El Musashi fue, junto a su gemelo Yamato , el acorazado más grande y más pesado jamás construido. Con 72.000 toneladas de desplazamiento y cañones de 460 mm capaces de lanzar proyectiles de 1.460 kilos a más de 40 kilómetros, el Musashi representaba la cumbre de la ingeniería naval de la era del acorazado. Pero su destrucción en la batalla del Golfo de Leyte en octubre de 1944 demostró de forma definitiva que la era de los acorazados había terminado: por muy grande y blindado que fuera un buque, no podía sobrevivir al poder de la aviación embarcada moderna.

El acorazado japonés Musashi navegando en 1944
El acorazado Musashi navegando en 1944, poco antes de su hundimiento en el golfo de Leyte U.S. Navy · Dominio público

Diseño: la apuesta suprema de Japón

El Musashi fue el segundo buque de la clase Yamato, diseñada en los años treinta como la respuesta japonesa a la superioridad numérica de las armadas estadounidense y británica. La lógica era simple: si Japón no podía igualar el número de acorazados de sus rivales, construiría buques tan grandes y poderosos que cada uno de ellos pudiera enfrentarse a varios acorazados enemigos simultáneamente.

El resultado fue un leviatán de dimensiones sin precedentes:

EspecificaciónDato
Desplazamiento72.809 toneladas (plena carga)
Eslora263 m
Manga38,9 m
Velocidad27 nudos
Armamento principal9 cañones de 460 mm (3 × triples)
Armamento secundario12 cañones de 155 mm, 12 de 127 mm
Antiaéreo130+ cañones de 25 mm
BlindajeHasta 650 mm (cinturón)
Tripulación~2.399
Botadura1940

Los cañones de 460 mm eran las armas navales más grandes jamás montadas en un buque de guerra. Cada proyectil pesaba 1.460 kilos —el peso de un automóvil— y podía ser lanzado a una distancia de 42 kilómetros. El blindaje del cinturón, de hasta 650 mm de acero, era teóricamente impenetrable para cualquier cañón naval existente.

Una guerra sin batallas

Paradójicamente, el Musashi nunca disparó sus cañones principales contra un buque enemigo. La Armada Imperial japonesa, consciente del valor irreemplazable de sus super-acorazados, los mantuvo en retaguardia durante la mayor parte de la guerra, temiendo perderlos en un enfrentamiento. El combustible también era un factor limitante: el Musashi consumía cantidades enormes de fuel que Japón no podía permitirse desperdiciar.

El Musashi pasó los primeros años de la guerra en bases japonesas, trasladándose ocasionalmente para evitar ataques aéreos. Fue usado como buque insignia de la Flota Combinada y participó en la batalla del mar de Filipinas en junio de 1944, pero sin entrar en combate directo.

El hundimiento: 24 de octubre de 1944

La hora final del Musashi llegó durante la batalla del Golfo de Leyte, la mayor batalla naval de la historia. El Musashi formaba parte de la Fuerza Central del almirante Kurita, que se dirigía al estrecho de San Bernardino para atacar la flota de desembarco estadounidense en Leyte.

El 24 de octubre de 1944, la Fuerza Central fue detectada por submarinos y aviones de reconocimiento estadounidenses mientras cruzaba el mar de Sibuyan. A lo largo del día, oleadas de aviones de los portaaviones de la 3.ª Flota del almirante Halsey atacaron al Musashi con torpedos y bombas.

El ataque fue masivo y sostenido: 259 aviones participaron en cinco oleadas sucesivas a lo largo de nueve horas. El Musashi recibió un total estimado de 17 bombas y 20 torpedos, una cantidad de castigo que ningún buque de la historia había soportado. Su blindaje extraordinario y su compartimentación resistieron mucho más de lo que cualquier otro buque habría aguantado, pero incluso el Musashi tenía un límite.

A las 19:35 horas, tras más de ocho horas de ataques, el Musashi se volcó y se hundió en el mar de Sibuyan, a 200 millas al sur de Manila. De sus 2.399 tripulantes, 1.023 murieron. Los supervivientes fueron rescatados por destructores japoneses.

El descubrimiento del pecio

En marzo de 2015, el multimillonario Paul Allen localizó los restos del Musashi en el fondo del mar de Sibuyan, a una profundidad de 1.000 metros. Las imágenes del pecio mostraron al gran acorazado partido en dos, con su proa hundida en el lodo y los enormes cañones de 460 mm aún reconocibles. El hallazgo proporcionó información valiosa sobre las circunstancias exactas del hundimiento.

Legado

El Musashi fue el monumento definitivo a una era que ya había terminado. Su hundimiento por aviación embarcada, sin haber disparado nunca contra un buque enemigo, demostró que los super-acorazados eran dinosaurios en un mundo dominado por los portaaviones . Ningún blindaje, por grueso que fuera, podía resistir oleadas indefinidas de torpedos y bombas lanzados por aviones que atacaban desde todos los ángulos.

El Musashi y su gemelo Yamato representan el último suspiro de la era del acorazado, una era en la que el poder naval se medía en toneladas de acero y calibre de cañones. La SGM demostró que esa era había terminado, y los restos del Musashi en el fondo del mar de Sibuyan son su epitafio.