Las armas V: última esperanza de Hitler

El desembarco aliado en el continente europeo y el avance imparable del Ejército Rojo proyectaron la sombra del fantasma de la derrota sobre un Hitler cada día mas errático en sus decisiones. Como el jefe de la tribu que pone su suerte en manos del hechicero, el führer confió el destino del Reich a la investigación de sus armas «secretas» con las que aún confiaba en aplastar a sus enemigos.

El desarrollo de las «Vergeltungswaffe» o «Armas de represalia» había comenzado ya a principios de los años 30, aunque no con ese nombre. De los estudios alemanes sobre tecnología de cohetes y armas de control remoto se aprovechaban, paradójicamente, tanto el Este como el Oeste tras 1945. De lo que no hay duda es que los celos y rencillas entre la Fuerza Aérea y el Ejército de Tierra alemanes, y, en general, la falta de coordinación, retrasaron el despliegue de las armas V, hasta que la aplastante superioridad aérea aliada pudo neutralizar este inquietante peligro.

 

La V-1, el arma de represalia

En 1942 el Alto Mando germano prestó creciente atención a los experimentos con cohetes de combustible líquido llevados a cabo en Peenemünde, en la costa báltica del norte de Alemania. La Luftwaffe, que carecía de un bombardero pesado para alcanzar Londres, luchó con el Ejército hasta hacerse con el proyecto de un avión sin piloto no reutilizable, del tamaño de un pequeño caza, que cargado con una cabeza de una tonelada de explosivos, tendría un alcance de 260 kilómetros.


La compañía Gerhard Pieselev se basó en el principio del pulsorreactor ideado en Munich en 1929 por el doctor Paul Schmidt: aquel fue el primer motor a reacción de la historia con inyección del combustible sobre el aire comprimido a gran temperatura. El 19 de junio de 1942 se le dio al proyecto máxima prioridad, y su sencillo diseñoo (su «vida» en vuelo era sólo de 30 minutos) facilito la producción en masa de 3.000 bombas volantes mensuales, en 17 fabricas repartidas por toda Alemania. Para el despegue necesitaba una catapulta o rampa de lanzamiento de 70 metros de longitud, y tras un intervalo de vuelo predeterminado se cortaba el flujo de combustible y la bomba volante caía.El 24 de diciembre de 1942 se realizó el primer vuelo con éxito. Tras él comenzó un debate entre quienes, como el mariscal Milch, del Ministerio del Aire, preferían un número limitado de gigantescas bases de lanzamiento a prueba de bombardeos, o aquellos, como el teniente general Walter von Axthelm, a cargo del proyecto, que confiaban más en pequeños emplazamientos móviles difíciles de localizar y destruir. No llegó a establecerse un criterio definitivo y se hicieron proyectos incluso para lanzar las V-1 desde aviones Heinkel 111.

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En agosto de 1943 se constituyó el 155 (W) Flakregiment (regimiento antiaéreo) del coronel Maximilliam Wachtel, encargado de realizar los lanzamientos. Sin embargo, a partir de entonces todo fueron problemas: faltaban V-1 suficientes para las pruebas; la factoría Fieseler fue bombardeada por la aviación aliada; escaseaba la mano de obra y la calidad constructiva se resentía (todas las alas y la sección central, fabricadas por Volkswagen, fueron desechadas tras numerosos fallos en noviembre de 1943); hicieron falta 150 modificaciones a la VI original (en la V-2 se efectuaron 65.000). En conjunto, todo el plan de producción hubo de ser revisado.

El primer ataque de la V 1 fue pospuesto de febrero de 1944 a abril, y mas tarde, hasta la hipotética pero esperada invasión de Europa. Por fin, el 1 de junio, seis días después del desembarco, coronel Wachtel ordeno un lanzamiento masivo sincronizado a las once y cuarto de la noche. Así comenzaba una nueva era en la guerra moderna.

En septiembre de 1943 Michel Hollard, un francés que trabajaba en Suiza para el Servicio de Inteligencia británico, informó del descubrimiento de estas extrañas construcciones en seis puntos. Uno de sus contactos, que trabajaba en las obras, tomo los planos de la base de lanzamiento de Bois Carre, que fueron puntualmente enviados a Londres. Los alemanes construyeron numerosos silos de lanzamiento para las V1: ya el 23 de septiembre de 1943 había 58 casi terminados con otros 32 emplazamientos de reserva Todos ellos estaban comprendidos en una franja de 25 kilómetros desde las costas del Mar del Norte en Picardía, Artois y Normandía.

