El Boeing B-29 Superfortress fue el bombardero más avanzado y costoso de la SGM, y el avión que cambió la historia del mundo. Diseñado para bombardear Japón desde bases lejanas, el B-29 representó un salto tecnológico sin precedentes en la aviación militar: cabina presurizada, sistema de control de tiro por computadora, alcance intercontinental y capacidad de carga que empequeñecía a cualquier bombardero anterior. Fue un B-29, el Enola Gay, el que lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, y otro B-29, el Bockscar, el que lanzó la segunda sobre Nagasaki tres días después. Ningún otro avión de la guerra tuvo un impacto tan definitivo en el curso del conflicto.

Formación de bombarderos B-29 Superfortress del 73rd Bomb Wing sobrevolando el Monte Fuji en Japón en 1945
B-29 Superfortress del 73rd Bomb Wing sobrevolando el Monte Fuji, Japón, 1945: la imagen icónica de la campaña de bombardeo estratégico contra Japón USAAF · Dominio público

Desarrollo: un proyecto más costoso que la bomba atómica

El desarrollo del B-29 comenzó en 1938, cuando el Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos solicitó a la industria un bombardero de muy largo alcance capaz de operar a altitudes superiores a los 7.600 metros y con un radio de combate de más de 2.500 kilómetros. Boeing presentó su propuesta, el Model 345, que fue seleccionada en septiembre de 1940.

El programa B-29 fue el proyecto armamentístico más costoso de la SGM, con un coste total de aproximadamente 3.000 millones de dólares de la época, superando incluso al Proyecto Manhattan (2.000 millones) que desarrolló la bomba atómica. La inversión reflejaba tanto la complejidad técnica del avión como la urgencia de producirlo en cantidades masivas.

El primer prototipo voló el 21 de septiembre de 1942. El desarrollo estuvo plagado de problemas técnicos, especialmente con los motores Wright R-3350, que tenían tendencia a sobrecalentarse e incendiarse. El segundo prototipo se estrelló en febrero de 1943 cuando un incendio en un motor provocó la pérdida de control, matando a la tripulación y a trabajadores de una planta empacadora cercana. Los problemas con los motores perseguirían al B-29 durante toda su vida operativa.

A pesar de las dificultades, la producción avanzó a un ritmo frenético. Boeing, Bell Aircraft y Glenn L. Martin fabricaron un total de 3.970 B-29 antes de que la producción cesara en 1946.

Características técnicas

El B-29 incorporaba innovaciones que lo situaban una generación por delante de cualquier otro bombardero de la guerra.

Cabina presurizada

El B-29 fue el primer bombardero de producción en serie con cabina presurizada, lo que permitía a la tripulación operar a altitudes superiores a los 9.000 metros sin necesidad de máscaras de oxígeno ni trajes presurizados. La presurización se lograba mediante compresores conectados a los motores que mantenían una presión interna equivalente a una altitud de 2.500 metros cuando el avión volaba a 9.000.

La cabina presurizada no era solo una cuestión de comodidad: era una ventaja táctica crucial. A esas altitudes, el B-29 volaba por encima del alcance efectivo de la mayoría de los cazas japoneses y de la artillería antiaérea, al menos durante las primeras fases de la campaña.

Sistema de control de tiro

El sistema defensivo del B-29 era revolucionario. En lugar de artilleros manuales, el avión empleaba un sistema de control de tiro centralizado (Central Fire Control) que permitía a un solo artillero controlar múltiples torretas remotas mediante un ordenador analógico. El sistema calculaba automáticamente la deflexión, la velocidad del viento y la distancia al objetivo, proporcionando una precisión muy superior a la de los artilleros convencionales.

El armamento defensivo consistía en cuatro torretas con dos ametralladoras calibre .50 cada una y una torreta de cola con dos ametralladoras .50 y un cañón de 20 mm. Las torretas eran operadas remotamente: los artilleros observaban desde las ampollas de avistamiento y el ordenador dirigía el fuego.

Motores y prestaciones

Cuatro motores radiales Wright R-3350 Duplex-Cyclone de 18 cilindros y 2.200 caballos de potencia cada uno impulsaban al B-29. Eran los motores de aviación más potentes de su época, pero también los más problemáticos: su tendencia al sobrecalentamiento provocó numerosos incidentes a lo largo de la guerra.

