzas alemanas en la bolsa de Falaise y la vertiginosa persecución a través de Francia y Bélgica, el ejército aliado llegó a la frontera alemana en septiembre de 1944. El optimismo era generalizado: muchos creían que la guerra terminaría antes de Navidad.

Pero el impulso se detuvo ante la realidad logística —las líneas de suministro se extendían cientos de kilómetros desde las playas de Normandía— y ante las defensas de la Línea Sigfrido (Westwall), el cinturón de fortificaciones que protegía la frontera occidental de Alemania. Aquisgrán se encontraba justo en el borde de estas defensas, una de las primeras grandes ciudades en la ruta de avance del 1.er Ejército estadounidense.

La ciudad y sus defensas

Aquisgrán tenía una población de antes de la guerra de unos 165.000 habitantes, aunque para octubre de 1944 la mayoría había sido evacuada. La ciudad estaba parcialmente protegida por las casamatas de la Línea Sigfrido al este y sur, y sus edificios de piedra ofrecían posiciones defensivas sólidas.

El coronel Gerhard Wilck comandaba la guarnición, que inicialmente contaba con unos 5.000 soldados de diversa calidad: restos de divisiones derrotadas, batallones de fortaleza y Volkssturm. Hitler exigió que Aquisgrán se defendiera con fanatismo y amenazó con represalias contra cualquier oficial que cediera terreno.

Las fuerzas estadounidenses comprendían el VII Cuerpo del 1.er Ejército, con la 1.ª División de Infantería ("Big Red One") y la 30.ª División de Infantería como formaciones principales, apoyadas por blindados y abundante artillería.

El cerco de la ciudad

El plan estadounidense consistía en rodear Aquisgrán antes de asaltarla, evitando así un costoso ataque frontal. En las primeras semanas de octubre, la 30.ª División avanzó por el norte mientras la 1.ª División atacaba por el sur y el este, intentando cerrar la pinza al este de la ciudad.

El avance fue dolorosamente lento. El terreno boscoso y accidentado al sur de Aquisgrán —que pronto se convertiría en el infierno del Bosque de Hürtgen — frenaba cada movimiento. Los alemanes lanzaron furiosos contraataques con blindados para impedir el cierre del cerco, incluyendo elementos de la 116.ª División Panzer.

El 16 de octubre, las divisiones estadounidenses finalmente unieron sus flancos al este de Aquisgrán, completando el cerco. Un ultimátum de rendición fue rechazado por el coronel Wilck.

La batalla urbana

Tácticas de combate urbano

Lo que siguió fue el primer combate urbano a gran escala librado por el ejército estadounidense en Europa. La 1.ª División desarrolló tácticas que se convertirían en doctrina: pequeños equipos de asalto compuestos por un escuadrón de infantería, un tanque, un cañón anticarro y un equipo con bazookas avanzaban calle por calle.

Los estadounidenses aprendieron a evitar las calles abiertas, donde eran blancos fáciles. En su lugar, avanzaban a través de los edificios, usando cargas explosivas para abrir boquetes en las paredes medianeras y moverse de casa en casa sin salir al exterior. Los tanques Sherman disparaban a quemarropa contra los edificios fortificados, mientras la artillería de 155 mm demolía las estructuras más resistentes.

La lucha por el centro

Los combates se intensificaron a medida que los estadounidenses se acercaban al centro histórico. Los alemanes defendían cada manzana con francotiradores, ametralladoras en sótanos y trampas explosivas. El Hotel Quellenhof, un gran edificio que los alemanes habían convertido en punto fuerte, fue escenario de combates particularmente sangrientos que duraron varios días.

La catedral de Aquisgrán, el Aachener Dom donde habían sido coronados los reyes del Sacro Imperio, fue uno de los pocos edificios que ambos bandos trataron de preservar. Los combates la rodearon pero no la destruyeron, y tras la batalla se descubrió que había sufrido daños menores.

La rendición

El 21 de octubre, con su guarnición reducida a unos 300 hombres efectivos y sin municiones ni suministros, el coronel Wilck se rindió en el búnker del hotel Quellenhof. La ciudad había caído después de casi tres semanas de combates que dejaron gran parte del centro en ruinas.

Bajas y destrucción

Las bajas estadounidenses durante la batalla de Aquisgrán fueron de aproximadamente 5.000 entre muertos y heridos. Las pérdidas alemanas se estiman en unos 5.000 muertos y heridos más 5.600 prisioneros. Alrededor del 80% de los edificios de la ciudad sufrieron daños, y amplias zonas del centro quedaron completamente destruidas.

Consecuencias y legado

La caída de Aquisgrán tuvo un impacto psicológico enorme en ambos bandos. Para los alemanes, la pérdida de la primera ciudad del Reich era un golpe demoledor a la moral, especialmente dado su simbolismo imperial. Goebbels intentó minimizar la pérdida, pero la realidad era innegable: el enemigo estaba dentro de Alemania.

Para los aliados, Aquisgrán proporcionó lecciones duramente aprendidas sobre el combate urbano que serían esenciales en las batallas venideras. También demostró que la conquista de Alemania sería mucho más lenta y costosa de lo que el optimismo del verano de 1944 había sugerido. La guerra no terminaría antes de Navidad.

La toma de Aquisgrán fue solo el primer paso de una campaña brutal a lo largo de la frontera alemana que incluiría las batallas del Bosque de Hürtgen, la batalla de las Ardenas y finalmente el cruce del Rin . La puerta de Alemania estaba abierta, pero el camino hasta Berlín sería largo y sangriento.