El torpedo fue el arma más letal de la guerra naval durante la SGM. Desde las aguas heladas del Atlántico Norte hasta los atolones del Pacífico, estas armas autopropulsadas hundieron más tonelaje que cualquier otro sistema de armamento naval. Submarinos, destructores, lanchas torpederas y aviones torpederos dependían de estos ingenios para destruir buques enemigos, y las diferencias tecnológicas entre los torpedos de cada bando resultaron decisivas en el curso de la guerra. Mientras Japón desarrolló el torpedo más avanzado del conflicto, Estados Unidos combatió durante casi dos años con un arma plagada de defectos que sus propios mandos se negaban a reconocer.

Sala de torpedos del submarino británico HMS Snapper durante la Segunda Guerra Mundial
Marineros trabajando en los tubos lanzatorpedos del HMS Snapper, submarino británico clase S S. J. Beadell (Lt), Royal Navy official photographer · Dominio público

El Type 93 Long Lance japonés

El torpedo Tipo 93, conocido por los aliados como Long Lance, fue sin duda el torpedo más avanzado de la SGM y posiblemente de toda la historia naval hasta ese momento. Desarrollado en secreto por la Armada Imperial Japonesa durante la década de 1930, este arma revolucionó el combate de superficie gracias a una innovación clave: utilizaba oxígeno puro comprimido como oxidante en lugar de aire comprimido.

El uso de oxígeno puro proporcionaba tres ventajas fundamentales. En primer lugar, eliminaba la estela de burbujas característica de los torpedos convencionales, ya que el oxígeno se consumía completamente en la combustión sin dejar nitrógeno residual. En segundo lugar, la mayor eficiencia energética permitía alcances extraordinarios: hasta 40 kilómetros a 36 nudos o 22 kilómetros a 48 nudos. En tercer lugar, la cabeza de guerra de 490 kilogramos de explosivo tipo 97 superaba ampliamente a cualquier torpedo aliado de la época.

El Long Lance demostró su devastadora eficacia en las batallas navales nocturnas del Pacífico. En la batalla del estrecho de Sunda, en la batalla del mar de Java y especialmente en las aguas de Guadalcanal, los torpedos japoneses causaron pérdidas terribles a las flotas aliadas. Durante la batalla de Midway , fueron torpedos los que hundieron al portaaviones USS Yorktown, aunque en este caso lanzados desde un submarino.

Sin embargo, el Long Lance también tenía un lado oscuro para sus propios usuarios. El oxígeno puro lo hacía extremadamente peligroso de manejar y almacenar. Varios buques japoneses estallaron cuando sus propios torpedos detonaron al recibir impactos enemigos, un riesgo que los diseñadores habían aceptado conscientemente a cambio de la superioridad técnica.

Los torpedos alemanes G7a y G7e

La Kriegsmarine empleó dos modelos principales de torpedo durante la guerra: el G7a, propulsado por un motor de vapor alimentado con aire comprimido, y el G7e, impulsado por un motor eléctrico alimentado por baterías. Ambos compartían el calibre estándar de 533 milímetros y una longitud de 7,2 metros, lo que los hacía compatibles con los tubos lanzatorpedos de los U-Boot tipo VII y otros submarinos alemanes.

El G7a ofrecía mayor velocidad y alcance —hasta 12.500 metros a 30 nudos—, pero dejaba una estela visible de burbujas que delataba tanto la posición del torpedo como la del submarino atacante. El G7e, más lento y con menor alcance (5.000 metros a 30 nudos), compensaba estas limitaciones con una ventaja crucial para la guerra submarina: no producía estela alguna, permitiendo ataques sigilosos que dificultaban la localización del U-Boot agresor.

Al comienzo de la guerra, los torpedos alemanes sufrieron graves fallos en sus detonadores magnéticos y de contacto, un problema similar al que afectaría posteriormente a los estadounidenses. Durante la campaña de Noruega en abril de 1940, numerosos torpedos fallaron al impactar contra buques británicos o pasaron por debajo de sus objetivos sin detonar. Las investigaciones revelaron defectos en el mecanismo de profundidad y en la espoleta magnética Pi1, lo que desencadenó una crisis en la Kriegsmarine y varios consejos de guerra. Los problemas se corrigieron progresivamente a lo largo de 1940 y 1941, pero la desconfianza de los comandantes de U-Boot hacia sus propias armas tardó más en desaparecer.

El escándalo del Mark 14 estadounidense

El torpedo Mark 14, arma estándar de la flota submarina de Estados Unidos, protagonizó uno de los episodios más vergonzosos de la historia militar norteamericana. Cuando la US Navy entró en combate tras Pearl Harbor, sus submarinos portaban un torpedo que fallaba de tres maneras distintas y simultáneas: corría demasiado profundo, su espoleta magnética detonaba prematuramente o no detonaba en absoluto, y su espoleta de contacto se aplastaba sin activarse cuando impactaba en ángulo recto contra el casco enemigo.

