Los acorazados de la clase King George V constituyeron la columna vertebral de la Royal Navy durante la SGM. Diseñados bajo las restricciones del Tratado Naval de Londres de 1936, estos cinco buques de guerra representaron un compromiso entre potencia de fuego, protección y las limitaciones diplomáticas que condicionaron la carrera armamentística naval de entreguerras. Desde la persecución del Bismarck en el Atlántico hasta las operaciones en el Pacífico en los últimos meses del conflicto, los King George V demostraron ser buques fiables y resistentes que desempeñaron un papel decisivo en la guerra naval.

Contexto y diseño: las restricciones de los tratados navales
El diseño de la clase King George V estuvo condicionado por el Segundo Tratado Naval de Londres de 1936, que limitaba el desplazamiento de los acorazados a 35.000 toneladas y el calibre de sus cañones principales a 356 mm (14 pulgadas). Mientras que Japón y Alemania ignoraron o se retiraron de los acuerdos, el Reino Unido optó por cumplirlos, confiando en que otras potencias harían lo mismo.
Esta decisión tuvo consecuencias directas en la potencia de fuego. Los King George V montaron cañones de 356 mm en lugar de los 381 mm (15 pulgadas) que habían caracterizado a los acorazados británicos desde la Primera Guerra Mundial. En un intento de compensar el menor calibre individual, los ingenieros del Almirantazgo adoptaron una solución poco convencional: torres cuádruples. El diseño final incorporó dos torres cuádruples y una torre doble, para un total de diez cañones principales, una configuración única entre los acorazados de la SGM.
Las torres cuádruples Mark III resultaron innovadoras pero problemáticas. Su complejidad mecánica provocó frecuentes averías en los primeros meses de servicio, un defecto que tendría graves consecuencias en combate. A pesar de estos problemas iniciales, los cañones de 356 mm demostraron ser armas eficaces, capaces de perforar el blindaje de cualquier buque enemigo a distancias de combate habituales.
En cuanto a protección, los King George V incorporaron un esquema de blindaje bien diseñado. La ciudadela blindada contaba con un cinturón principal de 374 mm inclinado 1 grado, cubiertas blindadas de hasta 149 mm y barbetas de 324 mm. El sistema de protección submarina, basado en compartimentos vacíos y rellenos de líquido, fue considerado uno de los más eficaces de su época.
Los cinco buques de la clase
La clase constó de cinco unidades, todas construidas en astilleros británicos entre 1937 y 1942:
- HMS King George V: botado en 1939, fue el buque cabeza de serie. Participó en la persecución del Bismarck y sirvió en el Pacífico al final de la guerra.
- HMS Prince of Wales: botado en 1939, tuvo una carrera breve pero intensa. Combatió contra el Bismarck en el estrecho de Dinamarca y fue hundido por la aviación japonesa frente a Malaya en diciembre de 1941.
- HMS Duke of York: botado en 1940, se convirtió en el buque insignia de la Home Fleet. Su momento de gloria llegó en la Batalla del Cabo Norte , donde hundió al Scharnhorst.
- HMS Anson: botado en 1940, sirvió principalmente en la protección de convoyes árticos y en la Home Fleet.
- HMS Howe: botado en 1940, operó en el Mediterráneo durante la invasión de Sicilia y posteriormente en el Pacífico con la Flota Británica del Pacífico.
El Prince of Wales contra el Bismarck: estrecho de Dinamarca
El 24 de mayo de 1941, el HMS Prince of Wales se enfrentó al acorazado Bismarck y al crucero pesado Prinz Eugen en el estrecho de Dinamarca, junto al crucero de batalla HMS Hood. El Prince of Wales aún no había completado sus pruebas de mar y embarcó con técnicos civiles de Vickers-Armstrong a bordo para solucionar problemas en sus torres.
