El hundimiento del HMS Hood fue uno de los momentos más impactantes de la guerra naval en la SGM. El 24 de mayo de 1941, en el estrecho de Dinamarca, entre Islandia y Groenlandia, el acorazado Bismarck destruyó al orgullo de la Royal Navy con una sola salva afortunada que alcanzó un pañol de munición y partió al buque en dos. El Hood se hundió en menos de tres minutos, llevándose consigo a 1.415 de sus 1.418 tripulantes. Solo tres hombres sobrevivieron. La pérdida del Hood — el crucero de batalla más grande y famoso del mundo, símbolo del poder naval británico — conmocionó a una nación entera y desencadenó una de las cacerías navales más dramáticas de la historia: la persecución y hundimiento del Bismarck tres días después.

El Hood: el buque más famoso del mundo
El HMS Hood no era un barco cualquiera. Botado en 1918 y comisionado en 1920, era el crucero de batalla más grande jamás construido hasta ese momento: 262 metros de eslora, 42.000 toneladas de desplazamiento y ocho cañones de 381 mm que podían lanzar proyectiles de casi una tonelada a más de 30 kilómetros. Durante dos décadas, el Hood fue el buque insignia de la Royal Navy y el símbolo visible del poder del Imperio británico en los mares.
El Hood había recorrido los océanos del mundo en cruceros de buena voluntad, visitando puertos de todos los continentes. Era el barco que la gente conocía, el que aparecía en los noticiarios y en las postales. Para los británicos, el Hood representaba la invencibilidad naval que había definido a su nación desde Trafalgar.
Pero el Hood tenía una debilidad fatal. Como crucero de batalla, había sido diseñado para combinar la potencia de fuego de un acorazado con la velocidad de un crucero, y el compromiso se había logrado a costa del blindaje. Su cubierta acorazada horizontal — la protección contra proyectiles que caían en ángulo pronunciado a larga distancia — era peligrosamente delgada para los estándares de 1941. Los planes para reforzar su blindaje se habían aplazado repetidamente por las necesidades de la guerra, y el Hood entró en combate con una vulnerabilidad que sus diseñadores conocían pero que no habían podido corregir.
La Operación Rheinübung
En mayo de 1941, la Kriegsmarine lanzó la Operación Rheinübung (Ejercicio Rin): una incursión del acorazado Bismarck y el crucero pesado Prinz Eugen en el Atlántico Norte para atacar los convoyes que mantenían con vida al Reino Unido. La batalla del Atlántico estaba en un momento crítico, y una incursión exitosa de los buques capitales alemanes podría causar pérdidas devastadoras en el tráfico marítimo aliado.
El almirante Günther Lütjens, al mando de la fuerza alemana, partió de la bahía de Bergen (Noruega) el 21 de mayo con rumbo noroeste, hacia el estrecho de Dinamarca — el paso entre Islandia y Groenlandia que daba acceso al Atlántico abierto. La inteligencia británica detectó la salida de los buques alemanes y el Almirantazgo ordenó interceptarlos antes de que alcanzaran las rutas de los convoyes.
Churchill seguía la situación con ansiedad. El Bismarck era el acorazado más moderno y poderoso de Europa, y una amenaza existencial para las líneas de suministro británicas. La orden fue tajante: el Bismarck debía ser hundido.
El encuentro en el estrecho de Dinamarca
El vicealmirante Lancelot Holland, al mando del Hood y del acorazado nuevo HMS Prince of Wales, recibió órdenes de interceptar a los alemanes en el estrecho de Dinamarca. Holland tenía prisa: si el Bismarck alcanzaba el Atlántico abierto, encontrarlo sería como buscar una aguja en un pajar.
La madrugada del 24 de mayo, los cruceros pesados HMS Norfolk y HMS Suffolk, que habían estado siguiendo a los alemanes por radar, comunicaron la posición del Bismarck. Holland dirigió sus dos buques capitales al encuentro, acercándose desde el sureste a máxima velocidad.
A las 5:52 de la mañana, en aguas grises y frías bajo un cielo encapotado, el Hood y el Prince of Wales avistaron al Bismarck y al Prinz Eugen a una distancia de unos 24 kilómetros. Holland ordenó abrir fuego y dirigió sus barcos directamente hacia el enemigo, reduciendo la distancia lo más rápido posible. La decisión tenía una lógica: a menor distancia, los proyectiles impactarían con un ángulo más plano, contra el blindaje lateral del Hood —mucho más grueso— en lugar de caer sobre la vulnerable cubierta horizontal.
Pero cerrar la distancia significaba que durante los minutos de aproximación, los buques británicos solo podían usar sus torres de proa, mientras los alemanes podían disparar con todas sus baterías. Holland aceptó el riesgo.
Seis minutos de combate
El combate duró apenas seis minutos y fue uno de los encuentros navales más breves y devastadores de la historia.
A las 5:52, el Hood abrió fuego contra lo que creía era el Bismarck, pero que en realidad era el Prinz Eugen — los dos buques alemanes tenían siluetas similares y navegaban en línea. El error fue corregido tras la primera salva, pero costó minutos preciosos.
El Bismarck y el Prinz Eugen respondieron concentrando su fuego sobre el Hood, el blanco más grande y amenazante. La segunda salva del Prinz Eugen alcanzó al Hood en la zona central, provocando un incendio en los depósitos de cohetes antiaéreos situados junto al palo mayor. Las llamas se extendieron con rapidez, iluminando al buque como una antorcha en la penumbra del amanecer ártico.
Holland ordenó un giro de 20 grados a babor para poder utilizar las torres de popa, que hasta entonces habían permanecido en silencio. El Hood estaba ejecutando ese giro cuando, a las 6:00 en punto, una salva del Bismarck lo alcanzó.
