La Matilda II fue el tanque de infantería más fuertemente blindado del ejército británico al inicio de la SGM y el primer carro de combate aliado en demostrar que los blindados podían dominar un campo de batalla moderno. Con un blindaje frontal de 78 mm que la hacía prácticamente invulnerable a los cañones anticarro italianos y alemanes de calibre medio, la Matilda aterrorizo a las fuerzas del Eje en el norte de África durante 1940 y 1941, ganándose el apodo de reina del desierto. Aunque su lentitud y armamento limitado la condenaron a la obsolescencia a medida que avanzaba la guerra, su impacto en las primeras campañas del desierto fue decisivo.

Tanque Matilda II en el norte de África
Matilda II, el tanque de infantería británico más blindado de las primeras campañas del desierto Keating G (Capt), No 1 Army Film & Photographic Unit · Dominio público

Origen y desarrollo

El concepto del tanque de infantería surgió de la doctrina británica de entreguerras, que dividía los blindados en dos categorías: tanques cruceros rápidos para la explotación y tanques de infantería lentos pero muy protegidos para acompañar a la infantería en el avance. La Matilda II (Infantry Tank Mk II, A12) fue diseñada para cumplir esta segunda función con la máxima protección posible.

El diseño corrió a cargo del Woolwich Arsenal bajo la dirección del coronel J.C. Carden, y la producción comenzó en 1937. La filosofía era simple: blindaje ante todo. Cada aspecto del diseño se subordinó a maximizar la protección. El resultado fue un tanque compacto pero extraordinariamente bien protegido para su época, con planchas de acero fundido y laminado que alcanzaban los 78 mm en el frontal.

La producción fue lenta y costosa. La Matilda II requería un proceso de fabricación complejo, especialmente en su torreta de acero fundido, y nunca se fabricó en grandes cantidades. Entre 1937 y agosto de 1943, cuando cesó la producción, se completaron 2.987 unidades.

Características técnicas

EspecificaciónDato
DesignaciónInfantry Tank Mk II, Matilda II (A12)
Peso26,9 toneladas
Tripulación4 (comandante, artillero, cargador, conductor)
Armamento principalCañón QF de 2 libras (40 mm)
Armamento secundario1 × ametralladora Besa de 7,92 mm
Blindaje frontal78 mm (casco y torreta)
Motor2 × AEC diésel de 6 cilindros, 87 CV cada uno (174 CV total)
Velocidad máxima24 km/h (carretera)
Autonomía257 km (carretera)
Producción2.987 unidades

Blindaje

El blindaje de la Matilda II era excepcional para 1940. Sus 78 mm frontales superaban a cualquier tanque del mundo en ese momento, incluidos los alemanes. La torreta de acero fundido ofrecía una protección redondeada que favorecía el rebote de los proyectiles. A las distancias de combate habituales en el desierto, ningún cañón anticarro estándar italiano y casi ningún alemán podían perforarla.

Armamento

La principal debilidad de la Matilda era su cañón QF de 2 libras (40 mm). Aunque eficaz contra blindados ligeros y medios de 1940-1941, carecía de munición de alto explosivo efectiva, lo que limitaba gravemente su utilidad contra posiciones de infantería, búnkers y artillería. Los tanquistas británicos se encontraban a menudo con un tanque que podía sobrevivir a casi cualquier impacto pero que no podía destruir las posiciones enemigas que lo rodeaban.

La torreta de la Matilda era demasiado pequeña para montar un cañón mayor, lo que condenó al diseño a la obsolescencia cuando los enemigos desarrollaron armas capaces de perforar su blindaje.

Movilidad

Con dos motores diésel AEC que sumaban 174 CV para mover 27 toneladas, la Matilda era lenta: solo 24 km/h en carretera y considerablemente menos campo a través. Esta lentitud era aceptable dentro de la doctrina del tanque de infantería, donde el carro avanzaba al paso de los soldados, pero limitaba gravemente su utilidad en operaciones de maniobra.

Los motores diésel tenían la ventaja de un menor riesgo de incendio y mayor autonomía comparados con los motores de gasolina de otros tanques de la época. La fiabilidad mecánica fue razonable, aunque el mantenimiento de dos motores separados complicaba la logística.

