La Batalla del Río de la Plata

La Batalla del Río de la Plata fue la primera gran batalla naval de la Segunda Guerra Mundial, entre la Royal Navy británica y la Kriegsmarine alemana. La confrontación tuvo lugar en el Atlántico sur, en diciembre de 1939, cerca del estuario del río de la Plata.

 Cabe destacar que este fue el único momento de la Segunda Guerra Mundial en el que se combatió en Sudamérica, más precisamente en aguas territoriales de Uruguay.

El 21 de agosto de 1939, el acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee abandonaba el puerto e Wilhelmshaven, en Alemania, en la costa del mar del Norte, con órdenes secretas de atacar la navegación comercial en el Atlántico sur. Estas deberían ejecutarse después de la declaración oficial de guerra del Tercer Reich.

La estrategia de Adolf Hitler era que antes de la declaración el acorzado de bolsillo pudiese navegar por aguas internacionales sin problemas. Con esta estrategia, cuando la declaración se realizase, el Admiral Graf Spee ya se encontraría al sur de la línea del ecuador. Durante tres semanas, el acorazado de bolsillo navegó en mar abierto al este de Brasil. Finalmente, el 20 de septiembre de 1939, el Admiral Graf Spee recibe luz verde para ejecutar la misión encomendada.

Las órdenes eran que el Admiral Graf Spee atacase por sorpresa en los lugares más inesperados con el objetivo de mantener a las flotas aliadas dispersas, principalmente a la Home Fleet, haciendo así más simple el desarrollo de otras acciones navales contra la Royal Navy inglesa. En este contexto, el Graf Spee permaneció al sur del ecuador como zona de operaciones, quedando su acorazado gemelo, el Deutschland, destinado al Atlántico norte.

El 30 de septiembre de 1939, el Graf Spee comenzó su caza, hundiendo el carguero Clement, en la zona de Alagoas. Después, el acorazado de bolsillo abandonó la zona y se dirigió al medio del océano. El 7 de octubre de 1939 hundió a otros dos navíos británicos, el Ashlea y el Newton Beach. El 10 de octubre, el Graf Spee hunde el Huntsman y el 22 de octubre el Trevasnion.

Todos los marineros capturados eran llevados a bordo y después el acorazado de bolsillo abandonaba sigilosamente la zona como de costumbre. El hecho de que tantas embarcaciones no llegaran a los puertos levantó la sospechas de la Marina Británica, que emitió un aviso de advertencia a todas las embarcaciones que se encontraban navegando por el Atlántico sur.

Hans Langsdorff, experimentado capitán del Admiral Graf Spee, se serviría de tácticas de piratería de cara a confundir al enemigo. Entre ellas, se encontraba la modificación de la apariencia del navío, poniendo placas de madera y lonas falsas, creando así estructuras diferentes a las típicas de un buque de guerra.

Langsdorff también recurrió al uso de pinturas y de banderas de camuflaje que confundirían a su embarcación con un barco mercante. Una de estas modificaciones consistía en hacer que el Graf Spee se pareciese a su hermano gemelo, el Deutschland, que supuestamente debía estar operando en el Atlántico norte. Esto llegó a confundir a la armada inglesa en más de una ocasión.

De esta manera, la Royal Navy destinó al Atlántico sur a la conocida como Fuerza de Caza G, con el fin de proteger a las embarcaciones que operaban mayormente en la región del río de la Plata.  Esta fuerza estaba formada por dos cruceros pesados, el Exeter y el Cumberland, y por dos cruceros ligeros, el Ajax y el Achilles.

Esta fuerza especial estaba capitaneada por el comodoro Henry Harwood, con el HMS Exeter como buque insignia y con base en Port Stanley, en las islas Malvinas.

El 2 de diciembre de 1939, el carguero Doric Star es atacado no muy lejos de las costas africanas. Pero en esta ocasión logró emitirse una señal de radio de ataque pirata, indicando que estaba sufriendo el ataque del Graf Spee.

Cuando el comodoro Harwood de la Fuerza de Caza G, formada por el Ajax, el Exeter y el Achilles, recibió las noticias del Doric Star concluyó que el Graf Spee iba a cruzar el Atlántico sur en dirección a Sudamérica para escapar de la inevitable persecución tras el ataque. Harwood tenía claro que, tarde o temprano, el comandante Langsdorff seguiría rumbo a la zona del río de la Plata, para aprovechar ambiciosamente el intenso tráfico mercante de los puertos de Montevideo y de Buenos Aires. Por consiguiente, dio órdenes para que la Fuerza G se concentrase en las inmediaciones del río de la Plata.

La Royal Navy sabía que el Admiral Graf Spee no iba a resistir la tentación tan grande de un tráfico tan elevado de navíos mercantes y optó por trasladar tres cruceros de búsqueda a la zona: el Achilles, el Exeter y el Ajax, quedando todavía el Cumberland como reserva en las islas Malvinas.

Después de su último encuentro con su embarcación de reavituallamiento, el Altmark, el Admiral Graf Spee sigue el 6 de diciembre dirección al río de la Plata, en donde se cobra su siguiente presa: el Streonshalh.

