La violencia sexual fue una de las dimensiones más devastadoras y silenciadas de la Segunda Guerra Mundial. Todos los ejércitos beligerantes cometieron agresiones sexuales contra la población civil y los prisioneros, pero la escala y la sistematicidad variaron enormemente. Desde el sistema de esclavitud sexual de las "mujeres de confort" japonesas hasta las violaciones masivas perpetradas por el Ejército Rojo en su avance hacia Berlín, pasando por los crímenes de la Wehrmacht en el Frente Oriental y los abusos cometidos por tropas aliadas en Europa occidental y el Pacífico, la SGM dejó millones de víctimas de violencia sexual cuyo sufrimiento fue ignorado durante décadas por la historiografía oficial.

Antiguas mujeres de confort protestan frente a la embajada japonesa en Seúl en 2011
Supervivientes del sistema de mujeres de confort protestan frente a la embajada japonesa en Seúl, agosto de 2011, exigiendo reconocimiento y disculpas. Claire Solery · CC BY-SA 3.0

El sistema de mujeres de confort japonés

El crimen de violencia sexual más sistemático de la SGM fue el sistema de "estaciones de confort" del Japón Imperial. Entre 50.000 y 200.000 mujeres, principalmente coreanas, chinas y filipinas, fueron forzadas a servir como esclavas sexuales del ejército japonés entre 1932 y 1945. Este sistema, organizado y administrado por las fuerzas armadas japonesas, representa uno de los mayores casos de tráfico sexual patrocinado por un estado en la historia moderna.

La violencia sexual en el Frente Oriental

El Frente Oriental fue escenario de violaciones masivas cometidas por ambos bandos. La Wehrmacht y las unidades de las SS perpetraron violaciones sistemáticas contra mujeres soviéticas durante la invasión de la URSS, especialmente en los territorios ocupados donde la población civil estaba completamente indefensa. Las víctimas incluían mujeres de todas las edades, desde niñas hasta ancianas, y la violencia sexual frecuentemente precedía o acompañaba a las masacres de civiles.

La respuesta soviética, cuando el Ejército Rojo invadió territorio enemigo a partir de 1944, fue igualmente brutal. Las violaciones masivas cometidas por soldados soviéticos en Prusia Oriental, Silesia, Pomerania y especialmente en Berlín constituyen uno de los crímenes de guerra más extensos y menos juzgados del conflicto. Las estimaciones del número de mujeres alemanas violadas por soldados soviéticos varían entre cientos de miles y dos millones.

La violencia sexual soviética en Alemania respondía a una mezcla de factores: la sed de venganza por las atrocidades alemanas en la URSS, la deshumanización del enemigo fomentada por la propaganda, la disponibilidad de alcohol y la ausencia de disciplina efectiva. Aunque algunos oficiales soviéticos intentaron frenar los excesos, las órdenes de contención fueron ignoradas con frecuencia y los perpetradores rara vez fueron castigados.

La violencia en otros teatros

La violencia sexual no se limitó al Frente Oriental ni al Pacífico. Tropas aliadas occidentales también cometieron agresiones sexuales en los territorios liberados, aunque en una escala significativamente menor que la del Frente Oriental. En Francia, Italia y Alemania se documentaron violaciones por parte de soldados estadounidenses, británicos y franceses, especialmente por las tropas coloniales francesas en Italia durante la campaña de Montecassino.

En el norte de África, en el Pacífico y en el sudeste asiático, la violencia sexual contra las poblaciones locales fue una constante que afectó a millones de mujeres cuyas historias raramente han sido contadas.

El silencio de la posguerra

Tras la guerra, la violencia sexual fue deliberadamente silenciada por todos los bandos. Los aliados minimizaron los crímenes de sus propios soldados, la URSS negó la existencia de violaciones masivas y Japón ocultó el sistema de mujeres de confort durante décadas. Las víctimas, estigmatizadas por sociedades que las culpaban de su propia agresión, guardaron silencio durante generaciones.

Los tribunales de Núremberg y Tokio abordaron la violencia sexual de forma marginal. Aunque las violaciones en la Masacre de Nankín y los crímenes de las mujeres de confort fueron mencionados, la violencia sexual no fue juzgada como una categoría específica de crimen de guerra, una omisión que reflejaba las actitudes de la época hacia la agresión sexual.

El reconocimiento tardío

Solo en las últimas décadas la violencia sexual durante la SGM ha recibido la atención que merece. El movimiento de las antiguas mujeres de confort coreanas, que comenzaron a dar testimonio público en los años 1990, fue determinante para visibilizar esta forma de crimen de guerra. Los testimonios de mujeres alemanas violadas por soldados soviéticos, publicados inicialmente de forma anónima, han enriquecido la comprensión de una guerra cuya brutalidad contra las mujeres fue sistemáticamente ignorada.

La SGM demostró que la violencia sexual en los conflictos armados no es un exceso individual sino un fenómeno estructural que requiere prevención, sanción y reconocimiento. El sufrimiento de millones de mujeres durante la guerra más destructiva de la historia sigue siendo un recordatorio de que los crímenes que no se nombran no desaparecen: simplemente se suman al silencio que perpetúa la injusticia.