Los destructores clase Fletcher fueron la columna vertebral de la Armada de los Estados Unidos durante la SGM y la clase de buque de guerra más producida de la historia. Con 175 unidades construidas entre 1942 y 1944, estos destructores de 2.100 toneladas participaron en prácticamente todas las campañas navales del Pacífico, desde las aguas nocturnas de Guadalcanal hasta la defensa desesperada contra los kamikazes frente a Okinawa. Rápidos, bien armados y extraordinariamente resistentes, los Fletcher definieron lo que un destructor moderno debía ser.

Origen y diseño
La clase Fletcher nació de la necesidad de superar las limitaciones impuestas por los tratados navales de entreguerras. Los destructores estadounidenses anteriores —las clases Benson y Gleaves— habían sido diseñados bajo restricciones de tonelaje que comprometían su armamento y autonomía. Cuando en 1940 quedó claro que la guerra era inevitable, la Armada estadounidense encargó un diseño sin restricciones que pudiera operar en las vastas distancias del Pacífico.
El resultado fue un buque de 114 metros de eslora y 2.100 toneladas de desplazamiento estándar, propulsado por dos turbinas de vapor que generaban 60.000 caballos de fuerza y le permitían alcanzar 36,5 nudos. Su autonomía de 6.500 millas náuticas a 15 nudos le daba capacidad para operar durante semanas sin reabastecerse, algo esencial en un teatro de operaciones donde las distancias entre bases se medían en miles de kilómetros.
El armamento principal consistía en cinco cañones de 127 mm/38 calibres en montajes individuales, una configuración que proporcionaba una cadencia de fuego devastadora tanto contra objetivos navales como contra aeronaves. Completaban el arsenal diez tubos lanzatorpedos Mark 15 en dos montajes quíntuples, cargas de profundidad y, a medida que la guerra avanzaba, un arsenal antiaéreo cada vez más potente de cañones Bofors de 40 mm y Oerlikon de 20 mm.
Especificaciones técnicas
| Característica | Datos |
|---|---|
| Desplazamiento | 2.100 t (estándar) / 2.924 t (plena carga) |
| Eslora | 114,7 m |
| Manga | 12,1 m |
| Calado | 4,2 m |
| Propulsión | 2 turbinas de vapor, 60.000 CV |
| Velocidad máxima | 36,5 nudos (67,6 km/h) |
| Autonomía | 6.500 mn a 15 nudos |
| Armamento principal | 5 × 127 mm/38 cal. |
| Torpedos | 10 × 533 mm (2 × 5) |
| Antiaéreo | 6-10 × Bofors 40 mm, 7-10 × Oerlikon 20 mm |
| Antisubmarino | Cargas de profundidad, erizos Hedgehog |
| Tripulación | 273-329 hombres |
| Unidades construidas | 175 |
Producción en masa
La construcción de los Fletcher fue uno de los logros industriales más impresionantes de la guerra. Diecisiete astilleros participaron en el programa, incluyendo Bath Iron Works, Bethlehem Steel, Federal Shipbuilding y los astilleros de la Costa Oeste. En el momento de máxima producción, un Fletcher podía ser botado en apenas cinco meses desde la colocación de la quilla.
La estandarización del diseño fue clave para este ritmo. Todas las unidades compartían los mismos componentes, lo que simplificaba la logística de repuestos y permitía reparaciones rápidas en bases avanzadas. Esta filosofía de producción en masa fue posible gracias a la enorme capacidad industrial estadounidense, la misma que produjo los Liberty Ships y los destructores escoltas que ganaron la guerra en el mar.
Combates nocturnos en las Salomón
Los Fletcher recibieron su bautismo de fuego en las aguas de las islas Salomón durante la campaña de Guadalcanal, donde la Armada japonesa era temida por su dominio del combate naval nocturno. Los destructores japoneses, equipados con los letales torpedos Tipo 93 «Long Lance», habían infligido derrotas humillantes a las fuerzas aliadas en los primeros enfrentamientos.
Los Fletcher cambiaron la ecuación. Equipados con radar, podían detectar a los buques enemigos antes de ser vistos y lanzar sus torpedos con ventaja. En la batalla del cabo de San Jorge (noviembre de 1943), el capitán Arleigh Burke lideró una escuadrilla de Fletcher en un ataque nocturno que hundió tres destructores japoneses sin pérdidas propias, una victoria que demostró que la Armada estadounidense había aprendido a dominar la noche.
Estos enfrentamientos nocturnos en el «Estrecho de los Torpedos» —el estrecho entre las islas Salomón— forjaron la reputación de los Fletcher como buques de combate excepcionales. Su combinación de velocidad, potencia de fuego y tecnología de radar les daba una ventaja decisiva en los caóticos enfrentamientos a corta distancia que definieron la campaña de las Salomón.
El USS Johnston en Samar: valor extremo
La acción más célebre protagonizada por un Fletcher tuvo lugar el 25 de octubre de 1944, durante la batalla del mar de Samar , parte de la batalla del golfo de Leyte . El USS Johnston (DD-557), al mando del comandante Ernest E. Evans, se enfrentó a una fuerza japonesa compuesta por cuatro acorazados —incluyendo el Yamato , el más grande jamás construido—, seis cruceros pesados y once destructores.
