Las Leyes de Núremberg

Las Leyes de Núremberg: antisemitismo de Estado

Desde el momento en el que los Nazis llegaron al poder en 1933, los judíos alemanes se vieron sometidos a una innumerable ristra de leyes discriminatorias, en base al racismo que promulgaba el nazismo.

Durante los doce años del Tercer Reich se promulgaron nada más y nada menos que 400 regulaciones que les prohibían a los judíos desde tocar en una orquesta sinfónica a ser dueños de mascotas.

En los primeros años del Tercer Reich, la burocracia nazi creó regulaciones antisemitas tanto moderadas como radicales. Ninguno de los legisladores tuvo el más mínimo escrúpulo a la hora de ser antisemita. No obstante, los más moderados temían la reacción internacional y el posible impacto de sanciones por las leyes antijudías en una economía aún frágil.

De los 503 000 judíos que vivían en Alemania en 1933, en torno al 70 % vivían en grandes ciudades como Berlín, Frankfurt y Breslau. Muchos de los judíos jóvenes estaban casados con cónyuges no judíos.


Aunque los judíos alemanes tan solo eran el 1 % de una población total de 55 millones, Adolf Hitler les consideraba los “enemigos mortales” del pueblo alemán. Dentro del aparato estatal nazi, los antisemitas moderados y radicales no lograban ponerse de acuerdo sobre qué acciones legales (o ilegales) debían tomarse contra los judíos del Tercer Reich.

Esta lucha entre burócratas resultó en un estancamiento en el desarrollo de una política nazi antisemita coordinada. Los miembros de las SA, enfadados por los desacuerdos burocráticos, a menudo pagaban sus frustraciones con los judíos que vivían en sus barrios. En 1935 hubo un incremento muy importante en el número de incidentes callejeros.

Por su parte, los ciudadanos de a pie, animados en parte por el discurso propagandístico antisemita de Goebbels, desempeñaron también su papel en las demostraciones de odio antijudío en las calles. Por su parte, Rudolf Hess, secretario de Hitler, ordenó parar los actos antisemitas espontáneos, no por hacerles ningún favor a los judíos, sino para evitar que los miembros del Partido se vieran en problemas con la policía política, que a su vez estaba formada mayormente por otros miembros del Partido.Hess pensaba que podría crearse un caldo de cultivo que culminaría en conflictos entre nazis que, a su juicio, sería recibido con júbilo por parte de los judíos.

A finales del verano de 1935, la violencia y las manifestaciones en las calles habían disminuido en intensidad. Ahora bien, las desavenencias legislativas y burocráticas no hacían más que aumentar y pronto serían tema candente en la reunión anual del Partido en Núremberg (Reichsparteitag).

En la reunión anual del NSDAP (Nationalsozialische Deutsche Arbeiterpartei – Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), celebrada entre los días 9 y 15 de septiembre de 1935, se había programado el último día una sesión especial en la que Hitler pronunciaría un importante discurso sobre política exterior que abordaría el asunto de la Liga de Naciones y la Italia fascista. Al final, Hitler canceló su discurso con poca antelación siguiendo el consejo de su ministro de Asuntos Exteriores, Constantin von Neurath.

Esta repentina cancelación dejó un vacío en la programación de la asamblea especial del Reichstag en Núremberg. La ocasión fue aprovechada por el ala antisemita más radical, que le sugirió al Führer que aprovechase la ocasión para anunciar una serie de importantes leyes antijudías.

Nürnberg, Reichsparteitag, Grundstein Kongreßhalle
Cúpula del NSDAP reunida en el Reichsparteitag de Núremberg de 1935. Fuente y autoría: Deutsches Bundesarchiv [bajo licencia CC BY-SA-3.0 DE], vía Wikimedia Commons

Hitler aceptó la sugerencia y reflexionó sobre la aprobación de una ley que prohibiese el matrimonio interracial y las relaciones sexuales entre judíos y no judíos, algo que sabía que los radicales deseaban desde hace tiempo. El 14 de septiembre, antes de la sesión especial del Reichstag, los juristas nazis le presentaron a Hitler los borradores de la nueva legislación antisemita.

En torno a la medianoche, Hitler les comunicó a los juristas que también deseaba una ley adicional que abordase el asunto de la ciudadanía del Reich. Los juristas se apresuraron a redactar improvisadamente en la parte trasera de la carta del menú del hotel una ley por la que los judíos pasarían a ser súbditos (y no ciudadanos) del Reich. Hitler (famoso por dormir muy poco) aprobó el borrador a eso de las dos y media de la madrugada.