Las prestaciones del B-29 eran impresionantes para su época:

  • Velocidad máxima: 575 km/h
  • Techo de servicio: 9.700 metros
  • Alcance: 5.230 kilómetros (con carga de bombas estándar)
  • Carga de bombas: hasta 9.000 kilogramos
  • Tripulación: 11 hombres

Dimensiones

Con una envergadura de 43 metros, una longitud de 30 metros y un peso máximo al despegue de 60.000 kilogramos, el B-29 era significativamente mayor que su predecesor, el B-17 Flying Fortress, y podía transportar más del doble de carga de bombas a distancias mucho mayores.

La campaña desde China: Operación Matterhorn

Los primeros B-29 entraron en combate en junio de 1944 desde bases en India y China, en el marco de la Operación Matterhorn. El plan era bombardear Japón y sus industrias en Manchuria desde campos de aviación en la provincia china de Chengdu, abastecidos a su vez mediante un puente aéreo desde India que cruzaba el Himalaya.

La Operación Matterhorn fue logísticamente desastrosa. Cada misión de bombardeo contra Japón requería que los propios B-29 transportaran previamente su combustible y bombas desde India hasta China, volando sobre el Himalaya. Se necesitaban aproximadamente siete vuelos de abastecimiento por cada misión de combate. Las pérdidas por accidentes, fallos mecánicos y condiciones meteorológicas superaban con creces las pérdidas por acción enemiga.

La primera misión contra el archipiélago japonés partió de China el 15 de junio de 1944, cuando 68 B-29 bombardearon las acerías de Yawata en Kyushu. Los resultados fueron mediocres: solo 47 aviones alcanzaron el objetivo y los daños fueron mínimos. Matterhorn demostró que China no era viable como base para una campaña sostenida contra Japón.

Las Marianas: la base definitiva

La captura de las islas Marianas —Saipán, Tinian y Guam— en el verano de 1944 proporcionó al fin las bases que el B-29 necesitaba. Las Marianas estaban a unos 2.400 kilómetros de Tokio, dentro del alcance del B-29 sin necesidad de complejas cadenas logísticas. Las enormes pistas de hormigón construidas por los ingenieros militares estadounidenses podían acoger a cientos de bombarderos.

El XXI Mando de Bombardeo, al mando del general Haywood Hansell, comenzó las operaciones desde las Marianas en noviembre de 1944. Las primeras misiones siguieron la doctrina del bombardeo de precisión a gran altitud: formaciones de B-29 volando a más de 8.000 metros atacando objetivos industriales específicos con bombas de alta explosión.

El problema de la corriente en chorro

Los resultados iniciales fueron decepcionantes. Los B-29 se encontraron con un fenómeno meteorológico que los planificadores no habían previsto: la corriente en chorro (jet stream), un río de aire a gran velocidad que circulaba sobre Japón a las altitudes de bombardeo. Vientos de hasta 320 km/h arrastraban las bombas lejos de los objetivos, haciendo que la precisión fuera prácticamente imposible.

Las nubes y la meteorología japonesa —mucho más adversa que la europea— complicaban aún más las misiones. Muchas formaciones bombardeaban a ciegas por encima de las nubes, con resultados que rozaban lo aleatorio.

Curtis LeMay y los bombardeos incendiarios

En enero de 1945, el general Curtis LeMay asumió el mando del XXI Mando de Bombardeo con instrucciones de obtener resultados. LeMay era un oficial agresivo, innovador y despiadado que había dirigido operaciones de bombardeo en Europa y China. Tras analizar los resultados de las misiones de precisión a gran altitud, tomó una decisión radical: abandonar el bombardeo de precisión y adoptar el bombardeo incendiario a baja altitud.

La lógica era simple y terrible. Las ciudades japonesas estaban construidas mayoritariamente con madera y papel. Las bombas incendiarias serían devastadoras. Volando a baja altitud (entre 1.500 y 3.000 metros), los B-29 evitarían la corriente en chorro y mejorarían la precisión. Para compensar el mayor riesgo de fuego antiaéreo, las misiones se realizarían de noche, cuando los cazas japoneses eran menos eficaces.

LeMay tomó otra decisión audaz: retiró la mayor parte del armamento defensivo de los B-29 para aumentar la carga de bombas. Sin las ametralladoras y la munición, cada avión podía transportar varias toneladas adicionales de bombas incendiarias.

