La Luftwaffe: Junkers Ju 87 Stuka

En 1935 hace acto de presencia un arma que sería clave en los cielos europeos de la Segunda Guerra Mundial: el mítico Junkers Ju 87 (más popularmente conocido como Stuka). El Stuka era un bombardero de ataque en picado, temido por los Aliados, todo un terror aéreo. Tras su debut en la Guerra Civil Española, llego a ser al poco tiempo una parte clave de la estrategia del Blitzkrieg alemán.

En los inicios de la Segunda Guerra Mundial, demostró ser el rey de los cielos. En perfecta armonía con los míticos Panzer de la muerte, minaba como pocas armas de la 2GM la moral entre las tropas de infantería enemigas, debido a su ensordecedor ataque vertical acompañado de un característico ruido que generaba auténtico pánico.

El Stuka tenía un aspecto imponente. No es raro por tanto entender lo explotada que fue esta arma durante los combates aéreos de la Segunda Guerra Mundial. Para conseguir mayor efectividad, se la dotó de mecanismos innovadores en la fecha.

Por ejemplo, se instalaron en el tren de aterrizaje de la aeronave unas sirenas (conocidas popularmente como “Trompetas de Jericó”), que eran activadas por una hélice de pequeñas dimensiones. Se activaban cuando el aparato iniciaba su descenso mortal en picado, aterrorizando a civiles y militares que sentían cómo la muerte se les acercaba en barrena directa.

Y no solo se recurrió a la guerra psicológica con la instalación de las sirenas: con el fin de producir un estruendo más temible durante la caída de las bombas que portaba, se decidió soldarles un tubo hueco con forma de silbato a las aletas estabilizadores. El aire, que pasaba muy rápido por su interior, se encargaba de producir un efecto atronador y terrorífico.

En cuanto al uso de los Ju 87 “Stuka”, se recurrió a ellos especialmente contra las unidades blindadas de los Aliados. Ciertamente, las formaciones de Stuka estaban cosechando grandes éxitos y diezmaban sin piedad a las formaciones de carros de combate enemigos.

Si bien limitadas por las características del Ju 87 para enfrentarse a pleno rendimiento a las exigentes misiones  que la Luftwaffe encomendaba, lo cierto es que las tripulaciones alemanes fueron capaces de explotar al máximo el magnífico potencial de fuego que les brindaba un moderno avión de ataque como este. La Luftwaffe, sin tregua, se lanzaba en picado contra los tanques enemigos, a veces de costado, pero siempre que podrían por detrás. Con ángulos de descenso bastante agudos, los pilotos conseguían bajar hasta apenas unos metros del suelo sin correr el riesgo de ver su aparato estrellarse contra el suelo en el momento de enderezar.

Las tripulaciones de los Junkers Ju 87 “Stuka” se afanaban por impactar contra los puntos más delicados de los blindados enemigos. Eran conscientes de que el mayor blindaje se hallaba en la parte delantera, siendo los laterales más accesibles y quedando la parte de trasera como punto más débil para hacer un blanco perfecto (en esa zona de encontraba el motor, escasamente protegido por una plancha delgada y normalmente agujereada por motivos de refrigeración). Cuando un Stuka lanzaba su carga contra la parte trasera de un tanque, se producía una espectacular explosión que lo inutilizaba irremediablemente.

Ahora bien, los Junkers Ju 87 “Stuka” no solo hicieron valer su potencial contra unidades terrestres blindadas y de infantería: tuvieron un papel activo durante los combates navales de la Segunda Guerra Mundial.

A continuación, un vídeo en color de la época en la que puede comprobarse el efecto del ataque en picado del Stuka.

Formación de tres Stuka despegando de un aeródromo en septiembre de 1939
Formación de tres Stuka despegando de un aeródromo en septiembre de 1939. Fuente: Bundesarchiv, Bild 101I-318-0053-35 / Koll / CC-BY-SA

Juntar un número alto de efectivos era el factor decisivo para que las unidades dotadas de Ju 87 consiguieran el éxito durante sus operaciones contra unidades navales. Por regla general, a una altura de 4000 m, los Stuka se disponían en formación en círculo antes de dejar atrás de manera individual su posición para lanzarse en picado contra las embarcaciones enemigas. La táctica primordial consistía en atacar el objetivo desde direcciones diferentes, tratando de escapar del mortal fuego antiaéreo forzando la dispersión del mismo.

