Los morteros fueron la artillería del soldado de a pie durante la SGM. Ligeros, baratos y capaces de lanzar proyectiles explosivos por encima de obstáculos que ningún cañón convencional podía superar, estos tubos inclinados proporcionaban a la infantería su propia potencia de fuego indirecto sin depender de la artillería pesada. Desde las trincheras de Stalingrado hasta las junglas del Pacífico, los morteros causaron más bajas que cualquier otra categoría de arma terrestre, superando incluso a los fusiles y las ametralladoras. Fueron, en palabras de muchos veteranos, el arma más temida del campo de batalla.

Principio de funcionamiento
Un arma ancestral reinventada
El mortero moderno desciende del concepto más antiguo de la artillería: lanzar un proyectil en una trayectoria curva elevada para que caiga sobre el enemigo desde arriba. A diferencia de los cañones, que disparan con trayectorias tensas, el mortero lanza sus proyectiles en arcos pronunciados que les permiten superar muros, colinas, edificios y trincheras.
El mecanismo es de una simplicidad elegante: un tubo cerrado por un extremo (la base) y abierto por el otro (la boca). El operador introduce el proyectil por la boca y lo deja caer por gravedad. Al llegar al fondo del tubo, el detonador del proyectil golpea un percutor fijo que enciende la carga propulsora, y la explosión resultante lanza el proyectil hacia arriba y hacia el objetivo. Todo el proceso —desde soltar la granada hasta que sale del tubo— dura una fracción de segundo.
Ventajas tácticas
Las ventajas del mortero eran múltiples. Su tiro curvo permitía alcanzar objetivos detrás de cobertura, algo imposible para las armas de tiro directo. Su peso reducido permitía que un equipo de dos o tres hombres lo transportara y emplazara en minutos. Su cadencia de tiro era alta: un equipo experimentado podía lanzar entre 15 y 30 granadas por minuto. Y su coste de fabricación era una fracción del de un cañón de artillería convencional.
La principal limitación era la precisión. El mortero no era un arma de precisión individual; su eficacia dependía del volumen de fuego sobre un área. Además, los proyectiles de mortero tenían menor velocidad y penetración que los de artillería convencional, lo que los hacía menos eficaces contra posiciones fuertemente fortificadas.
Principales morteros por nación
Alemania
El Granatwerfer 34 de 81 mm fue el mortero estándar de la Wehrmacht, una versión mejorada del diseño Stokes-Brandt. Pesaba 57 kg y tenía un alcance de 2.400 metros. Su precisión y fiabilidad lo convirtieron en uno de los mejores morteros de la guerra. Las escuadras alemanas también contaban con el mortero ligero Granatwerfer 36 de 50 mm para apoyo inmediato, aunque este fue retirado progresivamente por considerarse demasiado débil.
En el extremo opuesto, el Nebelwerfer 41 de 150 mm era un lanzacohetes múltiple de seis tubos que, aunque técnicamente no era un mortero, cumplía funciones similares de fuego de área. Su sonido aterrador al disparar le ganó el apodo de «Moaning Minnie» entre los Aliados.
Estados Unidos
El M1 Mortar de 81 mm fue el equivalente estadounidense del GrW 34 alemán. Pesaba 62 kg y alcanzaba los 3.000 metros con su granada HE estándar. Era ligeramente más pesado que su rival alemán pero compensaba con mayor alcance. El M2 Mortar de 60 mm, más ligero (19 kg), proporcionaba apoyo directo a nivel de pelotón y fue especialmente valorado en el Pacífico, donde su bajo peso facilitaba el transporte por la jungla.
El mortero pesado M2 de 4,2 pulgadas (107 mm), originalmente diseñado para lanzar granadas de humo químico, fue adaptado para disparar proyectiles explosivos y se convirtió en un arma de apoyo de fuego devastadora, capaz de alcanzar objetivos a 4.400 metros.
Unión Soviética
El Ejército Rojo fue el mayor usuario de morteros de toda la guerra. El PM-41 de 82 mm era el caballo de batalla de la infantería soviética, mientras que el pesado PM-43 de 120 mm se convirtió en un arma de referencia cuya eficacia impresionó tanto a los alemanes que copiaron directamente el diseño para crear su propio Granatwerfer 42 de 120 mm.
