Drogas en la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, varios ejércitos de diversos países recurrieron a las anfetaminas y a la mentanfetamina para mejorar el rendimiento de sus tropas.

Algo que mantenga a los soldados alerta, reduzca la percepción del dolor y la sensación de hambre es el sueño de cualquier ejército. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, el interés por las anfetaminas surgió con fuerza en Alemania y, posteriormente, fueron los Aliados los que quedaron prendados de sus efectos. Las primeras anfetaminas fueron sintetizadas en 1887.

No obstante, los laboratorios farmacéuticos no se mostraron interesados por ellas hasta los años 20 del siglo XX. El primer medicamento a base de anfetamina fue lanzado a comienzos de los años 30 para combatir el asma, bajo el nombre comercial de Benzedrina.

 Mediante las investigaciones, el uso y la propia dependencia se pudo determinar el efecto estimulante de las anfetaminas: aumento del nivel de alerta, así como de la capacidad de concentración, disminución del apetito y mayor tolerancia al dolor. Por estos motivos, se exploraron varias clases de anfetaminas y se comercializaron para tratar la narcolepsia, la depresión, la obesidad y muchos otros trastornos médicos.

El uso recreativo de las anfetaminas (speed) tal y como lo conocemos hoy en día era desconocido en aquella época. Una forma modificada de anfetamina, la metanfetamina (el crystal meth que causa actualmente estragos en EE.UU.) fue comercializada por Temmler-Werke en Berlín el 1938 y se vendió sin receta inicialmente en las farmacias alemanas bajo el nombre de Pervitin.

La Wehrmacht se interesa por la metanfetamina

La Wehrmacht se mostró interesada por la metanfetamina y llevó a cabo diversas pruebas. Antes de que tuvieran ocasión de estudiar controladamente a fondo el Pervitin, este comenzó a probarse sin escrúpulos en las tropas que participaban en la invasión de Polonia en el otoño de 1939.

La experiencia práctica mostró que pilotos, conductores de tanques y de camiones serían los más indicados para tomar este medicamento, puesto que podrían aprovecharse del aumento de energía, incluso una vez traspasada la barrera del agotamiento físico y mental.

Presentación de Pervitin. Fuente y autoría: Jan Wellen [bajo licencia CC-BY-SA-3.0], vía Wikimedia Commons

Tras constatar los efectos del Pervitin, las autoridades germanas decidieron regular el medicamento en Alemania, no tanto pensando en sus ciudadanos sino que preocupados por problemas de suministros al sector militar. Ya no era de venta libre en farmacia y toda la producción fue directamente a parar a la Wehrmacht y a la Luftwaffe durante la guerra relámpago (Blitzkrieg) de 1940.

Comienzan los primeros problemas de dependencia

Al mismo tiempo, el ejército alemán constata la aparición de los primeros problemas de adicción. Principalmente, se trataba de personas que habían tenido acceso a las pastillas. Las autoridades comenzaron a adoptar una postura de cierto escepticismo y en la primavera de 1941 el Pervitin se clasificó como estupefaciente y se usó de manera más restringida solo en ámbitos militares.

En el frente oriental, la metanfetamina siguió usándose masivamente. En enero de 1942, 500 solados alemanes se encontraban rodeados por el Ejército Rojo y trataron de romper el cerco mediante una extenuante e interminable marcha nocturna. A continuación, un resumen de un informe de un médico castrense testigo de todo lo ocurrido:

“La capa de nieve era gruesa y la temperatura era inferior a los treinta grados bajo cero. Al cabo de seis horas, muchos soldados estaban a punto de abandonar, estaban físicamente agotados y la moral era bajísima. Algunos se tiraron sobre la nieve, listos para morir. Se tomaron pastillas de Pervitin y tras media hora comenzaron a sentirse mucho mejor. Recuperaron la concentración y la determinación, y consiguieron reunir las fuerzas suficientes para seguir caminando. Un médico se percató de que un soldado que había recibido una dosis doble no parecía presentar mejores síntomas positivos que el resto de sus compañeros”

Los Aliados se interesan por las anfetaminas

Era una cuestión de tiempo que los Aliados se interesaran por las anfetaminas. El ejército británico llevó a cabo una serie de proyectos de investigación y, aunque los resultados obtenidos no resultaron muy convincentes, se decidió comenzar la distribución entre las tropas de estas “pastillas para estar despierto”.

Los primeros en usarlas fueron en 1941 las tripulaciones de los vuelos de larga distancia, así como los soldados destinados a submarinos y, en general, todo personal que necesitara estar alerta por periodos de tiempo prolongados.

En 1942, los Aliados empezaron a usar esta droga de manera más regular, especialmente entre las tripulaciones de los bombarderos, para mantener y mejorar la concentración y la motivación. Principalmente, el interés que las anfetaminas despertaban en los británicos era alto cuando se hablaba de aumentar y mantener la moral de los soldados.

Incluso el propio Montgomery solicitó el suministro de grandes cantidades de anfetaminas para los militares estacionados en El Alamein. Las instrucciones dadas en noviembre de 1942 por el Comandante de las Fuerzas Británicas en Oriente Medio permitirían a los soldados tomar hasta 20 mg por día durante 5 días consecutivos, lo que se considera hoy en día una dosis relativamente alta. Hubo un suceso de fuego amigo que despertó ciertos recelos, ya que se achacó al uso de anfetaminas por parte del soldado que disparó como motivo desencadenante del incidente.

Un folleto del Ministerio del Aire Británico impreso en 1943, revelaba, no obstante, que se conocían los efectos adversos del uso de anfetaminas:

“Cualquiera que tome anfetaminas siente que tiene control total sobre la situación y que puede seguir desempeñando sus tareas sin necesidad de descansar y considera que puede obrar bien, cuando lo cierto es que está cometiendo toda clase de errores”

Los estadounidenses se suben al carro

Los estadounidenses también realizaron sus propias investigaciones sobre los efectos de las anfetaminas. Inicialmente, hubo escepticismo sobre si eran mejores que la cafeína. Cometieron el mismo error que alemanes y británicos: antes de obtener resultados concluyentes de las investigaciones, las anfetaminas se probaron en entornos no controlados.

En febrero de 1943, se anunció que estaban disponibles pastillas de 5 mg de Benzedrina. Eisenhower ordenó sin perder ni un segundo la entrega de medio millón de píldoras a las tropas estacionadas en el norte de África. La Benzedrina fue empleada durante toda la guerra por soldados, aviadores y marinos norteamericanos.

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