Boeing B-29 Superfortress: la fortaleza volante de la IIGM

El Boeing  B-29 Superfortress fue bautizado tras su antecesor el Boeing B-17 Flying Fortress.

El nombre es casi la única cosa que ambos bombarderos pesados tenían en común. El Boeing  B-29 Superfortress fue uno de los bombarderos que hicieron acto de presencia a finales de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, gracias a su sublime diseño y actualizaciones, fue empleado como potente arma mucho tiempo después del fin de la IIGM (más exactamente, hasta el 21 de junio de 1960).

El Boeing B-29 Superfortress fue sin duda la mayor “fortaleza volante” que participó en la Segunda Guerra Mundial. Superaba con creces a la mayoría de los bombarderos existentes. Disponía de cuatro motores de hélice.

Como elementos vanguardistas, se incluyeron cabinas presurizadas, un sistema de extinción de incendios eléctricos y torretas con metralletas que podían controlarse remotamente. Lo cierto es que la construcción de uno de estos mastodontes voladores requería un trabajo mayor del que nadie había calculado: cada planta de montaje daba trabajo a miles de personas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Boeing B-29 Superfortress fue toda una revolución porque podía volar a 550 km/h y podía volar hasta los 9.700 metros. Desde luego, estos números superaban ampliamente al que podía alcanzar la aviación japonesa.

Otra ventaja de este bombardero pesado es que venía equipado con un revolucionario y moderno sistema centralizado de control de disparo. El sistema se controlaba totalmente a distancia, con 4 torretas que estaban equipadas con 2 ametralladoras.

Los novedosos controles mejoraron significativamente la precisión del armamento, al poder autoajustarse a la velocidad del aire, a la gravedad y a las condiciones climatológicas. Asimismo, los controles permitían que un operador de ametralladora usase simultáneamente dos o más torretas. Los Aliados consideron que el mejor uso que podía dársele a este prodigio de la aviación moderna era usarlo para llevar a cabo misiones de bombardeo con cargas incendiarias por la noche, a baja altitud. Siguiendo esta estrategia militar, se recurrío al B-29 para el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Boeing B-29 Superfortress en pleno vuelo. Fuente y autoría: Fuerza Aérea de EE. UU. [dominio público], vía Wikipedia.
Formación de bombarderos pesados B-29 soltando sus bombas sobre Rangún, la antigua capital de Birmania, en 1945. Fuente y autoría: Fuerza Aérea de EE. UU. [dominio público], vía Wikimedia Commons.
Interior de un Boeing B-29 Superfortress en 1944 (cabina presurizada trasera, con la escotilla abierta del tubo que la unía con la cabina delantera). Fuente y autoría: PD-LAYOUT; PD-USGOV-MILITARY-AIR FORCE [dominio público], vía Wikipedia.
La decoración de los B-29 estaba bastante cuidada y le daba a cada bombardero pesado una personalidad única. Fuente y autoría: USGOV-PD [dominio público], vía Wikimedia Commons.
Enola Gay, probablemente el B-29 más famoso de la historia, en tierra tras el bombardeo de Hiroshima. Fuente y autoría: PD-LAYOUT; PD-USGOV-MILITARY-AIR FORCE [dominio público], vía Wikipedia.

Las tripulaciones disponían de cabinas plenamente presurizadas. Respecto al tema de la presurización, surgió un problema al diseñar el B-29 Superfortress. Si se presurizaba todo el bombardero, habría que despresurizarlo para soltar las bombas.

Con el fin de resolver este problema, se decidió que distintas áreas de cabina estaría conectadas por un tubo largo por el que podría moverse la tripulación (tendrían que saber gatear bien). Las cabinas y el tubo estaban presurizados, mientras que los depósitos de las bombas no lo estaban. Esto sirvió para resolver esta dificultad técnica.

A continuación, un vídeo de uno de los pocos B-29 que aún funcionan en la actualidad.

Sin duda, los ingenieros responsables de la creación del B-29 seguro que estuvieron muy orgullosos de haber creado uno de los bombarderos más avanzados de su tiempo. Lo que nunca sabremos es si estuvieron igual de orgullosos del espeluznante e indiscriminado número de civiles que fallecieron tras los lanzamientos atómicos de Hiroshima y Nagasaki desde B-29s, pero ese juicio moral ya es material para otro artículo.

B-29 lanzando toda su carga sobre Japón en 1945. La capacidad de la bodega interna en materia de explosivos era de la friolera de 9.000 kilos. Fuente y autoría: USGOV-PD [dominio público], vía Wikimedia.
B-36 junto a un B-29 estacionados en la base área de Carswell, en Texas (EE. UU.). Nótese la enorme diferencia de tamaño entre ambas aeronaves. Fuente y autoría: USAF [dominio público], vía Wikimedia Commons.
B-29 estacionado en un aeródromo británico en la India en 1944. Fuente y autoría: USGOV-PD [dominio público], vía Wikimedia Commons.

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