El hundimiento del RMS Laconia el 12 de septiembre de 1942 frente a la costa occidental de África es uno de los episodios más extraordinarios y controvertidos de la batalla del Atlántico . Lo que comenzó como un ataque rutinario de un submarino alemán contra un buque enemigo se transformó en una compleja operación de rescate multinacional que desafió las leyes de la guerra y acabó por cambiar para siempre las reglas de combate de los U-Boot.

El RMS Laconia
El RMS Laconia era un transatlántico británico de la Cunard-White Star Line, botado en 1921. Con sus 19.695 toneladas de desplazamiento y 183 metros de eslora, había servido como buque de pasajeros en la ruta transatlántica durante las décadas de entreguerras. Al estallar la SGM, fue requisado por el Almirantazgo británico y convertido en transporte de tropas, como sucedió con muchos otros transatlánticos de la época.
En septiembre de 1942, el Laconia navegaba desde Suez hacia Freetown y luego hacia el Reino Unido. A bordo viajaban aproximadamente 2.732 personas: unos 80 civiles (entre ellos mujeres y niños), 268 tripulantes británicos, 1.793 prisioneros de guerra italianos confinados en las bodegas y 160 soldados polacos que los custodiaban. El barco navegaba en solitario, sin escolta, confiando en su velocidad para evitar a los submarinos.
El ataque del U-156
El 12 de septiembre de 1942, a las 20:07 horas, el U-156, al mando del capitán de corbeta Werner Hartenstein, avistó al Laconia a unas 130 millas náuticas al sur de Cabo Palmas, en el Atlántico ecuatorial. Hartenstein identificó el buque como un gran transporte de tropas enemigo y disparó dos torpedos. Ambos impactaron en el lado de estribor, causando daños catastróficos.
El Laconia comenzó a hundirse rápidamente mientras cundía el pánico a bordo. La situación de los prisioneros italianos era especialmente desesperada: confinados bajo cubierta y en muchos casos encerrados tras rejas, cientos se ahogaron antes de poder alcanzar la cubierta. Los que lograron escapar se lanzaron al agua junto con los demás supervivientes.
Cuando el U-156 se acercó a la superficie para evaluar los resultados del ataque, Hartenstein escuchó gritos en italiano procedentes del agua. Al darse cuenta de que había torpedado un barco con prisioneros de guerra italianos —aliados de Alemania—, tomó una decisión que cambiaría el curso de su vida y de la guerra submarina.
La decisión de Hartenstein
Hartenstein decidió iniciar un rescate. Ordenó a su tripulación recoger supervivientes del agua, empezando por los italianos pero sin distinguir nacionalidades. El pequeño submarino, diseñado para una tripulación de 50 hombres, pronto se vio abarrotado con más de 200 náufragos en su cubierta y en el interior.
Hartenstein transmitió un mensaje en abierto, sin cifrar, en inglés y alemán: "Si algún barco quiere ayudar a los náufragos del Laconia, yo no lo atacaré, siempre que no sea atacado por barcos o aviones. He recogido 193 hombres. 4°52'S, 11°26'W. Submarino alemán." Este mensaje, emitido por un comandante de U-Boot en plena guerra submarina, no tenía precedentes.
El almirante Karl Dönitz, comandante de la flota submarina alemana, autorizó el rescate y desvió otros dos submarinos hacia la zona: el U-506 y el U-507, además del submarino italiano Cappellini. Durante los días siguientes, los submarinos recogieron centenares de supervivientes, los alimentaron, les proporcionaron agua dulce y atención médica, y remolcaron botes salvavidas. Hartenstein incluso izó una bandera de la Cruz Roja improvisada sobre su submarino.
El ataque aéreo estadounidense
El 16 de septiembre, un bombardero B-24 Liberator estadounidense de la base de la isla Ascensión avistó al U-156 en superficie, rodeado de botes salvavidas y con supervivientes visiblemente agrupados en su cubierta. Hartenstein señalizó con la bandera de la Cruz Roja e intentó comunicarse, pero el piloto, tras consultar con su base, recibió la orden de atacar.
El B-24 lanzó bombas y cargas de profundidad sobre el submarino y los botes salvavidas. Hartenstein se vio obligado a una inmersión de emergencia, dejando a los supervivientes en el agua. Aunque el U-156 sobrevivió al ataque con daños, el bombardeo mató a decenas de náufragos que estaban siendo rescatados.
Los otros submarinos alemanes e italiano continuaron el rescate con mayor cautela, y finalmente, buques de la Francia de Vichy procedentes de Dakar recogieron a los supervivientes restantes. En total, fueron rescatadas 1.113 personas. Murieron 1.619, la mayoría prisioneros italianos que perecieron durante el hundimiento.
La Orden Laconia
El incidente tuvo consecuencias directas y duraderas. Furioso por el ataque aéreo contra submarinos que estaban realizando un rescate humanitario, Dönitz emitió el 17 de septiembre de 1942 la conocida como Orden Laconia (Laconia-Befehl). Esta orden prohibía terminantemente a los comandantes de U-Boot realizar cualquier intento de rescate de supervivientes de buques hundidos. No debían recoger náufragos, proporcionarles botes salvavidas ni darles alimentos o agua. La única excepción contemplada era la captura del capitán y oficiales del buque hundido para obtener información de inteligencia.
La Orden Laconia endurecía drásticamente las reglas de enfrentamiento de la guerra submarina alemana y fue interpretada por muchos como una autorización implícita para disparar contra los supervivientes, aunque Dönitz siempre negó que ese fuera su propósito. Durante los juicios de Núremberg, la Orden Laconia fue uno de los cargos principales contra Dönitz, aunque finalmente no fue condenado específicamente por ella, en parte gracias al testimonio del almirante estadounidense Chester Nimitz, quien reconoció que la Marina de Estados Unidos había seguido prácticas similares en el Pacífico.
El destino de los protagonistas
Werner Hartenstein no sobrevivió a la guerra. El U-156 fue hundido el 8 de marzo de 1943 por un avión estadounidense al este de Barbados, muriendo toda su tripulación. Tenía 35 años.
Karl Dönitz fue juzgado en Núremberg y condenado a diez años de prisión, aunque la Orden Laconia no fue determinante en su sentencia. El comandante del U-507, Harro Schacht, también participante en el rescate, murió cuando su submarino fue hundido en enero de 1943 frente a las costas de Brasil.
Legado y significado
El incidente del Laconia plantea preguntas incómodas sobre las leyes de la guerra y los dilemas morales que enfrentaban los combatientes. Un comandante de submarino enemigo actuó con humanidad al rescatar supervivientes de todas las nacionalidades, y fue castigado por ello con un ataque aéreo. La respuesta institucional —la Orden Laconia— eliminó cualquier incentivo para futuros actos de humanidad en la guerra submarina.
El episodio ilustra cómo la lógica de la guerra total puede erosionar los principios humanitarios incluso cuando individuos como Hartenstein intentan preservarlos. Hoy, el hundimiento del Laconia se recuerda como uno de los episodios más complejos moralmente de la batalla del Atlántico, un recordatorio de que en la guerra las líneas entre el heroísmo, el deber y la tragedia a menudo se difuminan.