El problema de profundidad hacía que el torpedo corriera hasta tres metros más hondo de lo programado, pasando por debajo de los buques objetivo. La espoleta magnética Mark 6, diseñada para detonar la cabeza de guerra bajo la quilla del barco enemigo aprovechando su campo magnético, era extremadamente sensible al magnetismo terrestre y detonaba prematuramente o no funcionaba en absoluto dependiendo de la latitud. Y la espoleta de contacto Mark 14 tenía un pasador de percusión demasiado débil que se deformaba antes de activar el detonador cuando el impacto era perpendicular —paradójicamente, el ángulo de impacto ideal—.

Lo más escandaloso no fueron los fallos en sí, sino la obstinada negativa del Bureau of Ordnance (BuOrd) de la US Navy a reconocerlos. Durante casi dos años, los informes de los comandantes submarinos que regresaban de patrulla narrando ataque tras ataque fallido fueron desestimados. El BuOrd culpaba sistemáticamente a los submarinistas de mala puntería o cobardía, negándose a realizar pruebas con torpedos reales porque cada unidad costaba 10.000 dólares —una cifra irrisoria comparada con las pérdidas humanas y estratégicas causadas por un arma defectuosa—.

Fueron los propios comandantes submarinos quienes, por iniciativa propia, realizaron las pruebas que demostraron los defectos. El capitán Charles Lockwood, comandante de la fuerza submarina del Pacífico, organizó disparos de prueba contra redes y acantilados que confirmaron los tres fallos. Los problemas no se resolvieron por completo hasta septiembre de 1943, casi dos años después de Pearl Harbor. Una vez corregido, el Mark 14 se convirtió en un arma efectiva que contribuyó decisivamente a la destrucción de la flota mercante japonesa.

El torpedo británico Mark VIII

El torpedo estándar de la Royal Navy era el Mark VIII, un diseño probado y fiable que llevaba en servicio desde 1927. Propulsado por un motor de vapor con combustible de queroseno y aire comprimido, medía 6,6 metros de longitud y portaba una cabeza de guerra de 340 kilogramos de TNT. Su alcance máximo era de 4.500 metros a 45 nudos o 6.400 metros a 40 nudos.

Aunque técnicamente inferior al Long Lance japonés en velocidad y alcance, el Mark VIII compensaba con una fiabilidad notable. Los británicos habían invertido décadas en perfeccionar sus mecanismos de profundidad y detonadores, y el torpedo funcionaba consistentemente según sus especificaciones. La versión mejorada Mark VIII** (dos estrellas), introducida durante la guerra, incorporó mejoras en la cabeza de guerra y el sistema de guiado. Los submarinos británicos, equipados con Mark VIII, lograron éxitos significativos en el Mediterráneo y en aguas noruegas.

Torpedos acústicos: la revolución del guiado

La segunda mitad de la guerra presenció una revolución en la tecnología torpedo con la introducción de los primeros modelos con guiado acústico. Estos torpedos incorporaban hidrófonos en la punta que detectaban el ruido de las hélices del buque objetivo, permitiendo al torpedo corregir su rumbo autónomamente para perseguir a su presa.

El Zaunkönig T-5 alemán

Alemania introdujo el torpedo acústico T-5 Zaunkönig (reyezuelo) en septiembre de 1943, diseñado específicamente para atacar a las escoltas antisubmarinas aliadas. Mientras los U-Boot lanzaban sus torpedos convencionales contra los mercantes de los convoyes, el T-5 se reservaba para los destructores y corbetas que amenazaban al submarino atacante. Su sistema de guiado pasivo se activaba a 400 metros del punto de lanzamiento y perseguía cualquier fuente de ruido de hélices entre 24 y 26 nudos.

Los aliados desarrollaron rápidamente contramedidas. El dispositivo Foxer, un generador de ruido remolcado detrás de los buques de escolta, atraía al torpedo lejos de su objetivo real. Aunque el Foxer reducía la velocidad de los escoltas y era ruidoso, resultó eficaz contra el T-5, lo que llevó a los alemanes a desarrollar versiones mejoradas con filtros acústicos que distinguían entre ruidos artificiales y reales.

El Mark 24 FIDO estadounidense

Estados Unidos desarrolló su propio torpedo acústico, el Mark 24 FIDO, pero con un enfoque completamente distinto. Clasificado como mina para mantener el secreto, el FIDO era un torpedo antisubmarino lanzado desde aviones de patrulla marítima. Cuando un avión detectaba un submarino en superficie o recién sumergido, lanzaba el FIDO al agua, donde sus cuatro hidrófonos buscaban el ruido del submarino. Con una velocidad de solo 12 nudos, dependía del factor sorpresa y de la incapacidad del submarino para maniobrar rápidamente en inmersión.