La RAF realizo numerosos reconocimientos aerofotográficos, y los negativos fueron enviados al Centro de Interpretación Fotográfica de Medmenham. No solo se fotografiaron los seis puntos (Bonnetot le Pauburg, Auffray, Totes, Ribeaucourt. Maison Ponthicu y Bois Carre), sino todo el norte de Francia para evitar que otros asentamientos pasaran inadvertidos. El 24 de diciembre, 672 Fortalezas Volantes norteamericanas de la VIII Fuerza Aerea atacaron 24 emplazamientos y otros 28 sufrieron bombardeos en los días sucesivos. Pese a resultados inicialmente mediocres, a fines de enero de 1944. un veinticinco por ciento de los silos habían sido destruidos, y de los 35.000 trabajadores franceses de las obras, 20.000 habían muerto o huido. Había fracasado la idea del mariscal Milch de las bases de lanzamiento fijas a prueba de bombardeos: todo lo que era descubierto mediante el reconocimiento aéreo tarde o temprano era destruido. En conjunto, la «Operacion Crossbow» aliada para suprimir los emplazamientos de V-1 fue un éxito.

Hollard, capturado por los alemanes en febrero de 1944, al ser liberado del campo de concentración de Nenengarnme, recibió la Orden de Servicios Distinguidos británica, la mas alta condecoración concedida por el Reino Unido a un extranjero.

En diciembre de 1943, al aumentar paulatinamente la magnitud del programa de las V-l, se creo el LXV Cuerpo de Ejercito del general Heinemann para dirigir su realización. Según Heisemann, los antiguos emplazamientos eran complicados, fáciles de identificar, vulnerables al bombardeo y, al ser construidos con mano de obra francesa, auténticos nidos de espías potenciales.

Para engañar a los británicos fueron reparadas todas las bases dañadas en la «Operación Crossbow», pero la actividad real se desplazó a nuevos asentamientos subterráneos construidos en los bosques por trabajadores germanos. Estaban listos 75 de ellos para el gran ataque del 12 de junio, pese a que para esas fechas el Centro de lnterpretación de Medmenham tenía localizados 66.

La «salva masiva» del 12 de junio de 1944 fue un fracaso: por problemas técnicos y de sincronización sólo se dispararon 10 V-1. Al sur de Inglaterra llegaron 4 y sólo una, que cayo en Bethnal Green, causó seis víctimas. El 15 de junio se repitió el intento, esta vez con éxito: fueron lanzadas 244 bombas volantes, de ellas 45 chocaron tras su lanzamiento, otras fueron derribadas por la RAF y los cañones antiaéreos, pero 73 alcanzaron su objetivo: Londres.

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Ante la situación, Churchill rápidamente tomó medidas: nuevos cinturones de piezas antiaéreas, más radares y globos cautivos y bombardeos sobre las bases de lanzamiento y depósitos de V-1 identificados en Francia. De todos modos, lo que realmente puso fin a la tragedia de 100 a 200 muertos diarios causados por las V-1 fue el avance de las tropas aliadas en Francia, pues, incluso tras perder sus rampas de lanzamiento terrestres, los alemanes emplearon al avión Heinkel 111 como portador de las bombas.

En total fueron disparadas 8.892 V-1 desde tierra y 1.600 desde el aire. De ellas 3.000 no alcanzaron Inglaterra debido a defectos mecánicos o de funcionamiento. Los cazas derribaron 1.847, los cañones antiaéreos, 1.878, y los globos cautivos, 231. De las 3.531 que eludieron las defensas, sólo 2.419 llegaron a su objetivo, matando a 6.184 personas y dañando o destruyendo miles de casas.

 

La difícil peripecia de la V-2 y el cohete A-4

En los suburbios al norte de Berlin se venían llevando a cabo experimentos con cohetes desde los años 20 y 30, y en la nueva Wehrmatch el coronel Dornberger escogió para su grupo experimental de cohetes de Kummersdorf al joven y prometedor Werner von Braun.

