La Batalla de Hong Kong

El 1 de enero de 1841, el capitán Eliot, de la Royal Navy, izó la bandera británica sobre una pequeña isla rocosa próxima a la costa china, de menos de 18 kilómetros de longitud y apenas 52 kilómetros cuadrados de superficie. No parecía un lugar próspero: un relieve abrupto, un clima continental y una escasa población no le auguraban un futuro prometedor.

Exactamente cien años después, el mismo día del Año Nuevo de 1942, el teniente general Takaishi Sakai, comandante en jefe del Ejército japonés del sur de China, recibía la capitulación de la colonia de Hong-Kong de manos del gobernador, Mark Young.
Con el paso del tiempo la isla se había convertido en un floreciente territorio, poblado por un millón y medio de habitantes, de los que solo 25.000 eran de origen europeo. Desde 1860, la colonia comprendía además de la isla y su capital Victoria, una pequeña porción del continente, denominada «Gow Sung» -Nueve Dragones-, que los ingleses llamaron Kowloon. En 1937, el Estado Mayor de Londres, considerando la eventualidad de una guerra con Japón, planeó reforzar la guarnición existente de cuatro batallones de Infantería, con una división que se enviaría desde Singapur.

Se inició la construcción de una línea fortificada -«Gin Drinkers» en las colinas Kowloon, cuyo centro vital estaba en la cañada Shingmun, a orillas del pantano Jubilee. Sin embargo, los trabajos iban con retraso por la falta de presupuesto.

Aun se agravo más el problema al declararse la guerra en Europa. Las obras tuvieron que detenerse y los submarinos, cruceros y un portaaviones de la Escuadra de China, fondeados en Hong-Kong, partieron para Occidente.


 

Los efectivos para la defensa de Hong Kong

En julio de 1941, el mayor general Maltby, un distinguido oficial del Ejército de la India, tomó el mando de la guarnición, cuya instrucción, en general era insuficiente y cuyos mejores mandos habían sido repatriados a Europa. Contaba. Además con unidades del Cuerpo de Voluntarios de la Defensa, dos regimientos de Artillería costera y cinco viejos hidroaviones torpederos. La Armada había minado las costas y sus fuerzas allí eran el destructor «Thracian», ocho lanchas torpederas y diversas naves auxiliares.

En septiembre del mismo año cambiaron los planes: la division de Singapur fue reforzada por dos batallones enviados desde Canadá: el Real de Fusileros y el de Granaderos de Winnipeg, ambos al mando del brigadier Lawson, un militar de gran experiencia. Sin embargo, el transporte fue demasiado apresurado y las tropas solo pudieron llevar consigo 20 de sus 212 vehículos. La llegada de los canadienses el 16 de noviembre permitió al general Maltby completar su despliegue defensivo: el brigadier Wallis, con los Royal Scots, los Punjabis y los Rajputs, se encargaría de las fortificaciones en la línea «Gin Drinkers» y debía detener a los japoneses, en caso de ataque, durante una semana para dar tiempo a inutilizar las instalaciones portuarias y la refinería. Después se retiraría a la isla para unirse a la brigada de Lawson, que comprendía a sus canadienses y al batallon de Middlesex.

En general, Maltby estaba satisfecho y confiaba en mantener la isla, si no la tierra firme de la colonia. Además, los informes de Inteligencia no preveían un ataque inmediato. En todo caso, los mandos británicos menospreciaban al Ejército japonés.

 

El violento zarpazo japonés

En su guerra contra China. Japón se había plantado en la frontera con Hong-Kong y desde hacía años planeaba un golpe contra ella. Numerosos espías japoneses, infiltrados entre la población oriental, habían trazado mapas exactos de las defensas. Tras las colinas de la frontera se ocultaba la 3ª División nipona, del general Dano, con tres regimientos, nueve batallones en total. Apoyarían el ataque 80 aviones, y la superioridad artillera japonesa sería de tres a uno.

El plan de ataque consistía en avanzar hacia la línea «Gin Drinkers» y atacar a lo largo de la costa para envolver a los defensores e impedir su retirada. Se esperaba cortar también el suministro de agua potable a la isla.
El 7 de diciembre de 1941, mientras a miles de kilómetros los portaaviones japoneses del almirante Nagumo bombardeaban Pearl Harbour, la aviación aniquiló los escasos medios de la RAF en tierra y luego se dirigió contra los campamentos de tropas canadienses. A las seis de la tarde, la guarnición británica, alarmada por los rumores difundidos por los refugiados chinos, ocupo sus posiciones y dio comienzo al programa de demolición.

