Horrores de la Segunda Guerra Mundial: Dachau

El campo de concentración de Dachau ostenta el dudoso honor de ser el primero de los campos alemanes en el que fueron torturados, doblegados y eliminados los opositores al régimen del Tercer Reich.

Estaba construido en la localidad de Dachau, regada por el río Amper y distante 13 km al noroeste de la ciudad de Múnich, en el estado de Baviera. Buscando la mejor ubicación para este complejo carcelario, se escogieron unos terrenos donde se había levantado antiguamente una fábrica de fabricación de pólvora.

La adecuación del campo se terminó el 21 de marzo de 1933 e inmediatamente, al día siguiente, comenzó su funcionamiento con las llegadas de las primeras remesas de prisioneros.

Este campo estuvo operativo a pleno rendimiento hasta su liberación por las tropas del ejército norteamericano el 28 de abril de 1945. Actualmente, las instalaciones en pie cumplen una función de museo como homenaje a las víctimas del campo a lo largo de sus 13 años de existencia. Junto con el campo de Auschwitz, Dachau cumplió con creces los objetivos para los que había sido diseñado: quebrar física y psíquicamente a los detractores del Tercer Reich.

Al principio, la gestión y vigilancia de los presos la realizaban soldados de las milicias SA (conocidas como camisas pardas por el color de sus uniformes) y posteriormente, cuando las primeras cayeron en desgracia, por tropas de las SS ( conocidas como camisas negras).

 A partir de 1934 la gestión del campo quedó pues en manos de las SS y las condiciones de vida se endurecieron de forma terrible, sobre todo para la población reclusa judía: esta gestión inmisericorde serviría como ejemplo a imitar en otros campos de concentración nazis.

En junio de 1933, Theodor Eicke fue nombrado comandante del campo y todas sus tropas y prisioneros quedaron bajo su mando (unos 2.000 internos). Su primera función fue establecer unas normas de obligado cumplimiento para todos los prisioneros y una serie de castigos sumarísimos para aquellos que no aceptasen y cumplieran las estrictas órdenes de trabajos forzados y de disciplina impuesta por sus guardianes. Papa Eicke, apodo por el que era conocido por sus subordinados, intentaba por todos los medios a su alcance quebrar la moral y destrozar de una forma psíquica y física a los prisioneros del campo de concentración de Dachau.

Con estas premisas se pasó de una brutalidad aleatoria y esporádica por parte de los guardianes de las SA a un castigo programado y mucho más cruel infligido por las tropas de las SS.

Los resultados fueron tan exitosos para los dirigentes del régimen nazi, que el propio Heinrich Himmler, como premio a los logros de Eicke lo ascendió a SS. Brigadeführer el 30 de enero de 1934. Bajo su mandato los prisioneros judíos eran considerados como seres infrahumanos y como tales eran tratados con una gran violencia por sus guardianes y captores.

En muchas ocasiones fueron usados como conejillos de india para experimentos médicos y científicos  considerados fuera de toda ética médica.

La población reclusa de Dachau estaba formada también por un gran grupo de intelectuales, religiosos, políticos y aristócratas. Al principio de su funcionamiento fueron los propios prisioneros quienes tuvieron que terminar y adecentar las instalaciones del campo en el que luego serían internados.

Durante toda su existencia, se calcula que aproximadamente unos 200.000 prisioneros de 30 nacionalidades distintas pasaron por este campo en un principio de concentración y, a partir de 1941, también de exterminio.

Dentro del cupo de víctimas, por las pésimas condiciones de vida, 41.500 fueron asesinadas directamente en el campo por sus verdugos. En 1942, se reconstruye el viejo crematorio existente y se le añade una cámara de gas anexa. En 1945, una gran epidemia de tifus obligó a evacuar el campo y se produjo una gran mortalidad entre la población reclusa.

Dentro de la abigarrada población reclusa había un número importante de Testigos de Jehová, que se distinguían por llevar en su uniforme un triángulo púrpura. Además, también en la línea religiosa, tomando como referencia a las autoridades de la Iglesia Católica, estas sostienen que unos 3.000 prisioneros del campo eran obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos de otras órdenes.

Juan Pablo II en el año 1996 beatificó, por ejemplo, a Karl Leisner, que había sido ordenado sacerdote católico por el obispo Gabriel Piguet, mientras este se encontraba retenido en el campo de concentración de Dachau.

Cabe destacar también que en el campo de Dachau se ejecutó a Georg Elsen como autor confeso de haber sido el primero en tratar de matar a Adolf Hitler.

Dentro de la aristocracia en el campo de Dachau estuvieron prisioneros:

  •                         gran parte de la familia real de Baviera,
  •                         los hijos del Archiduque Francisco Fernando de Austria,
  •                         el español líder del Carlismo Francisco Javier de Borbon-Parma, y
  •                         el príncipe Luís Fernando de Prusia.

Como ya hablamos en este otro artículo, en el campo de concentración de Dachau se realizaban de experimentos y técnicas de recuperación con los prisioneros para luego poder aplicarlas con garantías de éxito a los pilotos heridos en los combates aéreos.

El 29 de abril de 1945, las tropas de la 20.º División Blindada y de la 45.º División de Infantería del VII Ejército de Estados Unidos liberó finalmente el campo de Dachau del yugo de los alemanes. En la confusión de los primeros momentos de la rendición y ante el horror de lo que se encontraron dentro del campo, algunas tropas aliadas se tomaron la justicia por su mano y ejecutaron a algunos guardianes de las SS: a este episodio se le conoce como la Masacre de Dachau: los verdugos se convertirían en víctimas.

Actualmente el antiguo campo de prisioneros de Dachau es un museo donde se expone de una manera rigurosa y exhaustiva el horror de la barbarie nazi como un recordatorio para que nunca más vuelva a suceder.

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