Tras el vuelo de un par de kilómetros por uno de estos cohetes en 1934. las autoridades consideraron secreto el tema y trasladaron el polígono de experiencias a Peenemúnde y a la remota isla de Usedom. En 1938 ya se trabajaba con cohetes de una tonelada de peso, y en 1939, con la guerra y la prioridad en la investigación de ingenios bélicos, Dornberger recibió fondos adicionales.

El 3 de octubre de 1942 se iniciaron las pruebas del cohete A-4, de 12 toneladas, un alcance de 320 kilómetros y una cabeza de una tonelada de explosivo: la futura V-2.

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Con los reveses de la guerra, el proyecto perdió la máxima prioridad, por lo que Dornberger y Von Braun decidieron entrevistarse personalmente con Hitler y el ministro de Armamento, Albert Speer, tras lo cual, el 25 de julio de 1943 se concede un nuevo impulso a su fabricación. Un gravísimo retraso fue ocasionado por el Mando de Bombardeo de la RAF; en mayo de 1942, Peenemönde fue reconocido desde el aire por vez primera, y el 23 de junio del 43 se tomaron fotos de algo identificado como enormes cohetes. La respuesta fue contundente, y el 17 de agosto 597 bombarderos (de los cuales 40 no regresaron a sus bases) arrasaron la base germana, matando a 735 personas, entre técnicos, científicos y trabajadores.

Las instalaciones fueron transferidas más al este, a Blizna, en Polonia, y la fabricacion de A-4 paso a una factoría subterránea en Nordhausen. Con todo, los británicos siguieron sus progresos en el camino hacia el descubrimiento del A-4, pues en junio de 1944 un cohete fuera de control cayó en Backebo, en la neutral Suecia, y los suecos no sólo permitieron a la RAF sacar fotografías, sino que «cambiaron» los restos por varios equipos radar pira direcciones de tiro antiaéreos.

En el otoño de 1944 el A-4 estaba listo, y sobre sus emplazamientos se produjeron los mismos antagonismos que en el caso de la V-1. Ya en diciembre de 1942, oficiales e ingenieros de Peennemünde reconocieron el nordeste de Francia y escogieron dos lugares: uno en el bosque d’Eperlecques, cerca de Watten, y otro junto a Wizerner.

La Organizacion Todt, el Servicio de Construcciones Militares alemán, junto con 6.000 trabajadores de los países ocupados, inicio su construcción. Las enormes obras no pasaron inadvertidas, y las Fuerzas aéreas aliadas, sospechando su conexión con alguna arma secreta germana. consultaron a ingenieros civiles el momento critico para bombardear obras de esa naturaleza: el ataque debía producirse cuando el hormigón recién instalado no hubiera tenido tiempo de secarse.

El 27 de agosto de 1943, 185 fortalezas volantes de la VIII Fuerza Aérea norteamericana destrozaron todo lo construido junto a Watten. Los tenaces alemanes limpiaron los restos e iniciaron su reconstrucción, pero ya solo como fábrica del oxigeno líquido necesario para los cohetes. Con nuevos métodos de construcción, Watten resistió el ataque del 617 Escuadrón de la RAF y sus enormes bombas terremoto «Tallboy.

El aspecto de las V-2 es muy similar al de los más modernos misiles intercontinentales de nuestros días. Su enorme tamaño los convertía en un objetivo visible en su lugar de lanzamiento.

El 18 de julio de 1944, Hitler tomó partido en favor de los pequeños emplazanientos móviles en vez de los pesados y resistentes búnkeres, y los trabajos se abandonaron, salvo pequeñas actividades para dificultar el reconocimiento aliado.

Para atacar estos silos, los norteamericanos empleaban aviones B-17 cargados con 11.250 kilos de explosivo, en los que tras despegar y dirigirse al objetivo, el piloto saltaba en paracaídas y el B-17 era dirigido por control remoto desde otro aparato hasta chocar con el objetivo. Tras unos resultados mediocres, puso fin al proyecto «Castor» del 388 Grupo de Bombardeo de Knettishall una explosion en vuelo de uno de los aparatos sobre el estuario de Blyth, en suelo inglés, que causo enormes daños. El piloto, que aún no había saltado, era el teniente Kennedy, hermano del futuro presidente norteamericano.

