Benito Mussolini

Benito Mussolini (1883-1945) fue el líder del partido fascista, que dominó Italia entre 1922 y 1943. En su visión totalitaria, antirracional e idealista, el fascismo ensalzó la fuerza, la violencia y el nacionalismo en detrimento de la democracia, el liberalismo y la lucha de clases entre trabajadores y capitalistas.

Mussolini se definió como reaccionario, antiparlamentario, antidemocrático, antiliberal y antisocialista. Su historia se entrelaza con la historia del partido que él mismo creó: el Partido Nacional Fascista. Benito Mussolini nació en Predappio, provincia de Forli (Italia) el 29 de julio de 1833. Hijo del socialista Alessandro Mussolini, creció entre ambientes anarquistas y socialistas.

De profesión periodista, en 1911 fue editor del periódico Avanti para el órgano del Partido Socialista. Se posicionó frente a la postura neutral adoptada por el partido y por el periódico, por lo que terminó siendo expulsado del partido. Fundó por su cuenta el periódico Popolo d’Italia, en el que anunció la entrada de Italia en la Primera Guerra Mundial.

En Milán, en marzo de 1919, Mussolini creó el primer grupo conjunto del futuro Partido Nacional Fascista italiano: los «fasci de combatimento» y los «squadri» (grupos de combate y escuadrones, respectivamente) con el objetivo de luchar contra el terrorismo y también para eliminación física de los opositores políticos llegado el caso.

Mussolini, derrotado en las elecciones de ese año por populares y socialistas, reorganizó su nuevo partido en líneas militares, con las milicias y los grupos civiles armados a la vanguardia del movimiento. Los participantes fueron los conocidos como «camisas negras», como símbolo de luto por la Italia del momento.

La monarquía parlamentaria italiana, incapaz de controlar a los fascistas, finge por aquel enconces no ser consciente de sus métodos. Los “fasci” y los “squadri” actúan libremente y son responsables de  ataques contra periódicos de izquierda, sindicatos, líderes comunistas, etc. Poco a poco, Mussolini y sus «camisas negras» van ganándose la simpatía de los militares, conservadores, nacionalistas, de amplios sectores de la Iglesia, de los grandes terratenientes y de la clase media.

En 1921, Benito Mussolini resulta elegido diputado y como los fascistas ya disponían de varios escaños en el Parlamento de Italia, se inició el asalto al poder del movimiento fascista italiano. En octubre de 1922, Mussolini lideró la conocida como «Marcha sobre Roma», en la que cerca de 50.000 «camisas negras» marcharon sobre la capital y exigieron la entrega del poder.

El rey Víctor Manuel III, presionado por los militares y la alta burguesía, invitó entonces a Benito Mussolini a ocupar el cargo de primer ministro. El gobierno mantiene entonces en ese momento la apariencia de un gabinete bajo una monarquía parlamentaria, pero lo cierto es que Benito Mussolini tenía plenos poderes.

En las elecciones de 1924, los fascistas obtienen el 65 % de los votos y, desde ese punto de inflexión electoral, el avance fascista se encontraría con pocas barreras a la hora de desplegar el totalitarismo y darle el golpe de gracia a la democracia italiana.

En la primera sesión parlamentaria, el socialista Giacomo Matteotti denunció la violencia y el fraude cometido por los fascistas en las elecciones. ¿El resultado? Matteotti fue asesinado y Mussolini aceptó la responsabilidad de este acto. El fascismo comenzó entonces a mostrar su verdadera cara.

En 1925, Benito Mussolini, apodado desde entonces «Il Duce» (el líder supremo) anunció la promulgación de leyes de excepción y pasó a concentrar todos los poderes del Estado.

Después de sufrir un atentado en 1926, cerró periódicos de la oposición, disolvió a los demás partidos políticos y persiguió a sus líderes, persiguió a los sindicatos y prohibió el derecho a la huelga. Por último, estableció lo que se conocería como «corporativismo del trabajo» mediante la «Carta del Lavoro», restauró la pena de muerte en Italia y miles de italianos fueron sentenciados a penas de prisión, se exiliaron o fueron directamente asesinados por el nuevo estado fascista.

Mussulini a caballo pasando revista. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 102-08300 / CC-BY-SA

En 1928, Mussolini firmó un acuerdo con la Iglesia, poniendo fin a la «cuestión romana» que perduraba desde la unificación de Italia en 1870. Por el Tratado de Letrán, firmado con el Papa Pío XI, se crea el Estado del Vaticano y la Iglesia Católica recibe así una compensación por los territorios papales perdidos cuando se produjo la unificación de los territorios de Italia. A cambio, Mussolini conseguía meterse a los católicos en el bolsillo, que eran numerosos en el país.

El Partido Fascista de Mussolini  le dio impulso a la industrialización a partir de 1927, con la estabilización de la lira, la moneda nacional de la época. Se produjo un crecimiento en los sectores eléctrico, naval, aeronáutico y del automóvil.

Pese a esa bonanza financiera, la crisis mundial de 1929 afectó gravemente a este crecimiento económico. Una de las soluciones adoptadas por el gobierno del Duce fue la de ampliar sus dominios coloniales.

En 1935, las tropas fascistas italianas invaden Abisinia (Etiopía en la actualidad), perdiendo así el apoyo de Francia e Inglaterra, hasta la fecha aliados políticos. La imposición de sanciones económicas por parte de la Sociedad de Naciones hicieron que Italia se aislase y buscase el apoyo del gobierno nacionalsocialista alemán de Adolf Hitler.

Benito Mussolini y Adolf Hitler. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 146-1969-065-24 / CC-BY-SA

En 1940, Mussolini firmó con la Alemania de Hitler y  con el Japón de Hiro Hito el conocido como «Pacto Tripartito» o «Eje Roma-Berlín-Tokio», en virtud del cual la Alemania nazi, Japón e Italia formarían una alianza político-militar.

Mussolini junto a sus libertadores nazis tras el éxito de la Operación Roble. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 101I-567-1503C-16 / Toni Schneiders / CC-BY-SA

El camino a la Segunda Guerra Mundial quedaba marcado: la lucha de las potencias del Eje contra las potencias Aliadas.

A pesar de recibir ayuda militar alemana, la Italia de Mussolini sufrió varias derrotas durante la Segunda Guerra Mundial, y con el desembarco de los aliados en Sicilia en 1943, Benito Mussolini fue depuesto por el Gran Consejo Fascista y encerrado en la prisión en Gran Sasso.

Benito Mussolini fue liberado por los alemanes liderados por Otto Skorzeny (Operación Roble) y trató de mantenerse en el poder, en el norte de Italia, donde fundó la República Social Italiana, pero ya desmoralizado y aislado, fue detenido por los partisanos italianos, mientras trataba de huir a Suiza.

Fue juzgado sumariamente y ejecutado junto con su amante Clara Petacci en Mezzegra, Italia, el 28 de abril de 1945. Sus cuerpos fueron trasladados a Milán y expuestos en la Plaza Loreto, colgados boca abajo.