El Renault R35 fue el carro de combate ligero más numeroso del ejército francés al estallar la SGM. Con más de 1.600 unidades fabricadas entre 1936 y 1940, representaba la columna vertebral de la infantería blindada gala. Sin embargo, su concepción anclada en la doctrina de la Primera Guerra Mundial lo convirtió en un vehículo obsoleto frente a las tácticas de guerra relámpago alemanas. Su historia es un reflejo de los errores estratégicos que llevaron a la caída de Francia en apenas seis semanas.

Origen y desarrollo
El Renault R35 nació como respuesta a un requerimiento del ejército francés emitido en 1934, que solicitaba un carro de combate ligero de apoyo a la infantería para sustituir al veterano Renault FT, el revolucionario tanque de la Gran Guerra que ya había quedado completamente desfasado. La empresa Renault presentó su prototipo en 1935 y, tras las pruebas pertinentes, el vehículo fue aceptado oficialmente con la denominación Char léger Modèle 1935 R, aunque universalmente conocido como R35.
La producción comenzó en 1936 en las fábricas de Renault en Billancourt, cerca de París. El ritmo de fabricación fue inicialmente lento, pero se aceleró a medida que la amenaza alemana se hacía más evidente. Para septiembre de 1939, cuando estalló la guerra, el ejército francés disponía de unos 900 R35 operativos. La producción continuó hasta la caída de Francia en junio de 1940, alcanzando un total aproximado de 1.630 unidades, lo que lo convirtió en el tanque francés más numeroso del conflicto.
Diseño y características técnicas
El R35 fue diseñado siguiendo estrictamente la doctrina francesa de acompañamiento de infantería. Esto significaba que el tanque debía avanzar al paso de los soldados a pie, proporcionando fuego de apoyo contra nidos de ametralladoras y fortificaciones ligeras. Esta filosofía determinó cada aspecto de su diseño, desde su velocidad deliberadamente baja hasta su armamento limitado.
Blindaje
Uno de los puntos fuertes del R35 era su protección. El blindaje de fundición alcanzaba los 40 mm en el frontal del casco y la torreta, una cifra notable para un vehículo de apenas 10 toneladas. Este grosor lo hacía prácticamente invulnerable a las armas antitanque ligeras de la época y superaba la protección de la mayoría de tanques alemanes contemporáneos. El Panzer I apenas contaba con 13 mm y el Panzer II con 14,5 mm de blindaje frontal.
Sin embargo, el blindaje de fundición era más frágil que las planchas laminadas, y las superficies redondeadas, aunque favorecían el rebote de proyectiles, presentaban puntos débiles en las juntas y uniones.
Armamento
El mayor defecto del R35 residía en su armamento principal: el cañón SA 18 de 37 mm, un arma diseñada durante la Primera Guerra Mundial que disparaba proyectiles a baja velocidad. Este cañón era aceptable contra posiciones de infantería, pero resultaba casi inútil contra vehículos blindados. Su velocidad de salida de apenas 388 m/s no le permitía perforar más de 12 mm de blindaje a 500 metros, lo que significaba que incluso los tanques alemanes más ligeros podían resistir sus impactos a distancias medias.
Francia desarrolló una versión mejorada, el cañón SA 38, con mayor velocidad de salida y capacidad de penetración. Sin embargo, la reconversión fue lenta y solo una fracción de los R35 recibió esta mejora antes de la invasión alemana. La inmensa mayoría entró en combate con el obsoleto SA 18.
Torreta monoplaza
Otro problema fundamental era la torreta APX-R, diseñada para un solo tripulante. El jefe de carro debía simultáneamente comandar el vehículo, observar el campo de batalla, identificar objetivos, apuntar el cañón, cargar la munición y disparar. Esta sobrecarga de tareas reducía drásticamente la eficacia en combate. En comparación, los tanques alemanes disponían de torretas para dos o tres tripulantes, permitiendo una división del trabajo mucho más eficiente.