Durante la noche del 12 de diciembre, los navíos británicos inician su táctica para una posible confrontación y navegan en formación cerrada, para tener contacto visual y, en caso de ataque, podrían concentrar su potencia de fuego. Además, al amanecer navegarían a favor del sol, para dificultar la visibilidad del Graf Spee, al tener el sol de proa. La Royal Navy sabía que en una confrontación directa con el crucero alemán saldrían perdiendo. Debido al alto poder de fuego de sus cañones de 280 mm, resultaba inviable cualquier ataque inglés directo a corta distancia.

El Exeter era el único crucero pesado, de clase York, que tenía como armamento fundamental seis cañones de 203 mm y como armamento secundario ocho cañones de 102 mm. Los cruceros ligeros contaban con cañones de apenas 152 mm. Ante esto, Harwood sabía que sería complicado causarle daños a la superestructura de un acorazado, así que su estrategia consistiría en dividir la atención del Admiral Graf Spee. El Achilles y el Ajax irían por un lado y el Exeter por otro, complicando así la concentración de los alemanes para responder a la ofensiva.

El 13 de diciembre de 1939, el vigía del Admiral Graff Spee, a las seis de la mañana, avista dos antenas en el horizonte y da la alerta: la tripulación al completo toma los puestos de combate. Las informaciones parecían confirmar que se trataba de una embarcación comercial británica. Pero minutos más tarde, cuando el sol ya estaba más alto, fue posible identificar que lo cierto es que se trataba de tres buques de guerra británicos. La tardanza en la identificación por parte del Admiral Graf Spee permitió la aproximación de los ingleses, quedando de esta forma el acorazado alemán al alcance de todos sus cañones y, lo que era más importante, quedando los ingleses por debajo del ángulo de tiro de los poderosos cañones de 280 mm del Graf Spee.

A las seis y diecisiete minutos de la mañana, el Spee dispara contra el Exeter, al ser los alemanes conscientes de que este era el mayor peligro de la flota de ataque inglesa. Después de seguir al Exeter, devolvió una salva con una secuencia de disparos. Mientras que el combate inicial se desarrollaba entre los grandes navíos, los cruceros ligeros, más rápidos, iniciaron una maniobra de pinza destinada a cercar al crucero alemán entre dos flancos. Esta maniobra trataba de dividir la potencia de artillería del Admiral Graf Spee, complicar la fijación de sus  disparos y, en última instancia, dificultar sus cálculos balísticos.

Una secuencia de disparos ingleses alcanza al Spee, abriendo un enorme boquete en el casco y causando otros daños. Una de las decisiones del capitán del Spee fue mantener al Exeter bajo el fuego de los cañones de 280 mm y a los cruceros ligeros bajo el fuego de los cañones de 105 mm. Pero era una maniobra difícil de ejecutarse, en particular en movimiento de aproximación. Después de la primera parte de la batalla del río de la Plata, el Exeter quedó fuera  de combate, dado que el sistema de dirección de tiro y las torres de los cañones de mayor calibre habían resultado dañadas. Sin alternativa, el Exeter no tiene más remedio que abandonar el campo de batalla en medio de una nube de humo utilizada para camuflarse. De esta manera, en la batalla del río de la Plata quedaban ya solamente los cruceros ligeros y el Graf Spee.

A las siete de la mañana, el Graf Spee abandona repentinamente el área de combate. Lo que siguió a continuación perdura hasta hoy en día como uno de los mayores misterios de toda la Segunda Guerra Mundial. Los expertos militares consideran que aunque el Graf Spee estaba averiado, tenía condiciones de combate suficientes para enfrentarse a los cruceros ligeros, puesto que sus potentes y temibles cañones aún estaban operativos.

Sin embargo, la decisión del capitán del Graf Spee, Hans Langsdorff, fue refugiarse en el puerto de Montevideo para realizar las reparaciones necesarias. Uruguay, como los demás países latinoamericanos, era un país neutral en la Segunda Guerra Mundial, lo que permitía que cualquier barco con problemas pudiese pedir permiso para atracar y llevar a cabo las reparaciones pertinentes.

De esta forma, el navío pudo atracar en el puerto de la capital uruguaya. Lo que sucedió a partir de ese momento fueron una serie de acontecimientos que a día de hoy siguen siendo difíciles de entender.

Al no conseguir las reparaciones necesarias y presionado por la política internacional, el comandante alemán fue obligado a abandonar el puerto. Pero la Royal Navy estaba esperándolo a la salida del estuario y en cuando el Graf Spee abandonase aguas territoriales uruguayas iniciaría un nuevo ataque. Así, el capitán Langsdorff dio la orden de hundir el Spee, lo que se hizo en cuando abandonó el estuario.

El capitán y su tripulación se dirigirían entonces a Argentina, país con una gran concentración de inmigrantes alemanes, de cara a recibir un buen trato. En la tarde del 19 de diciembre de 1939, el capitán se suicidó en Buenos Aires. Terminaba así la última batalla naval moderna sin aeroplanos ni submarinos, de manera misteriosa ya que el máximo responsable nunca podría dar testimonio de ella.

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