De todas las armas que Estados Unidos desplegó en el Pacífico durante la SGM, ninguna fue tan devastadora en proporción a su tamaño como la fuerza de submarinos. Con apenas el 2% del personal de la US Navy, los submarinos hundieron el 55% del tonelaje mercante japonés y un 30% de los buques de guerra enemigos. El corazón de esta campaña submarina fueron los submarinos de la clase Gato y sus sucesoras, las clases Balao y Tench, que formaron la columna vertebral de la flota submarina estadounidense desde 1942 hasta el final de la guerra.

El submarino USS Wahoo (SS-238) de la clase Gato frente al astillero de Mare Island en 1943
El USS Wahoo (SS-238), uno de los submarinos clase Gato más exitosos de la guerra, fotografiado frente al astillero de Mare Island en julio de 1943 U.S. Navy · Dominio público

Diseño y especificaciones técnicas

La clase Gato fue diseñada a finales de la década de 1930 como respuesta a la necesidad de un submarino oceánico capaz de operar en las vastas distancias del Pacífico. Con un desplazamiento de 1.525 toneladas en superficie y 2.424 sumergido, estos barcos eran considerablemente más grandes que los U-boot Tipo VII alemanes, diseñados para el Atlántico Norte.

Características principales

CaracterísticaEspecificación
Eslora95 metros
Manga8,3 metros
Desplazamiento (superficie)1.525 toneladas
Desplazamiento (sumergido)2.424 toneladas
Velocidad (superficie)20,25 nudos
Velocidad (sumergido)8,75 nudos
Autonomía11.000 millas náuticas a 10 nudos
Profundidad máxima90 metros (300 pies)
Tripulación60-80 hombres
Armamento10 tubos lanzatorpedos (6 proa, 4 popa), 24 torpedos
Artillería de cubierta1 cañón de 76 mm, ametralladoras antiaéreas
Motores diésel4 × Fairbanks-Morse o General Motors (5.400 CV total)
Motores eléctricos4 × 1.370 CV (sumergido)

El tamaño superior de los Gato no era un lujo sino una necesidad operativa. Las patrullas en el Pacífico podían durar entre 45 y 75 días, con travesías de miles de millas desde las bases en Pearl Harbor, Fremantle o Brisbane hasta las zonas de patrulla frente a Japón, Formosa o las Filipinas. Los submarinos necesitaban habitabilidad, capacidad de combustible y espacio para provisiones que sus homólogos alemanes simplemente no requerían.

La evolución: de Gato a Balao y Tench

La clase Gato fue la primera de una familia de tres diseños estrechamente relacionados. Se construyeron 77 unidades de la clase Gato entre 1941 y 1943 en astilleros como Electric Boat en Groton, Manitowoc Shipbuilding en Wisconsin y Mare Island en California.

La clase Balao, que comenzó a entrar en servicio en 1943, mantenía el mismo diseño básico pero incorporaba un casco de acero HTS (High Tensile Steel) más resistente que aumentaba la profundidad operativa a 120 metros, un margen de supervivencia crucial cuando las cargas de profundidad japonesas estallaban cada vez más cerca. Se completaron 120 unidades Balao.

La clase Tench, la última evolución, apareció ya en 1944 con mejoras menores en la distribución interna y los sistemas eléctricos. Solo 33 fueron completadas antes del fin de la guerra, aunque muchas sirvieron durante décadas en la posguerra.

En total, estas tres clases sumaron más de 230 submarinos, la mayor fuerza submarina jamás construida por una sola nación hasta ese momento.

El escándalo de los torpedos Mark 14

Los primeros meses de la guerra submarina estadounidense estuvieron marcados por una de las mayores vergüenzas técnicas de la historia militar: los torpedos Mark 14 no funcionaban. Los submarinistas arriesgaban sus vidas para alcanzar posiciones de tiro perfectas, solo para ver cómo sus torpedos pasaban por debajo del objetivo, no detonaban al impactar o, en el peor de los casos, describían un círculo y volvían contra el propio submarino.

El problema era triple. El mecanismo de profundidad estaba mal calibrado y hacía que el torpedo corriera varios metros por debajo de la profundidad establecida. La espoleta magnética, diseñada para detonar bajo la quilla del buque enemigo, era extremadamente poco fiable y producía detonaciones prematuras o fallos completos. Y la espoleta de contacto tenía un diseño defectuoso que se aplastaba en impactos directos a 90 grados sin activar el detonador.

