Horrores de la Segunda Guerra Mundial: violaciones como arma

Las violaciones y los abusos sexuales no son solo un subproducto de la guerra, sino que se han usado desde siempre como estrategia militar deliberada. 

Entre los perversos objetivos perseguidos están la limpieza étnica (los hijos fruto de una violación llevan la carga genética paterna) y la destrucción de las comunidades locales.

Las vidas y los cuerpos de las mujeres son heridas de guerra abiertas que con frecuencia quedan relegadas a un injusto olvido. Desde Segundaguerramundial.es queremos dar testimonio de las atrocidades cometidas contra las mujeres por todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial.

Violaciones cometidas por Ejército Imperial del Japón

“Mujeres de confort” fue la cruel denominación que recibieron las esclavas sexuales sometidas a abuso sistemático por parte de los soldados del Ejército Imperial del Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

Se estima que entre 80.000 y 200.000 mujeres procedentes en su mayoría de Corea del Sur y de las Indias Orientales Holandesas (también del resto de naciones del Sudeste Asiático) tuvieron que prostituirse forzosamente para satisfacer el apetito sexual de los militares japoneses.

Con edades comprendidas entre los 12 y los 20 años, estas mujeres eran obligadas a permanecer en las eufemísticamente llamadas “estaciones de confort” (burdeles militares) durante meses e incluso años.

Muchas de ellas perdían la virginidad en estos sórdidos lugares y muchas terminaron también estériles debido a la brutalidad de sus violadores. Aunque pueda sorprender, a día de hoy el gobierno nipón aún no ha compensado como debiera a estas mujeres, tal y como denuncian organizaciones internacionales como Amnistía Internacional.

Cabe destacar que el primer ministro Shinzo Abe negó durante su primer mandato que ninguna de estas mujeres hubiera sido coaccionada para mantener relaciones en las “estaciones de confort”. Lógicamente, la indignación en todo el Sudeste Asiático fue mayúscula.

Mujeres de confort.  Fuente y autoría: Autor desconocido [bajo licencia de dominio público en virtud de la legislación japonesa sobre copyright], vía Wikimedia Commons

Violaciones durante la ocupación soviética de Alemania

A la luz de la evidencia histórica, cabe preguntarse si la suerte que corrieron las mujeres alemanas tras la ocupación soviética no fue incluso peor que la de sus maridos que habían combatido en Stalingrando. Cuando los rusos llegaron a las puertas de Berlín, ya estaban anticipando la captura de un “suculento” botín carnal.

Se sentían con pleno derecho para hacerlo al considerarse los libertadores de Europa. Es algo que realmente invita a la reflexión: los supuestos libertadores copiarían la conducta execrable de sus antiguos verdugos. La fina capa de humanidad es algo que en las guerras queda al descubierto con demasiada facilidad y la Segunda Guerra Mundial no fue una excepción.

Para comprender el ansia de vejación de los victoriosos soldados del Ejército Rojo hay que analizar el contexto subyacente. La Operación Barbarroja, la invasión nazi de la Unión Soviética en 1941, inició una de las batallas más crueles jamás conocidas por la humanidad. Cerca de 30 millones de ciudadanos soviéticos fallecieron durante la Segunda Guerra Mundial, incluyendo los más de tres millones de prisioneros de guerra que murieron de inanición deliberadamente en los campos alemanes. Los alemanes, que habían sido despiadados con los soviéticos, no albergaban esperanzas de recibir un trato mucho mejor.

Por su parte, durante el asedio final de Berlín, más de un millón de soldados alemanes murieron en la defensa de la capital del Tercer Reich o fallecieron posteriormente en cautividad. Los soviéticos, por su parte, habían tenido más de 300 000 bajas entre sus filas. Lo cierto es que el odio generado era tal, que Stalin y sus comandantes llegaron a justificar o aceptar la violación, no solo de mujeres alemanas, sino que también de aquellas habitantes de países aliados de la Alemania nazi.

Los comunistas alemanes llegaron a decirle a Stalin que las violaciones estaban causando un enorme odio entre los alemanes derrotados. El dictador soviético respondió que no permitiría que nadie echase por tierra la reputación del Ejército Rojo.

Las violaciones cometidas por los rusos comenzaron tan pronto como las tropas del Ejército Rojo se adentraron en Prusia Oriental y en Silesia en 1944. En muchos pueblos y ciudades, cada mujer de edad comprendida entre los 10 y los 80 años fue violada. Lógicamente, cuando el Ejército Rojo llegó a las puertas de Berlín, la población alemana estaba literalmente aterrorizada (los rumores y la propia propaganda nazi habían contribuido a que el terror fuera aún más intenso).

¿Cuántas mujeres alemanas fueron violadas? Es muy difícil de calcular, por la vergüenza y la ley del silencio imperante en esa época sobre estos temas. Podemos hacernos una idea de la magnitud de la barbarie si analizamos el número de abortos ilegales realizados entre 1945 y 1948: unos dos millones según las fuentes históricas disponibles. Habría que esperar hasta 1946-1947 para que las autoridades soviéticas, conscientes del alcance del problema, comenzasen a castigar estos deleznables actos en la Alemania Oriental.

