Adolf Hitler

Adolf Hitler: 1889-1908

Adolf Hitler nació el 28 de abril de 1889 en Braunau-am-Inn, en Austria, cerca de la frontera austroalemana. Su padre, Alois Hitler, trabajaba como oficial de aduanas en el paso fronterizo.

Su madre, Klara Hitler, había dado a luz previamente a otros hijos dentro del matrimonio (Gustav Hitler e Ida Hitler) pero ambos murieron durante su infancia. Adolf Hitler asistió a la escuela desde los seis años y la familia vivió en varias localidades próximas a la ciudad de Linz, al este de Braunau. En 1896, Klara Hitler dio a luz a la hermana de Adolf Hitler: Paula Hitler, que logró sobrevivirle a la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler iba cumpliendo años y arrastrando consigo un pobre expediente académico. Terminó dejando los estudios regulares, con la ambición de llegar a ser un artista.

Su padre había fallecido cuando tenía 13 años y su madre Klara les había tenido que criar a él y a su hermana con sus propios medios. Entre los 16 y los 19 años, el joven Adolf Hitler ni trabajaba para ganarse la vida ni estudiaba formalmente, pero había adquirido un interés por la política y la historia. Durante aquella época trató infructuosamente de entrar en la academia de Bellas Artes de Viena.

Árbol genealógico de Adolf Hitler. Fuente y autoría: Tornad [CC BY-SA 3.0], vía Wikimedia Commons.
Retrato de Alois Hitler (nacido el 7 de junio de 1837 y fallecido el 3 de enero de 1903), padre de Adolf Hitler. Fuente y autoría: Desconocida [dominio público], vía Wikimedia Commons.

Adolf Hitler: 1909-1913

Klara Hitler murió de cáncer cuando Adolf Hitler tenía 19 años y desde aquel momento el joven no tenía a ningún familiar que quisiera o pudiera mantenerlo. Por este motivo, en 1909, se mudó a Viena con la esperanza de ganarse la vida de alguna manera. Al año se encontró viviendo en refugios para sin techo y comiendo en comedores sociales.

Se había negado a conseguir un empleo regular y hacia trabajos ocasionales. También vendía algunos de sus cuadros o posters siempre que podía para ganarse un dinero extra que le permitiese mantenerse precariamente.

Retrato de Klara Hitler (nacida el 12 de agosto de 1860 y fallecida el 21 de diciembre de 1907), madre de Adolf Hitler. Fuente y autoría: Desconocida [dominio público], vía Wikimedia Commons.

Adolf Hitler: 1913-1918

En 1913, Adolf Hitler, todavía en una pésima situación económica, decide trasladarse a Múnich en el sur de Alemania. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, se enrola como voluntario en el ejército alemán y es aceptado en el 16.º Regimiento Bávaro de Infantería de Reserva.

Adolf Hitler combatió con valentía durante la Primera Guerra Mundial y fue ascendido a cabo y condecorado con la Cruz de Hierro de 2.ª y 1.ª clase. Llevaría la última consigo hasta el día de su muerte. Cabe destacar irónicamente que el capitán del regimiento que le había recomendado para la condecoración era judío.

El día del anuncio del armisticio en 1918, Adolf Hitler se encontraba en el hospital recuperándose de una ceguera temporal causada por un ataque con gas realizado por los británicos en el saliente de Ypres. Cuentan que el impacto emocional que sufrió fue terrible y que le marcaría para el resto de su vida, especialmente a nivel ideológico.

Adolf Hitler: 1918-1919

Entre diciembre de 1918 y marzo de 1909, Adolf Hitler trabajó en un campo de prisioneros de guerra en Traunstein antes de volver de nuevo a Múnich. Poco después de su regreso, fue testigo de un intento comunista de hacerse con el poder de Baviera que terminó con el restablecimiento del orden anterior tras la intervención de los militares.

 Tras estas turbulencias políticas, Adolf Hitler recibió su primer trabajo político: sería uno de los encargados de persuadir a los soldados que volvían del frente para que no virasen hacia posturas comunistas o pacifistas.

Durante su formación para esta tarea, así como posteriormente, fue capaz de demostrar sus excelentes habilidades oratorias. En sus primeros días dentro de la política, se le pidió que espiase a ciertos grupos políticos locales.

