La Operación Cornflakes fue una de las operaciones de guerra psicológica más ingeniosas de la SGM. Ideada por la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), el servicio de inteligencia estadounidense, consistía en bombardear trenes postales alemanes e infiltrar entre los escombros sacas de correo falsificado que contenían propaganda antinazi. Cuando los equipos de rescate recuperaban el correo disperso, mezclaban sin saberlo las cartas falsas con las auténticas, y el propio sistema postal del Reich se encargaba de distribuir la propaganda a domicilios alemanes. El nombre en clave aludía al momento en que los ciudadanos encontrarían las cartas subversivas: a la hora del desayuno, junto con los copos de maíz.

Sello postal falsificado por la OSS mostrando una calavera en lugar del perfil de Hitler, con la inscripción Futsches Reich
El sello falsificado Futsches Reich (Reich perdido), creado por la OSS como parodia del sello oficial Deutsches Reich Gobierno de EE. UU. · Dominio público

Contexto: la guerra psicológica aliada

Para 1944, los Aliados habían desarrollado un amplio arsenal de guerra psicológica contra Alemania. Millones de octavillas se lanzaban desde aviones sobre las ciudades alemanas, las emisoras de radio aliadas transmitían en alemán programas diseñados para minar la moral, y operaciones de engaño como la Operación Fortitude demostraban que la manipulación de la información era un arma tan poderosa como los bombardeos.

Sin embargo, las octavillas aéreas tenían una eficacia limitada. Los ciudadanos alemanes sabían que provenían del enemigo y muchos las descartaban sin leerlas. El régimen había convertido la posesión de propaganda aliada en un delito castigado con penas severas, lo que disuadía a muchos de recogerlas. La OSS necesitaba un método que pusiera la propaganda directamente en manos de los ciudadanos sin que estos supieran que era de origen enemigo.

El plan

La idea surgió de la Sección de Operaciones Morales de la OSS, con sede en Roma. El plan tenía una elegancia conceptual notable: utilizar la propia infraestructura postal del enemigo como vehículo de propaganda.

El proceso era el siguiente: primero, la inteligencia aérea identificaba trenes postales alemanes en tránsito. Después, bombarderos aliados atacaban esos trenes en puntos donde el correo quedaría disperso pero no completamente destruido. Simultáneamente, aviones lanzaban sacas de correo falsificado sobre la zona del ataque. Cuando los equipos de recuperación alemanes recogían el correo esparcido por los bombardeos, las sacas falsas se mezclaban con las auténticas. El correo era reenviado a los centros de clasificación y, desde allí, distribuido a los destinatarios como correspondencia ordinaria.

La fabricación del correo

La OSS produjo miles de cartas con aspecto completamente auténtico. Cada sobre llevaba una dirección real de un ciudadano alemán (obtenida de directorios y listas capturadas), un sello postal aparentemente válido y un matasellos verosímil. En su interior, las cartas contenían propaganda antinazi: folletos que informaban sobre las derrotas alemanas, denunciaban los crímenes del régimen o instaban a la población a abandonar la resistencia.

El detalle más célebre de la operación fue la creación de sellos postales falsificados. Los impresores de la OSS reprodujeron con extraordinaria fidelidad los sellos oficiales del Reichspost, con una diferencia sutil pero devastadora: en lugar del perfil de Hitler y la inscripción Deutsches Reich (Reich alemán), algunos sellos mostraban una calavera en lugar del rostro del Führer y la leyenda Futsches Reich (Reich perdido o arruinado), un juego de palabras en alemán entre Deutsches (alemán) y futsch (perdido, acabado).

Otros sellos falsificados eran réplicas perfectas de los originales, diseñados para pasar cualquier inspección superficial y garantizar que las cartas llegaran a su destino. La calidad de la falsificación era tal que algunos sellos fueron considerados obras maestras de la impresión de seguridad.