En esos momentos, los valientes pilotos de la Luftwaffe comenzaban su barrena en zigzag para evitar a toda costa un letal impacto directo que les haría añicos, dándole virulentos golpetes a los pedales del timón de dirección. Además, estos ases de la aviación se veían forzados a apurar al máximo el momento de soltar sus bombas, lo que hacía irremediable una huida del escenario de batalla a alturas sumamente bajas. Por consiguiente, el riesgo de terminar hechos añicos sobre cualquier buque no era algo en absoluto improbable.

Vemos pues cómo la técnica de bombardeo en picado hizo del Ju 87 “Stuka” una auténtica arma área de precisión durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, capaz de atacar de manera selectiva los blancos asignados.

Durante las misiones ofensivas, los Stuka solían adoptar una formación de V agrupados de tres en tres. A medida que se aproximaban a sus objetivos, volaban respetando una distancia de 300 metros, agrupados en grupos de 9 o 30 aviones.

Fotografía en el que se puede ver el radiador de un Stuka
Fotografía en la que se puede ver el radiador de un Stuka. Fuente: Bundesarchiv, Bild 183-2004-0819-500 / CC-BY-SA

Momentos antes de iniciar su característica maniobra de picado, cada piloto debía respetar meticulosamente una serie de pasos. El primero era realizar la activación de los visores, al tiempo que orientaba el aparato con respecto al objetivo designado.

Inmediatamente después, se centraba en la calibración en el altímetro de la altura de recuperación del picado y del lanzamiento de las cargas explosivas: procedía al cierre de las aletas reguladoras del radiador y a la reducción de las revoluciones del motor.

Una vez ya listo para iniciar la ofensiva, el piloto del Stuka tan solo tenía que proceder  al despliegue de los frenos aerodinámicos de picado, que a su vez lograba un ajuste automático del compensador del timón de profundidad. El vuelo en picado solía producirse con ángulos del 80-90 º.

La velocidad iba in crescendo hasta llegar a la espectacular velocidad de 565 km/h. Cabe destacar que el comportamiento aerodinámico del Stuka en esta etapa era asombrosamente estable.

La precisión del ataque dependía mucho de la destreza del piloto a la hora de mantener todo el tiempo alineado el ángulo de picado con el horizonte. Con el fin de asistirle en dicha tarea, disponía de varias líneas rojas grabadas que formaban ángulos diversos sobre el lado derecho de la cubierta deslizante.

El momento en el que el Ju 87 “Stuka” tenía que soltar sus bombas no estaba lejos. Con el testigo del altímetro encendido, acompañado por el sonido de la alarma, el piloto debía prestar atención una vez más: la altura de lanzamiento establecida anteriormente se había alcanzado. Las bombas no tardaban mucho en abandonar sus puntos de anclaje para dirigirse decididamente hacia el blanco marcado.

La última operación exigía el accionamiento del dispositivo automático de recuperación. Los compensadores del timón. Los compensadores del timón de profundidad reaccionaban para transi­tar hacia la posición neutra, nivelando la trayectoria. Una maniobra extrema donde llegaban a registrarse acelera­ciones de 6 G.

Era este el momento de mayor peligro para la integridad del Ju 87 “Stuka”, extremada­mente vulnerable ante la acción de las armas antiaéreas. No resultaba extra­ño que los pilotos decidieran afrontar tan delicada fase ejerciendo un control absoluto sobre el bombardero que tripulaban. Por consiguiente, el ataque solía finalizar con la realización un brusco viraje.

Persegui­do por las trazadoras, comenzaba en­tonces una frenética carrera buscando su propia supervivencia, serpenteando para no convertirse en un blanco fijo, aprovechando cualquier relieve que presentara el terreno sobrevolado. Solo cuando se adquiría la percepción de encontrarse a salvo, el piloto pro­cedía a replegar los frenos de picado, aumentaba las revoluciones del motor y volvía a configurar el Ju 87 para man­tener un perfil de vuelo estándar cami­no de regreso a su base.

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