El combate fue desastroso para los británicos. El Hood explotó tras ser alcanzado por una salva del Bismarck, hundiéndose en apenas tres minutos con la pérdida de 1.415 hombres. Solo tres sobrevivieron. El Prince of Wales, ahora solo frente a dos buques enemigos, sufrió múltiples averías en sus torres cuádruples. En un momento dado, solo una de sus torretas funcionaba correctamente. A pesar de estas dificultades, logró impactar al Bismarck con al menos tres proyectiles, uno de los cuales perforó un tanque de combustible y provocó una fuga de petróleo que redujo la autonomía del acorazado alemán.
Este impacto resultó decisivo. La pérdida de combustible obligó al almirante Lütjens a abandonar la incursión en el Atlántico y dirigirse hacia un puerto francés, lo que permitió a la Royal Navy organizar la persecución que culminó con el hundimiento del Bismarck tres días después. El Prince of Wales, a pesar de sus fallos mecánicos, contribuyó de forma crucial a sellar el destino del buque alemán.
El desastre de la Fuerza Z: hundimiento del Prince of Wales
Apenas siete meses después del combate en el estrecho de Dinamarca, el Prince of Wales fue enviado al Lejano Oriente como elemento disuasorio frente a la amenaza japonesa. Junto al crucero de batalla HMS Repulse, formó la Fuerza Z bajo el mando del almirante Tom Phillips.
El 10 de diciembre de 1941, tres días después del ataque a Pearl Harbor, ambos buques fueron interceptados por bombarderos y torpederos japoneses frente a la costa oriental de Malaya. Sin cobertura aérea, la Fuerza Z fue atacada por 85 aviones de la 22.ª Flotilla Aérea japonesa. El Prince of Wales recibió un torpedo en las primeras oleadas que dañó gravemente su sistema de propulsión y causó una inundación progresiva. Incapaz de maniobrar eficazmente, el acorazado recibió impactos adicionales y volcó, hundiéndose con 327 miembros de su tripulación.
El hundimiento del Prince of Wales y el Repulse marcó un punto de inflexión en la guerra naval. Por primera vez, buques capitales en movimiento y en mar abierto habían sido hundidos exclusivamente por la aviación. El suceso demostró de forma inapelable que la era del acorazado como arma suprema de la guerra naval había terminado. Winston Churchill, al recibir la noticia, confesó que fue el impacto más duro que sufrió durante toda la guerra.
Duke of York y la Batalla del Cabo Norte
El 26 de diciembre de 1943, el HMS Duke of York protagonizó una de las últimas batallas clásicas entre acorazados en la historia. El Scharnhorst alemán había salido a interceptar el convoy JW 55B con destino a Murmansk, pero fue emboscado por fuerzas superiores de la Royal Navy.
El Duke of York, buque insignia del almirante Bruce Fraser, abrió fuego contra el Scharnhorst a las 16:48 a una distancia de aproximadamente 11.000 metros. El combate se desarrolló en la oscuridad del invierno ártico, con las aguas heladas del mar de Barents como escenario. Los cañones de 356 mm del Duke of York demostraron su eficacia, logrando impactos que redujeron progresivamente la velocidad del buque alemán.
Tras varias horas de persecución y combate, el Scharnhorst, incapaz de escapar y con sus sistemas dañados, fue rematado por torpedos lanzados por destructores y cruceros. Se hundió con 1.932 de sus 1.968 tripulantes. Solo 36 supervivientes fueron rescatados de las gélidas aguas.
La Batalla del Cabo Norte fue el último enfrentamiento entre acorazados en aguas europeas y confirmó la superioridad de la Home Fleet en el Atlántico norte. Para el Duke of York, representó la culminación de una larga vigilancia sobre las aguas septentrionales.
Servicio en el Pacífico y últimos meses de guerra
En 1945, el HMS King George V y el HMS Howe fueron asignados a la Flota Británica del Pacífico (British Pacific Fleet), que operó junto a la US Navy en las campañas finales contra Japón. Ambos acorazados participaron en bombardeos costeros contra las islas japonesas, incluyendo ataques contra instalaciones industriales en Honshu.
