Operación Cornflakes

Es 5 de febrero de 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa ya muy próximo, y un tren alemán se dirige a la ciudad de Linz. De repente, se produce un bombardeo aliado que consigue hacer que el tren descarrile. La mercancía del tren (sacos de correos dirigidos a varias localidades del norte de Austria) queda desperdigada por la zona y una segunda oleada de bombarderos la sobrevuela para lanzar una extraña carga.

Ocho sacos repletos de correo aterrizan en las inmediaciones del tren. Dentro de cada bolsa hay 800 cartas de propaganda debidamente franqueadas, todas ellas dirigidas a domicilios particulares y negocios dispuestos a lo largo de la ruta férrea.

Cuando las autoridades alemanas descubren el tren, los trabajadores del servicio postal alemán recuperan las bolsas y entregan las cartas a sus destinatarios sin percatarse del cambiazo que se acababa de producir: la Operation Cornflakes había comenzado.


La propaganda fue la herramienta favorita de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, el método generalizado para distribuirla (los lanzamientos aéreos) tenía varios puntos débiles.

Había que producir una enorme cantidad de panfletos para incrementar las posibilidades de que aquellos que tenían que leerlos pudieran hacerlo. Incluso cuando las impresiones eran suficientes, las ráfagas fuertes de vientos, la lluvia o el conocimiento por parte de las autoridades nazis de un lanzamiento planeado podían traducirse o bien en la dispersión o bien a la destrucción de los panfletos antes de que pudieran llegar a su audiencia de destino.

Había que investigar una manera para eliminar cualquier variable adversa con el fin de conseguir que la propaganda le llegara directamente a los alemanes.

Al final, la OSS tuvo una idea muy ingeniosa: recurrirían a usar al propio servicio postal alemán como sistema de distribución de propaganda. Harían que su propaganda estuviese presentada de tal manera que pudiera pasar por correo alemán ordinario. Los aviones se encargarían de lanzar las cartas en las inmediaciones de trenes postales bombardeados y el enemigo se encargaría de recogerlas y entregarlas. Cada mañana, el gobierno alemán realizaría puntuales entregas de la propaganda aliada a sus ciudadanos. Además, el plan de la Operation Cornflakes tenía el beneficio añadido de sobrecargar a un sistema de comunicaciones y transporte que estaba realmente saturado y desgastado a finales de la Segunda Guerra Mundial.

 La Operation Cornflakes, cuyo nombre en clave se debió a que el correo subversivo se entregaría a sus destinatarios alemanes mientras estuviesen delante de su bol de cereales en el desayuno, tenía varias ventajas frente a los tradicionales lanzamientos aéreos, pero requería un gran nivel de preparativos para que funcionase.

Había que aprender los entresijos del sistema de correos alemán, así que los prisioneros de guerra alemanes que habían trabajado en el servicio postal fueron interrogados sobre todos los aspectos del sistema, por nimios que estos fueran.

Por su parte, los espías y simpatizantes de los Aliados reunieron muestras de sellos, sobres, sacos, etc. El personal de la OSS tendría como misión principal extraer direcciones y nombres recogidos en los listines telefónicos alemanes.

insignia para el brazo de la OSS, organización precursora de la CIA
Insignia para el brazo de la OSS, organización precursora de la CIA. Fuente y autoría: U.S. Government [dominio público], vía Wikimedia Commons.

operation cornflakes

Preparación de una “bomba especial” con sacos de correos alemanes falsificados especialmente para la Operation Cornflakes. Fuente y autoría: Desconocida [CC BY-SA 3.0], vía segunda-guerra-mundial.tumblr.com.

Todos los aspectos del sistema de correos alemán fueron replicados al milímetro, salvo algunos pequeños detalles muy graciosos. Por ejemplo, los falsificadores manipularon el sello estándar con la efigie de Adolf Hitler para que mostrase una calavera por encima.

En otros sellos se cambió el lema que aparecía en la parte inferior de los sellos (Deutsches Reich – Reich alemán) por otro menos nacionalista (Futsches Reich – Reich hundido). Ahora bien, estos sellos no se usaban como franqueo ordinario en las cartas sino que se acompañaban de otra propaganda dentro de los sobres.

Una vez que los miembros de la OSS conocieron a fondo todo el sistema, se procedió al inicio de la preparación de los materiales. Un grupo en Roma preparó sobres con más de 2 millones de nombres y direcciones, a un ritmo de 15.000 sobres por semana. Diversos grupos en Suiza e Inglaterra imprimieron mientras tanto periódicos propagandísticos, cartas y sellos falsificados.

Tras la preparación de los materiales, las bolsas de correo llenas fueron entregadas a la aviación aliada para llevar a cabo la misión. Se diseñaron bombas especiales para albergar las bolsas y se equiparon con detonadores enlazados a un control en la cabina del avión.

Con tan solo pulsar un botón, los pilotos podrían lanzar las bolsas de correo a una altura que no las dañaría y al mismo tiempo podrían conservar en el avión las carcasas de las bombas, para evitar levantar suspicacias entre los alemanes en tierra.

Entre la propaganda que llegó a direcciones alemanes durante la Operation Cornflakes estaban los ejemplares de Das Neue Deutschland (un periódico producido por la OSS y que se erigía como voz de la oposición creciente al partido nazi en ese delicado momento de la Segunda Guerra Mundial).

También se adjuntaban cartas supuestamente escritas por el líder regional del Partido Nacionalsocialista Erich Koch en las que comentaba un supuesto pésimo estado de salud de Adolf Hitler, lo que servía para crear dudas en la mente de la población civil alemana sobre la unidad y capacidad de acción del gobierno del Reich. También se solía incluir una lista de 10 mandamientos que todo buen austriaco debería cumplir.