El Bureau of Ordnance de la US Navy se negó durante más de un año a reconocer estos defectos, culpando a los submarinistas de mala puntería. No fue hasta mediados de 1943, tras las investigaciones independientes del almirante Charles Lockwood en Pearl Harbor y pruebas de campo realizadas por los propios comandantes de submarinos, que todos los problemas fueron finalmente corregidos. La resolución del problema de los torpedos coincidió con el punto de inflexión de la guerra submarina en el Pacífico.

La campaña submarina contra Japón

1942: comienzos difíciles

Tras el ataque a Pearl Harbor, los submarinos fueron una de las pocas armas ofensivas disponibles para Estados Unidos en el Pacífico. Sin embargo, la combinación de torpedos defectuosos, comandantes demasiado cautelosos formados en la doctrina de preguerra y una dirección estratégica poco clara limitó severamente los resultados. Muchos de los primeros capitanes, acostumbrados a ejercicios conservadores, fueron relevados y sustituidos por oficiales más agresivos.

1943: la marea cambia

Con los torpedos ya corregidos y una nueva generación de comandantes combativos al mando, los resultados mejoraron drásticamente. La inteligencia Ultra, que descifraba los códigos navales japoneses, proporcionaba a los submarinos información precisa sobre rutas de convoyes, composición de escoltas y horarios de navegación. Los submarinos dejaron de patrullar a ciegas y empezaron a ser dirigidos hacia objetivos específicos con una eficacia devastadora.

1944-1945: el estrangulamiento total

El último año y medio de la guerra fue apocalíptico para la marina mercante japonesa. Los submarinos estadounidenses, ahora equipados con radar de superficie, torpedos fiables y datos de inteligencia, operaban con impunidad creciente. Japón, una nación insular que dependía del transporte marítimo para petróleo, caucho, arroz y minerales, fue literalmente asfixiada.

Para mediados de 1945, la flota mercante japonesa había sido reducida a una fracción de su tamaño original. Las importaciones de petróleo habían cesado casi por completo, la industria se paralizaba y la población civil sufría hambre. La campaña submarina, aunque menos visible que los bombardeos atómicos, fue uno de los factores decisivos en la rendición de Japón.

Tácticas: las manadas de lobos americanas

A diferencia de las Rudeltaktik alemanas, donde grupos de U-boote coordinados desde tierra por el almirante Dönitz atacaban convoyes masivos en el Atlántico, las manadas de lobos americanas eran formaciones más pequeñas y flexibles. Típicamente consistían en tres submarinos que coordinaban entre sí por radio, sin control centralizado desde tierra.

Estas formaciones, que recibían nombres como "Laughlin's Loopers" o "Blair's Blasters", cubrían una franja de océano más amplia durante la búsqueda y convergían sobre los convoyes una vez localizados. Un submarino podía actuar como señuelo o bloqueador mientras los otros atacaban desde diferentes ángulos. La táctica fue especialmente efectiva en los estrechos de Luzón y Formosa, donde el tráfico japonés estaba obligado a seguir rutas predecibles.

Submarinos célebres y sus comandantes

USS Wahoo (SS-238) y Dudley "Mush" Morton

El Wahoo, bajo el mando del comandante Morton, se convirtió en la leyenda de la fuerza submarina. Morton revolucionó las tácticas de ataque al delegar la gestión del periscopio a su oficial ejecutivo, Richard O'Kane, mientras él dirigía las maniobras del barco. En seis patrullas hundió 19 buques confirmados. El Wahoo se perdió con toda su tripulación en el estrecho de La Pérouse en octubre de 1943, probablemente víctima de minas y aviación japonesa.

USS Tang (SS-306) y Richard O'Kane

O'Kane, graduado del Wahoo, llevó al Tang a convertirse en el submarino más exitoso de la guerra por número de buques hundidos: 33 confirmados en solo cinco patrullas. En su última patrulla, en octubre de 1944, un torpedo defectuoso describió un círculo y hundió al propio Tang. O'Kane sobrevivió, fue capturado y recibió la Medalla de Honor tras la guerra.