Durante una reunión del Partido Obrero Alemán celebrada en la cervecería Sterneckerbrau de Múnich, Hitler se encendió tras escuchar uno de los discursos que abogaba por la separación de Baviera del resto de Alemania y decidió refurtarlo con un discurso apasionado.

El fundador del partido, Anton Drexler, se quedó tan impresionado con la oratoria de Adolf Hitler que le pidió que se uniese al partido. Adolf Hitler, tras una reflexión, terminó finalmente aceptando la invitación de unirse al partido, que ya contaba entre sus filas con figuras como Ernst Röhm o Dietrich Eckart.

Carné de Adolf Hitler de miembro al DAP (futuro NSDAP) que terminaría liderando él mismo. Fuente y autoría: Desconocida [dominio público], vía Wikipedia.

Adolf Hitler: 1921

En 1921, Adolf Hitler se había hecho prácticamente con todo el control del Partido Obrero Alemán (ahora denominado Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán o NSDAP). No obstante, no todos los miembros del partido estaban contentos con Hitler.

En julio de 1921, mientras que Adolf Hitler estaba en Berlín, los miembros descontentos propusieron una fusión con un partido de ideología similar en Núremberg, con la esperanza de diluir la imparable influencia de Adolf Hitler.

Tras enterarse de la propuesta de fusión, Adolf Hitler se apresuró a volver a Múnich para enfrentarse al partido y amenazó con dimitir. Los demás miembros eran conscientes de que Adolf Hitler era el que recaudaba la mayor parte de los fondos del partido gracias a las colectas realizadas tras sus discursos y a los donativos que le hacían llegar sus simpatizantes.

Sabían que no podían permitirse el coste económico de su partida. Adolf Hitler logró revertir la situación y obligó a la ejecutiva del partido a aceptarle como el líder formal de la formación, con poderes dicatoriales.

Adolf Hitler: 1923

Hasta noviembre de 1923, Adolf Hitler seguía consolidando su poder dentro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Durante este período, también conspiró para tumbar al gobierno de la República de Weimar por la fuerza.

El 8 de noviembre de 1923, Adolf Hitler lideró un intento de golpe contra el gobierno bávaro local en Múnich, en una acción que pasaría la historia como el Putsch de la Cervecería de Múnich. No obstante, la intentona golpista no tuvo éxito.

El golpe fue abortado en la mañana del 9 de noviembre de 1923, cuando una columna de 3.000 miembros de las SA lideradas por Hitler y el general Ludendorff (uno de los generales más veteranos de la Primera Guerra Mundial) fueron detenidos en su marcha hacia el centro de la ciudad por la policía armada.

Adolf Hitler había huido del lugar y fue detenido más tarde y acusado de traición: sería condenado a cinco años de cautiverio en la prisión de Landsberg. Lo cierto es que su juicio le sirvió para ganar publicidad y propagar sus ideas.

Durante su periodo la cárcel, Adolf Hitler comenzó a dictarle su ideología y filosofía a Rudolf Hess, que terminarían quedando plasmadas en su obra  Mein Kampf (Mi lucha).

Adolf Hitler en un viaje de propaganda nacionaosocialista por Baviera (1923). Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 102-00204 / CC-BY-SA

Adolf Hitler: 1924-1932

Hitler fue liberado de la prisión de Landsberg en diciembre de 1924, tras cumplir tan solo seis meses de su condena en una confortable celda. Por aquel entonces, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán y su prensa asociada estaban prohibidos por las autoridades gubernamentales. Asimismo, Adolf Hitler tenía prohibida la realización de discursos públicos.

El apoyo hacia el nacionalsocialismo estaba en declive en Alemania y su número de votantes en las elecciones cayó de los casi 2 millones en 1924 a los 810.000 de 1928 (lo que les dio solamente 12 diputados de un total de 491 en el Reichstag).

No obstante, al mismo tiempo, Adolf Hitler estaba teniendo éxito a la hora de conseguir más afiliados y desarrolló la organización del partido a lo largo Alemania con ayuda de Georg Strasser, responsable de la organización del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en el norte de Alemania.

Durante este período, Adolf Hitler creó también las SS (Schutzstaffel), que inicialmente tenían solo la misión de servir como su guardia personal bajo el liderazgo de Heinrich Himmler.

