El USS Enterprise (CV-6) fue el portaaviones más condecorado de la historia de la Marina de Estados Unidos y, probablemente, el buque de guerra más importante de la SGM en el Pacífico. Desde el día después de Pearl Harbor hasta la rendición de Japón, el Enterprise participó en prácticamente todas las batallas navales decisivas del conflicto. Sus aviadores hundieron más tonelaje enemigo que los de cualquier otro buque aliado, y en los momentos más oscuros de 1942, fue literalmente el único portaaviones operativo que se interponía entre Japón y la victoria. Los marineros lo llamaban «The Big E», y se ganó el apodo a pulso.

Construcción y características
Un portaaviones de la clase Yorktown
El Enterprise fue el segundo buque de la clase Yorktown, botado el 3 de octubre de 1936 y comisionado el 12 de mayo de 1938. Desplazaba 25.500 toneladas a plena carga, medía 246 metros de eslora y alcanzaba una velocidad máxima de 32,5 nudos gracias a sus nueve calderas Babcock & Wilcox y cuatro turbinas Parsons que generaban 120.000 caballos de potencia.
Su cubierta de vuelo podía operar hasta 90 aviones, aunque el grupo aéreo típico rondaba los 80 aparatos: cazas F4F Wildcat (posteriormente F6F Hellcat), bombarderos en picado SBD Dauntless y torpederos TBD Devastator (luego TBF Avenger ). La tripulación total superaba los 2.200 hombres, incluyendo el personal de vuelo.
Armamento defensivo
El Enterprise contaba con ocho cañones de 127 mm en montajes individuales para defensa antiaérea a media distancia, complementados por numerosas ametralladoras antiaéreas de 28 mm y de 12,7 mm. A lo largo de la guerra, la batería antiaérea fue reforzada progresivamente con cañones Bofors de 40 mm y Oerlikon de 20 mm, llegando a más de 80 piezas antiaéreas en su configuración final.
Pearl Harbor: ausente por fortuna
El 7 de diciembre de 1941, el Enterprise se encontraba a unos 320 kilómetros al oeste de Pearl Harbor, regresando de una misión de entrega de aviones a la isla de Wake. Esta ausencia casual salvó al buque de la destrucción que sufrió la flota del Pacífico durante el ataque japonés . Cuando la noticia llegó al Enterprise, el almirante William Halsey ordenó inmediatamente una búsqueda de la flota atacante, aunque sin éxito.
Los aviones del Enterprise fueron los primeros en responder al ataque, con algunos pilotos llegando a Pearl Harbor durante el bombardeo y enfrentándose a los cazas japoneses. En las horas posteriores, el Enterprise se convirtió en el núcleo de la defensa naval estadounidense en el Pacífico, un papel que mantendría durante los meses más críticos de la guerra.
1942: el año decisivo
Las incursiones de Halsey
En los primeros meses de 1942, mientras Estados Unidos se recuperaba del golpe de Pearl Harbor, el Enterprise protagonizó una serie de incursiones audaces contra posiciones japonesas en las islas Marshall, Wake y Marcus. Estas operaciones tenían un valor militar limitado, pero eran esenciales para la moral: demostraban que la Marina estadounidense seguía luchando.
La misión más espectacular fue la Incursión de Doolittle del 18 de abril de 1942. El Enterprise proporcionó la escolta al portaaviones Hornet, desde cuya cubierta despegaron 16 bombarderos B-25 del ejército con destino a Tokio. Aunque los daños materiales fueron mínimos, el impacto psicológico sobre Japón fue enorme y aceleró los planes que llevarían a la batalla de Midway.
La batalla de Midway
En junio de 1942, el Enterprise desempeñó un papel central en la batalla de Midway , el punto de inflexión de la guerra en el Pacífico. Los bombarderos en picado SBD Dauntless del Enterprise, liderados por el teniente comandante Wade McClusky, hundieron dos de los cuatro portaaviones japoneses —el Kaga y el Akagi— en apenas cinco minutos, en lo que muchos historiadores consideran los cinco minutos más decisivos de toda la guerra del Pacífico.