Tras su captura por las tropas aliadas, el silo de Watten fue empleado como blanco por la aviación estadounidense. Hoy es propiedad privada y está abierto al turismo. En sus alrededores aún hay cráteres de las bombas «Tallboy».

El primer ataque a Watten obligó a escoger una base alternativa para las V-2 en la cantera de Wizernes, protegida por una cúpula de un millón de toneladas de hormigón y perforada por numerosos y amplios túneles y cámaras. La construcción se inició en noviembre de 1943 y resistio bombardeos convencionales desde marzo de 1944. El 17 de julio de 1944 de nuevo actuó el 617 Escuadrón de la RAF, conducido por su legendario capitán de Grupo, Chesire, y con sus bombas terremoto desmorono la cantera y tapio los túneles. Los trabajos fueron suspendidos y Wizernes abandonada. La Comisión británica de expertos, dirigida por el coronel Sanders, visitó también Wizernes y Watten y encontró los daños suficientemente graves como para inutilizarlas para siempre. Hoy día, Wizernes permanece tal como fue abandonada en 1944, siendo empleada la cantera como espaldón de un campo de tiro.

 

Fracaso de las grandes instalaciones

En la península de Coraccotin, junto a Normandía, fueron construidos dos búnkeres de «primera línea», uno de los cuales, el de Sottevast, había de albergar los cohetes A-4. A finales de 1943 fue observado por vez primera y bombardeado en febrero de 1944. Cuando fue ocupado por las tropas aliadas distaba de estar completo y la Comision británica lo omitió en sus estudios.

El fracaso de las grandes instalaciones, más tarde o mas temprano localizadas y destruidas, contrasto con el éxito completo de las pequeñas bases móviles, preferidas por el general Dornberger. Se pensó emplear 45 de estas unidades entre Caíais y Cherburgo. pero las fuerzas aliadas ocuparon la zona, y estas zonas de lanzamientos cayeron sucesivamente ante el ímpetu del avance angloamericano. Finalmente, en otoño de 1944 se constituyo el Grupo Norte, para atacar Londres, y el Grupo Sur, para operaciones contra objetivos franceses y belgas.

El 7 de septiembre dc 1944 un destacamento de las SS llegó súbitamente al distrito de Wassenaar, en la ciudad de La Haya (Holanda), y mandó evacuar en dos horas las calles Konijnelaan, Koekoekslaan y Lijsterlaan. Fueron tendidos unos extraños cables, y a la mañana siguiente llegaron seis vehículos con dos enormes cohetes A-4. A las seis y media de la tarde eran lanzadas las dos primeras V-2 contra Inglaterra. que diez minutos después cayeron en Stavelv Road, en Chiswick, sin previo aviso, matando a tres personas e hiriendo a otras 10. A las siete y media los equipos de lanzamiento habían desaparecido de las calles de La Haya. El Gobierno británico, aunque sospechaba la existencia de la V-2, no reconoció su empleo hasta noviembre, y puesto que no había defensa alguna contra ellas hasta entonces propagó el rumor de «explosiones de gas», pese a que grupos de resistentes holandeses habían radiado a Londres la verdadera causa de los daños.

Desde entonces a la primavera de 1945 los alemanes dispararon sus V-2 desde las calles de La Haya, variando constantemente los emplazamientos y desapareciendo inmediatamente tras el lanzamiento. La RAF atacó La Haya casi diariamente durante esta época, pero sin otros resultados que dificultar el transporte y las comunicaciones germanas. Las V-2 no sufrieron daños, mientras que los ciudadanos de La Haya pagaron un elevado precio: el 3 de marzo de 1945, «por error». 69 toneladas de bombas de la RAF mataron a centenares de civiles holandeses.

En Londres, las V-2 causaron la muerte de 2.754 personas e hirieron a otras 6.523, ocasionando graves daños materiales, antes de que los 150 hombres del Grupo Norte se retiraran hacia el Este llevando consigo 60 cohetes más.