Adolf Hitler en 1927 (esta fotografía capta muy bien el poder persuasivo de su oratoria). Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 102-13774 / Heinrich Hoffmann / CC-BY-SA

El crack de 1929 se tradujo en una recesión a escala mundial que afectó a Alemania de una manera especialmente dura. Se cortó el grifo del crédito internacional y la producción industrial germana cayó en picado, generando millones de desempleados.

Estas condiciones fueron muy ventajosas para Adolf Hitler y para su campaña nacionalsocialista. En julio del año siguiente, el canciller Brüning, al carecer de mayoría parlamentaria en el Reichstag, fue incapaz de aprobar una nueva ley financiera y se vio obligado a pedirle al presidente Hindenburg la disolución del parlamento y la convocatoria de elecciones para el próximo mes de septiembre.

Adolf Hitler se esforzó mucho durante la campaña electoral y prometió salir de la crisis imperante. Cuando se anunciaron los resultados electorales, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán tenía motivos para el júbilo: había conseguido  unos resultados fantásticos que hicieron de su partido el segundo en número de representantes en el Reichstag.

Por aquel entonces, Adolf Hitler había comenzado también a conseguir el apoyo tanto del ejército como de los grandes industriales. Estos últimos resultarían especialmente útiles por el flujo de dinero que hacían circular hacia el NSDAP.

Adolf Hitler: 1933

El penúltimo paso de Adolf Hitler para hacerse con el control absoluto del destino de Alemania se llevó a cabo en la noche del 27 de febrero de 1933, cuando el Reichstag fue pasto de las llamas. El incendio fue casi con total certeza planeado por los nazis (por Göring y Goebbels en particular).

Un comunista holandés, Marinus van der Lubbe, fue el cabeza de turco para el incendio. Lo que Adolf Hitler consiguió fue una excusa para detener a todos los diputados comunistas del Reichstag y para obtener un decreto del presidente Hindenburg por el cual se le otorgaban al NSDAP poderes para recluir a cualquiera que fuera considerado un enemigo del Estado. Asimismo, el decreto presidencial le permitía al gobierno nazi suprimir la libertad de expresión de sus opositores políticos.

A pesar de todo, en las elecciones del 5 de marzo de 1933, los nazis solo consiguieron un 44 % de los votos. Incluso con la eliminación de los diputados comunistas, Adolf Hitler aún no había conseguido una mayoría y se quedaba muy lejos de los dos tercios de votos necesarios para emprender cualquier cambio legal de la constitución alemana que le consolidase definitivamente en el poder.

Tras esta entrañable foto, con Adolf Hitler sonriente con una de las hijas del Dr. Goebbels, cuesta creer que no tuviera reparos en aniquilar a sus enemigos políticos. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-2004-1202-500 / CC-BY-SA

El 23 de marzo de 1933, se aprueba la Ley de Concesión de Plenos Poderes, la cual permitiría quitarle el poder legislativo al Reichstag y transferírselo al gabinete de Adolf Hitler por un periodo de cuatro años.

La ley requería una mayoría de dos tercios, pero fue aprobada fácilmente gracias al apoyo de los partidos de centro y a los nacionalistas, y gracias a la supresión de todos los diputados comunistas y de varios socialdemócratas. De esta manera, Adolf Hitler conseguía final y legalmente hacerse con sus ansiados poderes dictatoriales.

El 14 de julio de 1933, Adolf Hitler proclamó una ley por la que se establecía que el Partido Nazi era el único permitido en Alemania. La nazificación de Alemania avanzaba sin demora. Hitler disolvió todas las organizaciones que no comulgaban con el nacionalsocialismo, incluyendo partidos políticos y sindicatos.

Adolf Hitler en una foto oficial de 1933, tras su proclamación como canciller de la nueva Alemania. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-H1216-0500-002 / CC-BY-SA

Adolf Hitler: 1934

Tras el ascenso inicial al poder de los nazis, muchos de ellos, incluyendo al lider de las SA, Ernst Röhm, querían ver un cambio mayor en la estructura de poder de la nueva Alemania mediante la toma de control de los grandes negocios, así como mediante la incorporación de las SA como fuerza militar principal de Alemania, con la Wehrmacht como mera fuerza subordinada.