La Matilda en combate

Francia 1940

La Matilda II tuvo su primer contacto con el enemigo en Francia, durante la campaña de 1940. En la contraofensiva de Arras el 21 de mayo de 1940, un puñado de Matilda del 4.º y 7.º Royal Tank Regiment atacaron el flanco de la columna alemana del general Erwin Rommel . El impacto fue devastador: los cañones anticarro alemanes de 37 mm (los Türklopfer o «llamadores de puerta») rebotaban contra el blindaje de las Matilda sin causar daño alguno.

El pánico se extendió entre las tropas alemanas, y Rommel tuvo que emplear personalmente sus cañones antiaéreos de 88 mm en tiro horizontal para detener el avance británico. Este episodio plantó la semilla de la futura táctica alemana de usar el 88 como arma anticarro, y dejó en Rommel un respeto duradero por los tanques de infantería británicos.

La reina del desierto

Fue en el norte de África donde la Matilda alcanzó su momento de gloria. Durante la Operación Compass (diciembre de 1940 – febrero de 1941), la ofensiva británica contra las fuerzas italianas en Libia, las Matilda del 7.º Royal Tank Regiment fueron prácticamente imparables.

Los italianos no disponían de ningún arma anticarro capaz de penetrar el blindaje de la Matilda a distancias normales de combate. Sus cañones de 47 mm eran inútiles y los tanquistas italianos de los M13/40 descubrieron con horror que sus proyectiles rebotaban sin efecto. Las Matilda atravesaron los campamentos fortificados italianos uno tras otro, provocando rendiciones masivas. En la batalla de Beda Fomm, los tanques británicos sellaron la destrucción del ejército italiano en Cirenaica.

Los italianos comenzaron a llamar a la Matilda «la reina del desierto», un apodo que los propios británicos adoptaron con orgullo.

Contra el Afrika Korps

La llegada de Rommel y el en febrero de 1941 cambió drásticamente la situación. Los alemanes trajeron consigo cañones de 88 mm y cañones anticarro PaK 38 de 50 mm que podían perforar el blindaje de la Matilda. Rommel, que recordaba Arras, diseñó tácticas específicas contra los tanques de infantería británicos: atraerlos hacia pantallas de cañones anticarro ocultos y destruirlos a distancia.

Durante la Operación Battleaxe (junio de 1941) y las batallas de Tobruk, las Matilda sufrieron pérdidas crecientes frente a estas tácticas. Su lentitud las hacía vulnerables una vez que el enemigo disponía de armas capaces de penetrarlas: no podían maniobrar ni retirarse con la velocidad necesaria para evitar la destrucción.

El Pacífico y otros teatros

Cuando la Matilda quedó obsoleta en el norte de África, centenares fueron enviadas a Australia y al Pacífico, donde sirvieron con distinción en la campaña de Nueva Guinea y Borneo . Contra los japoneses, cuya artillería anticarro era generalmente más ligera que la alemana, la Matilda recuperó su invulnerabilidad relativa. Los australianos la emplearon eficazmente en la jungla como apoyo de infantería, a menudo equipada con lanzallamas en lugar del cañón de 2 libras.

La Unión Soviética recibió 1.084 Matilda a través del programa de Préstamo y Arriendo. Los soviéticos apreciaron su blindaje pero criticaron su lentitud y armamento limitado, empleándolas principalmente en funciones secundarias.

Legado de la Matilda II

La Matilda II ilustra perfectamente los dilemas del diseño de tanques en la SGM. Su filosofía de blindaje máximo la convirtió en un arma devastadora contra enemigos que no podían penetrarla, pero la misma robustez que la protegía impedía mejorar su armamento cuando las amenazas evolucionaron.

Su legado más duradero fue táctico. En Arras demostró que el blindaje pesado podía provocar pánico incluso en tropas experimentadas, y en el desierto probó que un tanque bien protegido podía decidir batallas enteras cuando el enemigo carecía de las armas adecuadas. Pero también enseñó que ningún blindaje es invulnerable para siempre: la carrera entre proyectil y coraza avanza siempre, y el tanque que no puede montar un cañón mayor está condenado a la obsolescencia.

Para los tanquistas australianos que la llevaron por la jungla de Nueva Guinea, la Matilda era un refugio de acero en un infierno verde. Para los italianos que la enfrentaron en el desierto, era un monstruo imparable. Y para los historiadores militares, es uno de los mejores ejemplos de cómo un arma puede pasar de ser invencible a obsoleta en el lapso de apenas dos años.