Los soviéticos también emplearon el mortero PM-38 de 50 mm a nivel de compañía y desarrollaron doctrinas de empleo masivo de morteros que concentraban decenas de armas en un sector reducido para crear barreras de fuego casi impenetrables.
Reino Unido
El ML 3-inch Mortar (76,2 mm) fue el mortero estándar británico, un arma fiable aunque algo inferior en alcance a sus equivalentes alemán y estadounidense. El ML 2-inch Mortar (51 mm), extremadamente ligero y portátil, proporcionaba apoyo inmediato a nivel de sección y era especialmente útil para lanzar granadas fumígenas e iluminantes.
Japón
El Ejército Imperial Japonés empleó extensivamente el Type 89 Grenade Discharger de 50 mm, conocido erróneamente como «mortero de rodilla» por los Aliados (su uso real era apoyado en el suelo, y los soldados estadounidenses que intentaron dispararlo apoyándolo en el muslo sufrieron fracturas). El Type 97 de 81 mm era el mortero estándar japonés de batallón.
Los morteros en combate
Stalingrado: el infierno urbano
En la batalla de Stalingrado , los morteros fueron el arma más eficaz de ambos bandos. En los combates calle por calle, donde la artillería pesada no podía distinguir las posiciones propias de las enemigas, los morteros proporcionaban fuego de apoyo preciso a distancias cortas. Los equipos de mortero operaban desde sótanos y patios interiores, lanzando granadas sobre las posiciones enemigas situadas apenas a unos centenares de metros.
Los soviéticos emplearon morteros de 120 mm en roles que normalmente correspondían a la artillería convencional, concentrando baterías completas para preparar asaltos locales. Esta flexibilidad fue una de las claves tácticas de la victoria soviética en Stalingrado.
Normandía: el bocage mortal
En la campaña de Normandía, los morteros alemanes causaron estragos entre las tropas aliadas que avanzaban por el bocage normando. Los setos elevados y los campos cerrados proporcionaban una cobertura perfecta para los equipos de mortero, que podían disparar sin ser vistos y desplazarse antes de que la artillería enemiga respondiera. Se estima que los morteros causaron más del 50% de las bajas aliadas durante los combates en el bocage.
El Pacífico: islas y jungla
En el teatro del Pacífico, los morteros eran a menudo la única artillería disponible en las primeras fases de un desembarco. En las playas de Iwo Jima y Okinawa , los morteros japoneses enterrados en posiciones de cueva causaron bajas terribles entre los Marines. Los japoneses habían registrado previamente cada metro de playa con sus morteros, y cuando los estadounidenses desembarcaron, las granadas cayeron con una precisión mortal.
La estadística mortal
Los datos sobre las causas de bajas en la SGM varían según el frente y el período, pero la mayoría de los estudios coinciden en que las armas de fragmentación —artillería y morteros— causaron entre el 50% y el 75% de todas las bajas en combate terrestre. Dentro de esta categoría, los morteros fueron responsables de una proporción desproporcionadamente alta de bajas en relación con su coste y complejidad.
La razón era simple: mientras que la artillería pesada necesitaba observadores, comunicaciones, cálculos balísticos y una cadena de mando compleja, un equipo de mortero podía identificar un objetivo, emplazar el arma y comenzar a disparar en menos de un minuto. Esta inmediatez convertía al mortero en el arma más reactiva del campo de batalla, capaz de responder a amenazas que la artillería convencional tardaría minutos en atender.
Legado de los morteros
Los morteros de la SGM establecieron los estándares que perduran en los ejércitos modernos. Los calibres de 60 mm (pelotón), 81 mm (compañía/batallón) y 120 mm (regimiento/brigada) siguen siendo los más utilizados, y los principios básicos de funcionamiento no han cambiado significativamente desde 1945. Las mejoras posteriores se han centrado en la precisión —mediante munición guiada— y en la movilidad, con sistemas autopropulsados que permiten disparar y desplazarse rápidamente.
El mortero demostró durante la SGM que las armas más eficaces no son necesariamente las más espectaculares. Mientras que los tanques, los aviones y los acorazados acaparaban la atención, los humildes tubos de mortero, operados por equipos de tres hombres, causaban más bajas que cualquiera de esas armas prestigiosas. Fue, como tantas otras lecciones de la guerra, una demostración de que la simplicidad y la disponibilidad superan a la sofisticación cuando se trata de ganar batallas.