El King George V tuvo el honor de ser uno de los buques presentes en la bahía de Tokio el 2 de septiembre de 1945, cuando Japón firmó la rendición formal a bordo del USS Missouri. Fue un momento simbólico: el buque cabeza de serie de la clase, que había perseguido al Bismarck cuatro años antes, estaba presente en la ceremonia que puso fin a la SGM.
El HMS Anson sirvió principalmente en aguas metropolitanas durante toda la guerra, protegiendo los accesos al mar del Norte y escoltando convoyes árticos. Aunque no participó en batallas tan célebres como sus gemelos, cumplió una función disuasoria esencial al mantener en jaque a los buques capitales alemanes refugiados en los fiordos noruegos.
Especificaciones técnicas
| Característica | Datos |
|---|---|
| Desplazamiento | 36.727 t estándar / 42.245 t a plena carga |
| Eslora | 227,1 m |
| Manga | 31,4 m |
| Calado | 10,5 m |
| Potencia | 110.000 CV |
| Velocidad máxima | 28,3 nudos |
| Autonomía | 5.400 millas náuticas a 18 nudos |
| Armamento principal | 10 × 356 mm (2 torres cuádruples + 1 doble) |
| Armamento secundario | 16 × 133 mm (8 torres dobles) |
| Antiaéreo | 32-64 × 40 mm Bofors, 6-10 × 20 mm Oerlikon |
| Blindaje (cinturón) | 374 mm |
| Blindaje (cubierta) | 149 mm |
| Tripulación | 1.556-1.631 |
| Unidades construidas | 5 |
Comparación con otros acorazados contemporáneos
Los King George V ocuparon un lugar intermedio entre los grandes acorazados de la SGM. Frente al Bismarck alemán, con sus ocho cañones de 380 mm y 41.700 toneladas de desplazamiento, los británicos presentaban mayor número de bocas de fuego pero de menor calibre. El blindaje era comparable, aunque distribuido de manera diferente: los alemanes priorizaban la protección integral del casco, mientras que los británicos concentraban el blindaje en la ciudadela.
Comparados con los Iowa estadounidenses, los King George V eran más pequeños y lentos (28 nudos frente a 33), con menor calibre (356 mm frente a 406 mm) y menor alcance. Sin embargo, entraron en servicio varios años antes y estuvieron disponibles cuando más se necesitaban, en los años críticos de 1941-1943.
Frente a los Littorio italianos, la comparación era más equilibrada. Los italianos montaban nueve cañones de 381 mm y alcanzaban 30 nudos, pero su blindaje tenía deficiencias en la protección submarina. En la práctica, los King George V demostraron mayor fiabilidad operativa.
La verdadera ventaja de la clase no residía en ninguna característica individual, sino en su disponibilidad y resistencia. Mientras muchos acorazados contemporáneos pasaban largos períodos en reparación o confinados en puerto, los King George V mantuvieron una alta tasa de actividad operativa durante toda la guerra.
Legado
Tras la guerra, los cinco buques fueron progresivamente descomisionados. El último en retirarse fue el HMS Howe en 1958, y todos fueron desguazados entre 1957 y 1958. Ninguno se conservó como buque museo, a diferencia del HMS Warspite o del USS Missouri estadounidense.
El legado de la clase King George V es ambivalente. Por un lado, sus limitaciones de diseño derivadas de los tratados navales los dejaron en desventaja frente a rivales que no respetaron esos acuerdos. Los problemas mecánicos de sus torres cuádruples revelaron los riesgos de la innovación forzada por restricciones externas. Por otro lado, estos acorazados cumplieron con creces su misión: protegieron los convoyes del Atlántico, neutralizaron las amenazas de superficie alemanas y participaron en las operaciones finales contra Japón.
La pérdida del Prince of Wales frente a la aviación japonesa se convirtió en un símbolo del fin de una era. Los acorazados, que habían dominado la guerra naval durante décadas, cedieron su supremacía a los portaaviones. Los King George V fueron los últimos acorazados británicos construidos en serie y los últimos en ver combate. Su historia encapsula la transición de la guerra naval clásica a la era de la aviación embarcada, una transformación que la SGM aceleró de forma irreversible.