Lo que ocurrió a continuación fue instantáneo y apocalíptico. Uno o más proyectiles de 380 mm penetraron la delgada cubierta acorazada del Hood y alcanzaron los pañoles de munición de popa. La explosión fue colosal. Una columna de llamas y humo se elevó cientos de metros en el aire. El Hood se partió en dos, la proa y la popa se alzaron formando una V grotesca, y el buque más grande de la Royal Navy se hundió en menos de tres minutos.
De los 1.418 hombres a bordo, solo tres sobrevivieron: el guardiamarina William Dundas, el marinero Robert Tilburn y el señalero Ted Briggs, que lograron escapar de las aguas heladas del Atlántico Norte y fueron rescatados por el destructor HMS Electra. El vicealmirante Holland y los 1.415 restantes perecieron con el barco.
La conmoción
La noticia del hundimiento del Hood golpeó al Reino Unido como un mazazo. El barco que durante veinte años había encarnado el poderío naval británico había desaparecido en minutos. Las familias de los tripulantes recibieron telegramas que comunicaban la pérdida sin poder ofrecer explicación ni consuelo. Churchill relató más tarde que la noticia le produjo un impacto comparable al de la caída de Singapur.
El Almirantazgo reaccionó con una determinación furiosa. Se emitió una orden que reflejaba la magnitud del golpe: "Hundan al Bismarck". Todos los buques disponibles del Atlántico — acorazados, portaaviones, cruceros, destructores — recibieron órdenes de converger sobre la posición del Bismarck. La Royal Navy movilizó la fuerza más grande que había reunido desde la Primera Guerra Mundial para vengar al Hood.
El Prince of Wales, dañado en el combate pero aún operativo, había alcanzado al Bismarck con al menos tres proyectiles, uno de los cuales causó una vía de agua que redujo la velocidad del acorazado alemán y dejó un rastro de fuel que los británicos pudieron seguir. Fue un daño modesto pero decisivo a largo plazo.
El Prince of Wales: el otro protagonista
El HMS Prince of Wales, que combatió junto al Hood, merece un apunte. Era un acorazado de la clase King George V , el diseño más moderno de la Royal Navy, pero acababa de entrar en servicio y tenía problemas con sus torres cuádruples de 356 mm que se averiaban constantemente. Durante el combate, el Prince of Wales sufrió varios fallos mecánicos que redujeron su capacidad de fuego.
Tras la destrucción del Hood, el capitán Leach del Prince of Wales continuó combatiendo solo contra el Bismarck y el Prinz Eugen, recibiendo siete impactos — uno de los cuales atravesó el puente de mando matando a varios oficiales — antes de retirarse bajo una cortina de humo. La decisión de retirarse fue correcta: perder otro buque capital habría sido un desastre irreparable.
El Prince of Wales tendría un destino trágico propio. Seis meses después, en diciembre de 1941, fue hundido por la aviación japonesa frente a las costas de Malaya junto con el HMS Repulse, en uno de los episodios más sombríos de la campaña de Malaya .
Las causas del hundimiento
El hundimiento del Hood ha sido objeto de debate e investigación durante décadas. La causa inmediata fue la penetración de un proyectil del Bismarck en el pañol de munición de popa, pero las razones por las que esa penetración fue posible apuntan a deficiencias estructurales del buque.
El blindaje horizontal del Hood — su cubierta acorazada — era insuficiente para resistir proyectiles que cayeran en ángulos pronunciados a largas distancias. A los 14 kilómetros a los que se encontraba el Bismarck cuando disparó la salva fatal, los proyectiles de 380 mm caían con un ángulo suficiente para perforar la cubierta y alcanzar los pañoles. Si Holland hubiera logrado cerrar la distancia a menos de 10 kilómetros, como era su intención, los proyectiles habrían impactado en el blindaje lateral — mucho más grueso — y probablemente no habrían penetrado.
La velocidad del hundimiento — menos de tres minutos — sugiere que la explosión del pañol rompió la quilla del buque, provocando un fallo estructural catastrófico que partió al Hood en dos. Los restos del Hood, localizados en el fondo del estrecho de Dinamarca a 2.800 metros de profundidad en 2001, confirman que el barco se partió en al menos dos secciones principales.
Legado
El hundimiento del Hood fue una tragedia que transformó la guerra naval británica. La pérdida del buque más emblemático de la flota demostró que los cruceros de batalla — buques rápidos pero insuficientemente blindados — eran vulnerables ante los acorazados modernos. La Royal Navy retiró sus cruceros de batalla supervivientes de la línea de combate y dejó de construir nuevos.
El impacto emocional fue inmenso. El Hood se convirtió en un símbolo del sacrificio naval británico, comparable al de los barcos perdidos en Jutlandia en 1916. Los tres supervivientes — Dundas, Tilburn y Briggs — cargaron con el peso de ser los únicos testigos de la muerte de más de mil compañeros. Ted Briggs dedicó el resto de su vida a honrar la memoria del Hood y sus tripulantes hasta su muerte en 2008.
La venganza llegó tres días después. El 27 de mayo de 1941, el Bismarck, perseguido por la mitad de la Home Fleet y dañado por un torpedo aéreo que inutilizó su timón, fue alcanzado y hundido con la pérdida de más de 2.000 de sus tripulantes. La orden de Churchill se había cumplido. Pero la victoria no devolvía a los 1.415 hombres del Hood, cuyos cuerpos yacen con su barco en el fondo del Atlántico Norte, en una tumba de guerra que permanece protegida y señalizada como lugar de descanso eterno.