Propaganda estándar empleada durante la Operation Conrnflakes.
Propaganda estándar empleada durante la Operation Cornflakes en un envío postal. Dentro del sobre había una hoja con los 10 mandamientos de los austriacos, sellos satíricos de Adolf Hitler, un cartel que decía Freiheit, Frieden (Libertad, Paz) y otro que rezaba Ein Volk: Österreich (Un pueblo: el austriaco), Ein Reich: Österreich (Un Reich: Austria), Kein Führer! (¡Ningún Führer!). Fuente y autoría: Desconocida [CC BY-SA 3.0], vía segunda-guerra-mundial.tumblr.com.

Los mandamientos de los austriacos eran los siguientes:

1) No olvidarás que tu hogar es Austria y no “Ostmark” o “Grossdeutschland” (NOTA: “Ostmark” era el nombre que recibía Austria dentro del Tercer Reich).

 

2) No confraternizarás con los nazis, los traidores y opresores de Austria, los blasfemos y beneficiarios de la guerra.

 

3) Tendrás muy claro que solo tienes un enemigo: el alemán parásito del Reich de Hitler. Cualquiera que luche contra el Tercer Reich contribuye a la liberación de Austria y es, por tanto, tu amigo.

 

4) No prolongarás el sufrimiento de tu patria mediante la contribución a la continuación de una guerra sin sentido que ya está perdida, ya trabajes dentro del servicio de combate activo de la Wehrmacht o en una oficina o fábrica.

 

5) Te esforzarás en cambio por acortar la guerra criminal con toda tu fuerza. Si estás en el ejército, evitarás el servicio activo fingiendo una enfermedad y te entregarás a la más mínima oportunidad. La Austria libre te necesita como un austriaco vivo y no como un “Ostmärker” muerto. Si trabajas, te escaquearás del trabajo informándole al jefe de que estás enfermo y sabotearás siempre que puedas la misión asesina de los alemanes.

 

6) No negarás tus ansias de libertad y tu amor por tu patria por miedo o pusilanimidad ante los asesinos colaboracionistas de la Gestapo. ¡Ha llegado el tiempo de pasar a la acción!

 

7) Te preparás para el día de la liberación escribiendo desde ahora los nombres de los criminales nazis y de los explotadores del antiguo Reich, para determinar con precisión posteriormente quién será purgado y quién será ahorcado.

 

8) No obedecerás las órdenes de funcionarios del partido o de las autoridades nazis. La mayoría de ellas solo conducirán a un mayor subyugamiento de nuestra patria y solo nos traerán muerte y miseria a nosotros, el pueblo austriaco.

 

9) Harás todo lo posible para fortalecer y propagar el deseo y la voluntad de la liberación de Austria entre tus familiares y amigos, y te unirás a los grupos de resistencia ya existentes o crearás uno por ti mismo.

 

10) No deberás decir “Heil Hitler”, sino que deberás recuperar el antiguo saludo austriaco “Grüss Gott” [“Dios contigo”] y ¡pensarás siempre en la liberación e independencia de Austria!

 

La mayoría del correo falso incluía direcciones de remitentes legítimos, como la Wiener Giro-und Kassenverein, una reputada institución financiera de Viena. Lo cierto es que fue precisamente esta dirección de remite la que provocó el descubrimiento de la Operation Cornflakes por parte de las autoridades nazis, tras un error de un agente de la OSS al escribir Cassenverein (con C en vez de con K).

Tras uno de los bombardeos de trenes postales y tras el posterior traslado de los sacos falsificados a las dependencias de la oficina de correos, un trabajador se dio cuenta del error.

Cassenverein aparecía en varias cartas y los trabajadores de correos comenzaron a sospechar: se temían que había gato encerrado. Terminaron abriendo los sobres y descubrieron sus contenidos propagandísticos. La Operation Cornflakes se iría al traste por un estúpido error tipográfico.

Durante el transcurso de la operación, 20 cargamentos de correo falso fueron lanzados en 320 bolsas de correos con más de 96.000 cartas de propaganda. Respecto a las cartas que finalmente llegaron a hogares alemanes, no podemos estar seguros de si la Operation Cornflakes tuvo algún efecto significativo, al menos a nivel psicológico.

Los Aliados trataban de evaluar el daño conseguido sobre la moral del enemigo con el empleo de operaciones psicológicas mediante la supervisión de desertores y prisioneros de guerra alemanes, pero los resultados no resultaron ser del todo esclarecedores.

Al menos 10.000 de los hombres interrogados dijeron que se habían visto directamente afectados por la propaganda de la OSS en algún momento de la Segunda Guerra Mundial.

En el caso del resto de los soldados, la desmoralización era resultado de un proceso paulatino y progresivo, que no solamente estaba marcado por la propaganda, sino que también por las heridas, la fatiga de guerra, las muertes de camaradas en el frente y otras condiciones, por lo que era muy difícil calcular los efectos directos de la propia operación de guerra psicológica.

Desde un punto de vista estratégico, no obstante, la operación fue un claro éxito, ya que se consiguió sobrecargar al sistema de comunicaciones alemán y retrasar la entrega de correo, forzando al gobierno nazi a asignar recursos para la reparación de las rutas férreas y de los trenes dañados.

La mayoría de los sellos falsificados, de los sobres y de los contenidos fueron destruidos durante la Segunda Guerra Mundial, o bien por el propio servicio postal alemán tras darse cuenta de todo, o bien por los propios destinatarios de las cartas, que simplemente se deshicieron de la propaganda.

Lo cierto es que que muchos de los artículos utilizados durante la Operation Cornflakes, especialmente los sellos con la calavera de Hitler, son tan codiciados por los coleccionistas en la actualidad que algunas personas han comenzado a producir y a vender falsificaciones de las propias falsificaciones originales.

Futches Reich