La batalla de la bolsa de Korsun-Cherkassy, librada entre enero y febrero de 1944 en Ucrania central, fue uno de los episodios más dramáticos del frente oriental. Unos 60.000 soldados alemanes quedaron atrapados en un cerco soviético que recuerda, a menor escala, a Stalingrado . La diferencia fue que, esta vez, una parte de los cercados consiguió escapar en una fuga desesperada a través de las líneas soviéticas, pero el precio fue atroz: miles murieron congelados, ahogados o acribillados mientras intentaban cruzar un río helado bajo fuego enemigo.

Contexto: el frente oriental en 1944
A principios de 1944, la iniciativa en el frente oriental pertenecía firmemente al Ejército Rojo. Tras la victoria en Kursk en el verano de 1943 y las sucesivas ofensivas de otoño e invierno, las fuerzas soviéticas habían liberado gran parte de Ucrania y empujado a la Wehrmacht más allá del río Dniéper . Sin embargo, la línea del frente presentaba irregularidades: varios salientes y bolsas alemanas se adentraban en el territorio reconquistado por los soviéticos, vulnerables a maniobras de cerco.
Uno de estos salientes se encontraba en la zona de Korsun-Cherkassy, al sur de Kiev. Allí, dos cuerpos de ejército alemanes del Grupo de Ejércitos Sur —el XI Cuerpo de Ejército y el XXXXII Cuerpo de Ejército, integrados en el 8.º Ejército del general Otto Wöhler— mantenían posiciones que se habían quedado peligrosamente expuestas tras los avances soviéticos en los flancos.
Hitler se negaba a autorizar cualquier retirada, insistiendo en mantener cada metro de terreno conquistado. Era la misma obstinación que había condenado al 6.º Ejército en Stalingrado, y el alto mando soviético estaba decidido a explotarla.
La trampa soviética
El plan soviético era un doble envolvimiento clásico. El 1.er Frente Ucraniano del general Nikolái Vatutin atacaría desde el norte y el 2.º Frente Ucraniano del general Iván Kónev desde el sur, uniendo sus pinzas detrás de las posiciones alemanas para formar una bolsa. Kónev, un comandante agresivo y despiadado, sería el motor principal de la operación.
El 24 de enero de 1944, ambos frentes lanzaron sus ofensivas simultáneamente. Los tanques soviéticos avanzaron a través del terreno embarrado de la estepa ucraniana, esquivando los puntos fuertes alemanes y dirigiéndose hacia los objetivos de enlace. El 28 de enero, las puntas de lanza de Vatutin y Kónev se encontraron en Zvenigorodka, cerrando el cerco sobre aproximadamente 60.000 soldados alemanes de seis divisiones.
Dentro de la bolsa
La situación de las tropas cercadas era desesperada desde el principio. El perímetro de la bolsa, de unos 50 kilómetros de diámetro, se reducía día a día bajo la presión soviética. Los suministros por aire, la única forma de abastecer a los cercados, eran completamente insuficientes. Los aviones de transporte Ju 52 y He 111 se enfrentaban a la caza soviética y al mal tiempo, y las cantidades que conseguían lanzar no cubrían ni una fracción de las necesidades.
El frío era extremo. Las temperaturas caían por debajo de los veinte grados bajo cero, y los soldados alemanes, muchos de ellos sin ropa de invierno adecuada, sufrían congelaciones masivas. Los heridos no podían ser evacuados y morían por centenares en improvisados puestos de socorro sin medicamentos ni calefacción.
El general Wilhelm Stemmermann, al mando del grupo cercado, organizó una defensa perimetral mientras esperaba el socorro prometido desde el exterior. Hitler había ordenado una operación de rescate utilizando fuerzas blindadas, incluyendo la élite del III Cuerpo Panzer.
El intento de socorro
Desde el exterior, el III Cuerpo Panzer del general Hermann Breith lanzó un ataque desde el sur con divisiones blindadas pesadas, incluyendo la 1.ª División Panzer SS Leibstandarte Adolf Hitler y la 16.ª División Panzer. El avance fue lento y agotador: el deshielo parcial había convertido la estepa en un lodazal que atrapaba a los vehículos pesados hasta los ejes, y la resistencia soviética fue feroz.
