La artillería fue responsable de la mayoría de las bajas en la Segunda Guerra Mundial. Desde los cañones de campaña convencionales hasta las revolucionarias bombas volantes V1 y los cohetes V2, los sistemas de artillería definieron el ritmo y la intensidad de los combates en todos los frentes.
El arma dominante del campo de batalla
Aunque los tanques y los aviones captaron la atención popular, fueron los cañones los que causaron la mayor destrucción. Las preparaciones artilleras precedían a cada ofensiva importante, con barrajes que podían durar horas o incluso días. El Ejército Rojo, en particular, elevó la artillería a un nivel sin precedentes: en operaciones como Bagration o la batalla de Berlín, miles de cañones disparaban simultáneamente para pulverizar las defensas enemigas. Los lanzacohetes Katyusha soviéticos, apodados los órganos de Stalin, sembraron el terror con sus salvas masivas de cohetes.
Alemania desarrolló algunas de las piezas de artillería más innovadoras del conflicto. El Flak 88, originalmente diseñado como cañón antiaéreo, demostró ser un arma antitanque devastadora que Rommel utilizó con éxito en el norte de África. El Pak 40 se convirtió en el cañón contracarro estándar de la Wehrmacht. El Nebelwerfer, lanzacohetes múltiple alemán, fue la respuesta germana al Katyusha. En el extremo de la escala, el cañón Gustav, con un calibre de 800 mm, fue la mayor pieza de artillería jamás construida. Las armas de represalia V1 y V2, lanzadas contra Londres y otras ciudades, representaron un salto tecnológico hacia la guerra con misiles que tendría enormes consecuencias en la posguerra.
Artillería que encontrarás en esta sección
Esta sección analiza los principales sistemas de artillería de la SGM: el Flak 88, el Pak 40, el Katyusha, el Nebelwerfer, el cañón Gustav, el mortero de infantería, y las armas de represalia V1 y V2. Cada artículo examina las características técnicas, el empleo táctico y el impacto de estas armas en el desarrollo de la guerra.