El Mosin-Nagant fue el fusil que armó al ejército más grande de la SGM. Con más de 17 millones de unidades producidas solo durante el conflicto, este fusil de cerrojo ruso equipó a la inmensa mayoría de los soldados soviéticos que combatieron desde las puertas de Moscú hasta las calles de Berlín. Diseñado en 1891 —medio siglo antes de la SGM—, el Mosin-Nagant era un arma anticuada pero extraordinariamente robusta, precisa y fiable, cualidades que lo convirtieron en el compañero inseparable del soldado rojo durante los cuatro años más sangrientos del frente oriental.

Fusil Mosin-Nagant M1891
Un fusil Mosin-Nagant M1891, el arma de infantería estándar del Ejército Rojo durante la SGM Armémuseum, Suecia · Dominio público

Historia y diseño

El Mosin-Nagant fue diseñado en 1891 por el capitán Serguéi Mosin del ejército imperial ruso, incorporando elementos del diseño del belga Léon Nagant. Adoptado como fusil reglamentario del ejército ruso, sirvió en la guerra ruso-japonesa, la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y la guerra civil. Para 1941, era un diseño de medio siglo de antigüedad, pero la Unión Soviética no tenía ni el tiempo ni los recursos para reemplazarlo masivamente.

La versión más común durante la SGM fue el M91/30, una variante acortada y modernizada introducida en 1930, y el M44, un carbine aún más corto adoptado en 1944. Todas las versiones compartían las mismas características fundamentales: acción de cerrojo, cargador interno de cinco cartuchos y calibre 7,62×54 mmR, un cartucho potente que seguiría en servicio en armas rusas hasta el siglo XXI.

Características técnicas

EspecificaciónDato (M91/30)
Calibre7,62×54 mmR
Longitud1.232 mm
Peso4,0 kg
Capacidad5 cartuchos (cargador interno)
Alcance efectivo500 m (con mira abierta)
Velocidad de boca811 m/s
SistemaCerrojo manual
Producción SGM~17,4 millones

En combate

Fortalezas

La mayor virtud del Mosin-Nagant era su fiabilidad en condiciones extremas. El mecanismo de cerrojo funcionaba con barro, arena, hielo y polvo; el acero resistía los inviernos soviéticos de -40°C y los veranos tórridos de las estepas. Los soldados lo limpiaban con trapos sucios y aceite de motor, y el fusil seguía disparando.

Su precisión era notable para un arma de producción masiva. Con mira abierta, un tirador competente podía alcanzar objetivos a 400-500 metros. Con mira telescópica, el Mosin-Nagant se convertía en un fusil de francotirador letal: Lyudmila Pavlichenko acumuló sus 309 abatimientos confirmados con un Mosin-Nagant con mira PU.

El cartucho 7,62×54 mmR era potente y de largo alcance, capaz de penetrar la mayoría de coberturas y de causar heridas devastadoras. Era el mismo cartucho que alimentaba las ametralladoras pesadas soviéticas, lo que simplificaba enormemente la logística.

Limitaciones

El Mosin-Nagant era un fusil de cerrojo en una guerra donde las armas semiautomáticas y automáticas eran cada vez más importantes. Su cadencia de tiro práctica —10-15 disparos por minuto para un tirador experto— era inferior a la del M1 Garand estadounidense (40-50 disparos por minuto) y no podía competir con el volumen de fuego de los subfusiles PPSh-41 .

Su bayoneta de espiga era larga e incómoda, y el cerrojo podía ser rígido, especialmente con temperaturas extremas o cuando el arma estaba sucia. La recarga con peines de 5 cartuchos era lenta comparada con los cargadores extraíbles.

Producción y distribución

La producción del Mosin-Nagant durante la SGM fue un logro industrial extraordinario. Las fábricas de Tula e Izhevsk produjeron millones de unidades, a menudo con acabados toscos que sacrificaban la estética en favor de la velocidad de fabricación. Los fusiles de producción bélica se reconocen por sus acabados ásperos y sus culatas de madera sin pulir, pero funcionaban igual de bien que los de preguerra.

Cuando las fábricas de Tula fueron evacuadas ante el avance alemán en 1941, la producción se trasladó a los Urales sin interrupción significativa. Esta capacidad de reubicación industrial fue crucial para la supervivencia soviética.

Legado

El Mosin-Nagant fue el fusil de la victoria soviética. No era el arma más moderna ni la más sofisticada, pero era la que la URSS podía producir en los números necesarios para armar a un ejército de más de 10 millones de hombres. Su simplicidad era su mayor fortaleza: cualquier campesino reclutado podía aprender a usarlo en días, y cualquier herrero de aldea podía repararlo con herramientas básicas.

Su servicio no terminó con la SGM: el Mosin-Nagant combatió en Corea, Vietnam, Afganistán y docenas de conflictos menores. Más de un siglo después de su diseño, sigue en uso en algunos rincones del mundo, un testimonio de la robustez de un diseño que, sin ser brillante, demostró ser prácticamente indestructible.