La noche de Tokio

La primera gran misión incendiaria tuvo lugar la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, cuando 334 B-29 atacaron Tokio con bombas incendiarias M-69. El resultado fue el bombardeo más destructivo de la historia de la humanidad, superando en víctimas inmediatas incluso a las bombas atómicas. La tormenta de fuego que se desató destruyó 41 kilómetros cuadrados de la ciudad, mató a entre 80.000 y 100.000 personas y dejó sin hogar a más de un millón.

El éxito táctico del bombardeo de Tokio estableció el patrón para los meses siguientes. Los B-29 atacaron sistemáticamente las principales ciudades japonesas con bombas incendiarias: Nagoya, Osaka, Kobe, Yokohama y decenas más. Para el verano de 1945, la mayoría de las ciudades japonesas habían sido devastadas.

Las bombas atómicas

El B-29 alcanzó su momento más trascendental cuando fue seleccionado como vector de las bombas atómicas. El 509.º Grupo Compuesto, una unidad de élite al mando del coronel Paul Tibbets, fue equipado con B-29 especialmente modificados (variante Silverplate) para transportar las nuevas armas.

Las modificaciones incluían la eliminación de las torretas defensivas, la instalación de compuertas de bombas ampliadas y motores con inyección de combustible para mejorar las prestaciones. Los aviones Silverplate eran los B-29 más rápidos y ligeros de la flota.

El 6 de agosto de 1945, el Enola Gay, pilotado por Tibbets, lanzó Little Boy sobre Hiroshima. Tres días después, el Bockscar, pilotado por el mayor Charles Sweeney, lanzó Fat Man sobre Nagasaki. Japón se rindió el 15 de agosto. El B-29 había cumplido la misión para la que había sido concebido: llevar la guerra al corazón de Japón.

Las cifras de la campaña

La campaña de bombardeo estratégico contra Japón fue masiva. Los B-29 realizaron más de 33.000 salidas de combate y lanzaron aproximadamente 170.000 toneladas de bombas sobre Japón. Las pérdidas fueron de 414 B-29 en combate y 260 por otras causas (accidentes, fallos mecánicos).

Los bombardeos mataron a entre 300.000 y 500.000 civiles japoneses y destruyeron el 40% de la zona urbana de las 66 ciudades atacadas. La industria japonesa quedó paralizada, el sistema de transporte colapsó y la población civil sufrió hambre y desplazamiento masivo.

Comparación con otros bombarderos

El B-29 no tuvo rival durante la SGM. Comparado con los principales bombarderos aliados:

El B-17 Flying Fortress, el caballo de batalla del bombardeo en Europa, tenía un alcance de 3.200 km y una carga de bombas de 2.700 kg, frente a los 5.230 km y 9.000 kg del B-29. El Lancaster británico podía transportar más carga (10.000 kg) pero tenía menor alcance y carecía de cabina presurizada.

Los bombarderos del Eje estaban una generación por detrás. Ningún avión alemán o japonés se acercaba a las prestaciones del B-29 en alcance, altitud o carga útil. El proyecto japonés de bombardear la costa oeste de Estados Unidos con globos incendiarios (Fu-Go) ilustra la desesperación de un país que no podía responder a los B-29 con medios convencionales.

Legado

El Boeing B-29 Superfortress fue el avión que definió la era del bombardeo estratégico y abrió la era nuclear. Su legado es ambivalente: representó una cumbre de la ingeniería aeronáutica y al mismo tiempo fue el instrumento de la destrucción más terrible jamás infligida desde el aire.

El B-29 continuó en servicio después de la SGM, participando en la Guerra de Corea como bombardero principal hasta ser sustituido por los jets. Su diseño influyó en toda una generación de bombarderos posteriores, y sus innovaciones —cabina presurizada, control de tiro computarizado, alcance intercontinental— se convirtieron en estándar de la aviación militar.

El Enola Gay se conserva hoy en el Museo Nacional del Aire y del Espacio en Washington, donde sigue generando controversia. Para algunos es un artefacto histórico que merece preservarse; para otros, un símbolo del horror de las armas nucleares que debería exhibirse con un contexto crítico más explícito. Esa controversia refleja la ambivalencia del propio B-29: una máquina extraordinaria construida para un propósito terrible.