El mortero de 120 mm soviético fue una de las armas más innovadoras y decisivas de la SGM. En una época en que la mayoría de los ejércitos consideraban que los morteros de batallón no debían superar los 81 mm de calibre, la Unión Soviética apostó por un arma de 120 mm capaz de lanzar proyectiles de casi 16 kilogramos a más de 5.700 metros de distancia. El resultado fue un sistema de armas que combinaba la potencia destructiva de la artillería convencional con la movilidad y sencillez de un mortero de infantería, otorgando a los batallones soviéticos una potencia de fuego sin equivalente en ningún otro ejército del mundo.

Soldados soviéticos de la batería de morteros de Bezdetko disparando morteros de 120 mm contra posiciones alemanas durante la batalla de Stalingrado, enero de 1943
Artilleros soviéticos de la batería de Bezdetko disparan morteros de 120 mm contra posiciones alemanas en Stalingrado, enero de 1943 RIA Novosti archive / Georgy Zelma · CC BY-SA 3.0

Origen y desarrollo

El concepto soviético de mortero pesado

La doctrina militar soviética de entreguerras otorgaba una importancia capital al fuego indirecto a nivel de batallón. Mientras los ejércitos occidentales confiaban en los morteros de infantería de 60 u 81 mm para el apoyo cercano y reservaban los calibres mayores para la artillería divisional, los planificadores del Ejército Rojo buscaban un arma que proporcionara a cada batallón de fusileros capacidad de destrucción comparable a la de un obús ligero.

El ingeniero Boris Shavyrin, del Bureau de Diseño Especial (SKB) de Kolomna, fue el responsable de convertir esa visión en realidad. Shavyrin había estudiado los morteros Stokes-Brandt y comprendía que el principio de carga por la boca permitía escalar el calibre sin que el peso del arma se disparara proporcionalmente. Su diseño culminó en 1938 con la adopción del PM-38 (Polkovoy Minomyot obraztsa 1938 goda), el primer mortero de 120 mm de producción en serie del mundo.

Del PM-38 al PM-43

El PM-38 demostró su eficacia desde los primeros combates de la guerra, pero también reveló deficiencias. Su placa base circular era pesada y propensa a agrietarse con el uso prolongado. El mecanismo de elevación carecía de la precisión necesaria para el tiro rápido y el conjunto resultaba más pesado de lo deseable para el transporte por equipos de infantería.

La experiencia acumulada durante 1941 y 1942 llevó a una revisión profunda del diseño. En 1943, Shavyrin presentó el PM-43, una versión mejorada que incorporaba una placa base rectangular más resistente, un bipode reforzado con mecanismos de elevación y dirección más suaves, y una reducción general del peso. El PM-43 se convirtió en el modelo estándar del Ejército Rojo durante la segunda mitad de la guerra y permaneció en servicio durante décadas después del conflicto.

Características técnicas

El mortero de 120 mm soviético funcionaba según el principio clásico de carga por la boca. El equipo insertaba la granada por el extremo superior del tubo, que descendía por gravedad hasta golpear el percutor fijo en la base, detonando la carga propulsora. La sencillez del mecanismo permitía cadencias de fuego de hasta 15 disparos por minuto en manos de un equipo experimentado.

Especificaciones del PM-38 y PM-43

CaracterísticaPM-38PM-43
Calibre120 mm120 mm
Longitud del tubo1.862 mm1.862 mm
Peso en combate282 kg275 kg
Elevación+45° a +80°+45° a +80°
Alcance máximo5.700 m5.900 m
Alcance mínimo460 m460 m
Cadencia de tiro12-15 dpm12-15 dpm
Peso del proyectil HE15,9 kg15,9 kg
Equipo6 hombres5-6 hombres
TransporteTiro por caballos o vehículoTiro por caballos o vehículo

El peso de casi 280 kilogramos era considerable para un mortero, pero resultaba una fracción del de cualquier pieza de artillería convencional de potencia comparable. Un obús de 122 mm, por ejemplo, pesaba más de 2.400 kilogramos y requería un tractor para su desplazamiento. El mortero de 120 mm podía ser arrastrado por un par de caballos o remolcado por cualquier vehículo ligero, e incluso desmontado y transportado a mano por su equipo en distancias cortas.

Municiones

El mortero de 120 mm empleaba varios tipos de granadas, cada una diseñada para un propósito táctico específico.

La granada de alto explosivo OF-843 era la munición estándar y la más utilizada. Con sus 15,9 kilogramos de peso total y 3,9 kilogramos de TNT, producía un radio de fragmentación letal de aproximadamente 30 metros. Su efecto era devastador contra infantería al descubierto, posiciones de trinchera y estructuras ligeras.