En la sesión especial del Reichstag que se celebraría a las ocho de la tarde de ese mismo día, Hitler pronunció un breve discurso en el que describió las nuevas leyes como un intento de solucionar por vía legal un problema que, en caso de no lograr resolverse, habría que desgranar desde otras perspectivas más “pragmáticas”. Posteriormente, el presidente del Reichstag, Hermann Göring, leyó las siguientes leyes en voz alta:

ley de ciudadanía del reich

ley para la protección de la sangre y el honor alemanes

El anuncio de las Leyes de Núremberg tuvo como consecuencia una gran confusión y un sinfin de debates acalorados entre los burócratas nazis sobre cómo definir quién era judío, puesto que hasta ese momento se habían producido miles de matrimonios interraciales.

Como resultados, dos meses después se promulgó un decreto nazi complementario por el cual se definía lo que era una persona 100 % judía: alguien con al menos tres abuelos judíos. Aquellos con menos de tres abuelos judíos eran denominados Mischlinge (mestizo judío).

Dentro de los Mischlinge había dos grados: Mischling de primer grado (persona con dos abuelos judíos) y Mischling de segundo grado (persona con solo un abuelo judío).

Nota: Mischlinge es la forma plural y Mischling la forma singular en alemán

Los Nazis también publicaron unas tablas de referencia de cierta complejidad para ayudar a los burócratas a diferenciar los diversos rasgos de “judaísmo”. Generalmente, cuanto más grado de “judaísmo” tenía un judío, mayor nivel de discriminación debía soportar. Lo cierto es que pese a estas tablas la confusión seguía siendo considerable. En muchos casos, la información genealógica necesaria respecto a los orígenes judíos de una persona sencillamente no estaba disponible.

Según esta clasificación, 350 000 alemanes podían denominarse Mischlinge: 5o 000 conversos al cristianismo del judaísmo, 210 000 de primer grado y 90 000 de segundo grado.

esquema racial de las Leyes de Nuremberg
Esquema racial de las Leyes de Núremberg. De izquierda a derecha, “de sangre alemana”, “Mischling de 2.º grado”, “Mischling de 1.º grado”, Judío (3 de 4 abuelos judíos), Judío (4 de 4 abuelos judíos). Fuente y autoría: Reichsauschuss für Volksgesundheitsdienst [bajo licencia de dominio público en virtud de las leyes en materia de copyright de Alemania], vía Wikimedia Commons.

Los burócratas nazis no se terminaban de poner de acuerdo sobre cuán estrictamente debían aplicarse las Leyes de Núremberg. Los antisemitas moderados querían proteger a los Mischlinge, ya que algunos de ellos eran valiosos funcionarios civiles gubernamentales.

Los más radicales, en cambio, consideraban a todos los Mischlinge como “portadores de influencia judía” y querían que desaparecieran totalmente de la vida pública alemana. Muy a su pesar, el criterio de los moderados prevaleció y los funcionarios Mischlinge pudieron conservar por el momento sus puestos de trabajo.

Aunque pueda parecer sorprendente desde nuestra perspectiva histórica, fueron muchos los judíos alemanes que reaccionaron a la promulgación de las Leyes de Núremberg con sentimiento de alivio, ya que pensaban que lo peor ya había pasado: al menos sabían a qué atenerse y podían seguir con sus vidas, aunque fuera con sus derechos mermados. Hasta cierto punto tenían razón en sostener esta visión. Durante el transcurso de los años siguientes, los Nazis cambiaron de forma muy lenta el statu quo de los judíos.

Los años previos a la Segunda Guerra Mundial serían relativamente tranquilos para los judíos del Tercer Reich, ya que Hitler estaba demasiado concentrado en sus asuntos diplomáticos y en el rearme militar alemán.

Realmente a Hitler le convenía e interesaba que los ánimos estuviesen calmados en aras de ganar credibilidad en los círculos diplomáticos. En los años previos, los observadores internacionales destinados a la Alemania nazi habían sido testigos de una increíble sucesión de acontecimientos y circunstancias: la toma del poder con tintes revolucionarios de enero de 1933, el misterioso incendio del Reichstag de febrero, el boicot antisemita de abril, la quema de libros de mayo, la violencia callejera de las SA, los rumores de la existencia de campos de concentración, la existencia de la Gestapo, la purga de la Noche de los Cuchillos Largos y el ascenso de Hitler al rango de Führer como si de un antiguo emperador se tratase.

Por consiguiente, era momento para contenerse: el Führer tenía que poder presentarse como un interlocutor serio y no como el líder de una masa antisemita fuera de sí. El turno de los judíos, por desgracia para ellos, llegaría más adelante.