Sin esperar órdenes, Evans lanzó el Johnston a toda máquina contra la flota enemiga, disparando sus cañones de 127 mm contra el crucero pesado Kumano y lanzando sus torpedos contra la línea de acorazados. Un torpedo impactó en el Kumano, arrancándole la proa y sacándolo de la batalla. Pero el Johnston pagó un precio terrible: los proyectiles de los acorazados japoneses destrozaron la sala de máquinas, inutilizaron dos de sus cañones y mataron a decenas de tripulantes.
Con la mitad de su armamento destruido y un solo motor operativo, Evans continuó combatiendo durante más de dos horas, interponiéndose entre los buques japoneses y los vulnerables portaaviones de escolta estadounidenses. Finalmente, rodeado y sin munición, el Johnston fue hundido. Evans, que había perdido dos dedos por la metralla pero se negó a abandonar el puente, desapareció con su barco. Recibió la Medalla de Honor a título póstumo, y su acción es considerada una de las más heroicas de toda la historia naval.
Defensa contra kamikazes en Okinawa
La batalla de Okinawa (abril-junio de 1945) sometió a los Fletcher a su prueba más dura. La Armada japonesa lanzó oleadas masivas de ataques kamikazes —más de 1.900 aviones suicidas en diez operaciones kikusui— contra la flota estadounidense. Los destructores fueron desplegados como piquetes de radar, estacionados en anillos concéntricos alrededor de la flota para detectar y interceptar a los atacantes antes de que alcanzaran los buques más valiosos.
Estos piquetes pagaron un precio brutal. Los kamikazes concentraban sus ataques en los destructores, que eran los primeros buques que encontraban. Catorce destructores fueron hundidos frente a Okinawa y docenas más sufrieron daños graves. Los Fletcher absorbieron impactos de kamikazes que habrían hundido buques menores, demostrando una resistencia estructural extraordinaria. Sus tripulaciones combatieron durante semanas en estado de alerta permanente, disparando miles de proyectiles antiaéreos contra aviones que se lanzaban en picado contra ellos.
La experiencia de Okinawa demostró tanto la versatilidad como la vulnerabilidad de los destructores en la era de la guerra aérea, y aceleró el desarrollo de sistemas antiaéreos más avanzados para la posguerra.
En el Atlántico
Aunque los Fletcher son recordados principalmente por su servicio en el Pacífico, varias unidades participaron en la batalla del Atlántico . Escoltaron convoyes, participaron en operaciones antisubmarinas y apoyaron los desembarcos aliados en el norte de África, Sicilia e Italia. En el Atlántico, los Fletcher complementaron a los destructores escoltas especializados, aportando velocidad y potencia de fuego superiores cuando la amenaza de superficie o aérea era significativa.
Comparación con rivales contemporáneos
Los Fletcher no operaban en el vacío. Sus principales rivales eran los destructores japoneses clase Kagero y los británicos clase Tribal.
Los Kagero japoneses (2.033 toneladas, 18 unidades) eran buques formidables que portaban los torpedos Tipo 93, con un alcance de 40 kilómetros y una cabeza de guerra de 490 kilos que superaba ampliamente a los torpedos Mark 15 estadounidenses. Sin embargo, los Kagero carecían de radar eficaz y no pudieron ser producidos en cantidades suficientes. Japón construyó solo 19 unidades, frente a las 175 de los Fletcher.
Los Tribal británicos (1.850 toneladas, 27 unidades entre Royal Navy y armadas de la Commonwealth) eran buques bien equilibrados con ocho cañones de 120 mm, pero su menor armamento torpedero y su autonomía más limitada los hacían menos versátiles que los Fletcher en las vastas extensiones del Pacífico.
La ventaja definitiva de los Fletcher no residía solo en su diseño, sino en los números. La capacidad industrial estadounidense permitió producir más destructores de una sola clase que el total combinado de destructores modernos de todas las armadas del Eje.
Servicio en la Guerra Fría y legado
La carrera de los Fletcher no terminó con la SGM. Muchas unidades fueron modernizadas en la posguerra con los programas FRAM (Fleet Rehabilitation and Modernization), que les añadieron misiles antisubmarinos, nuevos sonares y helicópteros. Estos Fletcher modernizados sirvieron en la Guerra de Corea, donde proporcionaron fuego naval de apoyo, y algunos participaron en las primeras fases de la Guerra de Vietnam.
Además, decenas de Fletcher fueron transferidos a armadas aliadas como parte de los programas de asistencia militar. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Grecia, Italia, Japón, Corea del Sur, México, Perú, España, Taiwán y Turquía operaron Fletcher hasta las décadas de 1970 y 1980. La Marina española recibió el USS David W. Taylor, renombrado como Almirante Ferrándiz (D-22), que sirvió hasta 1972.
Cuatro Fletcher se conservan hoy como buques museo: el USS Cassin Young en Boston, el USS Kidd en Baton Rouge, el USS The Sullivans en Buffalo y el ROCS Tan Yang (ex-USS Hilary P. Jones) en Taiwán. Estos buques permiten a los visitantes comprender las condiciones en las que vivieron y combatieron las tripulaciones de destructores durante la SGM.
Los Fletcher representan el punto culminante de la construcción de destructores en la SGM. Su diseño equilibrado, su producción masiva y su servicio en todas las campañas navales los convierten en el destructor más importante de la guerra y en uno de los buques de guerra más exitosos de la historia. Sin los Fletcher, la ofensiva estadounidense en el Pacífico habría sido más lenta, más costosa y mucho más difícil.