La granada de humo D-843 generaba una cortina de humo espeso que permitía cegar las posiciones enemigas durante maniobras de aproximación o retirada. Se empleaba con frecuencia para cubrir cruces de ríos y ataques frontales contra posiciones fortificadas.

Las granadas incendiarias completaban el arsenal. Contenían una mezcla de termita capaz de incendiar fortificaciones de madera, vehículos y depósitos de munición. Su uso era especialmente efectivo en el combate urbano, donde podían desalojar guarniciones atrincheradas en edificios.

Cada tipo de munición podía equiparse con cargas propulsoras adicionales que se fijaban alrededor del tubo estabilizador de la granada, permitiendo al equipo ajustar el alcance según la distancia al objetivo.

Doctrina táctica soviética

Concentración de fuego y maskirovka

La doctrina soviética de empleo de los morteros de 120 mm difería radicalmente de la aproximación occidental al apoyo de fuego de batallón. Mientras los ejércitos británico y estadounidense distribuían sus morteros entre las compañías, el Ejército Rojo centralizaba sus morteros pesados en baterías de batallón y, en operaciones ofensivas importantes, los agrupaba temporalmente en concentraciones de regimiento o incluso de división.

Esta centralización permitía aplicar el principio soviético de concentración de fuego: en lugar de dispersar los disparos, las baterías de morteros convergían sobre un objetivo concreto —un punto fuerte enemigo, una intersección de caminos, una posición de artillería— con salvas simultáneas que saturaban la zona. El efecto psicológico y material de decenas de granadas de 120 mm cayendo en un área reducida durante minutos era comparable al de un bombardeo de artillería divisional.

La maskirovka (engaño militar) también se aplicaba al despliegue de los morteros. Los equipos cambiaban de posición tras cada serie de disparos, utilizaban posiciones de disparo falsas para atraer el contrafuego enemigo y sincronizaban sus ataques con el fuego de los lanzacohetes Katyusha para confundir a los observadores alemanes sobre el origen del fuego.

El mortero como sustituto de la artillería

Durante los meses más críticos de 1941 y 1942, cuando el Ejército Rojo había perdido enormes cantidades de artillería convencional, los morteros de 120 mm asumieron un papel que iba mucho más allá del apoyo de batallón. Se convirtieron en la artillería de facto de muchas divisiones de fusileros que habían perdido sus regimientos de artillería. Su producción, más sencilla y barata que la de los cañones, permitió reequipar unidades devastadas con una capacidad de fuego indirecto que de otro modo habrían tardado meses en recuperar.

Combate urbano: de Stalingrado a Berlín

Stalingrado

Fue en las ruinas de Stalingrado donde el mortero de 120 mm demostró su verdadero valor en combate urbano. En la lucha casa por casa que caracterizó la batalla entre septiembre de 1942 y febrero de 1943, las características del arma resultaron ideales: su trayectoria curva permitía alcanzar posiciones alemanas ocultas tras escombros y muros; su potencia de fuego podía derribar paredes y hundrir pisos superiores; y su movilidad permitía reposicionarlo rápidamente entre los edificios en ruinas.

Los morteros de 120 mm de la 62.º Ejército del general Vasili Chuikov se empleaban en grupos de dos o tres piezas que se situaban en patios interiores o solares despejados. Disparaban series cortas y cambiaban de posición antes de que la artillería alemana pudiera responder. Esta táctica de «disparar y moverse» aprovechaba la rapidez de emplazamiento del mortero, que un equipo experimentado podía tener listo para disparar en menos de tres minutos.

Berlín

En la batalla de Berlín de abril de 1945, los morteros de 120 mm formaron parte del arsenal con el que el Ejército Rojo redujo la capital alemana manzana por manzana. Se empleaban junto con cañones de asalto y lanzallamas para desalojar las posiciones defensivas de la Volkssturm y las unidades regulares de la Wehrmacht. Su capacidad para disparar a elevaciones muy altas permitía alcanzar objetivos a distancias mínimas de apenas 460 metros, algo esencial en el combate a corta distancia que definió la caída de Berlín.

La copia alemana: Granatwerfer 42

La prueba más elocuente de la eficacia del mortero soviético de 120 mm fue la decisión alemana de copiarlo. Cuando la Wehrmacht capturó grandes cantidades de PM-38 durante la Operación Barbarroja en 1941, los oficiales alemanes quedaron impresionados por la potencia de fuego que proporcionaba a nivel de batallón. Inicialmente, los morteros capturados se reutilizaron tal cual, designándolos Granatwerfer 378(r).