Sin embargo, Adolf Hitler pensaba de manera diferente y quería que la economía alemana estuviese en plena forma, sin hacer grandes cambios a nivel ideológico y potenciando la reducción del desempleo, para poder así rearmar eficazmente a la Wehrmacht. Para Adolf Hitler, las SA eran simplemente una fuerza política y, como mucho, paramilitar.

Además, al cada vez más decrépito presidente Hindenburg no le quedaba mucho tiempo de vida y Adolf Hitler necesitaba el apoyo del ejército si pretendía ser nombrado su sucesor.

En mayo de 1934, Adolf Hitler les propuso a los jefes del ejército y de la marina que suprimiría a las SA y al mismo tiempo aumentaría la capacidad del ejército y la marina siempre y cuando le dieran su apoyo como sucesor del anciano presidente. Los jefes militares estuvieron de acuerdo con las promesas de Hitler.

Por una parte, la brutalidad y los desórdenes causados por las SA eran cada vez mayores y llegaron a un punto en el que tanto el presidente Hindenburg como sus generales más veteranos estaban considerando declarar el estado de ley marcial, a menos que Adolf Hitler hiciese algo para frenar los excesos.

Esta amenaza, junto a los rumores generados por Heinrich Himmler y Hermann Göring de que Ernst Röhm, líder de las SA, estaba conspirando para hacer un golpe de Estado contra Hitler, hicieron que finalmente este último les ordenase que actuasen contra el aparato de las SA.

El 30 de junio de 1934, las SS de Heinrich Himmler y la policía especial de Hermann Göring iniciaban la purga de las SA: arrestaron y ejecutaron a sus líderes, incluyendo a Ernst Röhm, y a otros enemigos políticos no conectados con las SA pero con los que el partido tenía cuentas pendientes (incluyendo al antiguo canciller, el general von Schleicher).

Adolf Hitler, Hermann Göring y Ernst Röhm en Tempelhof (Berlín). Poco sabía este último la suerte que iba a correr. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 102-14081 / CC-BY-SA

El 2 de agosto de 1934 fallece el presidente Hindenburg. Adolf Hitler ya había acordado con el gabinete que tras su muerte los cargos de Presidente y Canciller se fusionarían en uno solo. Tras asegurarse finalmente el apoyo del ejército, Adolf Hitler dio un paso más al hacer que todas las fuerzas armadas realizasen un juramento de lealtad hacia él personalmente.

A continuación, se realizó un plebiscito para que los alemanes decidieran si aprobaban o no los cambios ya realizados: el 90 % de los votantes dieron su aprobación. De esta manera, Adolf Hitler se convertía en Führer y Reichskanzler y el título de Presidente quedaba abolido.

Soldados alemanes realizando el juramento de lealtad a Adolf Hitler. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 102-16108A / CC-BY-SA

Adolf Hitler: 1934-1938

Durante los años de la consolidación del poder de Adolf Hitler se procedió a la nazificación de la nueva Alemania y al incumplimiento de las restricciones armamentísticas del Tratado de Versalles. La censura era extrema y abarcaba todos los aspectos de la vida: prensa, radio, películas, libres e incluso al arte.

Adolf Hitler suprimió los sindicados y los sustituyó por el vertical Frente Alemán del Trabajo (DAF). Las iglesias fueron perseguidas y los sacerdotes que no predicaban conforme a la nueva doctrina nacionalsocialista eran frecuentemente arrestados por la Gestapo y trasladados a campos de concentración. Además, Adolf Hitler abolió todas las asociaciones juveniles y las concentró en las Juventudes Hitlerianas (HJ o Hitlerjugend).

Con Sepp Dietrich a la izquierda y Heinrich Himmler a la derecha, Adolf Hitler posa para esta fotografía durante su cumpleaños en 1937. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-C05557 / CC-BY-SA

Por su parte, la población judía sufría cada vez más persecuciones y se veía condenada al ostracismo social. Tras la promulgación de las antisemitas Leyes de Núremberg en 1935, los judíos ya no eran considerados ciudadanos alemanes y, por lo tanto, quedaban desposeídos de cualquier derecho civil.

Adolf Hitler vestido de civil en su despacho en 1936. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 146-1990-048-29A / Heinrich Hoffmann / CC-BY-SA

Desde un principio, Adolf Hitler orientó la economía alemana hacia la Segunda Guerra Mundial. Nombró al Dr. Hjalmar Schacht ministro de Economía y le dio instrucciones para incrementar en secreto la producción armamentística. Esto se consiguió de varias maneras: usando fondos confiscados, imprimiendo papel moneda y, principalmente, emitiendo bonos del gobierno.