La visibilidad desde la torreta era igualmente deficiente. Las mirillas y periscopios ofrecían un campo de visión limitado, lo que dificultaba la detección de amenazas y la coordinación con otras unidades.
Movilidad
La velocidad máxima del R35 era de apenas 20 km/h en carretera, coherente con su misión de acompañar a la infantería a pie. Su motor Renault de cuatro cilindros y 82 CV movía las 10,6 toneladas del vehículo con evidente esfuerzo. La autonomía rondaba los 130 km, suficiente para las distancias previstas en la doctrina francesa de guerra estática.
En terreno campo a través, la velocidad se reducía aún más y el sistema de suspensión mostraba sus limitaciones. La cadena estrecha y la suspensión de tipo scissors proporcionaban un desplazamiento aceptable pero incómodo, alejado de la movilidad que exigía el campo de batalla moderno.
Especificaciones técnicas
| Característica | Dato |
|---|---|
| Peso | 10,6 toneladas |
| Longitud | 4,02 m |
| Anchura | 1,87 m |
| Altura | 2,13 m |
| Blindaje máximo | 40 mm (frontal) |
| Armamento principal | Cañón SA 18 de 37 mm |
| Armamento secundario | Ametralladora MAC 31 de 7,5 mm (coaxial) |
| Motor | Renault 4 cilindros, 82 CV |
| Velocidad máxima | 20 km/h |
| Autonomía | 130 km |
| Tripulación | 2 (conductor y jefe de carro) |
| Unidades producidas | ~1.630 |
El R35 en la Batalla de Francia
Cuando Alemania lanzó su ofensiva occidental el 10 de mayo de 1940, los R35 constituían el grueso de los batallones de carros de combate independientes (Bataillons de Chars de Combat o BCC). Estos batallones estaban asignados a las divisiones de infantería para proporcionar apoyo directo, siguiendo la doctrina de empleo disperso que el ejército francés había mantenido desde la Gran Guerra.
El problema no era solo el tanque en sí, sino cómo se utilizaba. Mientras los alemanes concentraban sus Panzer en divisiones acorazadas que actuaban como puños blindados capaces de romper el frente y explotar la brecha, los franceses dispersaban sus R35 en pequeños grupos de dos o tres vehículos a lo largo de toda la línea del frente. Este empleo en "paquetes de centavos" (penny packets) diluía completamente su potencial ofensivo.
En la Batalla de Francia , los R35 se enfrentaron a una situación para la que no habían sido diseñados. Las columnas blindadas alemanas avanzaban a velocidades que los R35 no podían igualar, las comunicaciones por radio eran inexistentes en la mayoría de vehículos franceses, y la falta de coordinación impedía cualquier contraataque organizado. Los tripulantes de los R35 lucharon con valentía individual, pero el sistema en su conjunto estaba condenado al fracaso.
Hubo episodios de resistencia notable. En Stonne, entre el 15 y el 17 de mayo de 1940, varios R35 participaron en feroces combates contra unidades alemanas, demostrando que su blindaje podía resistir los impactos del Panzer II y del cañón antitanque PaK 36 de 37 mm. Sin embargo, su incapacidad para destruir tanques enemigos a distancia y su lentitud para maniobrar los dejaban en desventaja constante.
Comparación con otros tanques contemporáneos
El R35 se compara frecuentemente con otros carros ligeros de la época, tanto aliados como enemigos.
Frente al Panzer I alemán, el R35 era superior en blindaje y armamento. El Panzer I solo disponía de dos ametralladoras y un blindaje máximo de 13 mm. Sin embargo, era más rápido (37 km/h) y se empleaba de forma mucho más eficaz dentro de las divisiones Panzer.
El Panzer II, con su cañón de 20 mm automático y 30 km/h de velocidad, superaba al R35 en movilidad y cadencia de tiro, aunque su blindaje de 14,5 mm era significativamente inferior. En combate directo, el R35 podía resistir los impactos del Panzer II, pero tenía enormes dificultades para devolverlos con eficacia.