Durante dos días, la compañía del mayor Gray, de los Rajputs, retrasó el avance nipón desde la frontera hasta la línea «Gin Drinkers» por medio de emboscadas y grandes voladuras.

A lo largo de la posición fortificada, que se reveló como mal emplazada y proyectada para unos efecticos mucho mayores de los disponibles, 106 británicos fueron sorprendidos por un fuerte ataque la noche del 9 de diciembre. El coronel Doi, actuando por propia iniciativa, asalto la cañada Shingmun, puesto clave de la línea.

 

El asedio nipón a la isla

Maltby traslado desde la isla al continente una compañía canadiense y ordeno recuperar la cañada, pero los Royal Scots no fueron capaces sino de retirarse y atrincherarse malamente en Golden Hill. Apoyados por morteros, las tropas del coronel Shoji volvieron a derrotarles. El avance japonés se produjo en toda la línea, ante lo cual el mando británico ordenó evacuar Kowloon para que todas sus fuerzas se trasladasen a la isla.

El teniente general Sakai, comandante en jefe del área, envió parlamentarios a la colonia, pero sus propuestas fueron rechazadas.
Entretanto, Maltby, en vista de la extensión de litoral que debía cubrir con sus escasas fuerzas y de la superioridad nipona aérea y naval, decidió dispersar sus efectivos para cubrir todos los puntos de posible desembarco, sin constituir una reserva centralizada. La isla fue dividida en dos partes: la occidental, defendida por la brigada de Lawson, con su cuartel general en el vital nudo de comunicaciones de Wang Nei Chong; la oriental, por la brigada de Wallis, que se estableció en Tai Tap, otro punto clave. Siete compañías de voluntarios, cinco baterías de artillería de campaña y los cañones costeros completaban la defensa.

La numerosa población civil se apiñaba ante los edificios oficiales haciendo cola para conseguir un poco de arroz, mientras la artillería japonesa demolía sistemáticamente las posiciones británicas y la aviación machacaba sin oposición. Tras una semana de bombardeos se repitió la propuesta de capitulación, que el gobernador Young volvió a declinar.

Los generales Sakai y Sano dieron los últimos retoques a los planes de desembarco, sencillos y directos: cada regimiento dejaría un batallón en Kowloon y embarcaría con los otros dos hacia la isla. Cruzaría a la máxima velocidad las dos millas de agua que les separaban de ella y, una vez en tierra, tratarían de alcanzar las alturas del interior, realizando, por último, una limpieza en las costas oeste y sur.

Maltby esperaba los desembarcos en la capital, Victoria, sobre la costa norte, y desdeño la posibilidad de un cruce nocturno, aunque en realidad los japoneses demostraron ser mucho más hábiles que sus opositores.

 

Desembarco en la oscuridad

Al anochecer del 18 de diciembre, protegidos por la oscuridad y el humo de los incendios provocados por la artillería sobre la costa, la primera oleada de asalto llego a la isla y, pese a la confusión que siempre acompaña a estos ataques, con las primeras luces habían tomado Jardine’s Lookout, el monte Butler y la ladera norte del monte Parker. Con ello la batalla estaba casi ganada.
Al día siguiente las avanzadillas japonesas atacaron el cuartel general en Wang Nei Chong matando al propio Lawson. El 230 Regimiento del coronel Shoji ocupó la posición y hasta el día 22 repelió todos los contraataques que el mando inglés, con desesperación, organizó para recuperar aquel punto vital.

Para entonces la brigada oriental de Wallis no podía prestar ninguna ayuda, se retiraba hacia el sur habiendo perdido sus dos baterías de campaña.

El dominio británico en Hong Kong tocaba a su fin… Los japoneses avanzaron en todos los frentes y como síntoma de la catástrofe irreversible, las banderas de los regimientos fueron enterradas en un jardín. En la tarde del día de navidad, el general Maltby declaró al gobernador que toda resistencia era inútil, aconsejando la rendición. Los últimos disparos los efectuaron las tropas del brigadier Wallis, que hacia frente a los hombres de Tanaka en la península de Stanley, el 1 de enero. Cien años después de haber sido izada la «Union Jack» bajaba del mástil en Hong-Kong.

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