Recepción oficial de Año Nuevo ofrecida por Adolf Hitler en 1935. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-2004-1202-503 / CC-BY-SA 

En septiembre de 1936, se inició un plan de cuatro años orientado a que Alemania se convirtiera en una nación autárquica, es decir, autosuficiente. De esta manera Alemania quedaba sometida a una economía prebélica y a un estricto control de importaciones, precios de materiales y salarios, así como a la creación de fábricas y plantas industriales para producir materiales esenciales para la Segunda Guerra Mundial que se avecinaba.

En el plano jurídico, Adolf Hitler era la ley y era quien tenía la última palabra sobre acciones legales de cualquier clase. Cualquier juez que no era favorable al nacionalsocialismo era apartado de su cargo y se crearon tribunales especiales para delitos políticos: la posibilidad de tener un juicio justo con garantías era inexistente.

Adolf Hitler le ordenó al ejército que triplicara su número de efectivos: de los 100.000 hombres que establecía como máximo el Tratado de Versalles a los 300.000 en octubre de 1934. En un principio, este incremento debía llevarse a cabo de manera totalmente secreta.

También se procedió a la creación en secreto de una fuerza aérea alemana y a mejorar las capacidades de la Kriegsmarine (marina de guerra alemana).

Adolf Hitler en una fotografía de espaldas, antes de comenzar uno de sus encendidos discursos en 1936. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-2006-0329-502 / CC-BY-SA

En marzo de 1935, Adolf Hitler decidió arriesgarse y poner a prueba la resolución de Gran Bretaña y Francia al autorizar a Hermann Göring a revelar oficialmente la existencia de la Luftwaffe (nueva fuerza aérea alemana). Aunque era directamente un desafío al tratado de Versalles, las reacciones no fueron de gran indignación.

De esta manera, Adolf Hitler se vio animado a tomar pasos aún mayores. Unos cuantos días después, Adolf Hitler se volvía a arriesgar de nuevo y declaró abiertamente la introducción del servicio militar y la creación de un ejército con 36 divisiones (1-2 millones de soldados).

De nuevo, la escasa reacción de Gran Bretaña y Francia, centrados en una política de apaciguamiento con Adolf Hitler, sirvió para reforzar aún más al dictador alemán.

Al mismo tiempo que Adolf Hitler aumentaba el poder de sus fuerzas armadas, también llevaba a cabo una política de hacer discursos públicos en los que proclamaba un deseo de paz (a él se le atribuyen las palabras de Dios sabe que yo quise la paz tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial) y en los que hablaba de la locura de la guerra.

También anunció que no tenía la intención de anexionar Austria a la nueva Alemania ni de remilitarizar Renania (afirmaciones que posteriormente se encargaría de incumplir una tras otra) y que estaba dispuesto a respetar todas las cláusulas territoriales que estipulaba el tratado de Versalles.

Adolf Hitler: 1938-1941

En marzo 1938, tras un plebiscito no del todo claro en el que el 99 % de los austriacos se mostró a favor de la anexión con el Tercer Reich, Adolf Hitler realiza una visita gloriosa a Viena como nuevo Führer de la Gran Alemania el 14 de marzo de ese mismo año.

Tras el Anschluss o anexión de Austria por parte de Alemania, se agrava la conocida como crisis de los Sudetes (región germanófona checa). En 1938, Adolf Hitler consigue la firma de los Acuerdos de Múnich con los Aliados, que le autorizaban a ocupar y anexionarse dicha región.

Adolf Hitler no se conformó con los Sudetes y el al año siguiente, más exactamente el 15 de marzo de 1939, marcha sobre Praga y proclama un protectorado afin al Tercer Reich.

Adolf Hitler aclamado en los Sudetes tras anexionarlos al Tercer Reich. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 137-004055 / CC-BY-SA
Fotografía de la histórica sesión del Reichstag del 1 de septiembre 1939, con Adolf Hitler en la tribuna. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 183-E10402 / CC-BY-SA

El siguiente episodio de conflicto de Adolf Hitler tenía que ver con la ciudad de Dánzig, que no hizo sino crispar las tensiones con Polonia. Así, en septiembre de 1939, se producía el inicio de la Segunda Guerra Mundial, tras la orden de Hitler de penetrar en territorio polaco.