El Char B1 francés era un vehículo mucho más potente, con un cañón de 75 mm en el casco y otro de 47 mm en la torreta, además de un blindaje de hasta 60 mm. Sin embargo, era caro, complejo y se produjo en números mucho menores. El R35 y el Char B1 representaban los dos extremos del arsenal blindado francés.
El Hotchkiss H35, rival directo del R35 dentro del propio ejército francés, compartía muchas de sus virtudes y defectos. Ambos montaban la misma torreta APX-R con el mismo cañón SA 18, tenían blindaje similar y velocidades comparables. El H35 era ligeramente más rápido y fue preferido por la caballería, mientras que el R35 equipó a la infantería. En la práctica, las diferencias entre ambos eran mínimas.
Exportación y servicio en otros ejércitos
Francia exportó el R35 a varios países antes y durante la guerra. Polonia recibió 100 unidades en 1939, que participaron en la defensa contra la invasión alemana de septiembre. Los tanques polacos R35 combatieron en la Batalla de Bzura y otros enfrentamientos, aunque su impacto fue limitado por las mismas razones que afectarían a sus homólogos franceses meses después.
Rumanía adquirió 41 R35 que sirvieron tanto en el frente oriental contra la Unión Soviética como, tras el cambio de bando rumano en 1944, contra Alemania. Turquía recibió un lote que utilizó exclusivamente para entrenamiento, ya que el país permaneció neutral durante la mayor parte del conflicto. Yugoslavia también recibió R35, que participaron en la breve resistencia contra la invasión del Eje en abril de 1941.
Al servicio alemán
Tras la caída de Francia, los alemanes capturaron cientos de R35 intactos o en estado reparable. La Wehrmacht los reutilizó con la designación Panzerkampfwagen 35R 731(f). Dado que eran claramente inferiores a los tanques alemanes contemporáneos, no se emplearon en primera línea, sino que se destinaron a tareas de segunda línea.
Los R35 capturados sirvieron principalmente como vehículos de seguridad en la Francia ocupada, patrullando carreteras y custodiando instalaciones. Algunos fueron convertidos en tractores de artillería retirándoles la torreta. Otros se integraron en las defensas del Muro Atlántico, enterrados como casamatas fijas en puntos estratégicos de la costa francesa, donde su grueso blindaje frontal podía ser útil en un rol estático.
También se enviaron pequeños contingentes a los Balcanes y al frente oriental para tareas de seguridad y lucha antipartisana, donde su blindaje los hacía útiles contra enemigos sin armas antitanque pesadas.
Legado y valoración
El Renault R35 ha pasado a la historia como un símbolo del fracaso doctrinal francés en vísperas de la SGM. No era un mal tanque para la misión que se le había asignado: apoyar a la infantería en un avance metódico contra posiciones fortificadas. El problema fue que esa misión ya no correspondía a la realidad del campo de batalla en 1940.
Su cañón anticuado, su torreta monoplaza y su velocidad limitada eran consecuencias directas de una doctrina que concebía el tanque como un auxiliar de la infantería, no como un arma decisiva capaz de operar de forma independiente. Mientras los alemanes habían abrazado la guerra de maniobra y la concentración de blindados, Francia seguía pensando en términos de 1918.
La tragedia del R35 no fue técnica sino conceptual. Con un cañón moderno, una torreta biplaza y una doctrina de empleo concentrado, el mismo chasis podría haber dado resultados muy diferentes. De hecho, cuando los alemanes reutilizaron los R35 capturados en roles estáticos, el vehículo demostró que su blindaje y fiabilidad mecánica eran cualidades valiosas cuando se aplicaban correctamente.
Hoy, varios ejemplares del Renault R35 sobreviven en museos de Francia, Rusia y otros países, recordando una época en la que la doctrina militar podía determinar el destino de una nación tanto como la calidad de su armamento.