Los soldados soviéticos consideraban que la violación, a menudo perpetrada delante del marido y familiares de la mujer agredida, era una manera adecuada para humillar a los alemanes, que habían tratado a los eslavos como una raza inferior con la que no había que mantener relaciones sexuales. La sociedad patriarcal rusa y la costumbre de beber grandes cantidades de alcohol también fueron factores que contribuyeron a la magnitud de la tragedia. Actualmente, es curioso como las pocas supervivientes siguen refiriéndose al monumento en honor al Ejército Rojo en Berlín como: “la tumba del violador desconocido”.

Violaciones durante la liberación aliada de Italia

Marocchinate es la palabra italiana con la que se conocen las violaciones sistemáticas de mujeres realizadas por los soldados de las tropas coloniales marroquíes (bajo bandera francesa) durante la Segunda Guerra Mundial, una vez concluida la sangrienta batalla de Montecassino. Estas tropas pertenecientes al Cuerpo Expedicionario Francés (CEF) cometieron más de dos mil agresiones sexuales durante un permiso de cincuenta horas decretado por el general Alphonse Juin.

En algunas localidades, de una población de tan solo 2500 habitantes, 700 mujeres habían sido forzadas sin ningún escrúpulo. Los soldados africanos tampoco respetaron la edad de las víctimas. Sin duda, uno de los episodios más oscuros de los Aliados. Cabe imaginarse qué habría pasado si el permiso hubiera tenido una duración mayor.

Violaciones durante la liberación aliada de Francia

A finales de 1944, poco después de la invasión aliada de Normandía, las mujeres normandas comenzaron a denunciar violaciones cometidas por soldados estadounidenses. Se registraron cientos de casos de agresiones sexuales.

En 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Le Havre estaba repleto de soldados que esperaban su repatriación. Los ciudadanos de la ciudad se quejaban de que se había impuesto un régimen de terror por parte de “bandidos uniformados”. En Cherburgo llegó a decirse que con los alemanes los hombres tenían que ocultarse pero que con los americanos eran las mujeres a las que había que ocultar.

Las tropas estadounidenses cometieron oficialmente 208 violaciones. Los antiguos combatientes de la Resistencia, por su parte, también llevaron a cabo violaciones sistemáticas de mujeres que se consideraban colaboradoras con el régimen fascista.

Violaciones durante la liberación soviética de Polonia

Hasta la disolución de la Unión Soviética, el tema de las violaciones producidas durante la liberación de Polonia estuvo prácticamente ausente de la historiografía polaca, aunque los documentos de la  época indicaban la gravedad y el alcance de este problema en la última fase de la Segunda Guerra Mundial, con el avance soviético sobre Alemania.

Hubo casos de violaciones documentados en todas las principales ciudades polacas. En Cracovia, la llegada de las tropas rusas vino acompañada de una oleada de agresiones contra mujeres y niñas. La conducta desviada llegó a tal extremo, que los propios comunistas polacos instalados a modo de títeres de la URSS emitieron una protesta formal al propio Stalin.

La crueldad alcanzó cotas horripilantes: los polacos que trataban de salvar a las víctimas de las violaciones en masa eran disparados sin muchos miramientos. Los polacos terminaron preguntándose desesperadamente sobre si era mejor estar bajo la bota germana o la rusa, tras haber perdido años atrás su soberanía nacional.

Violaciones en el Tercer Reich: los Lagerbordell

Los Lagerbordell (burdeles de los campos de concentración) demuestran que la perversidad del ser humano puede llegar hasta extremos inquietantes. Nada menos que 34 140 prisioneras fueron obligadas a prostituirse durante la existencia del Tercer Reich, tanto en burdeles militares al estilo japonés (para la Wehrmacht) como en los propios campos de concentración (al servicio de los prisioneros, a excepción de los judíos).

Burdel del campo de concentración de Mauthausen. Deutsches Bundesarchiv [bajo licencia CC BY-SA-3.0 DE], vía Wikimedia Commons

En el caso de los burdeles de los diversos campos, las mujeres forzadas provenían principalmente del campo de Ravensbrück. En Auschwitz recurrían a sus propias prisioneras. Muchas de ellas eran obligadas o bien a realizar peligrosos y rurimentarios abortos o a esterilizaciones sin ninguna garantía.

Los alemanes hicieron honor a su estereotipo de organización precisa y se decantaron por organizar burdeles en los países ocupados (en Francia, en Polonia, en la URRS, etc). De esta manera, el propio ejército podía tener más o menos controlada la vida sexual de sus hombres y se evitarían escándalos que empeorasen la ya de por sí mala imagen de ocupadores. Lo cierto es que poco importa si las violaciones ocurren a puerta cerrada (caso de los burdeles japoneses o alemanes) o si se producen de manera impulsiva (caso ruso o aliado).

Absolutamente todas las partes implicadas en la Segunda Guerra Mundial son culpables de estos repugnantes crímenes de guerra. Desgraciadamente, la historia se repite hasta nuestros días en los diversos conflictos armados que azotan al mundo.

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