El FIDO entró en servicio en mayo de 1943 y demostró una efectividad notable: de 340 lanzamientos, logró 68 hundimientos o averías graves de submarinos, una tasa de éxito del 20 % que superaba ampliamente la de las cargas de profundidad convencionales. Su existencia se mantuvo en secreto hasta después de la guerra.

Comparativa técnica de los principales torpedos

TorpedoPaísPropulsiónCalibreAlcance máximoVelocidadCabeza de guerra
Type 93 Long LanceJapónOxígeno puro610 mm40 km (36 nudos)48-52 nudos490 kg
G7aAlemaniaVapor / aire533 mm12,5 km (30 nudos)44 nudos280 kg
G7eAlemaniaEléctrico533 mm5 km (30 nudos)30 nudos280 kg
Mark 14EE. UU.Vapor / aire533 mm8,2 km (31 nudos)46 nudos292 kg
Mark VIIIR. UnidoVapor / queroseno533 mm6,4 km (40 nudos)45 nudos340 kg
T-5 ZaunkönigAlemaniaEléctrico + acústico533 mm5,7 km24 nudos274 kg
Mark 24 FIDOEE. UU.Eléctrico + acústico483 mm3,6 km12 nudos44 kg

Torpedo aéreo frente a torpedo submarino

Los torpedos lanzados desde aviones diferían significativamente de los empleados por submarinos y buques de superficie. Los torpedos aéreos debían ser más ligeros y resistentes al impacto con el agua tras ser lanzados a velocidades de hasta 300 kilómetros por hora y altitudes de entre 15 y 50 metros. El torpedo aéreo japonés Type 91, modificación del Long Lance, fue el arma que destrozó la flota estadounidense en Pearl Harbor, mientras que los aviones torpederos Swordfish británicos usaron Mark XII aéreos para inutilizar el timón del Bismarck.

Los submarinos clase Gato estadounidenses, una vez resueltos los problemas del Mark 14, se convirtieron en las plataformas de lanzamiento más efectivas del Pacífico. Los submarinos ofrecían la ventaja del sigilo y podían disparar salvas de hasta seis torpedos en abanico para maximizar las probabilidades de impacto. Los aviones torpederos, en cambio, dependían de aproximaciones suicidamente lentas y rectas que los exponían al fuego antiaéreo, como demostró trágicamente la masacre de los escuadrones de Devastator en Midway.

Producción y logística

La fabricación de torpedos representaba un desafío industrial de primer orden. Cada unidad contenía miles de piezas de precisión —giroscopios, reguladores de profundidad, motores, mecanismos de detonación— que requerían mano de obra altamente cualificada y materiales estratégicos. Estados Unidos produjo más de 65.000 torpedos durante la guerra, con fábricas en Newport (Rhode Island), Alexandria (Virginia) y Forest Park (Illinois) trabajando a tres turnos. Alemania fabricó aproximadamente 50.000 torpedos en factorías que sufrieron bombardeos cada vez más intensos a partir de 1943.

Japón, con una base industrial más limitada, produjo cantidades significativamente menores, lo que agravó el problema de la escasez de municiones conforme avanzaba la guerra. El elevado coste del Long Lance —su sistema de oxígeno puro requería ingeniería de precisión— limitó su disponibilidad en un momento en que la Armada Imperial perdía buques más rápido de lo que podía reemplazarlos.

El legado de los torpedos de la SGM

La SGM transformó radicalmente la tecnología torpedo. De armas relativamente simples que corrían en línea recta a velocidad y profundidad fijas, los torpedos evolucionaron hasta convertirse en ingenios con capacidad de guiado autónomo que anticipaban los misiles antibuque modernos. El concepto del torpedo acústico, perfeccionado por alemanes y estadounidenses entre 1943 y 1945, sentó las bases de los torpedos teledirigidos de posguerra que equipan las flotas actuales.

El escándalo del Mark 14 dejó lecciones que trascienden lo puramente militar. La negativa burocrática a admitir errores, la brecha entre los ingenieros de despacho y los combatientes en primera línea, y la resistencia institucional a las pruebas empíricas son patrones que se han repetido en otros contextos. La Marina de los Estados Unidos reformó profundamente sus procesos de prueba y validación de armamento como consecuencia directa de este episodio.

El Long Lance japonés, por su parte, demostró que la superioridad tecnológica en un sistema de armas individual no basta para ganar una guerra si no se acompaña de superioridad estratégica, industrial y de inteligencia. Los torpedos más avanzados del mundo no pudieron compensar la pérdida de portaaviones en Midway ni la asfixia logística causada por los submarinos estadounidenses que, irónicamente, usaban torpedos técnicamente inferiores.