El Afrika Korps fue la fuerza expedicionaria alemana enviada al norte de África en febrero de 1941 para rescatar al ejército italiano de una derrota total frente a los británicos. Bajo el mando de Erwin Rommel , el Afrika Korps se convirtió en una de las formaciones militares más célebres de la SGM, protagonizando una campaña de más de dos años en los desiertos de Libia, Egipto y Túnez que combinó victorias espectaculares con una derrota final inevitable. La leyenda del Zorro del Desierto y sus soldados del Afrika Korps ha perdurado como uno de los capítulos más estudiados y mitificados de la guerra.

Orígenes: el desastre italiano
La campaña del norte de África comenzó como un asunto exclusivamente italo-británico. En septiembre de 1940, Mussolini ordenó a su ejército en Libia que invadiera Egipto, colonia británica y puerta de acceso al canal de Suez. La ofensiva italiana se detuvo apenas 100 kilómetros dentro de territorio egipcio, y en diciembre de 1940 los británicos contraatacaron con una fuerza muy inferior en número pero devastadoramente superior en táctica y equipamiento.
La Operación Compass fue un desastre para Italia. En dos meses, los británicos avanzaron más de 800 kilómetros, capturaron 130.000 prisioneros italianos y destruyeron diez divisiones. La colonia italiana de Libia estaba a punto de caer por completo. Mussolini, humillado, pidió ayuda a Hitler .
Hitler, que inicialmente no tenía interés estratégico en el norte de África, decidió enviar una fuerza expedicionaria para evitar el colapso total de su aliado y proteger el flanco sur del Eje en el Mediterráneo. La pérdida del norte de África habría expuesto a Italia a una invasión y habría abierto un frente adicional que Alemania no podía permitirse.
La llegada de Rommel
En febrero de 1941, el general Erwin Rommel llegó a Trípoli al mando de lo que inicialmente se denominó Deutsches Afrikakorps (DAK), compuesto por la 5.ª División Ligera (luego reorganizada como 21.ª División Panzer) y la 15.ª División Panzer. Sus órdenes eran estrictamente defensivas: contener a los británicos y evitar la caída de Trípoli.
Rommel ignoró sus órdenes casi inmediatamente. Evaluando que los británicos habían dispersado sus fuerzas tras el éxito de Compass y que muchas de sus mejores unidades habían sido trasladadas a Grecia, lanzó una ofensiva el 31 de marzo de 1941 que tomó por sorpresa a los británicos y los empujó de vuelta hasta la frontera egipcia en apenas dos semanas. Solo la guarnición de Tobruk, sitiada pero abastecida por mar, resistió como un espina clavada en la línea de suministro del Afrika Korps.
Esta primera ofensiva estableció el patrón de toda la campaña: Rommel atacando con audacia más allá de sus medios, logrando victorias tácticas brillantes pero creando problemas logísticos que no podía resolver.
Composición y características
El Afrika Korps propiamente dicho estaba compuesto por dos divisiones panzer (la 15.ª y la 21.ª) y la 90.ª División Ligera de África, más unidades de apoyo. Sin embargo, el término se ha utilizado popularmente para referirse al conjunto de las fuerzas alemanas en el norte de África, que en su momento de máxima extensión incluían también la División Ramcke de paracaidistas y diversas unidades de artillería, reconocimiento y logística.
Las fuerzas del Eje en el teatro norteafricano eran mucho más amplias que el componente alemán. El ejército italiano proporcionaba la mayoría de la infantería y una parte significativa de las fuerzas blindadas y motorizadas. Rommel mandaba formalmente tanto las tropas alemanas como las italianas bajo la denominación de Panzerarmee Afrika (más tarde Grupo de Ejércitos África), aunque las tensiones entre los mandos alemán e italiano fueron constantes.
Adaptación al desierto
El Afrika Korps tuvo que adaptarse a un entorno radicalmente diferente al de los campos de batalla europeos. El desierto norteafricano era un teatro de operaciones sin precedentes: extensiones inmensas sin referencias geográficas, temperaturas que superaban los 50 grados en verano, tormentas de arena que podían detener operaciones enteras, y una escasez crónica de agua que convertía cada fuente en un objetivo estratégico.
Los soldados del Afrika Korps aprendieron a combatir en estas condiciones. El uniforme tropical caqui, las gafas de protección contra la arena, el pañuelo de cuello y la gorra con visera se convirtieron en elementos icónicos. Los mecánicos se especializaron en mantener los vehículos operativos con arena infiltrada en cada componente. Los médicos luchaban contra la disentería, las insolaciones y las enfermedades tropicales tanto como contra las heridas de combate.
La campaña: victorias y reveses
La guerra del desierto se desarrolló como una serie de ofensivas y contraofensivas a lo largo de la costa mediterránea de Libia y Egipto, con ambos bandos avanzando y retrocediendo centenares de kilómetros en cada ciclo.
Gazala y la caída de Tobruk (1942)
La victoria más completa de Rommel llegó en junio de 1942 con la batalla de Gazala. En una maniobra envolvente magistral, el Afrika Korps derrotó a la 8.ª Armada británica, capturó la fortaleza de Tobruk con sus 33.000 defensores y abrió el camino hacia Egipto. Hitler ascendió a Rommel a mariscal de campo, el grado más alto del ejército alemán.
La caída de Tobruk fue una humillación para los británicos comparable a la pérdida de Singapur. Churchill recibió la noticia mientras se reunía con Roosevelt en Washington y la describió como uno de los peores golpes de la guerra.