En esa ocasión Francia y Gran Bretaña sí actuaron a favor de Polonia, aliada suya, y le declararon la guerra finalmente a Adolf Hitler.

En abril de 1940, Adolf Hitler comienza la ofensiva contra Noruega y Dinamarca. Al mes siguiente, comienza la batalla de Francia y conquista Holanda, Bélgica y Luxemburgo. A finales de junio ocurre lo impensable: la otrora todopoderosa Francia se rinde ante el Führer.

Ahora Adolf Hitler tenía puestas sus ambiciones en las Islas Británicas e inicia la conocida como la batalla de Inglaterra: una campaña aérea sin precedentes en la historia militar. Por desgracia para el Führer, la Luftwaffe no logra aniquilar a la RAF británica y Adolf Hitler sufre su primer revés en la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler reunido con sus generales en plena reunión de estrategia militar en 1940. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 146-1971-070-61 / CC-BY-SA

Adolf Hitler: 1941-1945

El 22 de junio de 1941, Adolf Hitler lleva a cabo su ambición más peligrosa: la invasión de la gigantesca Unión Soviética, rompiendo el Pacto de No Agresión Molotov-Ribbentrop.

De los pocos meses que Hitler pensaba que la campaña rusa iba a durar se llegó a una guerra de desgaste insoportable para los alemanes. Comenzaba la caída en picado de la nueva Alemania del Führer.

Por si esto fuera poco, el 11 de diciembre de 1941, Adolf Hitler comete el que puede considerarse uno de los desatinos más graves de la IIGM: le declara la guerra a EE. UU., apenas unos días después del ataque sorpresa nipón sobre Pearl Harbor.

Ahora Adolf Hitler se enfrentaba a unos enemigos que, juntos, tenían el ejército más numerosos (el ruso), la economía más poderosa (la estadounidense) y el imperio colonial más extenso (el británico).

Probablemente, un error de cálculo que Alemania pagaría muy caro (haz clic aquí si deseas conocer más errores cometidos por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial).

En 1942, los alemanes fueron derrotados en África y en febrero de 1943 pierden la épica y cruenta batalla de Stalingrado. El último cartucho de Adolf Hitler en el frente oriental, Kursk, se saldó con una derrota alemana: la claridad militar de las primeras fases de la Segunda Guerra Mundial parecía volverse más borrosa por momentos en la mente de Hitler. Asimismo, la economía alemana iba de mal en peor.

En 1943, la Italia fascista de Mussolini sufre la invasión aliada de su territorio, complicándole las cosas a Hitler. Pero habría que esperar todavía a 1944 para el mazazo definitivo a los delirios de megalomanía europea de Adolf Hitler, con el épico desembarco de Normandía del 6 de junio de 1944.

Desde ese momento, los rusos por el este y los Aliados por el oeste comenzaron su avance imparable hasta el corazón del Tercer Reich.

Adolf Hitler sufrió un lógico desgaste interno y los militares más realistas sabían que la Segunda Guerra Mundial ya estaba perdida. En julio de 1944, la ruptura en la adhesión inquebrantable al Führer queda patente con un atentado con bomba del que Hitler salió milagrosamente con vida y que terminaría con la ejecución de casi 5.000 personas.

Así de destrozada quedó la sala en la que Adolf Hitler estaba reunido con sus allegados el 20 de julio de 1944. Fuente y autoría: Bundesarchiv, Bild 146-1972-025-10 / CC-BY-SA

El 30 abril de 1945, cuando el fin de la Segunda Guerra Mundial ya estaba próximo, Adolf Hitler se casó con Eva Braun en el búnker de la cancillería en Berlín, con el Ejército Rojo prácticamente al lado y con la Wehrmacht ya aniquilada.

Portada de un periódico anunciando la muerte de Adolf Hitler. Fuente: Bundesarchiv, Bild 183-S62600 / CC-BY-SA

Tras una íntima ceremonia, ambos se suicidaron (haz clic aquí para leer un artículo sobre la muerte de Adolf Hitler). Era el fin de doce años de hitlerianismo y el final de la vida de uno de los personajes más fascinantes y oscuros de toda la historia de la Humanidad.

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