No sólo Londres sufrió la plaga de las V 2. Amberes, por ejemplo, en el invierno de 1944, recibió 924 cohetes, mientras en el mismo período la capital británica sufría «solo» 447. Otras cifras pueden hablar también de la eficacia de la armas V: cada V 1 venía a costar 250.000 pesetas, y cada V-2, dos millones y medio de pesetas, mientras un bombardeo Lancaster, con su irreemplazable dotación, costaba unos siete millones y medio. Además, en la ofensiva aérea contra las V-1 y V 2 se perdieron 450 aviones con 2.900 tripulantes, lanzando 118.000 toneladas de bombas.

 

Los estadounidenses se interesan en los cohetes

Al terminar la guerra existía una amplia información en el bando aliado sobre las armas V, pero la División de Defensa Aérea del SHAEF (Supreme Headquarters Allied Expeditionary forces: Cuartel General Supremo de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas) quiso observar el manejo y lanzamiento de los cohetes A-4. Para ello se valió de los casi ocho mil prisioneros alemanes pertenecientes a la sección de cohetes, incluyendo al general Dornberger y a Von Braun. La «Operación Backfire» se llevó a cabo en Artenwalde, en la Alemania ocupada por los británicos, tras una gigantesca búsqueda de todos los elementos necesarios en la caótica Alemania de posguerra.

Tras un fallo inicial el 1 de octubre de 1945, al día siguiente se inició una serie de lanzamientos a los que asistieron observadores británicos, norteamericanos, franceses y rusos.

Serían los estadounidenses los más interesados en el proyecto. Cuando sus tropas ocuparon la fábrica de V-2 en Dordhausen, en la zona que se acordó devolver a los rusos, antes de procederse la entrega oficial del territorio requisaron mas de cien cohetes A-4. A todos los teenicos y especialistas alemanes les ofrecieron trasladarse, junto a sus famílias, a los Estados Unidos y concederles la nacionalidad después de tres años de buena conducta». Whire Sands, en el desierto de Arizona, fue el escenario de 63 lanzamientos de cohetes entre 1945 y 1951. el ultimo de los cuales recorrió una distancia de 210 kilometros.

 

La efímera V-3 y las bombas suicidas V-4

En mayo de 1943, Albert Speer informó a Hitler de los experimentos realizados para el desarrollo de un cañón de largo alcance de cargas múltiples. Se trataba de un tubo de más de cien metros de longitud en el que el proyectil era impulsado por series de cargas dispuestas lateralmente, activadas secuencialmente de forma eléctrica.

El área del «proyecto número 51» se fijó en Marquise Minoyeeques, en la Francia ocupada, a 150 kilómetros de Londres. Allí construyeron 10 contenedores, cada uno con cinco tubos, con el trabajo de mas de cinco mil hombres. En septiembre de 1943 el incansable reconocimiento aerofotográfico de la RAF descubrió las obras, que empezaron a ser bombardeadas desde noviembre. Sin embargo. los trabajos continuaron, y en mayo de 1944 se consiguieron alcances de 50 kilómetros disparando con los nuevos cañones.

El 6 de julio de 1944, el 617 Escuadron de Cheshire, con un impacto directo de sus demoledoras bombas «Tallboy», puso fin al proyecto. Al mes siguiente, Minoyecques fue ocupado por los aliados y visitado por la Comisión del coronel Sanders, que lo calificó como «amenaza para la seguridad británica».

En 1944, los comandos de las S.S. Jagedverbande, al mando de Otto Skorzeny, incluían especialistas en las más variadas formas de guerra. A ellos se recurrió cuando surgió el proyecto de una V-1 pilotada hacia su objetivo por un aviador suicida. La idea de unos kamikazes germanos no agradó a Hitler, que prefirió preservar la vida del piloto, haciéndole saltar cien metros antes del objetivo.A espaldas del nuevo Gobierno francés, Churchill ordenó su voladura el 9 de mayo de 1945; hoy sólo quedan ruinas y entradas de túneles bloqueados.

Tres ingenieros y 15 técnicos completaron un prototipo en diez días, y tras dos fracasos, la valerosa piloto de pruebas Hanna Reitsch realizó un vuelo con éxito con su V-1 tras ser lanzada desde un avión Heinkel 111 en vuelo. Treinta pilotos de las 5. 5. y 60 de la Luftwaffe se unieron al proyecto, que sería abandonado en 1945 por falta de combustible.

Las armas V habían llegado demasiado tarde para evitar el desastre alemán.

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