La ejecución

La Operación Cornflakes se llevó a cabo entre febrero y abril de 1945, durante los últimos meses de la guerra en Europa, cuando el sistema postal alemán ya funcionaba de forma precaria bajo los bombardeos constantes. La OSS realizó varias misiones, coordinando los bombardeos de trenes postales con el lanzamiento de sacas falsas.

La primera misión documentada tuvo lugar el 5 de febrero de 1945, cuando un tren postal fue bombardeado cerca de Linz, en Austria. Los aviones aliados lanzaron sacas de correo falsificado sobre la zona del ataque. Los equipos de rescate alemanes, acostumbrados a recuperar correspondencia dispersa tras los bombardeos —algo habitual en esa fase de la guerra—, recogieron las sacas sin sospechar.

Se estima que la OSS produjo y distribuyó entre 3.000 y 20.000 cartas falsificadas a lo largo de varias misiones. Las cifras exactas son inciertas porque gran parte de la documentación operativa fue destruida o clasificada tras la guerra.

El periódico fantasma

Además de las cartas individuales, la OSS incluyó en algunas sacas ejemplares de un periódico falsificado llamado Das Neue Deutschland (La Nueva Alemania), diseñado para imitar la apariencia de un periódico clandestino de resistencia interna alemana. El periódico contenía noticias reales sobre las derrotas del Reich mezcladas con artículos que fomentaban la desmoralización y la rendición.

La existencia aparente de un movimiento de resistencia interno activo y organizado —aunque ficticio— tenía un propósito doble: animar a los ciudadanos alemanes que ya dudaban de la guerra y preocupar a las autoridades nazis, que dedicaban recursos a investigar una organización que no existía.

Eficacia y debate

Evaluar la eficacia de la Operación Cornflakes es difícil. No existen registros de cuántas cartas llegaron efectivamente a sus destinatarios ni de qué impacto tuvieron en la moral de la población. La operación se desarrolló en los últimos meses de la guerra, cuando Alemania ya estaba siendo aplastada militarmente y la moral civil se desplomaba por los bombardeos, la escasez y el avance de los ejércitos aliados.

Los defensores de la operación argumentan que su valor residía tanto en el efecto psicológico acumulativo como en la elegancia del método. Cada carta que llegaba a un hogar alemán a través del propio sistema postal del Reich erosionaba la confianza en las instituciones del régimen y demostraba que ni siquiera el correo era seguro.

Los críticos señalan que la operación fue demasiado pequeña en escala y demasiado tardía para tener un impacto significativo. Para febrero de 1945, la mayoría de los alemanes ya sabían que la guerra estaba perdida, con o sin propaganda aliada. Los recursos invertidos en Cornflakes podrían haberse dedicado a operaciones con un rendimiento más tangible.

La conexión con la Operación Bernhard

La Operación Cornflakes no fue la única operación aliada que implicaba falsificación durante la guerra. Del lado alemán, la Operación Bernhard había producido millones de libras esterlinas falsificadas con el objetivo de desestabilizar la economía británica. Ambas operaciones demuestran que la falsificación —de dinero, sellos o documentos— fue un arma de guerra utilizada por todos los bandos.

Legado

La Operación Cornflakes ocupa un lugar destacado en la historia de la guerra psicológica por la originalidad de su concepto. Utilizar la infraestructura del enemigo como vehículo para su propia subversión era una idea que anticipaba técnicas de guerra de información que se desarrollarían plenamente décadas después.

Los sellos del Futsches Reich se convirtieron en objetos de coleccionismo tras la guerra. Hoy son piezas muy cotizadas en el mercado filatélico, valoradas tanto por su rareza como por la historia que representan. Algunos ejemplares se conservan en museos como el Smithsonian y el Imperial War Museum.

Más allá de su impacto militar, Cornflakes ilustra la creatividad y la audacia que caracterizaron a la OSS, el antecesor de la CIA. En un conflicto dominado por la fuerza bruta, un puñado de agentes de inteligencia encontró la forma de convertir el correo matutino en un arma de guerra.