USS Flasher (SS-249)

El Flasher ostenta el récord de tonelaje hundido por un submarino estadounidense: más de 100.000 toneladas en seis patrullas. Operó principalmente en el mar de China Meridional, una de las zonas más peligrosas y productivas de la guerra submarina.

USS Archerfish (SS-311)

El 29 de noviembre de 1944, el Archerfish hundió el portaaviones japonés Shinano, el buque de guerra más grande jamás hundido por un submarino. El Shinano, convertido a partir del casco de un tercer acorazado clase Yamato, se hundió apenas 17 horas después de su botadura en su viaje inaugural.

Misiones de rescate: los submarinos salvavidas

Una de las misiones menos conocidas pero más valoradas de los submarinos clase Gato fue la de "salvavidas" (lifeguard duty). Los submarinos se posicionaban cerca de objetivos terrestres durante los raids aéreos para rescatar a los pilotos derribados sobre el mar. A lo largo de la guerra, los submarinos rescataron a más de 500 aviadores, incluyendo al futuro presidente George H. W. Bush, recogido por el USS Finback en septiembre de 1944.

Estas misiones requerían un coraje extraordinario: los submarinos debían permanecer en superficie cerca de costas enemigas fuertemente defendidas, vulnerables a la aviación y las baterías costeras japonesas, mientras buscaban a los pilotos entre las olas.

Comparación con otros submarinos de la SGM

Los submarinos clase Gato ocupaban un lugar único entre las fuerzas submarinas de la guerra. Frente a los U-boot alemanes, más pequeños y numerosos, los Gato ofrecían mayor autonomía, mejores condiciones de habitabilidad y un armamento más pesado, a costa de ser menos maniobrables y más fáciles de detectar. Los U-boote eran armas de emboscada en el relativamente reducido Atlántico Norte; los Gato eran cruceros oceánicos diseñados para las enormes distancias del Pacífico.

Los submarinos japoneses , aunque técnicamente avanzados, fueron empleados de manera estratégicamente desastrosa. La doctrina japonesa los utilizaba como apoyo a la flota de combate en lugar de como armas contra el comercio marítimo, desperdiciando su potencial. Los I-boats japoneses eran más grandes que los Gato pero menos efectivos en la práctica.

Los submarinos soviéticos, principalmente de clases más antiguas, operaron en teatros secundarios y tuvieron un impacto limitado en comparación.

El precio: 52 submarinos perdidos

La fuerza submarina estadounidense sufrió la mayor tasa de bajas de cualquier rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos durante la SGM. De los aproximadamente 16.000 hombres que sirvieron en submarinos, 3.506 murieron, una tasa de mortalidad cercana al 22%. Se perdieron 52 submarinos por todas las causas: cargas de profundidad, minas, aviación enemiga, accidentes y, en al menos dos casos, por sus propios torpedos defectuosos.

Muchos de estos submarinos se perdieron sin dejar rastro, y sus restos no fueron localizados hasta décadas después. La tradición submarina los conmemora como barcos que están "still on patrol" (aún en patrulla), una expresión que captura tanto el misterio de su desaparición como el respeto hacia sus tripulaciones.

Legado y posguerra

Los submarinos clase Gato, Balao y Tench demostraron el poder estratégico de la guerra submarina contra una nación insular dependiente del comercio marítimo. La campaña del Pacífico validó la doctrina de guerra sin restricciones contra el tráfico mercante que la US Navy había rechazado antes de la guerra.

Tras la SGM, muchos de estos submarinos fueron modernizados bajo el programa GUPPY (Greater Underwater Propulsion Power Program), que les dio líneas hidrodinámicas más eficientes y baterías mejoradas para servir durante la Guerra Fría. Varios fueron transferidos a armadas aliadas y algunos siguieron en servicio hasta la década de 1970.

Hoy, varios submarinos clase Gato y Balao se conservan como buques museo en Estados Unidos, incluyendo el USS Drum (SS-228) en Mobile, Alabama, y el USS Cod (SS-224) en Cleveland, Ohio. Son testimonios flotantes de una campaña que, lejos de los titulares y la atención mediática, estranguló silenciosamente al Imperio japonés desde las profundidades del Pacífico.