McClusky había tomado una decisión crítica: al no encontrar la flota japonesa donde se esperaba, decidió seguir buscando en lugar de regresar al portaaviones con el combustible agotándose. Cuando finalmente avistó la estela de un destructor japonés que regresaba a la flota, condujo a sus bombarderos hacia los portaaviones enemigos, que se encontraban con las cubiertas llenas de aviones rearmándose. El resultado fue devastador.
Guadalcanal: el último portaaviones
Durante la campaña de Guadalcanal , el Enterprise soportó una carga inmensa. En la batalla de las Salomón Orientales, en agosto de 1942, fue alcanzado por tres bombas que causaron graves daños y 74 muertos. Reparado en tiempo récord, regresó al combate para la batalla de Santa Cruz en octubre, donde volvió a sufrir daños graves.
Tras Santa Cruz, con el Hornet hundido, el Saratoga en reparaciones y el Wasp destruido, el Enterprise quedó como el único portaaviones operativo de la flota del Pacífico. Durante semanas, un letrero colgado en su hangar rezaba: «Enterprise vs. Japan» (Enterprise contra Japón). No era una exageración: un solo portaaviones sostenía la línea frente a toda la Armada Imperial Japonesa.
1943-1944: la contraofensiva
Con la llegada de los nuevos portaaviones de la clase Essex, el Enterprise dejó de cargar solo con el peso de la guerra, pero siguió en primera línea. Participó en las campañas de las Gilbert, las Marshall y las Marianas, donde sus aviones contribuyeron a la destrucción de la aviación naval japonesa.
En la batalla del mar de Filipinas de junio de 1944 —conocida como «el gran tiro al pavo de las Marianas»—, los cazas del Enterprise y del resto de la Task Force 58 aniquilaron a los pilotos japoneses, que para entonces carecían del entrenamiento y la experiencia de sus predecesores. En la batalla de Leyte , en octubre de 1944, el Enterprise operó como portaaviones nocturno, lanzando ataques nocturnos que añadían una dimensión inédita a la guerra aeronaval.
1945: los kamikazes
En los últimos meses de la guerra, el Enterprise se enfrentó a la amenaza más terrorífica del conflicto: los ataques kamikazes. Durante la campaña de Okinawa en abril y mayo de 1945, fue alcanzado por dos kamikazes en incidentes separados. El segundo impacto, el 14 de mayo, causó daños tan graves que el Enterprise tuvo que retirarse a Estados Unidos para reparaciones. La guerra terminó antes de que pudiera regresar al combate.
Cifras y condecoraciones
Las estadísticas del Enterprise son asombrosas. A lo largo de la guerra, sus grupos aéreos participaron en 20 de las principales batallas del Pacífico. Sus aviadores hundieron 71 buques enemigos y derribaron 911 aviones. El propio Enterprise fue alcanzado por bombas en tres ocasiones distintas y por kamikazes dos veces, pero nunca fue hundido.
El Enterprise recibió 20 estrellas de batalla, la máxima cantidad otorgada a cualquier buque de la Marina estadounidense en la SGM. También fue galardonado con la Presidential Unit Citation, el Navy Unit Commendation y la British Admiralty Pennant, siendo el único buque no británico en recibir esta última distinción.
Desguace y legado
A pesar de su historial legendario, el Enterprise no fue preservado como museo. La Marina lo descomisionó en febrero de 1947, y a pesar de una campaña pública para salvarlo, fue vendido para desguace en 1958. La decisión sigue siendo una de las más lamentadas en la historia de la preservación naval.
El legado del Enterprise trasciende las estadísticas. Su historia encarna la transformación de la guerra naval en el siglo XX: la transición del acorazado al portaaviones como arma decisiva, la importancia de la aviación embarcada y el coraje de las tripulaciones que combatieron en el Pacífico. El nombre Enterprise fue heredado por el primer portaaviones nuclear del mundo (CVN-65) y posteriormente por un portaaviones de la clase Gerald R. Ford (CVN-80), asegurando que el legado del «Big E» perdure en la Marina estadounidense.