El lanzallamas fue el arma más temida y más odiada de la SGM. Capaz de proyectar un chorro de combustible ardiendo a más de 40 metros, convertía búnkeres, fortificaciones y posiciones defensivas en infiernos donde la supervivencia era imposible. Su efecto psicológico era tan devastador como su efecto físico: la simple presencia de un lanzallamas en el campo de batalla podía provocar la rendición de posiciones que habrían resistido horas de bombardeo convencional. Era un arma que nadie quería usar ni enfrentar, pero que resultó indispensable para romper las defensas más obstinadas de la guerra.

Un marine estadounidense disparando un lanzallamas en Iwo Jima, febrero de 1945
Un marine estadounidense operando un lanzallamas durante los combates en Iwo Jima, febrero de 1945 U.S. Marine Corps · CC BY 2.0

Principio de funcionamiento

Todos los lanzallamas de la SGM funcionaban con el mismo principio básico: un depósito de combustible presurizado conectado a una boquilla que, al activarse, proyectaba un chorro de líquido inflamable que era encendido por un sistema de ignición en la punta. El combustible —generalmente una mezcla de gasolina espesada con un agente gelificante— ardía al contacto con el aire, creando una llama que se adhería a las superficies y era casi imposible de apagar.

Los lanzallamas portátiles eran operados por un solo soldado que cargaba los depósitos de combustible en la espalda, mientras que los modelos montados en vehículos podían proyectar llamas a distancias mucho mayores y durante períodos más largos.

Los principales modelos

Flammenwerfer 35 y 41 (Alemania)

Alemania fue pionera en el uso militar del lanzallamas, habiéndolo empleado por primera vez en la Primera Guerra Mundial. El Flammenwerfer 35 y su sucesor, el Flammenwerfer 41, eran modelos portátiles que proyectaban llamas a unos 25-30 metros. Los alemanes usaron lanzallamas extensamente en el frente oriental y en la guerra urbana, pero su uso disminuyó a medida que la Wehrmacht pasó a la defensiva.

M1 y M2 (Estados Unidos)

Los lanzallamas estadounidenses M1 y M2 fueron perfeccionados durante la guerra del Pacífico, donde se convirtieron en armas esenciales contra las fortificaciones japonesas. El M2-2, la versión más común, podía proyectar combustible a 40 metros y contenía suficiente combustible para unos 7 segundos de llama continua.

ROKS-3 (Unión Soviética)

El ROKS-3 soviético tenía un diseño único: estaba disfrazado para parecer un fusil de infantería estándar, con el depósito de combustible oculto en una mochila que imitaba un petate militar. Este camuflaje buscaba proteger al operador, ya que los lanzallamas eran objetivos prioritarios para el enemigo.

En el Pacífico: un arma decisiva

El lanzallamas alcanzó su máximo protagonismo en la guerra del Pacífico. Las fortificaciones japonesas —búnkeres de hormigón, cuevas reforzadas, túneles interconectados— eran prácticamente invulnerables al fuego de armas ligeras y difíciles de destruir incluso con artillería. Los soldados japoneses, que seguían el código del bushido y raramente se rendían, luchaban hasta la muerte desde estas posiciones.

El lanzallamas era a menudo la única forma de neutralizar estas defensas. El chorro de fuego penetraba por las aspilleras, las rendijas de ventilación y las entradas de los túneles, consumiendo el oxígeno interior y generando temperaturas letales. En Iwo Jima y Okinawa , los equipos de lanzallamas fueron esenciales para la conquista de las posiciones japonesas.

Los tanques lanzallamas —Sherman M4 modificados con lanzallamas montados— fueron aún más efectivos: podían proyectar llamas a más de 60 metros con protección blindada para el operador, y se convirtieron en el arma más temida por los defensores japoneses.

El coste humano

El operador de lanzallamas tenía una de las tareas más peligrosas de la infantería. Los depósitos de combustible en su espalda lo convertían en un objetivo prioritario: un impacto en los tanques provocaba una explosión que mataba al operador y a cualquiera en su cercanía. La esperanza de vida en combate de un operador de lanzallamas era extremadamente corta.

El arma también planteaba dilemas morales profundos. Morir quemado es una de las formas más agonizantes de muerte, y el uso del lanzallamas contra seres humanos era considerado cruel incluso por los estándares de la guerra total. Sin embargo, ningún bando renunció a su uso cuando la situación táctica lo requería.

Legado

El lanzallamas demostró ser un arma tan efectiva como controvertida. Tras la SGM, su uso continuó en Corea y Vietnam, pero la creciente sensibilidad hacia las armas incendiarias llevó a restricciones progresivas. El Protocolo III de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales de 1980 prohibió el uso de armas incendiarias contra civiles, aunque su uso militar no fue completamente prohibido.

El lanzallamas fue retirado del arsenal activo de la mayoría de los ejércitos occidentales en las décadas posteriores a Vietnam, reemplazado por armas termobaras y explosivos que logran efectos similares sin el estigma asociado a las armas de fuego. Pero en la SGM, especialmente en el Pacífico, fue un arma que, por horrible que fuera, resultó irremplazable.