Sin embargo, la demanda superó el suministro de piezas capturadas, y en 1942 el mando alemán ordenó producir una copia del diseño soviético. El resultado fue el Granatwerfer 42 (GrW 42), fabricado por Brno en la Checoslovaquia ocupada. El GrW 42 era esencialmente una réplica del PM-38 con modificaciones menores en los materiales y el acabado, capaz de disparar las mismas granadas soviéticas de 120 mm además de munición de fabricación alemana.

La adopción del GrW 42 representó una admisión implícita de que la doctrina alemana de morteros —centrada en el eficiente pero limitado 8 cm Granatwerfer 34— era insuficiente para el tipo de guerra que se libraba en el Frente Oriental. El mortero alemán de 81 mm lanzaba un proyectil de apenas 3,5 kilogramos frente a los casi 16 del mortero soviético: una diferencia abismal en potencia destructiva.

Comparación con los morteros aliados y del Eje

Mortero alemán de 81 mm (GrW 34)

El Granatwerfer 34 era el pilar del apoyo de fuego de la infantería alemana. Pesaba solo 57 kilogramos y podía ser transportado por tres hombres, pero su proyectil de 3,5 kg proporcionaba una fracción de la potencia del mortero soviético. Su alcance de 2.400 metros también era significativamente inferior.

Mortero estadounidense de 4,2 pulgadas (107 mm)

El mortero químico M2 de 4,2 pulgadas (107 mm) del ejército estadounidense era el equivalente más cercano al PM-38 en las fuerzas occidentales. Con un proyectil de 12 kilogramos y un alcance de 4.400 metros, se acercaba a las prestaciones del arma soviética, pero era un arma de nivel regimental o divisional, no de batallón. Además, su sistema de ánima rayada lo hacía más complejo y costoso de fabricar.

Mortero británico de 3 pulgadas (76 mm)

El mortero Ordnance ML de 3 pulgadas era el arma de apoyo estándar de la infantería británica. Con apenas 50 kilogramos de peso y un proyectil de 4,5 kg, era mucho más ligero y portable, pero carecía por completo de la potencia destructiva del PM-38. Su alcance máximo de 2.500 metros también limitaba su utilidad táctica.

La ventaja soviética residía en haber integrado un calibre pesado al nivel organizativo más bajo posible. Mientras otros ejércitos reservaban esa potencia de fuego para escalones superiores, el Ejército Rojo la ponía directamente en manos de los comandantes de batallón.

Producción masiva

La producción del mortero de 120 mm fue una prioridad de la industria bélica soviética durante toda la guerra. Las fábricas soviéticas produjeron aproximadamente 30.000 unidades entre 1941 y 1945, un volumen que refleja tanto la importancia doctrinal del arma como la capacidad industrial movilizada tras el traslado de fábricas al este de los Urales.

La simplicidad del diseño facilitaba la producción en masa. El tubo era un cilindro de acero sin ánima rayada, la placa base una pieza fundida de geometría sencilla y el bípode un conjunto mecánico que no requería tolerancias extremas. Todo ello contrastaba con la complejidad de los cañones de artillería convencionales, cuyo ánima rayada y mecanismos de retroceso exigían aceros especiales y mecanizado de precisión.

Esta facilidad de fabricación significó que, incluso durante los peores momentos de 1941 y 1942, las fábricas soviéticas podían mantener un flujo constante de morteros hacia el frente, reemplazando las pérdidas y equipando las nuevas divisiones que se formaban sin cesar.

Legado

El mortero de 120 mm soviético transformó el concepto de lo que un arma de apoyo de batallón podía lograr. Antes de la SGM, los morteros se consideraban armas auxiliares de calibre modesto. Después de la guerra, prácticamente todos los ejércitos del mundo adoptaron morteros de 120 mm como arma estándar de batallón, siguiendo el modelo pionero del PM-38.

El propio diseño soviético siguió evolucionando. El PM-43 dio paso al M-120 de posguerra, que a su vez se desarrolló en el 2B11 Sani, todavía en servicio en numerosos ejércitos. El calibre de 120 mm que Shavyrin introdujo en 1938 se convirtió en el estándar universal para morteros pesados de infantería, un legado que se extiende hasta el presente.

Junto con el T-34 , el Katyusha y la PPSh-41 , el mortero de 120 mm forma parte del cuarteto de armas que definieron la forma soviética de hacer la guerra: masivas en número, robustas en diseño, sencillas de fabricar y devastadoras en su efecto acumulativo sobre el enemigo.