El Alamein: el punto de inflexión
Rommel avanzó hasta El Alamein, a 100 kilómetros de Alejandría, donde la geografía —el mar al norte y la depresión de Qattara al sur— eliminaba la posibilidad de maniobras envolventes y obligaba a un combate frontal. En julio de 1942, la primera batalla de El Alamein detuvo al Afrika Korps. Rommel estaba al límite de su capacidad logística: sus líneas de suministro se extendían más de 1.500 kilómetros hasta Trípoli, y los submarinos y aviones británicos hundían un porcentaje creciente de los convoyes de abastecimiento.
En octubre de 1942, la segunda batalla de El Alamein decidió la campaña. El general Bernard Montgomery, al mando de una 8.ª Armada reforzada masivamente con tanques, artillería y apoyo aéreo, lanzó una ofensiva que, tras doce días de combates feroces, rompió las líneas del Eje. Rommel, con sus blindados diezmados y sin combustible para maniobrar, inició una retirada que ya no se detendría.
La derrota: Túnez
Mientras Rommel retrocedía hacia el oeste perseguido por Montgomery, la Operación Antorcha cambió el tablero por completo. En noviembre de 1942, fuerzas estadounidenses y británicas desembarcaron en Marruecos y Argelia, abriendo un segundo frente a espaldas del Eje en el norte de África.
Atrapado entre Montgomery al este y los ejércitos aliados al oeste, el Afrika Korps fue empujado hacia el rincón tunecino. Rommel obtuvo una última victoria táctica en el paso de Kasserine en febrero de 1943, donde infligió una derrota severa a las tropas estadounidenses aún inexpertas (la primera vez que soldados de EE. UU. se enfrentaban a la Wehrmacht), pero carecía de fuerzas para explotar el éxito.
En marzo de 1943, Rommel fue evacuado de África por orden de Hitler, oficialmente por razones de salud. El mando pasó al general Hans-Jürgen von Arnim. Sin refuerzos significativos, sin supremacía aérea y con suministros cada vez más escasos, las fuerzas del Eje en Túnez resistieron hasta el 13 de mayo de 1943, cuando Von Arnim se rindió con aproximadamente 250.000 soldados alemanes e italianos, la mayor capitulación del Eje después de Stalingrado.
Logística: el talón de Aquiles
La historia del Afrika Korps es, en gran medida, la historia de un fracaso logístico. El desierto norteafricano amplificaba hasta el extremo la dependencia de las líneas de suministro. Cada litro de agua, cada litro de combustible, cada proyectil y cada repuesto debía ser transportado desde Europa a través del Mediterráneo y luego a lo largo de centenares de kilómetros de desierto.
El Mediterráneo central estaba dominado por la fuerza aérea y la marina británicas operando desde Malta. Los convoyes de abastecimiento del Eje sufrían pérdidas devastadoras: en los peores meses, más de la mitad de los suministros enviados a Rommel acababan en el fondo del mar. Hitler y el Alto Mando alemán nunca asignaron los recursos necesarios para asegurar las rutas de suministro, porque el norte de África siempre fue un teatro secundario frente al frente oriental.
Rommel comprendió que su campaña estaba condenada si no se resolvía el problema del abastecimiento, pero sus peticiones fueron sistemáticamente ignoradas o satisfechas de forma insuficiente. El Afrika Korps combatió gran parte de la campaña utilizando vehículos, combustible y suministros capturados al enemigo, una solución improvisada que funcionaba tras una victoria pero que era insostenible a largo plazo.
El mito y la realidad
El Afrika Korps ha sido objeto de una mitificación intensa durante y después de la guerra. La campaña del desierto fue presentada, tanto por los propios combatientes como por los historiadores de posguerra, como una guerra limpia librada con caballerosidad por ambos bandos, en contraste con la brutalidad del frente oriental.
Esta imagen es parcialmente cierta y parcialmente engañosa. Es verdad que la campaña del norte de África no incluyó las atrocidades sistemáticas contra civiles y prisioneros que caracterizaron al frente oriental. Las convenciones de Ginebra fueron generalmente respetadas por ambos bandos, y existió un grado de respeto mutuo entre soldados profesionales que luchaban en condiciones igualmente duras.
Sin embargo, la narrativa de la guerra limpia omite aspectos importantes. El Afrika Korps operaba bajo las órdenes de un régimen criminal. Rommel, aunque no participó directamente en crímenes de guerra, servía a un sistema cuyo objetivo último incluía la extensión del dominio nazi sobre los territorios conquistados. Los judíos del norte de África habrían corrido la misma suerte que los europeos si el Eje hubiera prevalecido. La limpieza de la campaña fue más un producto de las circunstancias —ausencia de grandes poblaciones civiles en las zonas de combate, distancia respecto a los centros de poder nazi— que de una intención deliberada.
Legado
El Afrika Korps dejó un legado militar significativo. La campaña del desierto demostró la eficacia de la guerra de maniobra con blindados en espacios abiertos y produjo lecciones tácticas y operativas que siguen estudiándose en las academias militares. Rommel se convirtió en el general alemán más respetado por los propios Aliados, una reputación que ha sido tanto merecida como convenientemente exagerada por la propaganda de posguerra de ambos bandos.
Para los veteranos del Afrika Korps, la campaña del desierto fue una experiencia formativa que definió sus vidas. Las asociaciones de veteranos mantuvieron durante décadas un espíritu de camaradería que incluía, significativamente, a sus antiguos adversarios británicos y del Commonwealth. Esa camaradería, aunque idealizada, reflejaba una verdad parcial sobre una campaña que, en medio de una guerra de exterminio, conservó algo del código militar que el resto del conflicto destruyó.