Las fuerzas de socorro consiguieron acercarse a la bolsa, pero no lograron romper completamente el cerco soviético. El 15 de febrero, con la columna de rescate detenida a escasos kilómetros del perímetro, el alto mando decidió que los cercados debían intentar una ruptura por su propia cuenta, marchando hacia las líneas amigas.
La fuga: noche del 16 al 17 de febrero
En la noche del 16 al 17 de febrero de 1944, los restos del grupo cercado —unas 40.000 a 45.000 personas entre combatientes y personal de servicios— abandonaron sus posiciones y se dirigieron hacia el suroeste en columnas compactas, intentando alcanzar las líneas del III Cuerpo Panzer.
Lo que siguió fue una pesadilla. Los soviéticos, conscientes del intento de fuga, habían preparado posiciones de bloqueo y emboscadas a lo largo de las rutas de escape. La oscuridad, la nieve, el barro y el caos de decenas de miles de hombres moviéndose sin coordinación convirtieron la marcha en un desastre.
Al amanecer, las columnas alemanas fueron descubiertas en terreno abierto. La caballería soviética y los tanques T-34 atacaron a las masas de soldados desarmados o con armamento ligero. Las escenas fueron de una brutalidad extrema: los jinetes cosacos cargaron sable en mano contra hombres que huían, los tanques aplastaron a los heridos y a los que se habían rendido, y la artillería machacó las columnas desde posiciones elevadas.
El obstáculo final fue el río Gniloy Tikich, un curso de agua no muy ancho pero con las orillas escarpadas y el agua helada. Miles de soldados se lanzaron al río en un intento desesperado de cruzar hacia las líneas alemanas en la otra orilla. Muchos murieron ahogados, arrastrados por la corriente o congelados en las aguas gélidas. Los que no sabían nadar se aferraban a troncos, caballos muertos o compañeros que sucumbían al frío.
Balance
Las cifras de la bolsa de Korsun-Cherkassy son objeto de disputa. Los soviéticos afirmaron haber eliminado a 73.000 soldados enemigos, incluyendo 18.000 muertos contados en el campo de batalla. Los alemanes reconocieron que entre 30.000 y 36.000 hombres lograron escapar de la bolsa, aunque muchos de ellos estaban heridos, congelados o en estado de shock y no volvieron a ser aptos para el combate. Las bajas alemanas totales —muertos, capturados y desaparecidos— se estiman entre 20.000 y 30.000. El general Stemmermann murió durante la ruptura.
Las bajas soviéticas también fueron considerables: entre 24.000 y 30.000 muertos y heridos, reflejo de la intensidad de los combates tanto en el cerco como en el intento de socorro alemán.
Legado
La bolsa de Korsun-Cherkassy fue el segundo gran cerco de tropas alemanas en el frente oriental después de Stalingrado, y la propaganda soviética la presentó como un nuevo Stalingrado. La comparación era exagerada —las dimensiones eran mucho menores y una parte significativa de los cercados escapó—, pero la analogía no era del todo injusta: en ambos casos, la obstinación de Hitler en mantener posiciones insostenibles condenó a decenas de miles de soldados a un sufrimiento innecesario.
La batalla demostró que el Ejército Rojo había perfeccionado el arte del cerco operativo que los alemanes habían practicado con tanta eficacia en 1941. Las maniobras de pinza de Vatutin y Kónev anticiparon las grandes operaciones de destrucción de 1944, como la Operación Bagration, que devastaría al Grupo de Ejércitos Centro en el verano siguiente.
Para los supervivientes, el cruce del Gniloy Tikich se convirtió en un recuerdo traumático que definió su experiencia de la guerra. Las imágenes de hombres ahogándose en agua helada, perseguidos por la caballería enemiga, constituyen uno de los episodios más descarnados del frente oriental y un recordatorio de la brutalidad sin límites que caracterizó la guerra en el este.