La guerra electrónica fue la batalla invisible de la SGM: una competición tecnológica feroz entre científicos aliados y alemanes por el dominio del espectro electromagnético que determinó quién controlaba los cielos, quién detectaba a los submarinos y quién guiaba las bombas con precisión. Mientras los soldados combatían en las trincheras y los pilotos en el cielo, una guerra paralela se libraba en los laboratorios, donde cada avance en radar era respondido con contramedidas, y cada contramedida generaba nuevas tecnologías de detección. Esta carrera tecnológica silenciosa fue tan decisiva como cualquier batalla, y sus consecuencias siguen moldeando la guerra moderna.

Tiras de aluminio Window lanzadas desde un bombardero para confundir al radar alemán
Chaff (Window): tiras de aluminio lanzadas desde bombarderos aliados para cegar los radares alemanes de defensa aérea Imperial War Museum · Dominio público

Los orígenes: el radar y la batalla de los haces

La guerra electrónica comenzó incluso antes de que estallara la guerra. En 1939, Gran Bretaña disponía de la cadena de estaciones de radar Chain Home que le proporcionaba alerta temprana contra los ataques aéreos alemanes. Este sistema fue fundamental durante la batalla de Inglaterra en 1940: los cazas de la RAF podían ser dirigidos con precisión hacia las formaciones de bombarderos alemanes, multiplicando la eficacia de una fuerza numéricamente inferior.

La batalla de los haces

Alemania respondió con sus propios sistemas electrónicos. El sistema Knickebein usaba haces de radio cruzados para guiar a los bombarderos nocturnos alemanes hacia sus objetivos británicos con una precisión que las tripulaciones no podían lograr por medios visuales. Cuando los científicos británicos —liderados por R.V. Jones— descubrieron el sistema, desarrollaron contramedidas que desviaban los haces, haciendo que los bombarderos alemanes soltaran sus bombas en campos vacíos en lugar de sobre ciudades.

Esta fue la primera batalla electrónica de la guerra: cada mejora alemana en la precisión de sus haces de navegación era contrarrestada por interferencias británicas que los distorsionaban. Los alemanes desarrollaron X-Gerät y Y-Gerät, sistemas cada vez más sofisticados; los británicos los neutralizaron uno tras otro.

Window/Chaff: cegar al enemigo

La contramedida más simple y efectiva de la guerra fue también la más elegante: tiras de papel de aluminio cortadas a la longitud de media onda del radar enemigo. Lanzadas desde los aviones, estas tiras —conocidas como «Window» por los británicos y «Düppel» por los alemanes— creaban miles de falsos ecos en las pantallas de radar, haciendo imposible distinguir los aviones reales de los falsos.

La idea era conocida desde 1942, pero ambos bandos retrasaron su uso por temor a que el enemigo la copiara. Los británicos la emplearon por primera vez en el bombardeo de Hamburgo en julio de 1943 (Operación Gomorra), con resultados devastadores: los cazas nocturnos alemanes y la artillería antiaérea, ciegos ante la avalancha de falsos ecos, no pudieron interceptar a los bombarderos. Las defensas aéreas de Hamburgo, que normalmente derribaban el 6% de los atacantes, solo alcanzaron al 1,5%.

La guerra del radar naval

La batalla del Atlántico

En el Atlántico, la guerra electrónica fue igualmente decisiva. Los submarinos alemanes operaban en superficie durante la noche para recargar baterías y maniobrar, confiando en la oscuridad para protegerlos. Cuando los aliados desarrollaron radares aerotransportados capaces de detectar un periscopio de submarino, los U-Boot perdieron su principal ventaja.

Los alemanes respondieron con detectores de radar (Metox, Naxos) que alertaban a los submarinos cuando eran iluminados por un radar aliado, permitiéndoles sumergirse antes de ser atacados. Los aliados contraatacaron con radares de frecuencias que los detectores alemanes no cubrían. Esta carrera de acción-reacción continuó durante toda la batalla del Atlántico .

La guerra de interferencias

Mandrel y Carpet

Los aliados desarrollaron equipos de interferencia activa que saturaban las frecuencias de los radares alemanes con ruido electrónico. El sistema Mandrel, montado en bombarderos dedicados, creaba una «cortina» de interferencia que cegaba los radares de alerta temprana alemanes. El sistema Carpet interfería los radares de control de tiro de la artillería antiaérea, reduciendo drásticamente la precisión del fuego de las baterías Flak.

Serrate y Monica

El equipo Serrate, montado en cazas nocturnos aliados, detectaba las emisiones de los radares Lichtenstein que los cazas nocturnos alemanes usaban para localizar a los bombarderos. Los cazas aliados usaban estas emisiones como guía para localizar y destruir a sus homólogos alemanes, convirtiendo el radar del cazador en su propia trampa.

El engaño electrónico en Normandía

La guerra electrónica alcanzó su máxima sofisticación durante la invasión de Normandía. Los aliados montaron una operación masiva de engaño electrónico para convencer a los alemanes de que el desembarco principal sería en el Paso de Calais y no en Normandía.

Bombarderos equipados con Window volaron en patrones cuidadosamente calculados para crear en los radares alemanes la impresión de grandes flotas de invasión dirigiéndose hacia Calais y Boulogne. Barcos equipados con reflectores de radar simulaban convoyes de transporte. Emisoras de radio falsas transmitían el tráfico de comunicaciones de ejércitos ficticios. El engaño funcionó: los alemanes mantuvieron sus reservas blindadas en Calais durante semanas después del desembarco real en Normandía.

Legado

La guerra electrónica de la SGM estableció los principios que siguen vigentes hoy: la detección electrónica genera contramedidas, que a su vez generan nuevas tecnologías de detección, en una espiral sin fin que los militares llaman «medidas y contramedidas electrónicas».

Fue también la guerra que demostró que la tecnología puede multiplicar la eficacia militar de forma dramática. Un puñado de científicos en laboratorios secretos contribuyó tanto a la victoria aliada como divisiones enteras de soldados, al proporcionar las herramientas que cegaban al enemigo, guiaban a los bombarderos y protegían a los convoyes.